jueves, 7 de diciembre de 2017

Resumen del segundo capítulo de Política Sexual (Kate Millet). Si lee, por favor comente...

Política sexual (Kate Millet, 1970), capítulo 2.
            Primero se debe dejar en claro que la autora entiende la política, en este contexto, cuando un grupo de personas subordina a otro y, por ende, les tiene bajo su control. No se debe confundir con la definición del intrincado funcionamiento de la política tradicional. Ergo, son varios aspectos los que consolidan esta política sexual, asentada en el patriarcado.
1.       Aspectos ideológicos.
En este apartado se explican 3 bases distinguibles de categorías psicosociales que respaldan la ideología patriarcal. Ellas son la posición (como componente político), el papel o rol (componente social), y el temperamento o conductas (componente psicológico). En la categoría de temperamento se encuentran los rasgos “femeninos y masculinos”, que diferencian el binomio “mujer/hombre” de manera que se convierten en 2 categorías distinguibles, y en adelante configura toda forma de ser según con qué tipo de categoría te estás relacionando.
Las 3 categorías anteriores fueron, en un principio, respaldadas desde una perspectiva biologicista, en cuanto se tomaba en consideración una serie de mitos que diferenciaban a mujeres de hombres, situándolas a ellas como un ser biológico inferior al otro. No obstante, cuando más tarde la propia ciencia física refutó las apreciaciones anteriores, fue la cultura y las ciencias sociales las que se encargaron de cimentar una legitimidad “naturalizada” del patriarcado; es decir, se implantaron pensamientos y conductas que significaban que el patriarcado siempre ha existido, como si se tratase de un ente natural a nuestra especie, no así de una imposición sociocultural. De esta forma se conformaron una serie de valores adquiridos que definen el género “femenino/masculino”, diferenciándole del sexo “hembra/macho”.
Ahora bien, desde el punto de vista político, el hecho de que cada grupo sexual presente una personalidad y un campo de acción, restringidos pero complementarios, está supeditado a la diferencia de posición basada en una división del poder que existe entre ambos. De manera que lo público es imposible sin lo privado, pero lo primero es lo relevante socialmente, ya que es la forma en que nos damos a conocer. El dejar a las mujeres el “poder” del ámbito privado de lo social, en el fondo es una forma de ocultarla de la vida pública, y como consecuencia ella es invisibilizada de cualquier cambio y/o incidencia en la sociedad. Debemos considerar que afecta el hecho de que hayan sido criadas para servir al hogar, puesto que no cuentan con los conocimientos o “tips” necesarios para desenvolverse con éxito en una sociedad pública patriarcal. Se les priva de los conocimientos en política.
2.       Aspectos sociológicos.
La familia es una institución patriarcal, ya que es un reflejo de la sociedad y a la vez un lazo de unión con ella. Los papeles que implica la familia son un calco de la sociedad patriarcal, al mismo tiempo que su principal instrumento, y uno de sus pilares fundamentales de reproducción. En este punto se debe recalcar que la cabeza de la familia siempre está ligada al hombre, no así a las mujeres, a pesar de que son ellas las que llevan el cuidado y crianza de la descendencia y el hogar. Pero ahora pensemos en patriarcados no modernos ni contemporáneos.
Hay una relación íntima entre familia, sociedad y Estado (familia -> sociedad -> Estado), donde la mujer es más relevante en el primer punto, decreciendo en importancia hasta llegar al tercero, que sería la presencia de las mujeres en la política tradicional. Así y todo, siendo la mujer más relevante en el punto familiar, es el hombre quien es siempre considerado como el jefe de familia, y de él dependerá la clase social a la que pertenece la familia. En una situación hipotética, este sería el caso en los que la mujer de nobleza debe resignarse a disminuir de clase cuando se casa con un hombre en posición inferior. No es tomada en cuenta la clase noble de ella, sino el campesinado de él, perdiendo todos los beneficios con los que contaba. En cambio, si un hombre noble se casara con una campesina, ella podría escalar de clase social.
Desde un patriarcado feudalista, su tradición antigua le concede al padre la apropiación de la mujer/esposa e hijos. En patriarcados estrictos, el parentesco por línea masculina es el único que merece importancia y, por ende, las herencias, bienes y reconocimientos pasan de hombre a hombre, excluyendo definitivamente las líneas de parentesco femeninas de cualquier tipo. Además, las mujeres no podían tomar elección alguna sobre sus matrimonios, siendo criadas y obligadas a presentarse a temprana edad en sociedad, con el fin de que algún hombre con buena posición social quisiese contraer matrimonio con una de ellas. Ello significaba una posibilidad de que una familia completa pudiese pertenecer a la nobleza.
En el patriarcado moderno que vivió la autora, esa posición prioritaria de derechos masculinos en la familia, se ve menoscabada por el acceso de las mujeres al divorcio, la ciudadanía y la propiedad. Sin embargo, el patriarcado decreta que tanto la posición de los hijos como de la madre dependen de la presencia de un varón a la cabeza, así es que las personas a su cargo dependerían asimismo de la posición social y poder económico del varón a la cabeza, independiente de las situaciones previas que tuviere la mujer antes de convertirse en esposa.
3.       Influencia de la clase social.
Aquí se refiere a la estratificación de las clases sociales, y cómo ello influye en el imaginario colectivo del patriarcado. En este sentido, hallamos una paradoja de clases:
En los estratos socioeconómicos inferiores, el varón se siente más impulsado a reclamar la autoridad que le corresponde en virtud de su sexo, pero en realidad se ve obligado a compartir el poder con mujeres de su misma clase, que resultan productivas desde el punto de vista económico. Es decir, en los estratos bajos el hombre tiene poder a través de su sexo, ya que su poder otorgado por el trabajo se encuentra compartido por el contexto. Por el contrario, en la clase media y superior, el hombre manifestaría una tendencia menos acusada a demostrar de un modo áspero su predominación patriarcal, por gozar de una posición que le permite afirmar su poder en todos los campos. Entonces en las clases socioeconómicas más altas, el hombre no ha de reclamar tanto acerca de nada, porque, evidentemente, lo tiene todo.
Uno de los principales efectos que produce la clase social en el patriarcado, es enemistar a las mujeres entre sí, creando un vivo antagonismo que, tras oponer durante largo tiempo a la prostituta y a la matrona, afecta en la actualidad a la mujer con profesión versus el ama de casa. La 1ª envidiaría la seguridad y el prestigio de la otra, mientras que ésta, desde su posición aparentemente más respetable, anhelaría la libertad, la aventura y el contacto con el gran mundo que vislumbraría en la realidad de la otra. La rivalidad entre mujeres existe en parte a que ellas no desean verse reflejadas en el cautiverio de la otra, resultando en un rechazo y competencia por las demás. Ninguna desea estar en su posición, de manera que estas conductas son una forma de evitar la toma de conciencia de ello. Por otra parte, en virtud de las múltiples ventajas que le confiere el doble código moral, el varón participa de ambos mundos (profesional y de hogar), de forma que puede enfrentar entre sí a ambos tipos de contexto y mujer. Además, existen otras categorías secundarias que afectan la posición femenina en la sociedad, dado que su clase también depende de la virtud, la belleza y la edad, cosa que en el mundo masculino no resulta relevante.
4.       Aspectos económicos y educacionales.
En este apartado, se describen las condiciones en las que las mujeres trabajan, refiriéndose más al hecho de que, con misma o incluso mejor formación educacional que un hombre, en el patriarcado moderno se les paga considerablemente menos. No es la falta de trabajo el problema, ya que las mujeres están encargadas de labores básicos que mantienen la sociedad en su punto, en industrias, por ejemplo; el problema está en la remuneración de ello. Por el mismo trabajo, la remuneración económica de las mujeres es siempre menor. De esta manera, los hombres continúan perpetrando su calidad de pilar económico, gozando además de un mejor estatus social.
Además, se hace hincapié en la desvalorización que se le da al trabajo del cuidado del hogar y la familia, desde el punto base de que ello no es considerado un trabajo, sino un deber de la mujer, por lo que no merece remuneración. No obstante, se debe reconocer que, hoy por hoy, existen hombres participativos de las tareas del hogar, siendo conscientes de lo que significa mantener orden, limpieza y una sana convivencia, donde esos asuntos no son exclusivos ni pertenecen a un rol femenino, sino que es trabajo de todes quienes comparten un hogar para mantener una sana convivencia.
Al respecto de la educación, la autora analiza cuán alejadas nos encontramos las mujeres del conocimiento y estudio de las tecnologías, ya que usualmente nos han educado para encargarnos de aspectos humanistas de la sociedad, dejando casi al 100% el trabajo ingeniero/tecnológico en manos masculinas. Se dice que, si bien las mujeres trabajan en tecnología, ello se trata únicamente de ensamblaje, no pudiendo realmente acceder a un conocimiento que les permitiese ser capaces de, eventualmente, arreglar ningún tipo de aparato, como por ejemplo una lavadora, computadora, celular, etc, quedando nuevamente a la dependencia de los conocimientos que portan los hombres.
