domingo, 20 de agosto de 2017

Dime si puedes verme feliz

Me acuerdo que le tiré caca a instagram sin haber formado parte de la red social. Ahora tengo que agachar la cabeza, respirar y volver a levantarla para aceptar...que... me gusta ig. Encuentro que es una red social inofensiva, que las historias son divertidas, y que las personas se ven siempre felices, aunque sea mentira. Me gusta ver gente feliz. O lo que publican. Me gusta que se borren algunas cosas. Así que nunca más le voy a tirar caca.

El punto es que nadie obliga a nadie a hacer públicos ciertos aspectos de sus vidas. Yo ciertamente no tuve ninguna motivación para comenzar a vivir con ig, pero lo empecé a hacer y paf, resulta que es adictivo. O tal vez porque recién entro y es refrescante. Además me hizo darme cuenta de que no hay forma de aprender de una red social (para poder pelarla con propiedad, obvio) si no me meto en el cuento. Es como la antropolgía. Bueno, para mí todo es antropología... tengo que entrar para saber. Entrar en blanco, impregnarme, salir, limpiar el petróleo, prenderle fuego, leer el humo, y decidir si hace falta regresar o no. Y pasar a otra cosa tal vez.

No me siento bien. No me siento feliz. Es tan fácil la caída, que incluso que la podemos sobrestimar, ignorando que tenemos que aprender a caer, porque de eso depende el cómo seremos capaces de levantarnos. 
No me puedo levantar. Caí de cabeza, quedé incosciente durante semanas. Abrí mis ojos y acepté lo que había pasado; estoy dispuesta a levantarme, pero mi cuerpo no me acompaña. La mente tampoco, en verdad. Miento todo el tiempo porque quiero dejar de sentirme tan penosa e imbécil. Quiero poder, quiero ser fuerte, quiero dejar este hoyo, levantarme y correr por donde sea hasta quedarme sin aliento y entrar en un coma.
Siempre que quiero empezar una linda historia, hago que todo termine mal. Mi cabeza atrae negatividad porque estoy triste. Mi tristeza no se va con nada, y cuando lo hace es momentáneo. Cuando me recago de risa es efímero. Y la noche no ayuda en nada. Ni la noche, ni la música, ni los recuerdos de mierda que no me puedo quitar de encima.
Ya no me importa nada; no me tiene por qué importar el pasado. Pero me persigue y cuando me caza, el golpe llega directamente a mis vísceras, con tal de entrar a mi médula y alcanzar mi cerebro. Así me pasa todas las noches; cada vez que planeo dormir, no importa lo cansada que esté, cierro mis ojos y veo los suyos. Pienso en él, recuerdo la forma de su cabeza y empiezo a sentir que mi cuerpo se lo traga el colchón pésimo de mi cama pequeña. Me disminuyo en recuerdos y pensamientos que no vienen al caso; me derrito y me destruyo a la vez, dos procesos que no están en equilibrio porque la destrucción siempre termina ganando al derretimiento. Me da pena, me trae dolor, nostalgia y melancolía. Los sueños tampoco ayudan mucho, porque a veces pienso que significan demasiado. Les doy más crédito del que merecen, tal vez.
Deseo nunca haberle conocido. Mas resulta tan inútil pensar en eso, y el dolor de ese pensamiento me deja tan exhausta, que recuerdo que debo concentrarme y canalizar el dolor en el olvido. Por la chucha, quiero olvidar más que nada en el mundo. Quiero tener mi cabeza en el presente el 100% del tiempo. Quiero poder cerrar mis ojos sin miedo. Quiero dejar de echar de menos; quiero no sentirme mal por lo que pasó. 
Quiero todo lo anterior, pero mi cuerpo rechaza esas ideas y por eso seguimos echadas mirando el infinito. Porque cuando miramos algo fijamente, no es nada más que una introspección. Un viaje al pasado, a cuando existía que sea una mínima posibilidad de verle. Solo con eso era feliz.
No me di cuenta y al final lo perdí todo.
Soy una imbécil y tal vez merezco llorar.

¿Cómo puedo dejar de estar en la pasta? ¿Cómo puedo continuar queriendo a alguien para quien siempre fui invisible? Y hoy soy invisible, pero más que nunca; más que nunca en la vida entera, en mis 27 años que llevo pisando este desgraciado mundo al que no he dado nada, me miro al espejo y no veo nada. No tengo una sombra que me acompañe, ni un alma que salvar. Me tomo 50 selfies para rescatar una donde podría verme real, no con esas sonrisas que en este momento no me representan. No tengo ganas de comer, menos de levantarme. Como para no morir y me levanto para evadirme. A veces sólo quiero dormir a ver si me visita esa versión idealizada en mis sueños, pero casi nunca pasa. Mi cerebro parece querer protegerme de los muros que rodean el pozo en el que caí, para ayudarme a salir de aquí. Para dejar de sentir cómo se ahogan mis pulmones y se expande mi diafragma cada vez que llega un puto recuerdo. De cualquier weá. Cualqueir recuerdo me hace pico.
Yo sé que esto es como una herida. Sé que duele, que se inflama, y a veces se infecta, pero tiene una solución. Cualquiera que sea: tiene una solución. Puedo amputar lo que sea para frenar la infección.
Espera... ¿lo sé realmente? ¿No será un cáncer? Me siento rendida ante la sola posibilidad de que esté viviendo una metástasis. Pero sé que debo luchar, en honor a mi familia más que todo.

