lunes, 18 de junio de 2018

Siempre que me refiero a los fármacos como "droga", me retan. Porque mi hermana es psiquiatra y sabe de eso; creo que se siente ofendida. Mi otra hermana también los toma -yo no estoy exenta-, así que se ofende también. A mí me hacen sentir como una droga, sobretodo el clotiazepam. Y creo que es mi favorita.
Hoy me acosté en mi cama porque llegaba el sol, y necesitaba tomarlo para dejar de estar tan existencialista. Dormí una buena siesta, creo que referente al hermoso partido de ayer -con el que todavía estoy hiperventilando. Pero cuando mi viejo la interrumpió para invitarme a ver el aburrido partido de Perú,  desperté y entré a un hoyo imposible de ansiedad y depresión. Tuve los peores y más hermosos pensamientos, todos mezclados, sin ningún sentido. Cada vez caía más profundamente, cada vez sentía más ganas de llorar la angustia, creyendo que tal vez así lograría hacerla desaparecer. Pero no podía. Necesitaba ayuda.
Recordé que tengo un fármaco para estas situaciones SOS, como le decimos con el psiquiatra. Decidida a sentirme mejor, porque lo necesito ya que tengo asuntos pendientes para hoy, saqué un SOS y me lo mandé. Esperé a que hiciera efecto mientras miraba instagram.
Cuando finalmente "me pegó", empecé a sentir que estaba en las nubes de tanta tranquilidad. Se apoderó de mi una paz interior envidiable. Las Ñuños se relajaron y se tomaron el día libre para ver el instagram de De Gea sin ningún remordimiento. En momentos como este, no hay forma de hallar el lado negativo a nada. Además, le atajaron el penal a Messi y cuando vi esa maravilla hubo una celebración enfermiza en mi interior. Botellas y botellas de champán, vino y cerveza se abrieron, todes gritando y chillando de emoción. Pero, debo aclarar, que estoy exagerando, porque en el partido de ayer sí que grité. Era tanto, que la Pina me dijo que parara. Pero cada vez que Cristiano se acercaba al arco de De Gea, mi corazón se detenía y dejaba de respirar, hasta que se movía o algo y entonces exhalaba el grito que guardaba en mi interior. No quiero seguir escribiendo sobre esto, porque es sobre lo único que he hablado desde que terminó la weá.
Ayer sentí que en la clase me fue bien. Tomé buenos apuntes, supe armar la oraciones, y cuando terminó una compañera me vino a dejar a San Pedro junto a su papá. El trayecto fue divertido porque siempre es divertido observar las dinámicas de confianza entre familiares totalmente ajenos.
Es algo que me fascina. Cuando las familias continúan viviendo su espontaneidad, a pesar de la presencia de una desconocida tímida y tranquila. Si estoy dispuesta a observar, intento ser lo más invisible posible, casi que desaparezco del mapa, con el fin de que las personas continúen hablando y discutiendo como siempre.
-----
Lo anterior lo escribí el día sábado. Hoy es lunes 18 de junio. Tengo el abdomen derruido, una fricción notoriamente molesta sobre mis nalgas, y un desorden mental que sólo puede ser superado por hermosos regalos que me hace mi mamá. Agradezco todo lo que hacen por mí.
Agradezco todas las palabras de aliento y buenaventura que me han expresado estos últimos días. No sé qué contestar, porque no estoy acostumbrada a recibir halagos y declamaciones de alguien que no sea mi familiar o mi pareja. En cuanto a la familia, no es común escucharnos ni decirnos cuánto nos amamos, o qué nos gusta sobre la otra persona. En casa acudimos más a una lengua violenta y la menor cantidad de tratos de piel posibles. Nadie se quiere tocar. Nos preocupa hallar a la persona culpable de algo que notoriamente está mal, en vez de enlazarnos para inventar o descubrir soluciones. Es un trato al que contestamos a razón de nada más que costumbre. Cuando nos comportamos de formas abruptamente amables y nos demostramos cariño, a veces la cabeza se nos queda en blanco. Así somos. De manera que no sé cómo contestar o recibir cumplidos. Oh, gracias, intento exclamar. 
A veces he contestado como una idiota que no es verdad. A veces le he negado a otras personas tener pensamientos agradables con respecto a mí. Eso sí que es quererse poco.
Creo que la sensación de que mi abdomen va a reventar tiene mucho que ver con el amor. El amor propio.
Desde que comenzó este dolor, esta irritabilidad infernal que no me deja en paz, que me he sentido incapaz de siquiera intentar alcanzar tranquilizar mi mente. Cuando me abstraigo que sea un poco, regresa y me golpea, pone ese martillo ladeado en mi abdomen y lo sacude. Al interior de mis entrañas. Lo peor de la situación, es que creo comprender de dónde exactamente proviene este rechazo que mi propio cuerpo hace de mí misma, y aún así no he sido capaz de controlarlo. Tendré que acudir a un profesional de la salud. He perdido esta lucha por sobreponer mi autoestima, y con esta derrota me rindo ante cualquier evento futuro. Mañana me acostaré sobre la idea de que anestesien sólo para comprobar si es que realmente dormiré y podré soñar, o si se siente como un insondeable salto en tiempo.
Antes estaba...
Alto.
¿Dónde?
¿Estoy?
Espero poder soñar. NAH. No me interesa. La verdad es que solo me interesa que se acabe esta maldición de una buena vez, aunque eso conlleve a que debamos tomar más pastillas porque nuestros problemas mentales pasaron a nuestro colon. O al menos eso es lo que creemos. Mañana lo sabremos.
No tengo curiosidad por saber qué es. Me valepico. Quiero el tratamiento. Demando el tratamiento porque lo necesito. No he podido hacer bien las tareas que me demanden un poco de concentración. El dolor aparece porque sí, cuando quiere, y desaparece cuando se me olvida que existe. Reaparece siempre que como; puedo pasar muchas horas de ayuno a razón de no tener hambre porque tras la comida el dolor regresa recargado. Como el nombre de una película chula. Regreso recargado.
Lo único que deseo es que me sanen esta mierda, que se acabe todo por lo cual esta maldición existe, descubrir finalmente qué hay bajo la punta del iceberg, y hacerme cargo.
Sé que puedo descubrirlo. 