Esto hoy en día continúa sucediendo, dado que hasta los tempranos 90’, a las generaciones de estudiantes se les diferenciaba en la materia de tecnología, entre varones y mujeres, donde ellos accedían al conocimiento de funcionamiento y uso de verdaderas tecnologías y herramientas, mientras que a las mujeres se les enseñaba a tejer y bordar. No obstante, tras la reforma educacional, se logró dejar atrás esa diferenciación. Además, hoy gracias al internet podemos acceder fácilmente a esos conocimientos, con completa libertad de intereses; a pesar de ello, continúo observado que no es común conocer mujeres interesadas en explorar el mundo de la tecnología ni mecánica pesada, precisamente porque ya el esfuerzo de intentar entrar a un mundo tan masculinizado bajo la heteropatriarcalidad (como un taller mecánico), choca y vulnera tanto a una mujer, que resulta muy difícil hacerse paso en ese mundo, dada la incomodidad de su quehacer; siendo tratadas como seres delicadas, incapaces de hacerse cargo eficientemente de cualquier cosa con tuercas, donde el hombre desconfía y supervisa cada paso del trabajo de la mujer, tanto por parte de los colegas como por los clientes. Así es como se evidencia una marcada dominación masculina sobre el mundo de la tecnología y mecánica.
También podemos atestiguar que los diseños en videojuegos están repoblados de masculinidad, en cuanto vemos que los personajes femeninos cumplen con un estereotipo perteneciente a ideales sobre sexualizados que tienen los hombres al respecto de las mujeres. Lo mismo sucede en Hollywood, algunos estilos musicales y la moda, provocando en el común de las mujeres un duelo interno por no ser capaces de cumplir con lo que, superficial y socialmente, se espera de ellas. De esta manera, se acude al Photoshop, a las cirugías estéticas, a los desórdenes alimenticios, con tal de ser capaces de integrarse al mundo que hoy mantiene a las mujeres sobre sexualizadas. Es común observar depresiones basadas en la forma en que ellas se describen, culpándose por no ser (desde un estereotipo creado por el heteropatriarcado) bellezas dignas de atención.
5.       La fuerza:
La fuerza es un instrumento de intimidación constante. Constituye un atributo exclusivo del macho, único ser psicológica y técnicamente preparado para consumar un acto de brutalidad. La firmeza del patriarcado se asienta también sobre un tipo de violencia de carácter marcadamente sexual, que se materializa plenamente en la violación. En ella, la agresividad, el encono, el desprecio y el deseo de ultrajar o destruir la personalidad ajena, adoptan un cariz claramente ilustrativo de lo que es la política sexual.
A los hombres se les educa para no estar conectados con sus sentimientos, ya que es mal visto a causa de que las emociones están ligadas a lo femenino. Que un macho tenga sentimientos atenta contra su masculinidad y la apreciación que otros hombres tengan de él, de manera que para ellos es aceptable demostrar falta de emociones. Las mujeres, en cambio, tenemos que necesariamente estar en contacto con ellas, así es que solo las mujeres desde el romanticismo somos capaces de entregarles emociones a un hombre, y cuando ellas son vulneradas por la mujer, el hombre tiene permiso para castigarla. Durante muchos años era común que el hombre casado mantuviese relaciones extra maritales con otras mujeres, y las esposas debían aceptar sus conductas. Cuando ellas eran infieles, en cambio, el infierno se les venía encima.
Hoy continúo evidenciando la violencia (física y psicológica) con la que suelen reaccionar los hombres cuando sus puros sentimientos se ven vulnerados por una mujer. Ellas son condenadas socialmente, mientras que ellos son tomados como “campeones” al mantener relaciones con más de una mujer. Y nosotras, si nos quejamos al respecto, somos exageradas, de manera que nuestra sociedad todavía nos impide, de una manera más tácita en la sociedad euro occidentalizadas, vivir nuestra sexualidad como mejor nos parezca. El miedo al rechazo social es lo que usualmente nos norma como personas sexuadas.
6.       Aspectos antropológicos: mito y religión.
En esta sección se describen ejemplos que la antropología entrega para vislumbrar el patriarcado, las formas a través de las cuales podemos observarlo y reconocer cómo se legitima y reproduce. El hombre es considerado el centro mismo del que proviene la humanidad, siendo la mujer solo un “otro” respecto de ellos. Este pensamiento, se reproduce tácita y constantemente cuando, en nuestro lenguaje, nos referimos a la humanidad entera utilizando la palabra “el hombre”.
Un ejemplo de otras formas de operar del patriarcado sería el que se les atribuye a elementos sexuales propios de la mujer, donde la menstruación es un tema tabú y repugnante, terminando la mujer siendo considerada como un ser maldito y contagioso. Una causa de esto se puede visualizar en las culturas y prácticas en las cuales la mujer, a pesar de ser quien prepara la comida, debe obligadamente comer aparte del grupo masculino, similar a lo que sucedía (y sucede, en ciertos contextos específicos) con la servidumbre negra, de la realeza, o donde hay estratos socioculturales de castas, que continúan perpetuando estas conductas. La mujer es tomada como un ser infeccioso de servidumbre que prepara las comidas y mantiene un orden en el hogar; el macho no es testigo de la preparación de los alimentos, y por ende se practica esa doble moral del patriarcado, en que a pesar de que la mujer es un ser inferior y contagioso, su servicio aún así es recibido. Esto no sucede en el ámbito de las comidas de restaurantes, donde antes y todavía hoy, la cocina gourmet se considera un campo de trabajo dominado por los hombres, quedando las mujeres a cargo de las mesas, si es que se les da trabajo en estos lugares de alto pelo.
Por otra parte, gracias a los deportes y otras actividades reservadas al mundo público y masculino, los hombres gozan de una solidaridad y apoyo social que las mujeres desconocen. La preparación para la guerra y deportes funciona como pilares de la camaradería que les une entre sí. Esto además es un medio a través del cual los seres “superiores” se relacionan entre sí (fenómeno denominado “casas de hombres”), medio para alejarse del ser “inferior” que es la mujer. Esto lo observamos en diversidad de clubes deportivos o de otra índole, donde no se permite siquiera la entrada a mujeres. Y en estas casas de hombres, muchas de las iniciaciones a los nuevos integrantes (adolescentes) funcionan de manera que le hostigan y reducen socialmente a lo que sería un papel femenino. Solo tras demostrar que esa inferioridad de trato no le pertenece, que es capaz de sobrellevarlo, es que puede integrarse al grupo de hombres. En estas casas de hombres se vive una eterna y compleja adoración y culto al falo, donde establecen además una relación importante entre el pene y las armas, expresión refleja de una acusación de pertenecer al grupo que posee un poder altamente coercitivo por sobre el resto.
Con respecto a la religión, se analiza el rol otorgado a las mujeres en relación con los hombres desde la mitología griega y judeocristiana. En la primera, la mujer caracteriza a Pandora, fuente de sedición para con el resto de la sociedad, de lo que el dios masculino griego debe hacerse cargo. En el segundo, Eva es quien proviene de la costilla de Adán, y le lleva a cometer el pecado original, según el cual el hombre es “condenado” a vivir por siempre junto a las mujeres, reproduciéndose mediante un acto de ignominia: el sexo. Recordemos que, en los antiguos patriarcados, el sexo solo podía practicarse reproductivamente y bajo el consentimiento de un clero matrimonial. Resumiendo, la mujer desde la mitología está ligada a una posición sexual y de mal carácter, siendo antagonista de la pureza y fuerza masculina que es capaz de llevar a la sociedad “por buen camino”.
7.       Aspectos psicológicos.
La posición, el temperamento y el papel sexual son sistemas de valores dotados de infinitas ramificaciones, reforzados por el matrimonio y la familia, gracias a su jerarquía y división de las funciones basadas en la superioridad económica del varón; se logra encadenar a las mujeres a su dependencia en casi todos los ámbitos sociales “de respeto”. También es la forma a través el patriarcado es interiorizado por la sociedad. En el patriarcado, el intenso sentimiento de culpa que inspira la sexualidad recae inexorablemente sobre la mujer, quien en toda relación sexual es considerada como responsable del acto. La mujer además es cosificada en un papel de objeto sexual, en vez de ser una persona.
La mujer no tiene completo control sobre su propio cuerpo ni sexualidad, evidenciado en las políticas anti aborto y la concepción de la virginidad. La mujer es sometida a una constante vigilancia, otorgándole una posición infantilizada de persona, a pesar de que ella tenga una educación y conocimientos suficientes para valerse por sí misma. Esa vigilancia permuta en que las mujeres necesiten de la aprobación de quienes las vigilan, para entregarse una falsa sensación de libertad y éxito, la cual es lograda a través de la satisfacción del hombre.
En otros ámbitos, retomando el hecho de que las mujeres se desprecian a ellas y entre ellas, en un experimento se probó que muchas veces la forma de configurar un pensamiento parte del sexo perteneciente acerca de quién estamos pensando. Lo que se hizo fue leer un mismo texto a 2 grupos de mujeres, donde al autor le pusieron Juan y al otro Juana. Cuando opinaron, el grupo de Juan le estimaba como un gran pensador, mientras que el de Juana era considerado mediocre. Esto responde al maltrato sufrido por el grupo de mujeres en general, basado en una preconcepción de inferioridad respecto de los hombres, lo cual acaba tomándose como una realidad. Por ende, es lógico que la primera reacción que se tenga en la convivencia entre mujeres sea desconfianza y rechazo. Provienen de un mismo maltrato, y lo reproducen entre ellas porque desconocen una realidad en la que son tratadas como personas comunes, a igual altura que los hombres.
Otra forma de discriminación ejercida por la sociedad hacia las mujeres, son las condenas por delitos. Horrorizadas vemos que hombres violadores tienen condenas menores a una mujer migrante ilegal, cuando evidentemente el primer delito atenta contra los derechos fundamentales, mientras que lo otro surge de un contexto político. Por esta y muchas otras razones, cuando se le pregunta a las mujeres acaso hubieran deseado ser hombres, más de la mitad contesta que sí, mientras que casi la totalidad de ellos (respondiendo acaso hubiesen preferido ser mujeres) contesta que no. Esto es un vil reflejo de cómo nos percibe y percibimos a nosotras mismas con respecto a la sociedad, un hecho totalmente deprimente, a mi juicio.