Ñuño, acepta que nunca vas a olvidar. Jamás vas a poder olvidar. Admite que cuando lo escribiste todo en tu cuaderno lila, estabas marcando más aún el pasado en tu cabeza. Y cada vez que lo quieras, puedes leerlo. No lo haces, ya sé. Pero admite, por favor, ADMITE que siempre, siempre, SIEMPRE va a estar ahí, jamás olvidarás ni le olvidarás y punto. Aprende a vivir con eso. Aprende y acéptalo.
Además, ¿cuándo has olvidado a alguien?

Cuando conozco a otra persona.

sábado, 19 de agosto de 2017

13-8-17

Quiero ser optimista con respecto al futuro. Me gustaría creer con mi alma que puedo sobrevivir en esta clase de sociedad sin hacerme mierda cada vez que me intereso por alguien. Me gustaría poder confiar en que tengo algún tipo de valor cuando lo he dado todo sin llegar a dañarme tanto por otras personas. Que algún día conoceré a alguien que sienta de la misma forma, o que empatice, que entienda, que respete, que valore, que tenga sentimientos de algún tipo. 
Nadie quiere tener sentimientos porque son muy difíciles de digerir. Lo mismo pasa con la información. No queremos ver más allá de nuestras pantallas porque la vida ya está siendo demasiado complicada como para incluir a alguien más en nuestros planes.
Yo pienso que me cuesta mucho más concretarme en soledad. Me odio por esto. Pero es mi verdad.
Me quiero pero no de la forma que todos se quieren en estos tiempos. Me quiero de esa forma en que pienso que existo por otredades. Quiero vivir y tener mi piel y cuerpo sano para poder disfrutarlo junto a otredades. Quiero que mi piel sea suave para sentirme en comodidad cuando alguien me quiera acariciar. Quiero ser inteligente o cambiar el mundo de perspectiva, para que otra persona me enseñe o aprenda de mí. Todo lo que soy y quiero ser, es en base a otredades. Es mi triste verdad.
¿De qué me sirve vivir para mí? No me interesa tanto este mundo como para conocerlo sola. Todo lo veo triste, todo lo veo gris, todo tiene oscuridad en su entorno. ¿Tan mal está de repente necesitar de las luces de otras personas? Digo... ¿para qué están? ¿Para qué estoy yo?
No elegí nacer. No elegí venir. No elegí estar acá ni prácticamente nada de lo que me he convertido fue por elecciones propias. De haber sido así, sería Mowgli o como se llame el personaje del libro de la selva. Me he realizado conociendo y conviviendo y compartiendo con otras personas. Gracias a esas personas creo que soy la ñuño o algo así. Mi vida solo tiene sentido si puedo compartirla con otras personas. Si vivo por mí y solo para mí, ¿qué sentido tiene? Ninguno. Cero. Nada. Estoy vacía, no puedo ver más allá.
No dependo del resto, pero les necesito para darle sentido a mi existencia, para tener siempre otros puntos de vista. Me interesan las personas porque somos de la misma especie y estamos acá en las mismas condiciones de "solo llegué y ahora me las arreglo. ¿Quieres saber cómo lo hice?". Por favor: cuéntame. Por favor: dime. Por favor, si quieres hablar todo el día y toda la noche: cuéntame. Que quiero saber, que me nutre, que tal vez pasaste por alto esto, que quizás no era tan así, que si sabías tal o cual detalle, que cómo era el contexto, qué hacían en tu casa, en tu familia, cómo te criaste, cómo vives hoy.
¿Quién eres?
En base a saber quienes son los demás, es que descubro quién soy. Hasta donde soy capaz de llegar y motivada por qué.
Mis motivaciones casi siempre vienen por/hacia otras personas. Yo no me contento con nada. De hacer algo por mi, no haría prácticamente nada. Moriría sentada. Observando, retardada, sin emociones. Como un ángel, tal vez. Pasaría por este mundo sin haber conocido ni un poco de mi propia especie. Siendo seres sociables, ¿qué opino yo de esto? 
Pienso que de no ser como soy, estaría equivocada. Pero también reconozco que pertenezco a una época en la que se priorizaban ideas distintas. En las que nuestros enlaces con otredades eran más valiosas, más tangibles, más viscerales que las usuales pantallas de hoy. En las que si no conversabas no había emoji que te salvase. En las que si no te esforzabas por escribirle o comunicarle algo, la relación no podía crecer y se estancaba. Esas eran las personas que quedaban atrás, las que no merecían ningún esfuerzo.
Hoy pasa algo similar, solo que encontramos en la mayoría de las personas esa particularidad de no merecer esfuerzo alguno. Casi nadie importa. Y los que importan, sabemos que no les importamos. Sabemos que les dejaremos de importar. Damos por hecho que seremos olvidadas. Aprendemos a vivir con esto y ahi quedamos, conformes, porque era lo esperado, lo aprendido, lo enseñado. Lo normal.
Odio saber que se me hace tan difícil pertenecer a esta época. Odio pensar que jamás encontraré a nadie que empatice de la misma manera, nadie que tenga prioridades tan "estúpidas" como el tirarse a la piscina y anteponer a otros para no quedarnos solos. Yo lo entiendo, de verdad lo sé: mi último aliento será mio y de nadie más. Pero ¿por qué está tan mal desear compartir el resto con otras personas? ¿Por qué no puedo querer compartir sin esperar nada a cambio, o sin necesitar ningún pretexto?
Las personas que me han interesado siempre me han hecho daño. Entendamos el interés de forma romántica, por favor.
Siempre pienso que nunca me han valorado por haberles antepuesto cada vez que podía. Que nunca nadie se fijó en que era capaz de adaptar mi mundo para que esa otra persona tuviera un espacio en mi vida. Siempre me terminan dejando de lado. Siempre hay alguien menos complicada con la cual relacionarse. Siempre hay alguien que se adaptó a esta época y ya nada es capaz de dañarle. Siempre hay alguien a quien realmente no le importa lo que pueda sentir la otra persona. Siempre hay alguien que supera el perfil, de la forma que sea.
No quiero pensar en que si algo está "bien" o "mal". No creo en estas palabras que cargan de prejuicios nuestras acciones. No pienso que esté "mal" ser de la forma que soy, ni que esté "mal" como han sido las personas conmigo. Pasó lo que pasó e hicieron lo que hicieron porque sí. Qué sé yo. No es relevante. 
¿Pero cómo puedo salir de esto? ¿Cómo puedo adaptarme sin sufrirlo todo? ¿Cómo puedo hacer que alguien no me importe? CÓMO PUEDE PASAR
1. que no le importes a alguien; que sea verdad que no le importas, pero que te traten como si le importaras.
2. que le importes a alguien, pero no hacerle saber jamás.