jueves, 14 de junio de 2018

HOLA Entrada Título de la entrada Estás publicando como ñuño Publicar Guardar Vista previa Cerrar Redactar HTML...
Algo que me agrada de blogger, es que cambia poco su formato. No necesita hacerlo, porque te regalan todos los códigos para jugar con la página. Si me esforzara un poco y tuviera una buena idea, podría personalizar el blog. Pero no me interesa tanto. Hace 100 años que puse una pintura de Giger en el fondo, y no la he cambiado. Supongo que todavía no me hace sentir mal, todavía me gusta o simplemente no me molesta -y por ende tampoco me cuestiono- que esté ahí. Me acuerdo que una vez alguien me dijo que nunca había podido cachar qué era el dibujo que estaba atrás. Mi única respuesta habrá sido "Giger" o algo como "es una pintura de Giger". No me dio la gana de explicar nada. A veces no quiero explicar ciertas cosas con las que conecto mucho, porque me da vergüenza que me juzguen. No es que me importe realmente lo que piensen, pero hay asuntos que prefiero que permanezcan tranquilos en mi lado oscuro. Cosas que solo gente de confianza o muy precisa debiera saber.

El año pasado los días se sentían como semanas. Los meses eran años, y el año estaba tan lejano que no era capaz de existir. Era el horizonte que jamás podré alcanzar, por mucho que me esfuerce, era algo sin solución. Hoy me pasa todo lo contrarios. Los días parecen semanas y las semanas parecen meses. Es tanto el tiempo que pasa, en tan poco tiempo, que me empiezo a estresar porque siento que no he hecho nada. Que no avanzo en nada, estoy completamente pegada como un gecko miedoso a la pared más segura que ha conocido en su vida.
El sábado recién pasado estaba muy deprimida, y se me ocurrió ver de nuevo la película Loving Vincent. Me vi reflejada en el cuadro completo del final de la película. Sentí que mis padres eran mi Theo económico, y la Pina mi Theo de cabeza. Me imaginé qué pasaría a mi alrededor si estuviese muriendo. Me pregunté acaso tendría un doctor Gachet que me dejase morir, en caso de demorarme, en caso de tener testigos.
En esa época todo era muy distinto. Hoy, sé que mi familia no me dejaría morir. Ni cagando. Me llevarían a una clínica cerda, firmarían los pagaré de urgencias y romperían las paredes con tal de encontrar alguien capaz de sanarme. Creo que, si yo les dijera que estoy eligiendo morir, que es lo que deseo para mí, no me harían caso. Tal vez me inyectarían un calmante, en caso de luchar con el cuerpo. Qué importa, en todo caso. La familia generalmente desea mantenerse unida y a salvo. La nuestra es así.