miércoles, 6 de diciembre de 2017

Ugh

Estoy tremendamente abrumada. Siento asco eterno en mi interior.
Estaba mirando la discusión que se dió en twitter al respecto de que el chio ríos es uno de los acomodados imbéciles (yo soy acomodada no imbécil, en este sentido), donde una persona llamada Claudia le contestó que viniera a Chile a votar mejor, y se dejase de huevear, a lo que él le contestó con garabatos igual que siempre. Y lo del chino me valepico, lo que me estresa y me recuerda cuánto trabajo queda por hacer, son las respuestas. Misoginia, misoginia y más misoginia. Twitter, facebook, instagram; ninguna red social se salva de esta misoginia. 
Misoginia por parte de hombres y mujeres. No soporto ver los improperios e insultos que se le otorgaron a Claudia. Todo proviene de un patriarcado asqueroso, y muchos pero muchísimos hombres estaban disfrutando los insultos... tal y como podemos observar usualmente. El hombre disfruta de su privilegio, y en cuanto ve a una mujer explícitamente viviendo su condición de "inferioridad" (no creo que seamos inferiores, esto es el patriarcado, ojo), lo celebra y se llena de orgullo. Se llena de orgullo siendo un patán de mierda, y más les gusta cuando hay otras mujeres haciéndose daño entre ellas.
En nuestra condición de personas vistas por un imaginario social como faltas de todo, como dependientes de hombres económica y socialmente hablando, entre mujeres se da esta competencia absurda por no querer verse reflejada en la otra, en su faceta de inferior. Así es que ven que la insultan y la insultan más. Y son discusiones sin fundamentos:
"es flaite"
"es puta"
"es gorda"
"es fea"
Qué importa todo lo anterior. Nadie quiere discutir acaso tiene razón con respecto a lo que le dijo al chino ríos. Y él, superior a todes en todo sentido, en su cuna millonaria de tenista "respetado" (a mí me parece un pobre weón y no creo que de la vuelta, creo que es simplemente un ignorante imbécil que hace lo que quiere porque puede, porque tiene plata, porque tiene pene, porque es un barsa que se pasea a todo el mundo y no le importan las consecuencias de nada. Un completo antisocial al que le dan tribuna porque "ay qué chistosito el chino, siempre hace lo que quiere". Que se jodan, nadie debería poder hacer lo que quiere cuando se está meando a alguien, literalmente, cerdo cochino reculiao asqueroso, ojalá dejarte una buena diarrea en la almohada), ahí está, por supuesto, apañando a otro imbécil sin respeto como Piñera.
Me da asco esta sociedad. Sé que ha habido avances, que hay cambios visibles, pero todavía queda mucho, mucho, muchísimo trabajo por hacer. Dejar de criar seres heteropatriarcales es un desafío tremendo, pero no es imposible. Imposible es cuando le dejamos estar, cuando le aceptamos, cuando nos volvemos partícipes de ser consideradas como seres inferiores al resto, una otredad inexistente sin un pene que nos acompañe.
Quisiera ver una sociedad donde la misoginia no existiese.