Necesito aprender a vivir acá. Porque mis emociones no van a cambiar; no voy a modificar mi verdad. No voy a dejar de ser esta persona visceral que antepone otredades desde la ingenuidad de la confianza en la bondad ajena. Pero necesito de verdad aprender a no hacerme daño por ser así. Dejar atrás la ingenuidad, dejar atrás la confianza, el creer en la buena fe o la bondad genuina, en el respeto que yo asumo de cualquier relación básica humana.
Yo también quiero dejar de sufrir. También quiero estar allá, con ustedes; ascender al plano de lo mecánico, de la impotencia emocional.
Lo quiero hasta que recuerdo para qué me podría servir ser así. Me visualizo como un malgasto de oxígeno.
Lo siento por ser tan decepcionante. Siento odiarme por aceptar lo que de verdad soy.
Me odio y les odio porque son imposibles, porque me hacen darme cuenta de esto, porque me hacen decepcionarme y encontrar mi reflejo en la sola idea de la decepción.
Mis vísceras están cubiertas de odio.

jueves, 17 de agosto de 2017

Sensacion de que algo va a pasar

Me duele el estómago. Creo que es ese dolor que en verdad es más una molestia. No tengo ganas de levantarme ni para ir a comer.
El dolor de mis intestinos parece que sube a encontrarse con mi diagrafma. Siempre siento que se comprime por ahí, en el abdomen, cuando algo me perturba los sesos. Siento ese dolor físico mezclado con otro emocional.
Muchas de las veces en que escribo en mi blog, solo tengo ganas de llorar y dejar mi cabeza caer sobre el teclado, como si yo fuera un personaje de animé que llora y hace ese tipo de dramas. En soledad. ¿O en público?
Pienso que la diferencia entre hacer drama en soledad, es que es más real que el público. El segundo ya está normado, aunque no queramos o pensemos que estamos sobre esa mierda, por el resto de la sociedad. Por espectadores visibles o invisibles. Notemos que muchas veces lo público es a través del internet. Entonces hacemos drama y lo publicamos en internet, y quienes observan eventualmente pueden decidir si se hacen un poco cargo de la situación, o no.
Yo creo que no lo haría. No me interesa. Me da risa, sí. Me da pena, ya. ¿Y qué? Supéralo.
Todo tiene que necesariamente ser superado en soledad. Y yo, como muchas otras tristes personas, tenemos que aprender a vivir de esa forma. Tenemos que aprender a escuchar los lamentos que trae nuestra soledad, hacerlos nuestros, escucharles, entenderles, disiparles desde el tierno calor que sale de nuestros cuerpos de sangre caliente. Así me sentiré feliz, queriéndome yo. ¿Cierto que es lo único que importa?
Mentira. Si mis papás ni mis hermanas ni absolutamente NADIE, DIGO TAJANTE Y LITERALMENTE 
N
A
D
I
E
me quisiera en este mundo, yo ya habría muerto de no hacer nada. Se puede morir de soledad; yo soy una de esas personas. Si por un instante mi vida se volcara y toda mi familia muriera, podría sobrevivir mientras estén esas personas que me entregarán cariño y me acompañarán en el proceso. Pero es esperable que esas personas harán su propio camino. Que estarán lejos, que seguirán con sus vidas. Yo también. Mas no intento mentir acá: si en ese espacio de tiempo límite no pudiera obtener cariño constante o bien de ese incondicional, es obvio que me mataría. Ni sé si aguantaría el mes.
Quiero decir las weás como son, al menos para mí. 
A mí me importan demasiado las personas. Me importan tanto como digo que me importa el medio ambiente -pero no hago nada realmente ecológico ni reciclo, así que valgopico. Qué quiero decir con esto: 
-Sin otras personas no puedo vivir. Igual que no puedo vivir sin el oxígeno.
Me apesta que hoy mi generación viva de desechos de personas, de personas que necesariamente tienen que quedar atrás, de no empatizar ni sentir apego por nadie; parece un mandato exigente el pertenecer a ese tipo de vida en sociedad, tal vez las personas de mi edad sientan que son un fracaso por no ser capaces de no darle importancia a las relaciones sociales. Así como yo me siento un fracaso por darles tanta importancia.
