viernes, 25 de mayo de 2018

Odio la tecnología

Estoy desesperada. 
Si pierdo todo lo que he escrito, si desaparecen mis word, si se pierden tal cual se hubiesen quemado del mundo, no tendré nada por lo que vivir.
Mi ego, destrozado. El mundo no me quiere. La vida tampoco. Yo tampoco quiero a ninguno.
Tengo el corazón destrozado de solo pensar en perder lo que para mí es TODO. Lloro por la idea de realmente terminar de convertirme en nada, y dejar la existencia banal que tan feliz me ha hecho... hasta hoy.
Realmente no puedo vivir perdiéndolo todo. Me odio por no haber tomado las precauciones respectivas.
Lo más probable es que quiera morir de alguna sobredosis.
No cometan los mismos errores que yo. Guarden todo, mantengan actualizado el disco duro o la nube. Mi interior está podrido, si la solución es perderlo todo, pues ya nada tiene sentido en mi vida.

El mundo es tan cruel por la chucha. 

viernes, 18 de mayo de 2018

My conversation

Me ha vuelto a pasar. Ya casi creo que voy a comenzar a perder la cuenta. En algún momento dejaré de saber cuántas veces van, cuántas veces me pierdo en el vacío de la inexistencia, de la duda enferma que transfiere mi consciencia a un estado de muerte pasajera. El interior de mi cabeza desaparece, el único pensamiento presente es que no estoy ahí, que todo es falso. Entonces empiezo a sentir que mis pies flotan, el suelo se transforma en una suerte de materia con consistencia semi acuática, como algo débil pero que sin embargo puede mantenerte "en pie". ¿Así se siente flotar?
Anoche soñé que consumía LSD. Pero era una estafa de LSD, porque duraba como media hora, y me daba ansiedad que durara tan poco, ya que esperaba sentirlo toda la noche. De todas maneras la noche entera valíapico, porque también esperaba carretearlo, pero nadie me parlaba. Recuerdo claramente haber estado como en la aprte de afuera del Bravissimo de San Martín, en Viña del Mar, mirando la espalda de la Jime consumiendo helado en un segundo piso, una terraza. Era una noche iluminada por la Luna, la piel blanca de la Jime se veía casi celeste, se reía de algo, estaba feliz, y comía de una enorme copa de helado que obviamente estaba destinada a más de una persona. Pero sólo la veía a ella. ¿Por qué la miré por tanto rato? ¿Habrá sido el tono de la luz, el color reflejado en su piel? ¿Habrá sido su felicidad? Yo estaba seria, como siempre, pero me sentía feliz en mi interior. Algo que casi nunca se refleja en mi expresión. Cerré los ojos y vi muchos colores, mucha distorsión que provenía del LSD. Pero no había carrete, así que volví a mi cama creyendo que tendría una ansiosa noche solitaria de LSD, y se acabó el efecto. Como si no pudiera funcionar sin carrete, jajaja qué falso.
Desperté con muchas ganas de volver a tomar uno, pero la dosis completa (porque soy una chancha y qué tanto). Desperté con ganas de bailar y de que el Totoro dejara de gritar pidiendo comida. También desperté para ver una historia de De Gea, pero no salía él, solo veía a Roger Federer, qué fome. También desperté para ver que un energúmeno -de tantos- del internet había intentado insultar a mi hermana menor. 
No puedo comprenderlo. No puedo tomarme en serio a alguien que no es capaz de argumentar, cuya discusión no existe. Solo son un cúmulo de apreciaciones personales que a nadie le importan. "Tus tetas, tu cara, tu sexualidad"... Pf, qué me importa a mí. No me conoces, ¿cómo podría tomar en cuenta sus prejuicios? Las personas prejuiciosas no son dignas de mi respeto, lo siento por ser taan nazi. Pero lo soy. Tengo filtros, tengo muchos filtros. A veces me considero similar a esa gente que dicen que son herméticas, porque tienen esa capacidad de elegir a quiénes parlas y a quiénes no. Yo me equivoco, a veces he parlado a gente inparlable, pero cuando me doy cuenta de eso puedo desaparecer del mapa. Puedo hacer como que nunca hubiera pasado. Este es un poder que descubrí hace poco.
Estoy reprogramando mi cabeza. Llevo poco tiempo trabajando en esto, pero he descubierto que funciona. Con tres pequeños golpecitos sobre mi seno derecho (arriba, no EN el seno), mi mente comprende que hay que modificar ese pensamiento. 
Los primeros días me golpeé muchas veces, creo que estuve prácticamente un día entero, tal vez cada una hora, programando mi pensamiento. Hoy es cada vez menos. A veces en la micro, pocas veces en mikasa. Simplemente está desapareciendo, y eso me encanta. Soy feliz, finalmente no estoy apegada a ningún tipo de recuerdo de mentira. No me afecta para nada, soy inmune. 
Cada golpecito significa una palabra. Las palabras son simples: no está bien. Eso es todo. Luego viene la descripción de lo real, y ahí se acaba todo.
Pero he pensado que tal vez esto de cambiar el pasado con mi mente, tenga un precio. Los momentos de inexistencia se han incrementado, y a veces temo perder toda noción de esta aparente realidad. Saber que me inventé ciertas cosas que nunca sucedieron, pareciera que ha influenciado sobre mi presente. ¿Acaso algo de lo que veo o siento o pienso, es real? Digo, si puedo modificar el pasado, ¿qué me impide pensar o creer que hoy es real? Podría cambiarlo más adelante, sólo porque algo me moleste, me haga ruido, me distraiga. Podría pasar a ser una invención, podría haber gente que me dijera "oye, no fue como lo pintas", y yo seguiría inmune. Simplemente no fue así, y los recuerdos puestos en duda pueden ser modificados a la pinta de a quien se le ocurra cambiarlos.
Mañana podría ser que ayer no estuve en el café. Que en realidad estuve afuera, pasé frío, no me quemé el paladar, comí muchos cheetos, tengo moretones porque me caí haciendo ejercicio, no porque estaba demasiado borracha como para levantarme de la silla. Y la escritura no me sirve para nada cuando puedo destruirse, cuando puedo decirme "ah, estaba inventando esto cuando lo escribí, es obvio". Y así, me invento otra cosa. Así, todo lo que aparenta una pseudo realidad, me hace dudar. Incluso mis propios pies me hacen dudar. Los abdominales parecen de mentira, el dolor corporal no es el ejercicio, podría ser estrés. O el estrés podría ser, en realidad, ejercicio. 
Mi cara está fea por las pastillas. 
De todas maneras he decidido documentar esto que me pasa, a ver si alguien alguna vez encuentra una respuesta.
Si lograra eventualmente desaparecer, ¿podrían verme? Cuando dejo de existir, me siento lo más parecido a alguien a quien le hicieron una lobotomía, sólo que no sé con certeza acaso esa gente puede generar pensamientos o no. ¿Lo sabrán? Me da paja buscarlo, porque podría no creerlo. Quiero creer que sufren, que entienden todo pero no pueden hacer nada, o que no existen y nada les afecta en absoluto, excepto el horror de no poder dejar de respirar, no poder tomar la decisión de dejar el plano completamente, que ya nadie más te vea. Que no te vean, desaparecer, ese el objetivo final. De todas maneras, ya no estás acá.
¿Qué importa?