viernes, 1 de diciembre de 2017

Barsedad

Pienso que el amor parte de un sentimiento que motiva nuestras decisiones con respecto al resto de las personas. Específicamente con respecto al amor de pareja, ese monogámico que muchas personas hemos conocido, me parece que el amor se manifiesta cuando nos encontramos en la posición de aceptar que sufriremos. Y que jugaremos constantemente al tira y afloja, a quién ejerce la fuerza dominante y quién la pasiva. No podemos negar que jugamos a la toma de decisiones constantemente, algo que se vive más a cabalidad en la reiterada convivencia, al punto de ya verse todos los días. Como vivir netamente en pareja. 
Quién va a comprar, quién paga, quién decidirá dónde comer, quién decidirá de qué forma se decide. Es normal, y me parece sano que el juego se imparta desde las 2 partes; es sabido que aburre que alguien diga que sí a todo; no se siente real, no se siente el compromiso, no se siente la atracción que produce la crítica y la opinión. Yo, que soy una persona pasiva, puedo ser dominante en otros aspectos, y en esas ocasiones disfruto de serlo, especialmente cuando los resultados son favorables para mi lista de "pasados comportamientos que fueron positivos". Esa lista que aparece tanto en la felicidad como en su atónimo. 
Pero lo que me preocupa, es que varias parejas parecen dejar de lado el juego en lo que respecta al sexo. En mi opinión y experiencia, las relaciones no solo funcionan bajo proyecciones a largo y corto plazo, sino que a veces hace falta invertir tiempo en pensar cómo vivimos el sexo, cuna de ciertas pasiones que simplemente nada más nos lo puede otorgar. Y en ese "pensar", esperaría cierta innovación, cierta temporada de juego nuevo, de prácticas desconocidas, compartir experiencias nuevas o entregar algo vivido a la otra persona, que no necesariamente lo había hecho. A veces, asuntos o situaciones que pueden parecernos poco excitantes o incluso repulsivas, en un momento determinado pueden significar la gloria en el compartir junto a otredades. La experimentación nos vuelve personas más sabias, y además nos permite conocernos mejor. Nadie dice que una vez que se empieza algo y no es de tu agrado, debas seguir hasta el final; eso ya es decisión personal, y mal estaría que la pareja en ese momento te instara a continuar a pesar de tus malestares. Siempre hay que tener ojo con eso, con hasta donde somos capaces de dejar llevar ese juego de la dominación.
La dominación en el sexo me parece una realidad, y no me molesta. Pero sí me molesta que esa dominación que debiera ser puramente sexual y placentera, traspase estas líneas y se transforme en un abuso. A muchas personas les ha pasado que, tras años de relación, rompen y, al conocer otras realidades, se dan cuenta de que acataban el sexo por una "obligación" hacia la pareja, a pesar de haber sentido una infinita repulsión en ese momento.
Cuando hemos llegado a ese punto, a sentir que la persona nos provoca repulsión y que nos dejamos dominar al punto de estar pensando durante todo el acto "por favor que acabe rápido", es que hay un problema de fondo. Por esto creo que, al menos en relaciones donde el sexo es importante para su continuación, hay que saber reconocer esas instancias y ceder ante la separación, por mucho que duela. O trabajar en ello.
Considero perfectamente real, que alguien pueda encontrarse viviendo en pareja y pasar por un tiempo de asexualidad. De simplemente quererse pero sin necesidad de acudir al sexo. A veces, tras ciertos traumas en las relaciones, una persona necesita tiempo para sanar, y no debiera "acatar a una obligación sexual" cuando no se sienta en comodidad o cuando su cuerpo y alma no se lo pidan. Si la otra persona no sufre un trauma y es incapaz de sucumbir ante el sufrimiento que implica el amor, el cual debiera/podría estár plagado de paciencia, empatía, honestidad, confianza, respeto y solidaridad, cuando la persona siente que no es capaz de soportar el trauma de la otra, también es loable que recurra a la separación. Por mucho que duela.
Mis respetos a todas las parejas que pueden convivir hasta el final, que si bien batallan, se esfuerzan por crear su propia ONU y hacerla efectiva, que funcione, no importa cómo. No importa si deben acudir a otras personas, integrando, o incluso quitando. Aunque esto último me provoca sentimientos encontrados, ya que me repugna el amor posesivo que provoca obligaciones, pero por esta misma razón creé mi propio concepto de partnerismo, para evadir el amor. Porque estoy conviniendo en que el amor significa un tanto de posesión, al aceptar la dominación.
Ahora bien, me repugna la posesividad en el amor, así como también una pasividad expresada en tan solo una de las partes; no obstante, si una persona que demostrara en hechos conductuales que no es una influencia sana en mi pareja, que de hecho a mi pareja no le hace bien POR SÍ MISME el estar con esa otra persona, creo que acudiría al recurso de la posesividad, mas a través de un consejo. Y digo que es posesivo, porque finalmente esas conductas podrían llevar al término de una relación. La amenaza del término por tal o cual asunto, es una demostración posesiva y manipuladora, al intentar influenciar a las partes de tomar una decisión basada en ese amor sufrido, que debe dejarlo todo por la pareja. Y tal vez no lo quiera así.
Hoy, casi no soy puedo atestiguar lo anterior. Siempre veo la infelicidad en las relaciones de pareja; la queja permanente, el cansancio, pero ese continuar en el desierto a pesar de que exista un oasis ahí mismo. Que podemos ver, que casi podemos tocar, y ciertamente podríamos compartir con la otredad considerada pareja. En mi intención de este post, quiero preguntarme ¿por qué lo hacen?
¿Por qué se quejan? ¿Les obligaron a emparejarse de esa forma? ¿Es la consagración social de un amor sufrido impuesto, de una construcción cultural, más importante que nuestra felicidad ciertamente alcanzable? Una felicidad que es posible compartir, lo sé. He estado ahí, pero también me he infectado de lo enseñado y aprendido, del maltrato, la manipulación permanente, el horror de los celos, la posesividad repulsiva de querer encadenar a la otra persona, para imaginar que le quiero porque le idealizo, en vez de quererle simplemente por cómo es, de encontrar una utópica perfección en esas hermosas imperfecciones que le convierten en un ser único, en una persona que finalmente decidimos acompañar hasta que ya no se pueda más. Pero que nos dé ganas. He ahí lo esencial.
Una parte de la solución al problema anterior, que se integra incluso a ese amor romántico basado en el sufrimiento (más que en la felicidad), es cambiar estas conductas. Dejar de quejarse porque sí; pensar antes de hablar. Pensar en no decirnos en voz alta, ni comunicar al resto, cuánto nos cansa la otra persona. Se puede invisibilizar el sentimiento y se puede reventar por ello. Pero si no lo hemos intentado, ¿cómo sabemos hasta dónde seríamos capaces de llegar, cambiando tan sólo la forma en que nos referimos con respecto a la pareja?
No decir, a veces, es tan importante como hacerlo. Genera pensamientos y realidades igual de importantes. Decir que quieres estar con una persona e incluso adularle las imperfecciones, puede traer más felicidad -aunque parezca una pantalla y posiblemente lo sea- que andar despotricando contra ellas. Comunicárselas a la pareja, sería trabajar en ello, en caso de que atente en contra de la convivencia. Por ejemplo, la típica molestia de la tapa del baño, que para mucha gente es despreciable y cuando están bajo estrés, sucumben ante los impulsos y se abre el telón negro, vaticinador de una batalla. En mi caso específico, es el confort. Ugh, papel higiénico, PERDÓN. Si no se compra papel higiénico o no se mantiene uno en el baño, refunfuño y hago guapos cual Lilo en un día cualquiera. Conversando sobre el problema, puedo obtener una solución. Y si la persona no modifica su conducta, pues algo está comunicando con ello. Ya sea falta de interés o hacer visible su intención de demostrar que, aunque no lo haga, yo lo terminaré haciendo porque me molesta mucho. Ejercería una dominación que no va de acuerdo con mi espectro de comportamientos pasivos, pues de ser así, no hubiese necesitado conversar sobre el tema. O no hubiese explotado porque lo había especificado en ocasiones y me molestó sobremanera que, solo porque -en este caso- se sacudía el pico y obviamente pensó que no iba a cagar prontamente, se dignó a no comprar el necesario papel higiénico. Que yo necesitaba, y prácticamente vivía con él.
Es complicada la vida en pareja, lo reconozco, pero en ningún caso es imposible. Muchas batallas pueden evitarse si hacemos uso del exquisito lenguaje con el que contamos como especie, de cuán específico podemos llegar a hacerlo, de cuán nuestro es... y la tristeza de no darle importancia, de hacer como si no existiera, como si nuestros pensamientos no guiaran nuestras conductas. Es difícil generar empatía sin conocer a la otra persona; las descalificaciones reiteradas que no escuchan respuesta, han llevado a personas a convertise en antisociales homicidas, sobretodo cuando provienen desde su parentalidad. Al igual que el abandono; una persona ausente, no lo está tanto cuando se digna a conversar con alguien. Si yo fuera una madre que viaja mucho muchísimo y no pudiese llevar a mi infante conmigo, le llamaría todos los días, y cuando no pudiera llamarle, le haría saber por qué fue. Haría el esfuerzo por jamás cortar la comunicación, y les aseguro que mi bienvenida sería recibida con un abrazo, no importa que nos veamos poco. Usar la comunicación virtual, la belleza de la electricidad para mantener y fortalecer los vínculos, es fundamental en nuestra era. Si no se hace, es como si no importásemos.
Por supuesto, lo anterior pertenece a ciertos contextos específicos; sé que hay quienes prefieren no chatear, porque disfrutan más la compañía cercana, mirar a los ojos, apreciar los detalles del lenguaje corporal. Pero no porque yo sea de cierta forma, voy a negar o minimizar las virtudes del internet. 
En fin, las parejas tienen soluciones. Las tienen ahí mismo, sólo que no saben o no han querido darse cuenta. Porque en lo efímero del romanticismo, en la posibilidad del sufrimiento extremo, se encuentra una aventura que pareciera ser cómoda. Pero, ¿qué tal si no lo fuera realmente? ¿Qué tal si, en efecto, pudiésemos reconfigurar nuestra forma de expresar y vivir el amor, dejar de hacerlo romántico, vivirlo como una herramienta para compartir en algo similar a la armonía?
Somos una especie altamente sociable. Es más, solo sabemos vivir en sociedad.
Una orca en uno de esos asquerosos circos de animales marinos para gente imbécil, hace años que no está junto a otra orca, porque su compañere de jaula falleció, tal parece que por suicidio. Esta orca está conviviendo con delfines y otra especie de ballena, y hace años que no ha recibido respuesta alguna a su comunicación. Ergo, se le ha observado en lo que su lenguaje sería, haciendo gritos desesperados por comunicación. ¿Te imaginas el dolor de no recibir respuesta alguna? ¿Te imaginas la soledad en la que vive, a pesar de estar supuestamente acompañada?
Las orcas son ballenas tan sociables, que solo se encuentran en soledad cuando se han perdido. No puedo ignorar mi dolor al imaginar las horribles condiciones psicosociales en las que se encuentra esa orca.
Tal vez solo quería terminar escribiendo de ballenas. A pesar de que las orcas son un tipo de delfín cetáceo.