¿Quiero estar sola?
¿Necesito realmente estar sola?
¿Me gusta más que nada en el mundo, estar sola?
Cierto es que odio a las personas cuando me gritan y me tratan como el pico y se meten a opinar sobre mi vida y ser pasivos agresivos como si fuera la unica forma de comunicación posible. Cierto que siempre tengo roces con mi familia. 
Volviendo a lo anterior. ¿Soledad? No es lo mío.
Pero estar en sociedad tampoco. Si las personas no me interesan soy una piedra. Lo intento, de verdad lo intento, pero no me sale... 
No sé. Quiero ser así, parece. Quiero ser banal, quiero reírme de todo, quiero no entender nada de lo que pasa y reírme igual, quiero tener atención por no ser absolutamente nada relevante en una pieza llena de gente. Quiero que todo sea fácil, quiero ser más estúpida de lo que ya soy, pero genuina, de esas tontas de verdad. Quiero ser tonta y buena y que me quieran solo porque respiro y soy feliz siempre siempre siempre siempre, y nada puede corromper mi felicidad, y nada puede hacerme volver a tener una rest in bitch face...
¿Cómo puedo lograr eso? ¿Tengo que vestirme distinto? ¿Podré observar tanto la normalidad, la banalidad, lo superficial de lo idiota, para convertirme en una idiota? En una idiota feliz. En una idiota rodeada de gente idiota, felices perteneciendo a la popularidad de lo efímero, de la belleza, de lo que bebemos, de lo que usamos, de lo que publicamos.
¿Tendré que cerrar mi blog para ser idiota?
¿Tendré que empezar a leer novelas escritas por youtubers?
¿Podré dividir mi cabeza y ser 2 personas de mentira?
¿Quiero realmente ser idiota?
Mi meta es dejar de pensar para siempre. Y que todo salga bien como por arte de magia. Quiero ser un títere de la sociedad, para sentir que soy parte de ella, para que piensen que soy como nuestra sociedad, para ser un ejemplo de lo que es pertenecer a la sociedad. Sociedad, sociedad, sociedad, vida, personas, palabras, lenguaje, construcción, negación, aprobación.
Pasé de mi necesidad de sentir y entregar cariño porque es mi forma más natural de vida, además de la supervivencia, para contar que siempre he querido ser una idiota feliz.
La naturaleza de mi felicidad más grande en la vida, es sentir la aprobación y cariño de otras personas. Que me feliciten. A veces es tanto que no sé cómo reaccionar. Por otra parte, mi felicidad absoluta y genuina viene de cuando hago feliz a alguien. Como sea. Cualquier tipo de felicidad entregada me hará sentir con vida.
Como ñuño actual que soy, no me resulta mucho nada de lo anterior. Decido no levantarme y existir en contra de todo lo normado. Ya no me importa acostarme tarde o temprano, porque no me levanto. No me levanto a menos que sea para evadirme. Pero no siempre hay con quiénes lograr ese objetivo.
Por eso quiero ser idiota. Creo que a la ñuño idiota podría irle mucho mejor en la vida, de una forma que no soy capaz de visualizar. A la ñuño idiota todo le sale bien y nada es capaz de ponerla flun. La ñuño idiota vive y pertenece a un mundo de barbie sin cuestionar nada, y ama todo lo que ve, de verdad lo hace porque no hay oscuridad alguna en su interior.
Pero... ¿la ñuño idiota puede SENTIR depeche mode?
¿Al final del día, me importa más sentir la vida o aprobarla? Lo primero me importa, pero me hace infeliz. Lo segundo lo desconozco, porque nunca he aprobado de verdad. Aprueban partes de mí, partes extrañas de mi personalidad. No a mí.
Qué demonios significa este instinto de premonición, de que algo va a suceder. Me tiene vuelta loca esta sensación. La amodio.
En fin; ya sea que decida ser tonta o infeliz, o ambas, lo que define mi esencia de ñuño es que sólo me interesa vivir por el cariño. Es mi verdad. Pico con negarlo.
Y qué me importa a mí...