lunes, 14 de mayo de 2018

Contaminación

Me aburro de tener que soportar personas soberbias, que ni siquiera están bien informadas, que sólo quieren "exponer" su opinión, pero no son capaces de escuchar a gente que no está de acuerdo con sus mierdas de opiniones. sÍ, DIGO QUE SON una mierda, porque estoy chata de escuchar a personas con PENE, personas HOMBRES (porque, al final, la sociedad les entrega privilegios sí o sí, aunque sean homosexuales y discriminados por la masculinidad y el imbécil patriarcado, siguen sin ser discriminados desde antes de nacer, como sucede con nosotras, por ser XX), que hablan y hablan y se llenan la boca con un discurso de que ellos saben mejor que nosotras, lo que significa ser XX. ¿QUÉ SE CREEN? Me parece tan barsa, me parece que no pueden ser capaces de practicar un mínimo de pensamiento al respecto de género. SI HAS LEÍDO TAAAAAAANTO, ¿cómo evitas empatizar con una realidad que, simplemente, no te corresponde ni te ha correspondido nunca? Y que me digan a mí: oye tú no cachai. ¿Disculpa? ¿Qué cresta te pasa?
Realmente encuentro desagradable querer pasarla bien, y que un cretino zopenco me ande buscando camorra. Ya me da lo mismo, porque sus argumentos carecían de cualquier tipo de calidad, y finalmente cedió ante su frustración y terminó insultándome personalmente. No se podía rendir. ¿Por qué? Porque era hombre, eso era todo. Porque una XX le estaba poniendo en su lugar, porque una XX le discutía acerca de una realidad que, insisto, no le corresponde. Habiendo otras XX presente, una particularmente disponible para conversar, ella se quedó callada. ¿Por qué hizo eso? ¿Por qué callan nuestra realidad? Entiendo que dé paja discutir, yo particularmente ODIO hablar temas de género estando borracha, porque no sirve para nada, todes quieren probar su punto y no hay una discusión real en la que alguien aprenda de otra persona. Simplemente quieren ser la última palabra, quieren ganar, y eso a mí no me sirve. Me sirve que escuchen de verdad, que integren las opiniones, no que te nieguen sin siquiera escucharte. Este imbécil en cuestión me interrumpía todo el rato, de manera que yo terminaba mirando hacia otro lado cuando hablaba, y el barsa reculiao se enojaba. ¿QUÉ MIERDA? O sea, interrumpes, no escuchas, gritas, te ofuscas; ¿quién quiere escuchar a semejante cretino? En serio. Yo no. No me interesa la prepotencia, no me interesa una falsa discusión, no me interesa cuando no hay diálogo. 
El punto es que a veces igual me da rabia que las weonas presentes se hagan las weonas. Como si estuviesen libres de la cuestión, como si no les afectase. Le restan importancia, le restan visibilidad. Weonas, nos vienen haciendo eso desde la revolución francesa, y seguramente mucho antes que eso. ¿De verdad van a seguir siendo unas pasivas de mierda? ¿De verdad? Me carga. A veces siento que las mujeres están tan domesticadas en su pasividad, en su falta de camaradería, que no se atreven a abrir la boca cuando tienen que hacerlo. Que no opinan, que no apoyan la causa, pero en instagram comparten todo lo que es niunamenos. Así no sirve, ctm. Así NO SIRVE.
ESTOY CHATA. ESTOY ENOJADA. Hoy estaba lloviendo, y siempre digo "its raining men", siempre pensaba en que caían cientos de hombres del cielo, y hoy a mi pensamiento, que antes parecía ser libre, le agregué un comentario que he llevado sintiendo toda mi vida, pero que callaba: "sabís cómo esperaría a hombres que cayeran del cielo? con un hacha, o con una katana", e hice un gesto de cortar el aire, cortar sus cabezas, cortar sus genitales, cortar sus extremidades, cortar cualquier parte de su cuerpo. Eso es lo que siento, nada más que muerte y destrucción.
Ha sido tanto mi odio, fue tan larga esa comodidad del sufrimiento por el rechazo en el amor y esas bazofias, que decidí hacer algo al respecto. Me impresiona lo fácil que podemos manipular nuestra mente, cuando realmente lo proponemos. En realidad no es fácil, porque requiere mucha constancia, requiere estar siempre consciente de que hay algo que no se debe hacer, y eventualmente dejas de hacerlo. Sólo quería decir que creo en la programación neurolingüística, porque me ha ayudado en este caso, y ya me siento bien. Me siento bien con respecto a mí, mis únicos lloriqueos provienen de lo podrido de nuestra sociedad, que me parece más importante que "un corazón roto". Perder el tiempo y energía en algo que terminará siendo irrelevante para el resto de mi vida, que no tiene ni comienzo ni un final... ¿qué es eso, llorar por un HOMBRE, si ODIO a los hombres? Al final es descansar sobre un desamor romántico que me fue impuesto. Que, ay, TENGO que lamentarme, TENGO que culparme, TENGO que llorar. Pues no. Sólo tengo que amarme, y sentir particular odio hacia casi todos los hombres que he conocido. Siempre se portan como el pico, siempre sólo quieren hablar de sí mismos, siempre tienen la razón, siempre andan ocultando la cagá que tienen el mundo con nada más que un pene. Los penen son estúpidos, sólo sirven cuando están erectos, y bien podríamos quitarles semen con una jeringa para fertilizarnos. No les necesitamos, solo necesitamos su escroto, una parte ínfima de sus asquerosos cuerpos.
De todas maneras me excitan y mi placer sexual es demasiado hetero como para negarme a tener aventuras con imbéciles. Pero esas aventuras se olvidan, son sólo sexo, nada más. Y el sexo no sólo se olvida, también se reemplaza. Solo sirve para tener historias, para conocer, para recordar una vez más que el 100% de los idiotas que me han gustado, son sencillamente zopencos. Entonces recuerdo que no puedo creer en que alguna vez encontraré un compañero, porque no existe. Los weones no quieren a nadie que les desafíe intelectualmente, nadie que tenga vagina, y ahí es cuando demuestran quiénes son. MISÓGINOS. Cuando se cagan a sus parejas, es que no las respetan, no les importa sus sentimientos, no pueden verlas como personas completas, como se ven entre ellos, con su camaradería y sus casas de hombres. La mayoría de los hombres me provocan repulsión. No tengo ningún problema con desearles la muerte, con pensar en quemarles vivos, en ahorcarlos con mis propias manos, en golpearles y dejarles indefensos. No tengo ningún problema con pelear, no me importa que me peguen, puedo soportar el dolor, puedo morir peleando, es lo que me corresponde, por todas quienes han sufrido más que yo, porque podría pasarme a mí, porque tendría miedo de tener una hija a mi cargo, por mujeres que no son consideradas personas. 
Siento un odio infinito, recorre desde mi diafragma hasta mi garganta, me cierra un poco el cuello, me produce una adrenalina irrefrenable. Sólo quiero apretar un cuello hasta que cesen sus funciones cardíacas. No me importan las consecuencias. A ellos tampoco les importó cuando empalaron a una mujer en argentina, no les importa cuando matan por celos, no respetan las decisiones que una pueda tomar. Yo no sé por qué lo hacemos, no sé por qué somos tan buenas con ellos... supongo que jamás hemos querido ser así, como ellos son con nosotras, supongo que la desgracia de ser nosotras nos ha hecho creer que de verdad somos débiles. En vez de unirnos entre nosotras, algo que tanto tiempo nos ha costado lograr, y que yo muchas veces no veo presente, agachamos el moño y somos benevolentes con aquéllo que nos despoja de nuestra dignidad.
No creo en el género, creo que es estúpido que exista. Pero, ya que lo hace todavía, ya que seguimos en las mismas, nos toca hacerlo visible constantemente. Nos toca "ser arenosas" (qué término más idiota), porque es la única manera de empezar a cambiar algo. Las discusiones a puertas cerradas también sirven, todo sirve, todo freno de actitudes heteropatriarcales son un logro, así que no se queden calladas. No se callen, por favor no se callen, por favor, entiendan que es importante, que no somos débiles, que somos personas al igual que ellos, que compartimos una misma especie, que es completamente innecesario vivir creyendo que jamás podremos lograr una sociedad plena en sus derechos. 
No es sólo por todo lo anterior que deseo morirme. El otro día terminé un libro de Paul Auster y comprendí algo fundamental de mi vida. La experiencia cercana a la muerte. Una vez que la vives, jamás te la puedes quitar de encima. Todos los días mueres, todos los dás despiertas muerta, y todos los días te cuestionas qué pasó, por qué no me morí ahí, por qué sigo acá. Por qué no decido terminar con ésto de una vez por todas. Por qué, por qué, por qué pienso constantemente en dejar de formar parte de esto, en que me entierren ojalá sin ataúd, en un santuario natural, en formar parte de la belleza de la descomposición y finalmente haber servido para algo. 
Solo soy otra basura más. Una basura que no se calla nunca, que si tiene que pelear, lo hará. Una basura sin apego a la vida. Contamino igual que todo lo que odio, no puedo frenarme. No me atrevo a ser jipi de verdad, no me atrevo a dejar la mayoría de mis comodidades. Quiero tomar algún veneno, quiero respirar monóxido de carbono, quiero irme de acá. Quiero que vayan a mi funeral, que pongan la sexta sinfonía de beethoven. Pero hay más canciones. Haré una lista en spotify para mi funeral, espero alguien se preocupe de ponerla en ese momento. Se llamará Muerte. No tienen por qué seguirla, solo pueden buscarla en mi cuenta y darle play, en aleatorio porque me da paja ordenarla.
Tengo caleta de amor en mi interior, pero nada puede superar aquéllo que dijo Paul Auster. Podría tenerlo todo en esta vida, y querré morirme igual. Lo único que me queda es decidir cuándo me dejaré llevar, cuándo cederé ante lo insoportable.
Quiero seguir escribiendo. No es necesario que siga leyendo ud, bot del internet que en verdad no lee nada. Ya sé que entran caleta de bots a mi blog, LOL.

En ocasiones siento que no estoy presente. No estoy viviendo un momento. Me pasa harto en las reuniones, que miro a quien habla y simplemente no está pasando nada, no es real, es una imagen que me inventé. Esa persona es una construcción externa a mí, al igual que el escenario. Pero no son elles quienes no existen, soy yo. No estoy presente, en algún momento me escapé y dejé mi piel ahí tirada, como una serpiente cuando muda sus hermosas escamas. Es hermoso sentirme así, es cuando estoy en el apogeo de mi felicidad, cuando puedo no estar y por ende no tengo emociones, soy totalmente libre, la sociedad desaparece. Hasta que regreso a la piel y mi inexistencia se esfuma, dando paso a esto, a una "vida". Qué cresta es la vida... Es tan fácil morir, somos tan frágiles. Nadie es invulnerable, nadie está a salvo. Me encanta pensar en eso, me regocijo cuando veo viejos añejos con sus discursos de mierda, porque pronto se van a morir, y con ellos caerán sus pensamientos. Que caigan, que caigan todes. Mueran, mueran pronto, y que sus discursos queden bajo la tierra, hechos cenizas, la weá que quieran, sólo váyanse. Váyanse.