jueves, 23 de noviembre de 2017

Anticipo

En este momento todo me valepico. Una se siente verdaderamente como un paria cuando le quitan el saludo.
Me lo voy a bancar. Me lo voy a bancar hasta que deje de golpear mi cráneo contra cualquier cosa. Tal vez me la banque hasta que se rompa, porque en el fondo no podría bancármela y terminaría con la cabeza rota.
No me importa.
Publiqué mis borradores (agosto, septiembre, octubre y noviembre) porque todo me valepico. Porque los únicos sentimientos que puedo portar, son los más desagradables, peor que todo lo que había conocido hasta hoy. Nada se le compara. Nada.

Quiero ser
sicario
y deshacerme
de lo que veo
en el espejo.

Hay un enorme barril
en la entrada
sicario
será libre
de dejar mi cuerpo
en ese barril.

Sinceramente, no sé expresar cariño, pero cuando les he querido, les he querido hasta el final. Incluso cuando no me han querido de vuelta, y nada nada NADA me podrá quitar ese recuerdo. Nada me hará sentir que no les quise hasta el final, independiente de todo.

Pero
todas
tenemos
un
límite.

Hasta la próxima.

lunes, 20 de noviembre de 2017

terminar

Necesito
terminar
lo que empecé.
Necesito
que terminemos
la serpiente.
El tiempo es
irrelevante
El dolor es
pasajero

Tomé una decisión ambiciosa.
Termínala.