He estado soñando cualquier cantidad de estupideces. Podría ser que esté estresada.

Casi nunca escribo sobre las personas que me rodean. Jamás escribo de mis progenitores ni de mis hermanas. Jamás escribo sobre el gordo. Todavía no soy capaz de dilucidar la razón -si es que hay- tras mis faltas a esas personas.

Me ha estado doliendo el abdomen desde el domingo.

Odio las entradas pencas. Siempre se me ocurren buenas frases en la ducha, y cuando me salgo se me olvidan. Me da rabia no ser capaz de memorizarlas y acordarme, como debiera ser, o atreverme a grabar ciertos pensamientos.

Hay pensamientos que no deben salir de su caja de Vantablack.
Humans are such easy prey.

Cuando les dije que sentía que eran mi apoyo, que a pesar de ser una basura improductiva continuaban dejándome estar, aquí conviviendo en familia, vi en sus caras una expresión ambigua entre emociones negativas y positivas. Negativas porque estaban viendo a su hija en la mesa, encorvada -luego de que se la encontraron todo el resto del día llorando-, con una copa de vino en la mano y los ojos todavía llorosos tras la película -que vimos en compañía, papá, mamá y ñuño- comparando sus emociones a las de Van Gogh. Pero algún orgullo sintieron, por ser buenas personas, buenos padres, por apoyarme no importa qué ni cómo. Les hablé también de mi teoría acerca de que existen personas que no pueden sanar su enfermedad. La gente se cuestionaba la salud mental de Van Gogh (en la película) porque seis semanas antes de suicidarse, escribió que estaba bien. 
Entiendo el ciclo. A veces ni siquiera hay razones tras la parte buena, ni la parte mala. En una escena de Bojack, cuando regresa a L.A. tras haber visitado a su amiga cierva, se encuentra con Diane todavía viviendo en su casa. Ella le pregunta si es que él hubiese sido feliz de haber sido todo distinto. De haber hecho la obra de teatro, de haber terminado la película con la directora original, y Bojack contesta que, probablemente, no. Siento que es exactamente lo mismo. Me he visto en esa misma situación, y también estoy convencida de que siempre terminaré encontrando el camino a -en mi caso- una angustia profunda.

Qué importa, ah.

Les hablé de eso y tal vez fue difícil escucharme. Mi mamá no dijo nada, porque nunca dice nada y siempre prefiere creer que lo que ven sus ojos es la realidad y nada más. Ella me ve bien, me ve gritando todo el día y haciendo cosas o no sé, el punto es que entiendo si me ve y piensa que soy feliz y normal hasta el infinito. Ciertamente lo soy. Pero también está mi lado Vantablack, el cual ella no percibe porque no quiere porque es molesto porque ah pa qué, dani, pa qué.
En cambio, mi papá escucha un poco más atentamente, y en la misma mesa me dijo que me faltan cosas por vivir. Qué cosas, le dije yo. Se lo dije con un tono pasivo y conforme en mi situación de no emocionarme realmente por no haber "vivido ciertas cosas". Lo comprendió. Dio un suspiro, se acomodó sobre la silla mientras untaba el pan en el aceite del plato, lo mascó y continuó respirando. Solo entones les expliqué que puede ser que viva con la enfermedad, o no. Más tarde, vino a mi pieza y me dijo que ojalá no pensara que yo les estaba haciendo algún mal quedándome acá con ellos. Intepretó mi observación de ellos siendo Theo como que estuviesen en una mala situación a causa de mí. Yo no me refería a eso. Me refería a tenerle el mínimo de confianza a alguien, como para continuar entregándole comodidades, en vez de presionarme para SER ALGUIEN.