lunes, 7 de mayo de 2018

Pelando West World

Hoy amanecí un poco enojada conmigo misma. Bueno, no estoy enojada, pero sí porto esta sensación de que ya me aburrí rotundamente de mi personaje del lloriqueo y el aparente corazón roto y todo eso. Me dio vergüenza seguir jugando esa carta. Qué sé yo. Ya no me representa, ando completamente indiferente hacia los sentimientos del desamor. Ni siquiera los traigo.
Anoche vi lo que va de la segunda temporada de westworld (quiero pelarla caleta), y en un momento Dolores le pregunta a Bernard ¿qué es real? Bernard le contesta aquéllo que es irremplazable. Lo pensé por unos segundos, al principio me dije que era verdad y que me había gustado mucho su respuesta. Pero, como siempre, tras el reposo del sueño cambié de opinión. Creo que la respuesta que da Bernard se ajusta más a la vida que a lo real, y hay vidas que no necesariamente son reales, como las voces de la esquizofrenia. No obstante, también hay vidas que ciertas personas encuentran reemplazables. Hay niñes quienes tienen un conejo de mascota, que muere en un accidente mientras está en el colegio, y los padres, para evitar la herida en el niñe, van y compran otro igual. Ya está, la vida del conejo se ha reemplazado.
Todo puede reemplazarse, lo que me lleva a pensar que la respuesta de Bernard solo sonaba bonita o profunda en un escalón bien superficial de un diálogo que podría haber sido mejor. Dejan la conversación en que Dolores no está de acuerdo, no explica por qué, y él le dice que "ay, me da miedico en lo que te podrías convertir".
A veces mi haterismo va más allá de mis propias capacidades, y me supera incluso a mí. Me salgo de mí, me veo de fuera y pienso "pero cómo puede ser TAN hater esa personaaaaaaaaaa, me estresa, me abruma, por qué tiene que ser tan criticona y esperar que todo esté mejor hecho de lo que ya está. Si ya lo hicieron, qué tanto". NO, es que podrían haberlo hecho mejor.
Qué onda las escenas del ""tigre"" en el tercer capítulo. Qué weá más chula. Si vas a tener un tigre de plastilina, mejor quítalo, esa es mi humilde opinión. No cacho qué onda el presupuesto del HBO, pero los efectos especiales de WW son chulísimos. Al principio encuentran un cadáver de tigre que era exactamente igual a uno de mis peluches de grandes felinos, tras haber pasado por la lluvia del patio porque se me quedó afuera después de jugar. Lo prometo, era así de chanta. ¿Cómo puede un cadáver de tigre parecer un peluche? Por lo demás, la explicación de ello me parece absurda. Llego a pensar que hacen ciertas series (y películas) a la rápida. No sé. ¿Qué les cuesta investigar un poco más? Hay cientos de libros que detallan la descomposición cadavérica, ¿por qué les cuesta tanto respetar la realidad? ¿Les da paja? 
Por otra parte, hay varios detalles del universo de WW que me quedan dando vuelta. A veces no entiendo por qué todos mueren a perdigones, no entiendo por qué algunos mueren instantáneamente y otros reciben 2 disparos como si nada en su cuerpo. Me imagino que es porque ha despertado su propio conocimiento acerca de que su cuerpo es como de plástico o algo así. Por otra parte, van y resucitan a varios weones, y después matan a varios weones "porque es parte del plan" (bien innecesario, encuentro), y no se les ocurre resucitarlos... ¿por qué no habrían de hacerlo? ¿no es la idea cuidarse entre androides o algo así? Pf.
Es tan obvio que el loquito es tan buenito que va a empezar a dudar de su maestra; es el TÍPICO personaje de esbirro traidor que tiene una relación importante con la jefa, que me aburre. Duh, me digo. Por qué tiene que repetirse la fórmula, por qué no pueden ser personajes un poco más ingenuos hasta la muerte, un poco menos trillados.
Tal vez sea porque la última serie que vi fue Fargo, la segunda temporada. En Fargo no puedo encontrar nada malo, los personajes son todos importantes y aunque les quieras, cuando tienen que morir, se mueren. Cuando tienen que sufrir, sufren, cuando se equivocan, se equivocan. Siento que está todo bien hecho, como Mindhunter. Esas son series que REALMENTE DISFRUTO cuando las veo, que estoy constantemente metida en el argumetno, en los detalles hermosos de un buen guión, de una buena fotografía, de la música que a veces pasa desapercibida. Pero, con WW, francamente creoq ue debió haber terminado en la primera temporada. Como me pasó con Stranger Things. 
Igual siempre tuve mis resquemores al respecto de la segunda temporada de WW, porque no imaginaba qué iban a hacer que no fuera lo mismo de antes. Eso me llamaba la atención, tenía ganas de cachar qué onda. Pero estoy viendo que, en verdad, la weá es divertida... un poco, ni tanto. La ropa es bien fea, tanto que no puedo evitar pensar quién cresta diseñó vestidos tan fomes y horribles, lo único que tienen es que son ajustados, y a veces la espalda cae como el pico sobre las nalgas. Ugh. Me parece que están haciendo lo mismo de antes, solo que ahora es más de un juego a la vez. Está el juego de William, obvio, el juego de Bernard, obvio, el juego de Dolores, obvio, y el juego de la que no me acuerdo como se llama, Maeve o algo así. Y todos confluyen en lo mismo, que es el super gran gigante juego maestro de Robert. Duh.
Espero equivocarme y que me sorprenda. De verdad no me gusta ser hater, pero qué le puedo hacer, si me fijo en tantas weás. Así somos.
Por todo lo que escribí anteriormente, voy a empezar a ver la tercera temporada de Fargo, una serie a la que ME GUSTA dedicarle mi para nada importante tiempo.

domingo, 6 de mayo de 2018

Estoy premenstrual.