domingo, 19 de noviembre de 2017

27 ; 28

De repente me pasa que pienso tanto en la muerte, en morirme, que eso le da como una cierta ironía de fortaleza a mi vida. Y sigo siendo esta persona que le dicen Ñuño. A veces es buena onda, otras valepico. Pero usualmente todas las personas valenpico cuando deben mostrarse de esa forma.
Supongo que, como tuve mi suerte de año nuevo, hoy es como mi 1ro de Enero y tal vez debiera escribir en mi blog acerca de lo que fue el año anterior.
Bueno, entre los cambios más relevantes, es que finalmente no logré concretar ningún tipo de relación amorosa. Desde que empezó mi año recién pasado, que me fue como el pico en el amor, y hoy continúa de esa forma. No sé si antes me iba mejor; bueno, sí, creo que cuando era feliz con JP me iba mejor, pero después ya no éramos tan felices, y al final fuimos cero felices y a mí me desagradaba así como yo a él. Que era lo que tenía que suceder.
Estoy teniendo variadas regresiones a mi infancia, y empiezo a retomar actividades sin trascendencia alguna, además de algún sentimiento de felicidad que me provocan. Algo efímero, como casi todo.
Pero no, no todo es efímero. Hay energías que perduran, son como parásitos.
De repente me entró un vacío que me hizo desear llorar. Como si estuviera buscando o QUISIERA sentirme mal, pero tal parece que no me resulta mucho. Hace rato no lloro, y eso me deprime un poco, porque cuando lloraba era cuando más sentía esas energías. No sé si habrán sido negativas o no, pero al menos algo existía en mi interior. Estoy como totalmente podrida por dentro; lo que me hace feliz no tiene importancia, y al final por eso mismo termino pensando que parece que no soy tan feliz. Lo cierto es que no me cuestiono mucho aquello que me provoca felicidad, porque prefiero vivir el momento y dejar de huevearme por huevearme; a mí misma, además. O sea: qué manera de valerpico, ¿no? CUando me hueveo sola me siento como la persona más contradictoria del mundo.
Tengo las discusiones más imbéciles en mi interior, pero al final siempre gana una de las partes. No es como que haya un empate. O me rindo, o sigo hasta el final.
A veces me he rendido a medias, porque cuando los caminos son muy largos, hay que descansar un rato. Solo que como soy impaciente y de hecho espero resultados de las cosas, se me olvida que existe el sueño y dormir y esas cosas.
Sí, a veces quisiera no necesitar dormir, estar siempre despierta y de repente desplomarme y que se me caiga el vaso de tequila encima y salga por mi boca. ¿Habrá alguien presente? Puede que sí, como puede que no. Depende. Si realmente no durmiera por una semana o qué sé yo, si no tuviera descanso, obviamente habría momentos en los que estaría sola haciendo cualquier mierda o weá. Entonces perfectamente me desplomaría y nadie me vería en el momento, sino que me encontrarían después, cuando una plaga de moscas esté infectando la habitación y alguien se acuerde "cierto que vive alguien ahí; alguien que no duerme. ¿Cómo vive esa persona? ¿De qué vive?". Va a sapear que por qué sale un olor tan nauseabundo y que está lleno de moscas. Nadie atiende jamás, así es que llama a carabineros y encuentran un cadáver, así es que llaman a la PDI y notifican a mi familia de que la SEÑORITA ÑUÑO ha fenecido y el CORONER -sí, quiero usar esa palabra y qué tanto, a veces se me facilita más mi vocabulario cuando pongo una palabra que conozco más del inglés que del español- debe determinar los detalles que determinaron este fallecimiento.
Qué acontecimiento, dios mío. Se murió le vecine, ay qué lata. Pero no dormía, y era rare, así que no me soprende. Justo me preguntaba cómo era que podía vivir de esa forma, siempre en pie o en la cama o haciendo algo, aunque no hiciera nada; de qué vivía, de qué se trataba su vida aparentemente inútil. Y resulta que murió, así que efectivamente mi respuesta, que era "yo nicagando podría vivir así", era real. O sea, si se pudiera vivir de ese modo, no hubiera muerto tan a destiempo.
Yo suelo sucumbir al cansancio, a veces cuando ya no puedo más y me idiotiza cualquier palabra que me sea dirigida o cualquier sonido que no me apañe en mi sentimiento de tranquilidad.
¿Y qué es esta falsa paz que siento? Es una paz que surge de la melancolía del esueño permanente. Que nunca estoy 100% presente porque siempre está la mitad de mi pensamiento divagando en cualquier tontería; mi imaginación se expande pero ultimamente se mantiene firme a una misma línea. No hemos ido tan lejos. Hemos viajado a lugares y energizado nuestra paz melancólica con fantasías imposibles. Es la gracia de las fantasías, ¿no? Si no lo fueran, pensaría en recuerdos, y definitivamente no es eso lo que hago. Sino que de una deformación constante de algunos detalles que componen el recuerdo, me invento algo. 
La realidad supera la ficción.
El año pasado tampoco conseguí migrar de mi hogar ni un trabajo estable, seguramente porque no lo deseé tanto como para aventurarme en pegas y esforzarme 100 para lograrlo. Bueno, fue una decisión paulatina que en verdad no me detuve a planificar, sólo dejé que pasara o no. Pico con eso. 
Tomé hartas malas decisiones, pero también una buena; por ejemplo, lejos en el top 10 de malas decisiones de los 27, el número 1 se lo lleva el maldito curso de programación. UGH. Y en el top 10 de las buenas decisiones, creo que primera está bujinkan. El celibato está 10 en ambos top 10 (lol) porque no he determinado si se trata de una buena o mala decisión. Creo que se trata más de una weá que está ahí por las circunstancias, más que porque yo tenga un poder demasiado grande sobre el. Mi celibato llegó para quedarse el tiempo que le sea determinado por su propio capricho de existir. No me molesta; bueno, a veces extraño el sexo, como toda persona caliente, pero no me supone infelicidad alguna. Nadie me atrae lo suficiente, eso es todo.
Finalmente, me parece que comienzo este año con ese sentimiento que dejé el anterior; a los 27 esperé y esperé y esperé. A los 28 es como si siguiera esperando. No sé qué, realmente, pero estoy en esas. Y mientras espero me hago esta sala de espera que es ser ociosa y disfrutar los minutos y segundos que se me dan en cualquier mierda que me haga disfrutar. Y cuando no estoy disfrutando, aguantarlo o solucionarlo si es que es posible.
También empiezo los 28 queriendo morir, pero no es nada nuevo.
Me acuerdo de esa bola de energía que se dibujó frente a mí, la nula reacción de mi parte, las luces, la música; el intentar encontrarle sentido. ¿Por qué me acuerdo ahora? ¿Tuvo sentido? ¿Tendrá sentido ahora?
No sé por qué, pero parece que me di cuenta de que era algo super importante. QUISIERA abrir mi tercer ojo para poder ver esa bola.
Ya sé: me obsesioné con esa idea y un día consumiré una droga que me permitirá verla, y cuando la vea, la capturaré, la meteré en un sobre y se la enviaré de vuelta a quien la hizo realidad.
Estoy demasiado arrepentida de haber dicho que sería apoderada de una mesa reculiá.

viernes, 17 de noviembre de 2017

20.9.17 (borrador)

me aparece una foto suya en algún lugar y se me contrae todo eso que le dicen abdomen.
salir es mucho más difícil de lo que pensé.

Me acuerdo cuando revisaba fb sólo para buscar sus megusta. Me acuerdo que a veces tenía éxito, al principio sobretodo... con el tiempo el éxito declinó hasta esa podrida indiferencia. No podía significar otra cosa que ese clásico "no me importas", pero yo era tan obstinada y confiaba tanto en mis imbéciles intuiciones, que nadaba como si la vida continuara siendo hermosa. No quería ver el barranco, el acantilado de salto de agua que venía con el río, justo ahí donde yo nadaba, justo ahí donde yo era feliz. Peces vecinos me avisaron del desastre, lo sé, pero el continuo nadar en contra, la sangre brotando al revés, la vida fluyendo en la pasión del encuentro, eran más importantes que un maldito barranco.
Todes dijeron: te vas a caer, ñuño; no le des bola, ñuño; vas a sufrir, ñuño.
Tenían razón. Todos uds tenían la más absoluta razón con respecto a mi futuro. Caí por la catarata; me dejé llevar por la emoción de la ceguera que a veces trae la incontrolable pasión del amor imposible, mis branquias no tuvieron hidrógeno por varios segundos, y mis espinas se quebraron con esa roca en la que caí. 
Admito el dolor. Admito el error de la obstinación. Admito que me sobrestimé. Admito que al final, el mundo era más grande que yo, y yo era un punto insignificante del mundo. Dolió y dolerá siempre. 
Me lo advirtieron y les agradezco. Pero, ¿saben qué? Lo haría todo de nuevo. Moriría otra vez solo para estar 9 minutos de toda mi vida con ese (insignificante) pez que me carcomió el cerebro.