domingo, 13 de agosto de 2017

2

Odio estar marcada por amores platónicos, 
amores imposibles, personas imposibles, 
personas hermosas, personas horribles.
Amores imposibles, que deben dejarse ir. Personas que solo puedo desear en silencio.
No les puedo decir nada. Tengo que ocultarme, tragar mi saliva hasta ahogarme con ella y luego renacer de lo que quedó de mi desgarro emocional.
Aceptar lo obvio de lo imposible. Dejar la ilusión de que el arcoiris tiene un comienzo y un final.
A mis amores platónicos siempre de alguna forma les voy a extrañar. Me pregunto cuántos podré acumular. Hasta el momento ya van dos.
El contador debiera estar en cero.

Admito que me emociona con creces cuando me doy cuenta de mi posición. Las dos veces que me ha pasado, cuando finalmente logro reconocer el amor platónico, siento que estoy en un verano hermoso. Traigo un vestido y traje de baño, gafas, música y un libro. Estoy en una hamaca balanceándome bajo un árbol, cerca de una playa, río o lago. Veo pájaros volando, bichos de esos que no me dan miedo, las hojas se mecen con el viento y dejan pasar rayos de sol cuya luz mis ojos no pueden soportar. Sé que todo está bien, que todos están bien. Es un momento en el que absolutamente nada puede salir mal.



... Pero insisto en que el contador debiera estar en cero. 
El camino a ese momento de verano...

martes, 8 de agosto de 2017

Bloqueo

Hace tiempo que mi cabeza no estaba tan difusa. Miro por mi ventana y veo esas palmeras que pienso que mis viejos plantaron sin pensar en qué pasaría cuando crecieran. En realidad son bellas, y sí que han crecido harto, pero a veces pienso que van a consumir todo el escenario de mi ventana, y ya no habrá cielo ni sol que me despeje la mente.
El cielo está feo.
Hay una planta en mi ventana, que con el viento da unos ligeros golpecitos que en ocasiones -generalmente cuando me duermo después de ver Twin Peaks- entran a mis sueños y me provocan horribles pesadillas. Despierto y debo prender la luz para continuar durmiendo. 
Pienso que anda Bob por la casa. Que es él quien da los golpecitos en mi ventana, pero en mis sueños está como una presencia terrible de la que solo puedo escapar despertando. Cuando despierto no me puedo quitar esa sensación, a menos que prenda la luz. Como un espanta cuco. Me siento como una infante.
Siempre he temido que alguien entre a nuestra casa durante la noche. Esa vez que el Lupo caminaba sobre el techo, pensé que mi temor se había hecho realidad. Recuerdo que me armé de valor y me levanté en completo silencio y oscuridad, para descubrir al intruso. En el camino a la cocina, donde iba a buscar un cuchillo de carne, me encontré con mi papá, y ambos a la defensiva por un milisegundo no nos reconocimos, y se nos detuvo el corazón ya que estuvimos a punto de atacarnos. Entonces nos dijimos "hay alguien, no hagas ruido". 
Hay alguien en el techo. Era el perro, pero qué ibamos a saber.