Prefiero no tener que hacerlo. Ya que sé exactamente cuál es el sentimiento. Mi mejor opción es retirarme, alejarme, marcharme, hasta que realmente no me importe. Siempre me he preguntado cómo logra tener tanto poder sobre mí, parece irreal. Me quiero, me quiero mucho; me quiero tanto, que me amo. No obstante, todo ese amor propio no es capaz de combatir la indiferencia. Sabemos que lo mejor para nosotras es rendirnos, ya que hemos perdido todos los combates realizados. Y ya no puedo más, de verdad no puedo más.
De qué se trata todo esto.
Es este individuo, este ser con tan poco ego que necesita sentir que tiene el poder constantemente. Disfraza esa falta de amor propio con una personalidad aparentemente segura. Es un ser muy seguro en su actuar, en su vida diaria. Siempre está bien parado, siempre está erguido manteniendo una expresión de que le interesa ponerse a pensar algo. Sus ojos siempre están afectados por la falta o exceso de luz, pero usualmente las pupilas están dilatadas como si se tratase de un escualo. Y mira, observa sin querer concluir nada, mueve su cabeza lado a lado esperando encontrar algo interesante, algo qué cazar; está aburrido, así que deja de observar el entorno, haciendo como que tiene algo muy importante que atender en su cibervida.
Este ser parece ser un vil patán sin sentimientos más que amor propio. Un narciso egocéntrico que no pretende entregar nada al mundo, más que la contaminación que conlleva su vida entera, y el posterior pago por haber sido un inepto a través de la descomposición de su cuerpo al momento de morir. Se le ve siempre tranquilo, siempre cool, siempre buena onda, como bailando todo lo que escucha a su alrededor, porque no se puede llevar mal con nadie. Pero está este otro ser (que vive dentro del mismo ser), que compite constantemente. Necesita estar encima del resto, como para probarse algo, probar que está en lo correcto, que domina la información, que es el más poderoso del recinto. Entonces empieza a discutir, empieza a hablar, entrega argumentos, los fragmenta el uno al otro, escucha y piensa. Tiene sed de competición, pero también de esa ambición por poder conocer todo lo que se presente en su vida. Así que se quita el disfraz por un rato, un ser cede ante el otro y ya no parece tan amigable, ya no parece alguien tan relajado, no creerías que se pueda llevar bien con todo el mundo, es un poco menos imbécil de lo que creíste en primera instancia.
¿Quién es este tipo? Solo veo un completo idiota que no es capaz de pensar más allá de sus propios pies. ¿Ha visto algo en la vida que no sea el reflejo de sus músculos en el espejo? Oh, espera. No entendía nada de lo que le dije, pero me está haciendo muchas preguntas al respecto, y le contesto porque no sé si me está molestando o si realmente le interesa. O tal vez sólo quisiera hacerme hablar, probar mi paciencia. Algo me dice que está entendiendo y asimilando todo lo que le contesto; sus dudas son resueltas, pero a la vez me surgen nuevas dudas a partir de las suyas. Ay. El tema de la conversación ya no me incluye en la ecuación, estoy de espectadora entre puros monólogos arrogantes con palabras difíciles. Pero… ay. Parece que sabe acerca de este tema. Sabe bastante. Su convencimiento no es disfraz, es pura y simple reproducción de conocimiento. Es un mateo, qué weá. Aprende y aprende y aprende y repite y repite y repite. Lo hace bien. Lo hace excepcionalmente bien, cuando le importa. ¿Qué pasa si ahora yo le hago las preguntas? ¿Hasta dónde puedo llegar en una conversación con este patán de primera generación?
Empezamos. Pregunta tras respuesta, y viceversa, era como entrar en un tren espacial infinito, en un sueño en los que el pasillo nunca termina, hasta que despiertas. Hay espacios para descansar, las intromisiones de otras personas, las observaciones hacia el mundo que nos rodeaba, las bromas y, entonces, en esos intercambios de palabras, encontrábamos puntos de común acuerdo entre nosotros. Nos gustaban las mismas cosas, y apreciábamos lo mismo. Era un cyborg con un cable de sensibilidad que se conectaba algunas pocas veces al mes. O al año, tal vez. Comprendíamos aficiones del otro porque ya habíamos estado ahí alguna vez. Entonces se abre una llave de tibia agua de rosas, y no somos capaces de desviarnos el uno del otro. Si vuelvo del baño, busco dónde estás. Si no te encuentro, cuando lo haga estaré a tu lado. ¿Quieres hacer lo mismo que yo? También lo hacía, independiente de si existía alguna explicación racional en su actuar, o no.
Después de eso no le vi en mucho tiempo, excepto contadas ocasiones en las que compartíamos una que otra palabra casual, como en un encuentro de paso a otras actividades que nos separarían más tarde. Risas, buena onda, ya sé que eres más de lo que pareces.
Hasta que nos volvimos a encontrar. Yo, mirando la nada, él, con sus ojos de escualo, nadando entre la gente, ignorando mi presencia, hasta que nos topamos, nos encontramos frente a frente, y tuvimos que saludarnos. No sé por qué ninguno quería saludar al otro, pero, cuando lo hicimos, nuestros campos magnéticos se conectaron en perfecta armonía, y empezamos a ser esas personas de antes, esas que conversaban e intercambiaban intereses y conocimientos. No puedo ser indiferente a ese ser. A pesar de que lo mejor era no hacerlo, luego de ese encuentro le busqué a través de su mejor amiga. Le invité a una tarde de marihuana y animaciones para gente adulta, y nos juntamos por primera vez a solas a simplemente ser quienes queríamos ser. Las primeras veces fue así.
La casa estaba sola. Nos sentábamos en el sillón, fumábamos, mirábamos la televisión, nos acercábamos un poco. Yo siempre decidía si poner mi torso o mis piernas cerca de él, aunque no era relevante. No había forma de no terminar acercándonos cada vez más. No había forma de que no nos desnudásemos para fundir nuestros cuerpos extremadamente calientes en una unión confederada. Era como si me quemara con electricidad, cada vez que su piel rozaba la mía, a cada momento que nuestros ojos se encontraban. Cuando tenía que pasar por algún lugar y no era necesario tocar su cuerpo para hacerlo, lo hacía de todas maneras. No podía evitar la absurda atracción que sentía hacia ese intrépido escualo espacial, un ratón de marte, alguien que las tiene todas, con quien podía satisfacer todas mis necesidades con absoluto placer, sin pasarla mal, sin odiarle, solo amándole. Amándole incluso cuando comencé a encontrarle cuestionable, cuando el real carácter empezó a brotar, incluso luego de conocer sus defectos, que tan solo me hacían encontrarle cada vez más perfecto que antes. Nada de él me molesta. Nada de él puede hacerme infeliz. Solo deseo su felicidad, solo quiero verle sonreír. No me importa si a veces se aleja, no me importa si me rechaza, siempre y cuando vuelva.
Hasta que nunca más regresó. Entonces comencé a extrañarle, no podía llegar al fin de semana sabiendo que no había ninguna posibilidad de verle. Era difícil aceptar que se había ido, que no me quería, que todo y nada de lo que habíamos pasado juntos fue un capricho de corta temporada. ¿Qué se cree? ¿Por qué me hace esto, a mí? De todas las personas del mundo, precisamente lo hace conmigo. Me hiere en el ego, me hiere en mi orgullo. Me autodestruyo cada vez más, me culpo. Busco constantemente mis errores, mis faltas hacia él, como si yo fuera la única causante de que se hubiese ido de mi vida. Me miro al espejo y me encuentro terrible. ¿Quién es esta persona que solía no encontrarse tan horrible, tan mala persona, tan idiota? Hoy me someto por decisión propia a destruir mi autoestima a causa del rechazo de ese ser. Todos los días aparece en mi cabeza, todas las noches, excepto las de borrachera, cierro mis ojos para dormir y veo los suyos. Con cada canción que habla de desamor o sexo, mi mente se transporta a especies de video clips en los que le veo, a veces desnudo entre luces de discoteca, a veces discutiendo, a veces bailando, a veces besándonos. A veces simplemente se reconstruye su cara de rata a la perfección, haciendo pura justicia a su físico real, ese que ven todas las personas. No es el ser más hermoso del mundo, pero a mis ojos es simplemente perfecto, incluyendo en esta definición los “defectos”, que en realidad no los considero defectuosos, sino una parte de su persona. No sería él sin eso, ¿por qué habría de interesarme alguien que no fuera él? Así es la vida, así es la cosa.
La bola de nieve sentimental creció y creció y creció, hasta que ya no pudo crecer más, y se estancó. En ese estancamiento, ella dejó de sentir que le esperaba, que había alguna esperanza de que regresara a su vida. Le había visto un par de veces, habían hablado un poco, pero finalmente él la desafilió oficialmente de su vida, diciéndole “prefiero que no sigamos hablando. No es nada personal”. Era obvio que llegaría el estancamiento tras esas palabras. Ella decidió terminantemente respetar su decisión, pero la llevó un poco más allá, eliminando toda posibilidad de contacto hacia él. Porque, claro, él jamás le hablaría a ella, pero ella tal vez volvería a caer en algún momento. Y ya no soportaba ser esa persona patética, ya no quería seguir demostrando que la bola de nieve todavía tenía vida. No, la bola de nieve estaba derritiéndose sobre su corazón, enfriándolo. Era más fácil soportar el tiempo si es que congelaba sus sentimientos, mientras construía una capa de amor propio sobre su cerebro, para no volver a dañarse por ninguna otra persona que, como él, no la valoraba de la misma forma (si es que alguna vez hubo algo que él encontrase valorable). Era menester respetar la decisión del ser que tenía poder absoluto sobre ella, el poder de un desconocido amor genuino que no podía evitar ni negar.
Entonces, a medida que la bola de nieve lentamente se derretía, y ella entendía que volver atrás era completamente imposible, que él simplemente no la quiso y no la querría nunca, su corazón se mantenía frío y estable a medida que su metabolismo se adaptaba al frío. Su corazón podría volver a vivir, solo sufría un nuevo período de hibernación. Pero todavía no era el momento de despertar. De no lograr terminar la capa cerebral de amor propio, su corazón no podría regresar a su temperatura normal. Sería una hibernación para siempre, como una muerte cerebral. No, ese no era el trato. El trato era simple: el corazón sólo podía regresar al terminarse la capa cerebral y pasar por una fase de beta y, pasada la prueba de funcionamiento, comenzaría a subir el metabolismo del corazón, cediendo ante el calor.