miércoles, 8 de noviembre de 2017

Paul

Recuerdo que era de noche, una madrugada calurosa; estaba en un lugar con una fuente, en un enorme parque situado en medio de la gran ciudad. Había varios autos que se reunieron, hubo un tiroteo mafioso y venía la policía. Junto a mi acompañante, en un segundo decidimos no subirnos al auto de nuestro amigo mafioso y su séquito, sino que elegimos el de las personas que tenían negocios extraños con los mafiosos, pero que aparentemente estaban protegidos y nunca les pasaba nada. Con esas personas podíamos tener la oportunidad de escapar del desastre post-tiroteo y la inminente llegada de la policía. Cuando ingresamos al vehículo, el conductor aceleró de inmediato y las luces rojas que comenzaban a decorar el escenario, quedaron atrás.
En ese jeep iban drag queens, gente del cirque du soleil, yo y mi compañero. Pau Nicklen estaba al volante. Llevaba ese típico gorro de lana de pescador, color gris, y una chaqueta outdoor antisúperfrío porque obvio que en el fondo, él siempre está en el mar. Yo saludaba a mi amigo Paul y al resto, mi acompañante también lo hizo. Nos miramos y suspiramos de alegría cuando Paul comenzó a manejar en dirección a la ciudad, fuera del parque. La policía llegaba y no queríamos morir en un tiroteo o pudriéndonos en una cárcel. Así es que Paul y cía eran nuestra salvación.
Recuerdo haber pensado "qué suerte que justo estaba Paul Nicklen. Qué bacán que se consiga máquinas ilegales con mafiosos, para ayudar al mundo marino. Guau, cómo respeto a Paul Nicklen...".
Pero Paul no era tan Paul Nicklen después de todo. Cuando manejaba y yo y acompañante, sentados en el medio de los asientos traseros, nos pusimos a conversar de lo bien que era sentirse un poco a salvo de esa terrible situación, el auto ingresaba a algo similar al bronx, donde extrañamente había 2 niños parados en la vereda. Deben haber tenido entre 9 y 12 años. Solo observaban el malpasar de los autos nocturnos ensimismados en sus carreras provocadas por motivos al margen de la ley. Y Paul dirigió el auto exclusivamente hacia ellos; les embistió con el parachoques y sentimos cómo las ruedas del lado izquierdo desestabilizaban el auto, ya no por la vereda, sino por los frágiles cuerpos de 2 niños.
¡PAUL, QUÉ MIERDA TE PASA, PAUL! ¡ATROPELLASTE A DOS NIÑOS!
Paul no hablaba, Paul no decía nada, Paul Nicklen sólo tenía la nariz y manos pegadas al manubrio del autojeep. No reaccionó ni contestó la pregunta de nadie. Dio una patada al acelerador y chocamos contra un árbol que estaba tras los niños. Todo en un momento muy rápido, marcado por la lentitud de la intensidad del sentimiento. Asimilar el atropello, luego la indiferencia; le siguió el choque lateral, precisamente por el lado del conductor. Gritábamos y algunos se bajaron del autojeep a vomitar y salir corriendo a cualquier destino lejano. Lo importante era escapar. Lo importante era que la policía no nos atrapara.
Nuestra salvación había cometido 2 asesinatos y chocado el auto, ahora el mismo vehículo que nos había entregado la posibilidad de continuar con una fingida vida normal, estaba lleno de sangre y abollado. Se comenzó a detener lentamente a lo largo de la calle, pues se había desviado por el choque. 
Uno de los que ya estaba en el auto cuando subimos, dijo Paul, acelera, ya los mataste. ¿Por qué te detienes, Paul?
Me acomodé en el asiento para llegar hasta el conductor, le moví del hombro para que reaccionara, y vi que su mandíbula estaba completamente rajada y desencajada de su cráneo. En estricto rigor, ya no tenía mandíbula, su lengua colgaba con libertad sobre su cuello. Los ojos sobresalían de sus párpados. Paul obviamente estaba muerto, por eso no podía manejar ni reaccionar a nada, el choque le había destrozado la cara. En cuanto le vi ahogué un grito de horror y mis fosas nasales se vieron invadidas por un angustiante olor a sangre, a fierro oxidado, mezclado con el perfume y sudor de todos quienes estábamos presentes. Yo también quería bajarme del auto, pero estaba en estado de shock y no me podía mover. Solo era capaz de llevarme las manos a la frente, estirar mi cara hacia atrás, mostrar mis dientes y gemir de horror. No podía olvidar la cara destrozada de Paul, el movimiento del auto sobre los niños, los niños en el segundo que miraron el auto sin esperar nada hasta que ya estaba sobre ellos.
Tuve que abrir mis ojos y escapar de ese tremendo escenario. Intenté dejar de pensar en lo que vi, intenté borrar las imágenes y sensaciones de mi cabeza. Miré el techo y en esa oscuridad incompleta sentía la presencia de la parca, observándome desde esas sombras que nunca son capaces de definir figura alguna. Pero hay algo, estoy segura de que hay algo. Lo siento cada vez que despierto de una pesadilla. Penetra el sentimiento tan profundamente en mí, que mi única solución es prender la luz y reconocer mi pieza nuevamente. No es mi imaginario de nueva york. No es un laboratorio. No es una nave espacial. Solo es mi pieza y con la luz encendida puedo continuar durmiendo.
Nunca recuerdo en qué momento la apago, no me doy cuenta de que lo hice. Solo sé que al despertar, la única luz es la que proviene de mi ventana, del esperado amanecer.

Me di cuenta de que queda poco y no sé si voy a continuar, así es que no espero nada.
Lo curioso, es que estos sueños no me provocan ansiedad alguna, y solo lo recordé porque vi una historia de Paul Nicklen en instagram. Ayer, en cambio, tuve un sueño que no era una pesadilla, pero desperté con una marcada ansiedad y de pésimo humor. Además estaba nublado. Me aguanté todo el puto día las ganas de gritar y llorar. Quién sabe... se me acaba de ocurrir que, tal vez, en el horror de la pesadilla se desvaneció la ansiedad.

Buenas noches.