Me preocupa ser tan visceral. Me preocupa que encuentre tan pocas formas de sentirme viva. Me pasa cuando estoy papeada y bailando, porque olvido que el mundo existe y simplemente soy feliz. Al igual que el sexo. Pero, lejos, nada me hace sentir más viva que el sexo.
Sin sexo es mucho más fácil que mi mente divague hacia el rent a car. 
Pensamientos que por muy irreales que parezcan, desde su concepción son reales, y el daño que causan no puede ser falso.
Mi alma siempre se pudre un poco con cada invierno que pasa.

domingo, 6 de agosto de 2017

El desapego es real. Olvidar es real. Cada vez me vuelvo mejor en esto; es algo que se practica, que se resuelve, que se supera. Todo está en enfriar la cabeza, salirse de sí y ver las situaciones como una vil espectadora de mi propia vida.
La espectadora dice y piensa caleta acerca de la película tonta que está viendo. Pela a los personajes involucrados y grita sus conclusiones, un tanto enojada por la tontera que está pasando.
¿Qué onda esta mujer? Lo del pitch era demasiado obvio, se sobrestimó y no sólo ella; le sobreestimaron a su alrededor. Y filo.
Con respecto a lo demás... valepico. Vale demasiado pico, porque no es inflexión real. Es sólo aprender a vivir y apreciar el desapego, e intercambiar dependencia por independencia. Por egoísta o individualista que suene, lo único que sirve en esta vida es aprender a valernos por nosotras mismas, y hacer lo mejor posible desde esa base programática. Sí, dije programática y qué.
Porque en el momento final estará sola. Esto es tan cierto como morir: nuestro ultimo aliento será nuestro y de nadie más. 
Lo que interpreta la espectadora es que:
Ella solo quiere entregar cariño cuando lo siente, y recibir cariño cuando se lo dan. Nada convencional. Y cuando alguien le acaricia el pelo, cierra los ojos y deja que el campo electromagnético de la entrega que nada espera a cambio, recorra su cuerpo y limpie parte de su alma oscura. No ilusionarse: solo vivirlo. Y ya.

miércoles, 2 de agosto de 2017

Quisiera poder escribir en el pc y no en el celular, porque acá es más difícil. Hace un frío de mierda, de ese que cala los huesos y sientes que se te enfría la médula. Dolor. Dolor, hasta que se duermen los nervios; entonces se va. Desaparece. Creíste que habías quitado el zapato de tu pie como si nada hasta que miraste bien y definitivamente tu pierna se acababa sin un final de pie. Estaba dentro del zapato y ni cuenta te ibas a dar cuando se salió. No es tu culpa, querida, mira que es normal no sentir nada. Y se agradece pasar por alto el dolor físico, no crees?
Acaso prefieres eso al dolor psicológico?
Déjame contarte algo:
Un conejo comía tréboles de tu patio todas las noches. Al amanecer se largaba a buscar paja para su madriguera. Un día la Bianca agarró ese conejo con su hocico, pero con tu grito ella soltó su mandíbula y el conejo corrió a esconderse en la base de una zarza mora. Le seguiste, ¿recuerdas? Querías saber si estaba con vida. Querías saber si tenía una herida muy profunda.
Tus brazos se pincharon y llenaron de heridas intentando quitar la zarza mora para llegar hasta el conejo. Finalmente lo lograste, perseveraste y le llevaste en brazos a tu casa. Le dijiste a tu mamá que le tendrías hasta que sanara. Le metiste en una jaula que antes era de hamsters y observaste.
Le pusiste agua y zanahoria en 2 potes distintos.
"No va a comer", decía tu mamá. "No sabe vivir en cautiverio ", decía cada vez que pasaba por la cocina y veía la jaula.
Una pequeña jaula donde el conejo respiraba y no se movía. Ni siquiera podía dormir. Le había secuestrado una persona mediana que le miraba su herida.
¿La recuerdas, la herida? ¿Recuerdas ese pedazo de piel que le faltaba entre su muslo y su abdomen? ¿Recuerdas el asomo de sus músculos todavía con vida? Era un tejido brillante y carmesí, como la carne que cocinaba la María. Pero este tejido respiraba y algo en ti sentía una inmensa atracción por tocarlo. Qué ibas a saber que había que coser la herida. Qué ibas a saber de no interrumpir la naturaleza. Creíste que salvarías la vida del conejo. Al día siguiente estaba muerto. Muerto y helado, ¿recuerdas?
Fallaste esa vez y te pregunto: ¿hubiera preferido el conejo sentir todo eso? Si hubiese podido elegir, ¿se moría sintiéndose secuestrado, o intentando llegar por sus medios a su madriguera?
¿Ah?
Claro que el conejo hubiera preferido lo segundo. Y no sentir nada. Nada de lo que sintió en la tortura de esa jaula en tu cocina, sobre esas incómodas barras metálicas con un diario debajo, una comida desconocida, paredes a medias que permitían la intrusión de dedos curiosos de ti, la secuestradora. La que no le dejó morir en libertad.