Lo más importante era evitar el daño emocional. Lo más importante era no saber de él nunca más, por ningún motivo verle.  Lo más importante es dejar de pensar en él, y qué mejor manera de dejarle atrás, más que viviendo su vida, compartiendo con nuevas personas, fornicando un poco, divirtiéndose un rato, comprendiendo que él no es el único patán disfrazado que ha conocido. No es un amor genuino ni mucho menos el más grande y profundo de todos. Es un ataque a su ego, un mal recuerdo a su orgullo, una marca molesta que cada cierto tiempo pica un poco. Es una cicatriz, nada más que eso. Las cicatrices, si bien se quedan, también sanan, convirtiéndose en una consecuencia permanente de una batalla. Lo primordial para ella era amarse con esa cicatriz olvidada en alguna parte de su cuerpo.
El modo más fácil es perder todo el contacto que sea posible perder, y navegar hacia la deriva, conociendo barcos amigos de paso. Va a acumular historias de patanes, o bien pasará de ellos. No tiene ninguna razón para censurar su vida a causa de un ratón de marte. Hay cabellos fabulosos por ahí, que también son patanes cretinos, cretinos patanes, por ejemplo. Y todos quieren hablar de sí mismos, no hay nada qué hacerle. La mejor forma de conocerles es hacerles preguntas, porque solo quieren hablar y hablar y hablar. Nunca preguntan. Jamán preguntan de vuelta, lo cual no sólo es bueno, es perfecto. Le entrega la ventaja emocional perfecta; ella sabe quiénes son, pero ellos no tienen idea de quién es ella. No le interesa dejar que le conozcan, solo quiere filtrar todo lo que tenga que filtrar para comprender que la otra persona es un capricho sexualizado (siempre que se logre llegar a esas instancias). La capa cerebral todavía no está lista, de eso está segura. Debe evitar toda oportunidad de enamorarse, algo fácil ya que su corazón está en avanzado estado de congelamiento. Si llegase a calentarse solo un poco, no se sabe si la capa cerebral se estancará o, en el peor de los casos, comenzase a desintegrarse. No, enamorarse es la peor decisión que podría tomar.
Por supuesto, el exitoso crecimiento de la capa cerebral le entrega mucha confianza y seguridad, la autoestima va creciendo poco a poco. Se ama, se gusta, se aprecia, se siente bien con ser ella. No tiene nada qué ocultar, no tiene nada qué probar, no tiene que andar por la vida sometida a un amor. Es libre, es feliz. No tiene sentido arruinar todo lo que ha logrado avanzar.
Pero, a veces, teme caer nuevamente en la falsa melancolía de la esperanza, en no canalizar bien lo que está sucediendo, y regresar a esos días en que piensa en él como una constante que viaja paralela a todo lo que hace con su vida. Se pregunta si es que el resto lo sabrá, si es que es muy evidente, o sólo se enteran por las entradas de su blog. Lo cierto es que no le importa si lo saben, en el sentido de que no le dañaría para nada. Después de todo, ha sido una realidad hace bastantes meses ya, como para preocuparse de que sea parte de su vida. Por el momento, continúa siendo parte de ella, así que la gente que la conoce probablemente sabe que es así. Solo no hay que tocar el tema. Ni verle a él, el ratón que viene de marte. Tiene pareja, él. Sale con alguien, le importa alguien, está en otra. No podría estar menos interesado en ella… De manera que… Sí, es patético que ella le piense tanto, es patético el amor que sentía hacia él. Es menester pasar de largo de su persona, es menester dejarle atrás tal cual él hizo con ella, excepto que no tomará el camino fácil de emparejarse. No, ella prefiere lo difícil, lo que deja cicatrices, lo que le enseña algo, por mínimo que sea.
 El tiempo pasa. Piensa que ya está casi en un 90% olvidado, ya no se le aparece tanto en la cabeza. Le deja atrás, pasa de largo, no hay interés de ningún tipo. Aparte de que sea feliz (y seguramente lo es), ya basta de él. Es innecesario recordarle, especialmente porque no es el mejor patán del mundo. Es sólo uno más de los patanes que han herido su orgullo. No hay por qué temer, cada cual ha ido por su lado, la barrera que les separa es demasiado grande, demasiado gruesa, demasiado fuerte como para romperla. Llegó para quedarse, y lo acepta.
Pero a veces la vida se pone un poco difícil, y sucede que, en una fiesta en el departamento de una amiga, llega el ser de las pupilas dilatadas, el escualo. Tendrá que verle, tendrá que estar en el mismo cuarto, sin compartir ninguna palabra con él, excepto un cordial saludo, y una cordial despedida. No importa, todo está bien, no hay interés hacia esa persona.
Mm. Me gustaría fumarme un tabaco, así es que iré a la ventana, me abrigaré y fumaré. Conversaré con otra persona que esté fumando, y continuaré con mi vida. Un amigo ha compartido un ácido conmigo, y pronto empezará a hacer efecto. Si hubiera sabido que él vendría no hubiese querido tomar el ácido, sólo por eso me quedo acá, porque quiero carretearlo con el 99% de las personas presentes. En la ventana la conversación es divertida, hablamos de situaciones sexuales recordables por el resto de la vida, y nos reímos de ciertas vivencias, otras las comentamos con curiosidad. Nos pedimos tips mutuos que tal vez puedan ser aplicados en nuestras posteriores relaciones sexuales (no entre nosotros, que quede claro. No es más que mera conversación). Se me acaba el tabaco y doy media vuelta. Observo a las personas que están presentes, creyendo que tengo algún permiso para pasar mis ojos por las expresiones de todos los presentes, incluido el ser. Él está de pie, de espaldas a mí, en un ángulo de aproximadamente 110°. No sabrá si le miro, obviamente. Así es que puedo pasear mis ojos por su cuerpo. Parto por su cabeza, luego su cuello. Trae una polera, así que puedo mirar sus brazos y su espalda. Su hermoso trasero escondido tras unos pantalones que obviamente le quedan grandes, así que tiene que usar cinturón para mantenerlos arriba de sus nalgas perfectas. He conocido esas nalgas, sé de qué tratan. Son las mejores nalgas para apretar del mundo, son nalgas que no olvidaré jamás, a menos que encontrase unas que las dejasen atrás. Pero no ha sucedido. Qué gran trasero, qué culo más deseable, cuántas ganas me estoy reprimiendo de ir y apretarlas, morderlas suavemente, besarlas y luego pasear mi cara hacia su pene. Oh, no, estoy pensando sexual y tendido acerca de él. No debo dejar que esto me pase, no debo recordar el deseo, no está bien imaginar situaciones que jamás sucederán en esta vida. No está bien, no está bien, no está bien. No. Está. Bien.
Se da media vuelta para quitar su cuerpo de su panorámica. Adiós, querido. Definitivamente no puede con él. Le gana siempre. No puede ser indiferente a su presencia. A veces llega a sus oídos lo que está conversando con alguien, y le parece interesante pero no hace nada al respecto. Ella, en su normalidad bajo ácido, conversa también con otras personas, se ríe y vive su vida, a pesar de que en algún momento le da la imaginaria impresión de que él la está escuchando. Ella siente que, de él estar escuchando lo que habla, le entendería, y podrían empezar a conversar largo y tendido. Eso no puede pasar, porque él mismo le dijo que no quería seguir hablando con ella. Ella lo sabe, lo tiene presente. Pero no puede no extrañarle en ese momento, no puede no sentir que, si se tratasen con normalidad, él se hubiese entrometido en esa conversación, comenzando a formar parte del tema que se manejaba, e incluso llevarlo más allá de eso. Así hubiera sido, de no estar en términos de indiferencia total. Él no existe, ella tampoco. Ninguno existe para el otro, no de la misma forma que existen todo el resto de los presentes. Es una situación macabra, que marca lo crucial de la falta de interacción. Para ella es dolor, para ella es melancolía, para ella es extrañarle. No puede verle, no es indiferente para ella, porque sabe que, de tener la oportunidad de conversar con él, volvería a enamorarse. Otra vez. Para regresar a la falta de autoestima, a la humillación, al rechazo, a entregarle todo el poder del que ese ser dispone.
Prefiere no tener que hacerlo. Ya sabe exactamente cuál es el sentimiento. Su mejor opción es retirarse, alejarse, marcharse, hasta que realmente no le importe. Siempre se ha preguntado cómo logra tener tanto poder sobre ella, tanto que parece irreal. Se quiere, se quiere mucho; se quiere tanto, que se ama. No obstante, todo ese amor propio no es capaz de combatir la indiferencia. Sabe que lo mejor es rendirse, ya que ha perdido todos los combates realizados. Para ella resultan ser arduas batallas en las que puede ser una persona normal mientras está en la situación, pero todo ese exitoso esfuerzo por ignorarle concluye en una larga y tediosa resaca de melancolía y falta de paz emocional. Al recordarle respirando el mismo aire que ella, luego de haber deseado sus nalgas en un sueño erótico lleno de infinito placer, es como si regresase al comienzo y la construcción de la capa cerebral quedase absolutamente paralizada. Hasta cuándo, no lo sabe todavía. Por lo tanto, concluye que, para lograr dejar ir a esta rata motorizada proveniente de marte, debe ser un poco más extrema en sus medidas. Ya no puede más, de verdad no puede más, o no hubiera hecho lo que hizo.
Tampoco lo recuerda bien, porque estaba borracha y drogada, pero cree que le pidió a su amiga si es que era posible avisarle cuando ese ser fuera a asistir al mismo lugar que ella. La amiga le contesta con sorpresa, que cuando eso pasa es muy fortuito como para saberlo con anticipación. Entiende que sea de ese modo, pero de verdad es mejor que lo sepa antes, para tener la oportunidad de irse. Antes de que llegue, antes de verle, antes de sufrir el desastre de saber que está presente y no poder interactuar con él. Me destruye, piensa. No recuerda si le contestó eso, pero ciertamente lo pensó. Aunque no le importe que el resto sepa de su dolor constante, tampoco desea hacerlo demasiado evidente. Porque a veces llegan momentos de debilidad que son demasiado profundos como para lograrla hacerle callar, contándolo todo, quitándose el filtro, dejando a un lado el discurso de la indiferencia que disfraza la realidad de una patética falta de olvido. Por el momento, de lo único que está segura, es que no puede verle, ojalá nunca más en la vida.