lunes, 6 de noviembre de 2017

Mowglis

Qué extraño, ¿no? Me siento completamente presa de mi cerebro. Me caza constantemente como si yo fuera una mosca ante un camaleón. A veces siento que nada es real, y que todo lo efímero vale tanto pico, que ni siquiera debiéramos dedicarle tiempo. Creo que soy efímera desde que nací, y ahora que me doy cuenta de ello, me encuentro pajera. En algún momento de mis años universitarios, soñé con dejar de serlo; creí honestamente que puedo no ser efímera. Pienso yaa, ¿pero para qué demonios sirve eso? Para mi autoestima, obviamente, y tal vez para la de alguna otra gente que me rodee y se sienta bien. AL FINAL, todo lo que somos se transmite como un aura de energías que involucra inevitablemente a otredades. Ya sea el gato, el perro, u otra variedad de personas humanas y no humanas. AL menos eso creo yo, y lo creo porque quiero, no porque de verdad piense que es real. O tal vez sí. Me gusta la idea de que, como seres pensantes, creamos o no en asuntos que pareciera que no podemos comprobar. Digo que "lo parece" porque cuando una quiere comprobar algo, siempre puede encontrar las pistas e interpretarlas de manera que una diga "ay si yo sabía que esto era cierto, sabía que tenía razón ay".
Este año me he conocido caleta, mucho más de lo que esperaba. He cambiado más que la mierda, además; entre que tuve una regresión a la infancia, mantuve ciertos aspectos, y otros los quité para agregar nuevos. Qué sé yo. Sigo siendo mala, tan mala que estoy aprendiendo a ser mala de verdad. Y siempre fui una mowgli, creo que la más mowgli de la familia, así es que mi decisión de aprender cómo ser una mowgli certera se condice con mi pasado.
Sigo sin comprender muchas cosas que tal vez debí haber aprendido de chica. Cosas que no pude observar porque en mi ambiente no existían, y al contrario. Hay personas que lloran al mínimo garabato porque lo consideran un insulto; mis hermanas y yo, jamás podríamos llorar por algo así. Incluso cuando el garabato es utilizado como un insulto, nosotras podemos hacer magia e invocar el párrafo de la muerte. El daño que logramos hacer con las palabras se queda grabado.
Siempre he pensado lo mismo, que al final la violencia psicológica es mucho más dañina que la física -cuando no te mata. Porque la fisica tiene esa característica de que desaparece y por ende su olvido es mucho más persuasivo que aquel humanoide afectado por el arte de la palabra. Me imagino desde mi ignorancia, que cuando te golpean y no dicen nada, es más fácil que el recuerdo quede en un "me pegaste ctm". Pero cuando te pegan y además te agreden verbalmente, creo que la herida es más profunda. No sólo me pegaste, también me dijiste blablabla. ¿De verdad piensas eso de mí? No, estaba enojade. Pero lo has pensado, por eso lo dijiste. No, se me ocurrió en el momento.
¿Qué tan real es esa supuesta ocurrencia momentánea de los insultos? A mí me cuesta bastante creerlo. He vivido la mentira de pelear verbalmente y expresar algunos pensamientos random que no quería pensar, solo porque alguna vez lo hice y los recordé en ese momento. Es como si pudiese archivar un pensamiento de mierda, un pensamiento tóxico que no me lo creo, pero que existió y fue real en mi cabeza, para lanzarlo en un momento preciso de batalla verbal.
No me ha gustado ser así. 
También me ha pasado lo contrario, que es el insulto de la ocurrecia impulsiva. Creo que estos son los insultos que, cuando se acaba la pelea, no se pueden explicar. Y a la otra persona no le sirve de nada, solo le duele y le seguirá doliendo y cada vez que la otra persona diga o haga algo que se contradiga con ese insulto, podrá regresar y decirle "oye pero tú una vez me dijiste tal weá, ¿te acordai? así que no me vengai con mierdas ahora".
¿Por qué me estoy acordando tanto de la dinámica de la batalla verbal? De la pasividad agresiva previa al inicio del ring, de esa publicidad maliciosa que los propios contrincantes siembran y fertilizan. En la cosecha se ve quién tuvo la mente más ácida.
Pero realmente tenía ganas de escribir acerca de cuánto he aprendido este año, de mis errores por sobretodo, ya que aciertos he tenido pocos. Mm. Creo que mi único acierto de este año fue terminar con JP, pero eso iba a pasar tarde o temprano porque la relación estaba tan viciada que ya no podíamos respirar en la misma pieza.
Me estoy conociendo de esta forma novedosa, y caigo en ciertos aspectos de mí que en otro momento diría "no, no puedo dejar que esto sea así, tengo que ser diferente, tengo que ser de esta otra forma, tengo que cambiar, no puedo seguir siendo esta ñuño". Luchaba en contra de mí porque pensaba que era "lo correcto", como si fuese real otorgarle ese tipo de calificaciones a lo que somos. Ja.
Pensaba que no era bien visto ser "blabla", pero en el fondo era yo misma la que me juzgaba, y a la vez me dejaba juzgar por mi familia, por los comentarios, por los "TIENES que estar sola". 
¿Qué saben? Ni se imaginan mi forma de funcionar.
Yo no me he conocido tanto como una persona, porque siempre he estado más inclinada hacia ese conocimiento mowgliano con el que me crié. En mi mowglianismo, me hallo sobre una base mucho más funcionalista que cualquier otra cosa, funcionalista y succionadora. Mi soledad es extraña porque necesito de otros mowglis para vivir, de otros lobos para comprender que estoy haciendo las weás bien. Para hacerme un camino, para raspar la tierra hasta encontrar eso que no necesariamente necesito yo. Es básico, para mí. 
Lo que he estado trabajando estos días, tiene más que ver con los roles pasivos y dominantes de las relaciones en general. Creo que en una manada constituida, que prevalece y se adapta, hay roles diferenciados que permiten la convivencia entre sus integrantes. Existen personalidades pasivas y otras dominantes. Ni idea cuántas de cada cuál hay, sólo sé que deben estar ambas presentes.
Siempre que digo que soy una persona pasiva, alguien se burla. Piensan que es broma y yo también me río, porque no entiendo cómo alguien podría pensar lo contrario. Ser pasiva no significa no tener carácter. Ser pasiva, desde mi ángulo mowgliano, es necesitar un agente externo dominante. No es alguien que te diga qué hacer, es alguien que te ayuda a canalizar la fuerza que adquiere la pasividad cuando está siendo dominada. Es como estar en una lucha y aprovechar la fuerza ajena. Como usar la técnica. No necesito ser fuerte porque hay una otredad que me entrega esa energía suficiente para que yo la use como se me de la gana. Un resorte no sirve para nada si no es presionado o si alguien no lo empuja para que baje por las escaleras. Y yo soy un resorte.
Entonces me expliqué tantas cosas... Y pude clasificar tantos diversos tipos de personas dominantes, que ahora creo que me es más fácil reconocer sus rasgos. Gracias a ello, puedo poner en marcha la cacería en el momento que encuentre mi presa. Nunca se sentirán como tales, es la gracia de ser pasiva, y es la gracia de que uds sean dominantes y yo no. Jamás se darán cuenta de que, en su afán por tener el control, desde un principio se les entregó con absoluta pasividad, y creerán por siempre que la correa es unidireccional. En casos de mowglianos que prefieren comerse los dedos que las uñas -diferencia crucial e importante pero que no viene al caso, sólo quería decirlo-, en algún momento podrá ser que el horizonte les entregue las respuestas, y dejen de sentir que son malas personas por "utilizar" energía ajena; la dominación y la pasividad son partes de un mismo círculo, y la figura no puede completarse si falta una de ellas. El mowgli dominante no puede serlo sin el mowgli pasivo. El punto es que no está bien ni mal ser lo uno ni lo otro.
El imaginario colectivo se ha encargado de normar que las personas dominantes están "bien" y que las pasivas están "mal". Me parece un tanto lógico, ya que insisto en que se sienten con el poder y ven la correa como unidireccional y automáticamente se posicionan "arriba". Y está este otro imaginario de que la punta de arribia es siempre mejor, seguramente porque la vista es más bonita y se puede vigilar más fácilmente. Pero en esa vigilia generalizada se pierden los detalles, y de flojera no son capaces de ver los engranajes que les mantienen ahí arriba. Esta es la historia de la sociedad en general...
 Nunca puedo dejar claro lo que opino o pienso, porque me pongo a divagar e, intentando hallar el ejemplo perfecto, encuentro que parece que servía más para otro asunto que para lo que quería expresar.
Solo quiero dejar claro que no está mal ser pasiva. Que desde que lo asumí, ya no me encuentro peor persona porque no se me da ser dominante, y por eso nunca podré estar arriba. Lo cierto es que no necesito nada de las características de un mowgli dominante, pero me confundí toda mi vida porque cuando empecé a vivir esas relaciones que desconocía, el camino que encontraba en la tele -por dar un ejemplo- era el del mowgli dominante. Entonces yo quería con todas mis ganas ser mowgli dominante, ser mowglidom, no mowglipas. Nadie te enseña a ser mowglipas porque las enseñanzas se llevan a cabo según mowglidoms. Es obvio.
Así que me dije "chucha, entonces mi camino no puede ser ese. No me resulta la senda del mowglidom porque yo soy mowglipas".
A partir de esta revelación, mi actitud hacia la vida cambia. Entiendo mi forma de vivir, y descifro mis formas para abrirme paso en lo que soy y puedo ser de esta sociedad, para utilizar el mowglipas en mi beneficio y también el de otras personas humanas y no humanas. Estoy más tranquila sabiendo quién o cómo soy.
Agradezco la soledad porque da más tiempo para pensar. Pero no tengo energías para poner estos pensamientos en marcha. Para un mowglidom es todo más fácil, lol.
No me quejaré de mi mowglipas, porque al menos en su dificultad hallo la imposibilidad del aburrimiento a través de volverse rutinario. Porque lo demasiado fácil, siempre termina en rutina. 

Mentira. Ojalá fuera mowglidom. Lol. Ya pico, chao.