No voy a optar por ningún tipo de sentimiento. Ni físico, ni psicológico, ni emocional. Enfriaré músculos, cerebro y vísceras para guardarles en una caja de contención, un búnker de sentir. Me alejaré de todo lo que me haga sentir algo. Dejaré de lado la vida como la recuerdo.
Recuerdo bien al conejo. Y también recuerdo ese cadáver de conejo que flotaba en un estanque que se formó por esas pocas largas e intensas lluvias de la región. Tenía el ojo blanco como esos zombies. Lo iba a visitar todos los días... cuando podía, en realidad, esperando notar algún cambio en su descomposición. Mi meta era llegar por su esqueleto y armarlo en mi pieza.
Siempre buscaba huesos por todas partes. Siempre era una celebración y un triunfo encontrar un cráneo. Cuando mi papá llegaba con uno, era la sorpresa más hermosa.
Recuerdo la herida. Recuerdo su expresión aterrada. Recuerdo haber pensado que viviría, que hacía lo correcto.
Qué soberbia es la humanidad. Qué poca humildad. Incluso en lo que pienso eran mis buenos actos, se esconde un inmenso trasfondo de absoluta oscuridad. No soy capaz de ver más allá de mis espaldas. No sé qué hay en ese lugar.

lunes, 31 de julio de 2017

Inflexión 2

¿Me la puedo? ¿O no me la puedo?
Me la puedo. ¿O no me la puedo?
Tengo miedo. Ese miedo me hace pensar en ponerme el parche antes de la herida. Todo va a salir mal. Todo empezó a salir mal desde ese viernes nefasto. Nada ha mejorado desde entonces, nada. No puedo hablar ni escribir por el resto, pero yo al menos sé que caí en un espiral con fuerza centrífuga del que no he logrado salir. Por más que me canso y levanto pesas y me esfuerzo en el gym, nada parece suficiente para que mis brazos o piernas sean capaces de sacarme de aquí.
Al principio sentí una gran emoción por tener la oportunidad de superar mi límite, y supe que si estudiaba lo suficiente lo iba a lograr. Pero ahora no lo siento, simplemente la emoción y motivación se esfumaron. Que no hablo bien, que no pronuncio como debería, que no marco bien las pausas ni el énfasis. Que está desordenado. Que se me seca la boca de tanto que repito como loro, y sigo sin poder comenzar siquiera a memorizar.
Y memorizar caminando. Ni siquiera sé si estaré de pie o sentada. Si me ofrecen una silla, ¿será prudente pararme? Qué sé yo. No conozco la etiqueta de ninguna de estas weás mierdas. No sé cómo debo verme frente a empresarios públicos del Estado. No sé absolutamente nada de ese mundillo y sólo puedo inferir a través de la televisión.
En la tele las empresarias todas tienen el pelo hermoso, el maquillaje perfecto, la ropa entallada, el taco aguja que te tiene en pie durante toda la jornada laboral. Carteras o bolsos de cuero de 100 millones. Yo soy cero todo eso. Además no soy ingeniera, soy antropóloga.
¿Cómo debería verse una antropóloga que se inserta en este mundillo empresarial? Supongo que formal... ¿o semi-formal?
Todos tienen prejuicios. Y en este mundo masculino de las empresas, prima ese bien patriarcal, ese donde la ropa y el pelo realmente importan, aunque te digan que no es así, que a nadie le importa. Qué falsedad. Mi mismo papá me dice comentarios patriarcales de repente, de que tengo una doble pera que me hace pico la imagen que tengo de mi misma. Me siento como si fuera un cuerpo con cabeza de huevo, o de una papa deforme. He pensado seriamente que debería ir al cirujano plástico a quitarme la doble pera del infierno, pero sólo pienso eso porque el imbécil rematado de mi papá la indica con el dedo y se ríe.
Nunca me he sentido particularmente bonita. Cuando era chica y algo me hacía reír, mi mejor amiga me decía que parecía un tiburón. Entonces quería reprimir mi risa y me tapaba la boca o intentaba por todos los medios de no abrir mi mandíbula de tiburón. El otro día estaba volada y por un segundo me dio la paranoia, porque escuché que le decían a alguien "no, guatón, es muy fea de cara, fíjate, es muy fea de cara". No sé por qué, pero pensé que era yo. Y al día siguiente, sí, saliste con cara de mala pero con doble pera.
Me pregunto si me sentiré menos fea de cara si me someto a un procedimiento de cirugía estética. Si me aspiran la grasa; no quiero que me estiren la piel, no quiero heridas ni cicatrices ni dolor extremo.
Se me suman las informaciones y no puedo evitar sentirme como un cerdo. Tal vez por eso las personas me rechazan. Tal vez les de asco mi doble pera. Digo, ¿por qué no? 
No sé de qué forma mantener mi cabeza sobre mi cuello para que no se me note. No sé cómo hacer que se vaya. Que tal o cual ejercicio, que la dieta, que estar delgada... ya, sí, tal vez mi cuerpo esté más delgado, pero esa reputa doblepera de mierda nunca se va.
Nunca se va. 
¿Tendré que pagar para que se vaya?
¿Quiero pagar para que se vaya?
¿Quiero endeudarme para que se vaya?
¿Cuántas cientas de lucas saldrá?
Y, lo más importante, ¿me sentiré mejor si lo hago?
A veces miro a estas personas adictas a la cirugía plástica. A estas personas que se reinventan a punto de cortes y puntos, una y otra vez, una y otra vez, pareciendo que nunca realmente van a alcanzar lo que buscan. ¿Recordarán cómo querían ser cuando empezaron? ¿Se habrán reconocido en ese momento, o siempre esperaban algo más?
¿Me interesa tanto quitarme la doble pera? 
Hoy sí. No sé como será si es que algún día logro tener dinero como para volver a darle vueltas.
¿Me juzgarán si es que me la quito? ¿Me dirán que no lo haga sólo porque la cirugía estética y no reconstructiva tiene una connotación negativa? ¿Me dirán que no porque en verdad no la tengo, a pesar de que varias personas me la hayan recordado?
Ustedes no saben, obviamente, pero todos los días pienso en lo que chorrea de mi mandíbula. En eso que engorda mi cuello. Que ayuda a estropear aún más mi perfil. Que me preocupa cada vez que alguien me dice que me va a sacar una foto.
Ustedes no me creerían, tal vez, pero odio mi cara de huevo.