lunes, 16 de abril de 2018

Historia 2


Hasta que llega un momento random y te das cuenta de que ya es el año 2018 y estás un 99% segura de que no ha pasado un solo día sin su recuerdo. No se puede olvidar. En general, las personas no se olvidan con tanta facilidad como aparenta la simple palabra “olvido”. Para mi caso, esa palabra es burda y no existe. Por ende, tampoco se puede aplicar a mi ecuación de vida + recuerdoX = vida + sentimientoY. No puedo olvidar. Tampoco me interesa pensar que eso es posible, porque ya pierdo mi tiempo y energías imaginando que va a desaparecer. Meses van; meses varios han pasado, y sigue ahí, intacto, como en la primera semana sin que supe de él, sin que me hablase absolutamente nada, como esa primera semana en que asumí y comprendí que había dejado de existir para él.
No obstante, como han pasado tantos meses de recuerdos, algunos más recurrentes que otros, también es probable que recuerde algo que estaba cubierto con una tela gruesa. La gruesa tela de las drogas y el alcohol, del carrete desenfrenado, de que sí existió una noche en la que bailé con él. Pero, para mí, esa vez fue mucho más que un baile. Esa vez, en cuanto logré recordarla, comprendí que ya estaba cayendo directamente al hoyo cuya premisa es “vas a sufrir cuando se acabe”.
Era un candente cumpleaños, en un acogedor departamento, donde bebíamos y consumíamos drogas con música de fondo y conversaciones varias. Qué sé yo. Era una semana de muchos cumpleaños, la verdad, pero ese estaba destinado a ser el mejor, tal vez porque era el último que se celebraría. Esa noche me convidaron M, la droga del amor (como le dicen de manera cursi, en lo cual me incluyo abiertamente: soy cursi). Algunas personas desaparecieron del espacio común del departamento, y fue bastante evidente cuando llevaban más de 5 minutos desaparecidos. Fue comprensible cuando les vimos regresar al comedor, con caras de esperar algo que no pegaba todavía. Yo pensaba "¿qué será? qué habrá tomado esta gente, MEU DEUS". Por esa razón, les miraba con desazón y algo de envidia porque se veían tan felices esperando eso que en algún momento debía llegar. Pero decidí unirme a la expectativa y aprovechar sus mentes drogadas para pasarla bien, para conocer, para comprender. Cuando finalmente empezaron a entrar en éxtasis, Camilo me miró con sus ojos BIEN abiertos y me dijo con complicidad "tomamos M, pero queda una sola dosis. ¿La quieres?". No sabía ni lo que era el M. Dije que sí, obviamente, sin darme un segundo para pensar nada. Me tomó de la mano y me llevó casi corriendo a la pieza, sacó un papel de cuaderno, lo abrió y me dijo que le pasara la lengua a los polvos que expuso ante mí. Sólo acaté.
Debería poder recordar el primer momento en el que consumí marihuana, tal y como recuerdo la primera vez que consumí san pedro, cocaína, salvia, M y LSD. Lo cierto que sí lo recuerdo, porque era una pendeja y tenía muchas ganas de probarla. Tanto así, que para un paseo del día del alumno que oranizó Pelayo en su casa de la laguna (qué casa más bacan), le compré un pito (a luca) a un compañero. No sabía los códigos de la marihuana. Intenté fumarlo sin guardar el humo y todo sola, sin convidar, en una esquina (Ñuño egoísta). Se acercó un compañero que era de los que más odiaba del curso, dándoselas de buena onda, y me dijo que tenía que convidar porque esa era la regla. Le dije que NO.
Toda mi vida me he considerado como una persona pasiva, que no actúa cuando tiene que hacerlo, que deja que todo pase sin hacer nada, sin importar cuán mal me esté sintiendo por algo. Siempre me he visto como alguien que se conforma con todo y dice que sí a todo. Pero, ahora que escribí lo anterior, ahora que recordaba y continué recordando un poco acerca de mis relaciones sociales, me veo como una persona a la que tampoco le importa decir que NO, cuando siente que tiene que hacerlo. Tal vez, si ese cretino no hubiese sido además un pérfido ejemplar de persona, le hubiese convidado. Pero él me caía como el ano, no me interesaba caerle bien, a pesar de que fuera el tipo más popular y algunas de mis compañeras se derritiesen por él. Existen muchas otras instancias en las que digo que no. Por lo tanto ¿seré pasiva? ¿Seré un intermedio, algo híbrido entre el conformismo exacto que, para existir, a veces necesita de esas negativas?
Lo que no puedo recordar, es si mi primer pito me voló. Me parece que no, ya que no volví a fumar hasta que entré a la universidad. El punto es que, en general, me gusta probar las drogas. No todas, pero curiosamente las que se han cruzado en mi camino, todas las he querido probar. Pienso en la idea de poder hablar acerca de algo con propiedad, con un conocimiento empírico. Quiero probar la ayahuasca, quiero probar el peyote, quiero probar el opio, quiero probar los hongos, el DMT, etc. Por eso, si alguien que conozco (y no se trate de una persona cretina) me ofrece o planificamos realizar una de esas drogas en conjunto, diría que sí. Era obvio que si Camilo o cualquiera del departamento me ofrecía M, diría que sí.
No sé si habrá sido antes del M, o después, pero en algún momento quedamos sentados uno junto a otro, como solía suceder en cualquier instancia random del carrete, y congeniamos como era la costumbre en esa época. Solo que, en otra escena del mismo acto, o como se diga, fuimos a la pieza que estaba ocupada solo por un sillón cama y una guitarra sobre su pedestal. Ahí estábamos solos, iluminados por la luz que venía de afuera, armando un pito juntos, como solíamos hacerlo. Yo molía y él armaba. Hablábamos de cualquier cosa. Faltaban filtros para concluir y yo me ofrecí para ir a buscarlo. Me caí sobre él cuando me intenté levantar y me dio mucha vergüenza, porque siempre me ponía estúpida en su presencia, tanto así que podía llegar a perder el equilibrio o la motricidad fina. Es más, siempre que intentaba hacer algo bien o incluso normal, no me funcionaba solo porque estaba su presencia cerca. Una vez, quería entrar el auto de mis papás de poto, como siempre, siemPRE, SIEMPRE lo he hecho (aunque había bebido un poco de tequila), y lo choqué contra uno de los fierros del estacionamiento que sostienen el cobertizo. Porque estaba él, porque quería impresionarle con mi súper habilidad de manejo, pero me salió mal, me salió como el pico, y me avergoncé, me sentí estúpida, como un payaso, y le dije "RAYÉ EL AUTO SOY UNA MIERDA". Él fue a mirar el rayón y me dijo "no fue nada, no te preocupes". Cuando miré el rayón, vi que no solamente era una raya, sino que se había literalmente extirpado una parte del auto. ¿Qué vió él, que dijo que no era nada? En otra ocasión, quería pasarle su pan con huevo de desayuno, y se me cayó a la alfombra que estaba llena de pelos de perras y gata. Le ofrecí mi pan porque ya me estaba sintiendo tonta y estúpida e inservible en su presencia, pero me dijo que no y se lo comió en dos mascadas. (Puedo seguir con esto). Otra vez, estaba mostrándole un vaso para tequila que había traído la Pina de Canadá, y se me cayó al suelo y se quebró. A mí no me pasan esas cosas... no tanto, no siempre al lado de la misma persona. No me caigo porque sí, no choco el auto entrádolo a mi casa, no boto panes ajenos, no boto vasos, no soplo toda la marihuana molida cuando me río, no se me olvida que alguien dejó cocinando choclo en la cocina, ni se me pierden los calcetines en casa ajena. Mucho menos me caigo cuando me levanto (o sea, qué clase de Ñuño es TAN estúpida EN SOBRIEDAD). Nunca alguien me ha puesto tan nerviosa, es algo que, hasta el momento, solo he sentido con él y únicamente hacia él y por él. Me dijo que no importaba, que no me preocupara, y se reía un poco de que me cayera y me sintiera tan culpable y terrible por caerme sobre él como un saco sin estabilidad. “No importa”.
Cuando volví, cumplida mi misión, terminamos el asunto y nos levantamos (esta vez no me caí). Cuando nos paramos, seguimos conversando cualquier cosa en esa misma pieza, completamente abstraídos del resto del universo que yacía celebrando el cumpleaños en el living comedor del departamento. Bla bla, bla bla bla. Bla. Mmbla. Mmble. Mmbli. Mmb.
Sonaba una música electrónica de fondo; un vídeo en youtube que era un mix de muchas canciones electrónicas pegadas, que duraba creo que 3 o 4 horas. Él lo había puesto, antes de que fueran a tomar M. El vídeo tenía un dibujo o fotografía de pésima calidad, representando a una persona en su estado zombie, pero literal. Le caía una "sangre" jugosa negra de la boca, y los dientes eran feos, teñidos por la sangre. La cara tenía la piel putrefacta mal hecha, todo estaba mal hecho, simplemente era fea y descuidada en su diseño. A un amigo y colega le daba tanta incomodidad que puso un cojín sobre la pantalla, en la esquina donde salía la cara, para no mirarla. Porque era la misma imagen, estática, durante todo el video, ya que el propósito final del mismo era escuchar, no mirar. La Pina en un momento, para molestarlo, le quitó el cojín a la tele. Tras unos minutos, el afectado se dió cuenta, alegó, se levantó por segunda vez de la silla de la cual no se había querido parar en toda la noche, y puso el cojín nuevamente sobre la cara. La Pina lo apuntaba y se reía, era esa misma Pina-bully que he visto haciendo maldades otras veces, yo sé que las Jimes también la conocen. 
Venía la música desde el living y, ay, parece que no te escuché bien. ¿Cómo, qué dijiste? Que bla bla bla. Ah, yo opino que bla bla. ¿Qué dijiste? Acércate, no te escucho.
Acércate. Acércate un poco más. Solo apoya tu oreja en mis labios y déjame susurrarte al oído lo que quiero decir. O, mejor, acércate y voltea tu cara. Voltea tu cara hacia mí y bésame. Nuestras caras se acercaban un poco más de lo normal, hasta que explotamos ante el descontrol del deseo. Nos deseábamos tanto, que comenzamos a besarnos y tocarnos como si fuese imposible que alguien fuera a vernos, como si estuviésemos solos en el departamento. No era una preocupación. Yo le abracé con una de mis piernas mientras él tocaba y apretaba mis nalgas. Yo pasaba mi mano por su espalda y le lamía el cuello y la boca. Entonces él dejó de besarme tanto y bajó el nivel de pasión, emitiendo además un sonido de “no hay que seguir haciendo esto”, mirando hacia la ventana. Pensé que algo pasaba, me di media vuelta y noté que la pareja inmortal de la cumpleañera nos había ido a buscar a la pieza, y cuando nos vio besándonos y tocándonos, se dio media vuelta, preso de pudor, y se largó de la pieza como intentando decir algo pero sin decir nada. Ya lo habíamos visto, era hora de volver y a unirnos al resto del cumpleaños.
La música se complementaba de una manera hermosa con la sensación del M. No podía evitar bailar y bailar y bailar lo que escuchaba, y había otras tres personas bailando. En esos bailoteos, me acerqué al que me ponía imbécil y bailamos. Bailamos largo rato, durante el cual surgían ciertos movimientos en los que nos acercábamos mucho, y yo le olía constantemente el cuello y le decía “qué rico tu olor, me encanta tu olor”. Él preguntaba “¿en serio te gusta?”. Me encanta, me encanta olerte, es exquisito. Respiraba con profundidad el aroma que salía de su cuello cuando se agachaba y podía llevar mi nariz hasta su yugular. Abrazaba su cabeza y frotábamos nuestras mejillas como si fuéramos un par de felinos compartiendo nuestros olores. Luego bailaba con Camilo y también olía su cuello, el perfume que traía era muy rico.
Bailamos. Bailamos largo rato, y le olí el cuello. Su cuello olía maravilloso, y tal vez hubiésemos querido besarnos más en la pista de baile, pero resultaba incómodo y pudoroso para el resto del universo presente, así es que frotar nuestras caras y cuerpos era lo único que podíamos hacer. La Pina y el Diego se habían ido, porque tenían sueño y no estaban drogados como nosotros.
Ya es de día, ¿nos vamos? Los dueños de casa ya se acostaron. Sí, vamos. ¿Me pasas a dejar? Aunque es tan cerca que podría irme a pie. No, yo te paso a dejar, nos vamos todos juntos. Ok, vamos.
Subimos al auto, Camilo y yo atrás, Jimena y conductor adelante. Ellos ya querían irse a sus casas, pero él manejaba a 10 kilómetros por hora. "¡¿Pero POR QUÉ vas tan LENTO?!", gritaba Camilo, meciendo con indignación una cerveza que llevaba en la mano, de la cual me convidaba y bebía como con rabia desesperada por irse en un auto a velocidad de babosa. “Va lento porque no quiere pasar a dejar a la Ñuño”, contestó Jimena. Nadie dijo nada. El conductor no pronunció palabra alguna, solo seguía manejando lo más lento que podía, hasta que, en menos de 3 minutos (que, en condiciones normales, queda a menos de un minuto de distancia en auto) estaba afuera de mi casa y, antes de bajarme, pregunté: “¿... y si me voy contigo?”. Él contestó el más animado “¡ya!” que jamás le escuché, presionó el pie sobre el acelerador y partió manejando a 120 km por hora, a las 8 de la mañana de un día domingo. Camilo y Jimena eran entonces felices, compartíamos la cerveza y celebrábamos ir en un auto (casi) normal. 
Era real que quería pasar la noche conmigo, pero ¿por qué no me dijo? ¿Por qué el silencio? Ya habíamos bailado juntos, nos habíamos besado, tocado y frotado, lo único que nos faltaba por hacer era follar rico. Así es que todos se pusieron felices, pasamos a dejar a la Jime y al Camilo, luego me cambié al puesto del copiloto, me senté mirando hacia él y le pregunté si podía oler su cuello. Me dijo que sí, y me puse a respirarle con deseo, tanto así que mi legua brotaba de entre mis labios y besaba y besaba y besaba su cuello. A él le daba cosquillas, pero le gustaba, hasta que me cansé un poco, porque era tan tarde que era temprano; apoyé mi cabeza en su hombro y dormí hasta que llegamos a su casa. Allá nos acostamos y follamos hasta que nos abrazamos y dormimos hasta las 3 de la tarde.
Tras haber tenido ese recuerdo, puedo decir con completa seguridad, que, al final de todo esto, estoy segura de que me encantó bailar contigo. No lo volveré a olvidar.

viernes, 6 de abril de 2018

MUSA. 2da edición.

Una vez empecé a hacer una entrada sobre la musa, y estaba tan mala que la dejé en borradores. Luego, un día que publiqué todos los borradores (porque me dio la locura), también se publicó esa y me da un poco de vergüenza porque vale 300 hectáreas de pico.
PERO
Anoche tuve un encuentro con mi rubicunda musa. Esta musa no es una inspiración, es un impulso que chorrea del contacto de mis manos con los lápices y un papel ad-hoc para dibujar. Cuando era más joven, podía dibujar en cualquier papel, tuviera cuadritos o no, pero ahora que estoy más mañosa -voy a culpar al paso del tiempo por ser así-, me preocupo un poco más por empezar un dibujo de "forma correcta". 
Anoche sabía que tenía ganas de fumar un poco y dibujar, no sabía qué exactamente, pero algo iba a salir. Desde que volví a dibujar hace unos años, que no hago temas en específico, solo dejo que mis dedos vomiten junto al lápiz, lo que sea que tengan que vomitar. Me ha pasado que gente X me ha visto dibujando algo "raro" o "deforme", y exclaman "qué weá", como si se tratase de una aberración. Antes odiaba dibujar en público, precisamente porque la gente viene y empieza a preguntar porquerías como "eso es tal cosa? qué está haciendo? qué estás dibujando?". NO SÉ CTM NO SÉEEE, sólo quiero dejar en el papel lo que me dicta el alma, no precisamente una razón falsa y esforzada de dibujo. No estoy buscando comunicarme contigo, espectador, estoy hablando conmigo misma.
En fin. Estaba la hoja en blanco, suavecita, limpia, lista para morir bajo el toque de mis indecisas manos. Sé que a veces es mejor componer el dibujo con una "vista previa" mental, para no dejar tanto la zorra en la hoja, borrando y borrando y borrando, pero esta vez estuve dispuesta a borrar todo lo que tuviera que borrar. Me dije "¿quiero usar tinta o portaminas?". Elegí lo segundo, y hoy amanecí sabiendo que cuando termine la hoja completa, tendré que repasar con un set de grafitos, para que quede cool. Porque en portaminas es "el borrador". También asumí que la luz estaba horrible y no me importaba. Decidí no perseguir algún tipo de perfección imposible en el dibujo, y solo atenerme a que representase lo que yo quería que fuera. Nada más. 
Puse un álbum de Perturbator que me ha tenido pegada esta semana. Realmente no he podido salir de la música electrónica hace harto rato, porque encuentro un artista, le escucho todos los álbumes, pegándome en unos más que en otros, y cuando estoy escuchando otra cosa, es un nuevo artista del mismo estilo, con nuevas canciones del mismo estilo, con nuevos álbumes DEL MISMO ESTILO, asíq ue estoy en un espiral de electrónica y no he querido salir de ahí. Porque me inspira esta música, me gustan los cuentos cyber-algo que cuentan, los autos, los droides, etc.
Empecé a dibujar y ya sabía que venía ella, porque ya es bien común que me pase. Tomo el lápiz, hace contacto con la hoja, y paulatinamente la musa va tomando posesión de mí. Debo admitir que, independiente del nombre del artista que estaba escuchando, mi musa me perturba bastante. Me perturba en un nivel que, hasta hace un tiempo, me hacía sentir mal por dibujarla. No aceptaba que saliera de mí, me daba rabia, asco, me sentía patética, me odiaba porque odiaba a mi musa y no quería tener una musa, nunca me he sentido cómoda con las ideas demasiado repetidas. Pero tampoco estaba bien luchar contra mí, menos cuando estaba dibujando. 
Recuerdo la primera vez que salió mi musa. Fue el año pasado, habrá sido por esta época, tal vez a mediados o fines de marzo, porque estaba en el segundo piso escuchando música y chateando con mi familia, que estaba dividida entre europa, américa del norte, y un pendejo flaite asqueroso que era el ex de mi hna -y ella estaba en su casa-. Me acuerdo que estaba dibujando con tinta esa vez, y me dije "quiero dibujar un rabino". Y cuando estaba muy feliz haciendo este rabino, me di cuenta de que no era un rabino, que estaba dibujando otra persona, y me dio risa que simplemente hubiese salido para cagar el dibujo. Eventualmente la hoja completa dejó de tener un sentido judío y bueno, por ahí está la primera musa, tal vez algún día lo publique, aunque moriría de vergüenza -quiero volver a este punto. Cuando caché que ya no estaba dibujando un rabino, envié una foto a la Javis para mostrarle lo que estaba pasando entre la hoja y yo, y también le dio risa, me dijo que lo encontraba genial.
Claro, en ese tiempo era gracioso.
Entonces salieron como 3 o 4 musas más, bien compuestas, eran dibujos terminados y firmados. No me provocaban resquemor ni me molestaban, solo existían, pero después la musa empezó a perturbarme porque me hacía daño. Entonces volví a alejarme del dibujo. Me empecé a esforzar más por dibujar cualquier otra cosa que no fuera humana, cualquier estupidez mental, y eso hice cuando iba al ENTRETENIDO curso de programación. Dibujaba y mi compañero de mesa me decía eso que pelaba antes "qué chucha. ¿Eso es blablabla?". Yo quería abofetearle con amor y pedirle que se guardase sus comentarios para cuando estuviese dispuesta a exponer los dibujos y por ende no me molestase escuchar su opinión, pero en ese instante era desagradable que una cara observase por encima de algo que, para mí, es personal.
Sí, los dibujos son personales. Es la forma en que percibo una parte de este mundo, es cómo converso conmigo y con lo que me pasa. Si te he dibujado y no te parece justo lo que hice, no te sientas mal, porque es solo una pequeña representación de lo que siento acerca de ti. Y eso es, a su vez, una parte de un gigante espectro de sentimientos que me provoca una persona. Si te hago con una expresión de maldad o lo que sea, es porque en ese momento salió de esa forma, no porque piense que SIEMPRE eres así. En fin. ¿Qué decía? Ah, la musa.
Sí, entonces me alejé del dibujo, especialmente formas humanas, porque casi siempre salía la musa y me sentía podrida por dentro. La putrefacción de no haber elegido que fuera ella, ya que ella llegó como un rayo, y en el momento de su llegada no me molestaba, pero sí me sentía extraña. Me parecía que le estaba entregando atribuciones que no merecía, pero a su vez tampoco tenía que darle importancia ni significado a la musa, porque era un asunto entre ella y yo, y nadie más. Lo más importante, era protegerla de miradas ajenas. Lo más importante, PARA SIEMPRE, es que la musa NO TENGA PÚBLICO -quiero volver sobre este punto.
Tras varios meses sin desear dibujar nada por miedo a la musa, resulta que me olvidé de su existencia. Así que, un día, tomé nuevamente el block y me puse a rayar. Rayé mucho, mucho, mucho, estaba la hoja casi completa, la había dado vueltas y vueltas haciendo formas y tonteras que nada tienen que ver con lo otro, salvo la conexión nefasta entre una línea que es un pene y es un ojo a la vez, o una boca y una vagina, o un instrumento y piel, qué sé yo. Estaba haciendo una Princess Carolyn con 6 tetas en vez de 2, y cuando pasé a lo que venía sobre ella, apareció mi musa, de espaldas y desnuda. UGH, me dije. 
UUUUGHHH, ¿POR QUÉ! RAYOS.
La miré un segundo y pensé "qué buen culo, por la chucha". No quería borrarla, porque me gustaba verla. Ya no me estaba causando desgracia interna; la aceptaba nuevamente, a razón de que viene sin que la llame nadie. Y que sea vea bien, of course.
En ese momento tomé una pequeña decisión. Me dije "a ver, estos son simples dibujos tontos, ¿no? Entonces, ¿por qué le doy tanta importancia a un simple y tonto dibujo? No es como que vaya a tomar vida y me ahorque, ¿cierto?". Cierto. No me va a ahorcar. Pero, en cierta forma, lo hace -quiero volver sobre este punto.
La Pina vio a la musa en ese dibujo, y exclamó algo. La encontró sola, yo no le dije nada -qué pena que se note. Y rápidamente le expuse "mira, es que me sale sola, no hay nada qué hacer. No pienso en querer dibujarla, solo aparece, así que pico". Significa, en buenas palabras, que estoy dispuesta a dejarme llevar por el dibujo, aunque entre en juego mi reputación con respecto a mí misma. Cómo me veo yo, de fuera, si es que veo eso. Qué opino. ¿Qué opinaban quienes hacían su arte cuando les llegaba una musa? ¿Qué pensaban las musas cuando se veían? ¿Les da lata? ¿Les da paja? ¿Les da vergüenza? ¿Se sienten acosadas? Siempre pienso que es algo malo.
Volviendo a lo de anoche, estaba escuchando Perturbator y salió la musa, de a poco, en una posición extraña. Sabía que su cuerpo iba a estar en una posición extraña, y quería hacerle ropa, pero cuando ya estaba terminando la forma completa de su cuerpo, miré lo que estaba quedando y pensé "mi musa está demasiado mina". Desnuda y todo: era hermosa. Me da vergüenza, porque yo la dibujé, pero creo que existe un lapso en el que, francamente, se dibujó sola. ¿Cómo podía encontrar mijita rica a la musa? Entendiendo que es un dibujo y que es deforme porque no soy buena dibujante, etc, lo cierto es que estaba contenta con el resultado que tomó su cuerpo. Llegó el momento de decirme "le pongo ropa? sombreo la zona genital para que no tenga?". No. ¿Por qué debería vestirla, si me apareció desnuda? Otras veces había salido con ropa, y no me cuestionaba nada, ¿por qué ahora me estaba cuestionando su desnudez? 
Me encontré charcha, me encontré idiota y compungida, ¿a raíz de qué? ¿De un falso espectador? Nadie me está mirando. Y nadie va a ver los dibujos, a menos que yo decida mostrarlos, o me muera y los vean. Y ojalá los vean cuando me muera. Si los botan sin mirarlos, les voy a penar con todo el dolor que mi alma pueda contener.
La musa y yo tenemos una relación perturbada por la gracia que tiene, y el dolor que le causa a mi alma el tener que verla. Verla por algo que pareciera ser decisión mía, pero que no se siente como tal. Anoche no me dolió, al menos. Es más, disfruté su visita, disfruté su cuerpo y tal vez hoy continúe el dibujo. Me está gustando lo que estamos creado, me estoy sintiendo satisfecha de tener esos momentos en los que acepto mis propias perturbaciones. Se me asemeja a esos rituales personales para cerrar ciclos, como sería el enviarle un mensaje a alguien de hace 10 años atrás, contándole algo que nunca le quisiste decir, por las razones que fueran que te lo impidieron en el momento. Si el mensaje te ayuda, te hace sentir mejor, y no daña a la otra persona o tal vez solo se perturbe un poco, ¿dónde está el maltrato? Yo no veo ninguno. El alma sana de formas misteriosas. Anoche entendí a la musa no precisamente como una ayuda para sanar nada, porque no hay nada que sanar, sino como un empuje o inspiración para conectarme con mi creatividad. Mi musa no existe más que en mi cabeza, pero tiene la forma de alguien que conocí. Por eso me da vergüenza. Es decir, me gusta, me encanta que traiga el dibujo de regreso a mi vida, pero me CARRRRRRRGA que se vea de cierta forma.
Es hora de volver a esos puntos.
Me da vergüenza tener dibujos que claramente parezcan basados o inspirados en alguien que -podría decirse- existe. Me da infinita vergüenza que se interpretase como que tengo una obsesión enfermiza hacia esa persona, que estoy loca -aunque ya todes quienes me conocen y me aceptan, saben que estoy loca-, porque no me gusta esa interpretación. Me imagino un mundo en el que yo sea considerada como un artista. Geesha. Entonces, ¿sería distinto? 
Veo a la musa como arte. Mi arte. Lo lamento por ella, lo lamento de veras, porque sé que ni ella ni yo pedimos que existiera, pero vino a mí y ¿qué voy a hacer? No puedo negarme a ella. No tengo la fuerza ni la necesidad de ocultarla ni negarla, ¿para qué? ¿A pito de qué? ¿De que gente piense que estoy loca? Ya es tarde para eso. Solo podrían pensar que estoy MÁS loca. ¿Y?
¿Por qué no puedo estar tranquila con el hecho de que mis dibujos puedan ser arte? Me estoy empezando a abrumar ahora, estoy empezando a sentir una ansiedad incómoda con lo que escribo. Es arte y punto. Lo siento, me da vergüenza pensar en mí como una persona artista o ligada a las artes, pero, CUANDO DIBUJO, estoy haciéndolo. ¿POR QUÉ DEBIERA SENTIRME MAL POR ALGO QUE ME ENCANTA HACER?
CSM TENGO DEMASIADA ANSIEDAD.
Ahí está el segundo punto. Está en sentirme ahorcada por algo que amo. La musa no sale de la hoja a dañarme, pero me daña porque no la puedo exhibir, porque me da vergüenza. No me da vergüenza por mi, me da vergüenza por ella, porque la vieran personas que la conocen y le molestasen. Entonces la musa, que me permite conectarme con mi arte, a la vez me encierra. Yo quisiera poder mostrar los dibujos sin miedo a nada, precisamente porque ya acordé ante el congreso de Ñuño, que estamos haciendo arte y no tiene nada de malo querer compartir mi arte con otras personas, sobretodo a gente que estimo mucho y quisiera que conocieran una parte de mí que nadie realmente conoce. Me da caleta de pena pensar que me oculto, en parte porque creo que a nadie le importan mis dibujos -que a mí me importan caleta, por eso los guardo todos, incluso tengo guardados los que me hizo la toña cuando guagua, y como 100000 que me ha hecho la pina, y otros de pelayo, la ortiga, la bobina, todos están ahí.-, en parte porque me da vergüenza que vean a la musa, que es lo que ha estado saliendo de mí últimamente. 
(Al respecto de eso, quiero contar algo que me dolió. Hace varios años hice un dibujo de unos trolls en un árbol, que pinté con mucha dedicación -y algunos errores de noob. Pensé que se lo había regalado a alguien que lo iba a apreciar. Me pidió las medidas del dibujo para hacerle un marco, y me dijo que lo tenía y todo, así que se lo pasé. Luego, en su casa, vi que, efectivamente, estaba enmarcado, pero el marco era mucho más chico que el dibujo y había tenido que doblarlo o cortarlo  para meterlo en esa mierda pequeña QUE NO LE HACÍA JUSTICIA. Mira, yo sé que el dibujo tal vez no era la gran weá, pero para mí lo era. No es fácil pintar una hoja grande con lápices de colores. No es una weá digital que con una herramienta pup pup pup te pinta todo de una y luego sombreas Y CAGÁS Y ADEMÁS LO COPIAS Y ES EXACTAMENTE EL MISMO ARCHIVO. ERA HECHO A MANO. ÚNICO EN EL MUNDO. Y LO ARRUINASTE. ESA WEÁ ME DOLIÓ Y NUNCA TE DIJE, NUNCA TE LO DIJE porque aceptaba que a nadie le importase lo que hago. Creo que es obvio que no te diste cuenta. En fin, esa weá me dolió más que la chucha. Debí haberme querido más, debí haber sacado el dibujo y llevármelo, debí haberlo cuidado de que estuviese donde se le respetase).
Entonces la musa me abre y me reprime a la vez. Me da vergüenza por ella, más que por mí. Me entrega la alegría de desconectar a la ñuño del mundo, para conectarnos con el arte y olvidarlo todo por esas horas, y a la vez me mantiene encerrada en una claustrofobia de no poder compartir con nadie lo que sale de esa desconexión. La musa no puede tener público porque no quiero que la reconozcan. Pero, además de lo anterior, lo que menos quiero en el mundo, es que se viera ella misma y se sienta mal. No sé por qué soy así, pero lo que menos quiero es que se sienta mal. Me odiaría si se viera y se odiara. Me odiaría si se viera y sintiera vergüenza. Me odiaría si se viera y quisiera romper el dibujo. Me odiaría por siempre si la musa se odiara a ella misma.
Lo que busco en este período de mi vida, es extender mis periodos de felicidad el mayor tiempo posible, ojalá hasta el infinito y más allá. Mostrar mis dibujos tiene demasiados riesgos, mucha probabilidad de que eventualmente me odie y deje de ser feliz. Por eso, no voy a mostrarlos todavía.
Tal vez, de aquí a 10 años, exponga mis dibujos y la musa aparecerá como un período de mi arte. Son pocas las personas que la reconocerán, y creo que de aquí a 10 años, si se viera, no podría hacerle ningún daño.
Este es el fin de la nueva entrada de temática MUSA. La anterior está en  https://gnugno.blogspot.cl/2017/08/este-ano-por-primera-vez-en-mi-vida-y.html