Debería estar estudiando, haciendome mierda aprendiendome el discurso. Pero algo en mi se freno. Esa confianza aparente que me invadio anoche cuando todavia no empezaba a hacer nada. y nada es lo que espero. mentira, porque realmente espero la derrota. esa derrota que he saboreado de tantas formas distintas. cada vez que me llega un mail de sorry pero no quedaste en esta pega gracias por participar DE NINGUNA MANERA SIGA PARTICIPANDO A MENOS QUE VENGA CON UN DOCTORADO O RECOMENDACION DE MI JEFE.
Y LA PALABRA JEFE NO TIENE GÉNERO, PERO APRENDIMOS A ENTREGARLE UN SIGNIFICADO QUE CONTIENE EL ATRIBUTO DE UN GÉNERO MASCULINO.
tengo que estar 
feliz
de tener la oportunidad
de vivir
ese punto de inflexion.
pero de ninguna manera lo estoy. solo haré lo que tengo que hacer...
porqueTENGOquehacerlo.

domingo, 30 de julio de 2017

Inflexión

Me afecta mucho cuando me doy cuenta de que se acerca día a día un punto de inflexión. Tiene que salir todo de la mejor forma posible. 
Siento que no me la puedo con el nivel de ansiedad que este pensamiento me hace sentir. Si por algún motivo se jode el proyecto, volveré a perder la esperanza en la vida. Ñuño, tienes que salir de esto victoriosa, tienes que ganar que sea en tu vida personal. Está bien perder en todo lo demás, porque sabemos que soy idiota y por esta razón esperamos andarla cagando con el resto de la humanoidad. Que se nos vayan personas queridas, desapegarse y todo eso... sí, ya, es difícil. Cuesta dejar pasar el tiempo con tranquilidad cuando somos así de viscerales. Por eso mismo, que algo saliera bien en nuestra, mi vida personal, arreglaría lo fundamental de mí, nosotras. 
Ya incluso puedo verlo... Pero... no.
No me quiero ilusionar. No quiero esperar nada. 
Siempre me decepciono, ya sea de mí, o del resto. Pero siempre me decepciono de alguien de especie humana.
Pienso harto que es como la mierda no ser capaz de acordarme de todo, para al menos ser capaz de reconocer lo irracional de mis actos.
La película tenía varios momentos de inflexión en los que todo formaba parte de un sentimiento de estar viviendo una situación en la que se definía si se vive o muere. Así tal cual. Comenzó lentamente, con la carrera de la camilla. Con el decidir unirse a la barca del amigo para ir a la guerra a rescatar soldados. Yo pensé en el día jueves, aunque sea una comparación burda ya que obviamente ese día no decidirá si vivo o muero, a menos que uno de los aviones se caiga. 4 viajes. Cientas de lucas. Por 8 minutos en Copiapó. 
8 minutos que decidirán... decidirán el futuro económico de 4 personas y más. 
Lo peor de lo anterior es que siento que todo el peso cae sobre mis hombros. Y si nos va bien, si el asunto resulta exitoso, querré celebrar.
Querría celebrar junto a varias personas que tal vez ya no me quieran nada o no les interese si es que soy feliz o no, o no se quieran entre otras personas.
No me gusta que exista el enojo, pero es algo con lo que hay que aprender a vivir. Tengo que aprender a desapegarme para no caer a ese hoyo de ruina del que cuesta salir. Siempre es mejor concentrarse en otra cosa.
Y lo que por el momento me tiene concentrada, es el pitch.
Así que pico con todo, lo primero es lo primero.