martes, 3 de abril de 2018

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Te voy a contar una historia.
Estaba esta niña que creció en el bosque, alejada del mundo humano que era remplazado por conejos, perros y pájaros . Una vez vio un perro con un gato muerto en su boca. Los conejos en ocasiones botaban sangre de sus extremidades porque es bastante común sufrir heridas en el bosque. Ellos eran los vecinos de la niña. Así salía a vivir su vida todas las tardes que podía, y las vacaciones era su momento favorito porque no tenía horario y sus salvajes vecinos le enseñaban todos los días algo; que los caballos, que las vacas, que los conejos, que las ranas, que las libélulas, que los riachuelos, que el barro, que los cadáveres de esos mismos vecinos... había de todo en ese barrio libre.
Pero a veces había que vivir con los humanos. Y en esa vida humana todo estaba mal. El comportamiento de supervivencia no era valorado por nadie; en este lugar había que tratarse mal para demostrar amor. Y, ¿qué era el amor sin supervivencia? Era odio. El amor, que significaba apoyo y siempre salir adelante ante todo, poner pecho ante la adversidad y superar todo obstáculo que se presentase, de pronto se convertía en destrucción.
"No lo haces bien"; "no me importa tu herida"; "así no se dice"; "así no son las niñas".
Los resultados podían ser positivos, pero el fondo estaba mal y ello reconfiguraba el fin: TODO estaba mal. Era necesario indicar todo lo malo para apreciar lo bueno.
¿Por qué la vida es así en este lugar? Afuera los conejos y los caballos y las vacas y las ranas viven lo necesario y no se hacen mierda para demostrar nada. Solo reciben y dan; dan y reciben.
Con el tiempo la niña tuvo que aprender de su hogar roto que el cariño se demostraba a través del odio. Siempre quiso compartir, y descubrió que se aprovechaban. Siempre quiso ser honesta, y descubrió que de aprovechaban. Siempre quiso sobrevivir, y descubrió que no la dejaban. Porque su forma de ver la vida no estaba bien. No se acomodaba al dulce y tierno hogar de la destrucción.
Con el tiempo asimismo comprendió que debería vivir así toda su vida. Y no sólo eso: aprendería a reproducir esas conductas desastrosas que en su momento cuestionó. Su alma se quebró y a sus 27 años, acostada, tras sufrir el tormento de que su propia familia le aislase por pensar distinto, decidió contarle a alguien importante un trozo de su historia... para que no se perdiera, aunque no la leyera. ¿Qué importaba? Daba igual, ya le habían insultado lo suficiente. Sólo esperaba de alguna forma enseñarle a alguien que muchas veces no somos lo que queremos; somos el resultado de una interminable tortura con la cual no necesariamente estamos de acuerdo. Y mientras estemos conscientes de ello, tendremos la esperanza de volver, de cambiar, de retornar a ese punto en el que la vida era simple y feliz. Un punto que para algunas personas parece sacado de ciencia ficción. Pero, como bien se ha dicho, la realidad supera la ficción.

jueves, 29 de marzo de 2018

La sentí como una joya

Quisiera poder escribir en el pc y no en el celular, porque acá es más difícil. Hace un frío de mierda, de ese que cala los huesos y sientes que se te enfría la médula. Dolor. Dolor, hasta que se duermen los nervios; entonces se va. Desaparece. Creíste que habías quitado el zapato de tu pie como si nada hasta que miraste bien y definitivamente tu pierna se acababa sin un final de pie. Estaba dentro del zapato y ni cuenta te ibas a dar cuando se salió. No es tu culpa, querida, mira que es normal no sentir nada. Y se agradece pasar por alto el dolor físico, no crees?
Acaso prefieres eso al dolor psicológico?
Déjame contarte algo:
Un conejo comía tréboles de tu patio todas las noches. Al amanecer se largaba a buscar paja para su madriguera. Un día la Bianca agarró ese conejo con su hocico, pero con tu grito ella soltó su mandíbula y el conejo corrió a esconderse en la base de una zarza mora. Le seguiste, ¿recuerdas? Querías saber si estaba con vida. Querías saber si tenía una herida muy profunda.
Tus brazos se pincharon y llenaron de heridas intentando quitar la zarza mora para llegar hasta el conejo. Finalmente lo lograste, perseveraste y le llevaste en brazos a tu casa. Le dijiste a tu mamá que le tendrías hasta que sanara. Le metiste en una jaula que antes era de hamsters y observaste.
Le pusiste agua y zanahoria en 2 potes distintos.
"No va a comer", decía tu mamá. "No sabe vivir en cautiverio ", decía cada vez que pasaba por la cocina y veía la jaula.
Una pequeña jaula donde el conejo respiraba y no se movía. Ni siquiera podía dormir. Le había secuestrado una persona mediana que le miraba su herida.
¿La recuerdas, la herida? ¿Recuerdas ese pedazo de piel que le faltaba entre su muslo y su abdomen? ¿Recuerdas el asomo de sus músculos todavía con vida? Era un tejido brillante y carmesí, como la carne que cocinaba la María. Pero este tejido respiraba y algo en ti sentía una inmensa atracción por tocarlo. Qué ibas a saber que había que coser la herida. Qué ibas a saber de no interrumpir la naturaleza. Creíste que salvarías la vida del conejo. Al día siguiente estaba muerto. Muerto y helado, ¿recuerdas?
Fallaste esa vez y te pregunto: ¿hubiera preferido el conejo sentir todo eso? Si hubiese podido elegir, ¿se moría sintiéndose secuestrado, o intentando llegar por sus medios a su madriguera?
¿Ah?
Claro que el conejo hubiera preferido lo segundo. Y no sentir nada. Nada de lo que sintió en la tortura de esa jaula en tu cocina, sobre esas incómodas barras metálicas con un diario debajo, una comida desconocida, paredes a medias que permitían la intrusión de dedos curiosos de ti, la secuestradora. La que no le dejó morir en libertad.

No voy a optar por ningún tipo de sentimiento. Ni físico, ni psicológico, ni emocional. Enfriaré músculos, cerebro y vísceras para guardarles en una caja de contención, un búnker de sentir. Me alejaré de todo lo que me haga sentir algo. Dejaré de lado la vida como la recuerdo.
Recuerdo bien al conejo. Y también recuerdo ese cadáver de conejo que flotaba en un estanque que se formó por esas pocas largas e intensas lluvias de la región. Tenía el ojo blanco como esos zombies. Lo iba a visitar todos los días... cuando podía, en realidad, esperando notar algún cambio en su descomposición. Mi meta era llegar por su esqueleto y armarlo en mi pieza.
Siempre buscaba huesos por todas partes. Siempre era una celebración y un triunfo encontrar un cráneo. Cuando mi papá llegaba con uno, era la sorpresa más hermosa.
Recuerdo la herida. Recuerdo su expresión aterrada. Recuerdo haber pensado que viviría, que hacía lo correcto.
Qué soberbia es la humanidad. Qué poca humildad. Incluso en lo que pienso eran mis buenos actos, se esconde un inmenso trasfondo de absoluta oscuridad. No soy capaz de ver más allá de mis espaldas. No sé qué hay en ese lugar.