Al final, tampoco quiso ver el otro lado. Así como yo tampoco quiero ver el dolor que me aqueja desde el domingo, já. No quiero enfrentarme a nada porque no me importa lo suficiente; es un dolor soportable. No me voy a preocupar por mí, para qué. No obstante tengo una confusión; no quiero hacerles sentir responsables o que llamo la atención por dejarme estar, pero se me olvida hacerme cargo de mí. Hay momentos más interesantes, minutos que son horas y horas que son días, días que son semanas y semanas que son meses. Los años dejaron de existir. He perdido la noción del paso del tiempo, estoy acelerada, al contrario de lo que me pasaba el año pasado, cuando el tiempo estaba congelado. No puedo perder mis minutoshoras, porque estaría perdiendo un díasemana, y en eso se iría también un inútil semanames. Llamar por teléfono... puaj, pedir hora al doctor... preguntarle al doctor si es que me puede dar un sobrecupo. Digo, tal vez sea todo mi imaginación, tal vez la Pina tenga razón y mi dolor sea estrés o colon irritable, algo que se cura solo o al menos así lo veo desde mi profunda ignorancia. No quiero hacer tanto escándalo por peos acumulados o un estrés emocional irritable. 

Verdaderamente, es lógico que este dolor sea soportable; llevo 5 meses viviendo así, y no ha pasado nada.

martes, 12 de junio de 2018

CNTs


Algunas obsesiones son más sanas que otras. Algunas veces podemos incluso aprender de ellas. Por ejemplo, alguna vez aprendí mucho acerca de Joseph Merrick. Datos freak de su biografía que no me interesa compartir en este momento. Qué sé yo, siempre escribo esto.
Me obsesioné con la existencia del Vantablack. Me gustaría poder verlo y tocarlo con mis manos. Me gustaría comerlo, a pesar de que sé que me destruiría, pero estoy dispuesta a saborear un objeto hecho a partir de nanotubos de carbono, que casi no refleja luz alguna, mientras que la absorbe. Me parece tan excitante, los videos de su oscuridad me llaman a formar parte de ese objeto maravilloso. No me importa tanto que lo haya creado la humanidad, solo me parece extraordinario que tenga tantas propiedades, sobretodo los hermosos maravillosos nanotubos de carbono -qué GRAN descubrimiento, por la chucha- que pueden participar en la intromisión de genes en células, pudiendo ser un transportador del ADN para que pueda cruzar la membrana celular. La belleza del Vantablack está en su casi imposible oscuridad. Me encanta que sea capaz de existir algo tan negro que puede perder su forma dependiendo de la perspectiva de la persona que observa, o del lente, el objetivo, como quiera usted. Me pregunto acaso alguien con ceguera tiene un Vantablack en sus ojos, o si de hecho pueden percibir algo de luz; tal vez ella sea la causa de su ceguera. Realmente no lo sé, ni lo he explorado de ninguna forma.
Quiero pintar mi pieza de Vantablack. Quiero tener prendas de Vantablack, y estar de pie en el centro de mi pieza, toda cubierta con Vantablack. En ese lugar quiero aparentar que finalmente estoy desvaneciéndome del presente. Llegaría un punto en el que no sabría dónde estoy, sólo podría ver mis manos y mi piel si me quitase la ropa de Vantablack. Estaría flotando acostada en mi cama de Vantablack, y me pondría a llorar por no poder soportar la ansiedad de todavía estar sintiendo algo.
A menos que el Vantablack fuese capaz de hacer desaparecer los pensamientos. Que la oscuridad me consumiera como si de hecho hubiese entrado a un agujero negro. Quedarse en blanco, olvidar las necesidades, que el cuerpo y la mente dejen de contestar. ¿Me hice pipí, o no? No lo sentí. No lo pude pensar, tampoco. En el momento que olí algo, perdí el sentido del olfato; escuché algo que provino de fuera, y la sordera se hizo presente. El tacto me dejó hace rato, desde que intenté peinarme con los dedos. Ya ni siquiera estoy segura de tener pelo en mi cabeza.
Si decido pintar mi piel con Vantablack, me esfumaré completamente del mundo. Alguien podría entrar y no verme, yo sería alguien invisible. Imagino entrar a una habitación completamente negra, de donde sale un olor nauseabundo que no puedo explicar, pero me recuerda a los cadáveres que encontraba cuando era chica. En mi sueño, no queda más que entrar a explorar con una linterna. Pero absorbe la luz, la absorbe casi toda, mi patético ojo humano con astigmatismo no puede percibir qué pasa en el interior de la pieza. Se me ocurre probar con un agua pigmentada de blanco o algo similar. Tal vez funcione. Al menos va a chocar contra algo. Y lo hace, choca e intenta irse por todos los medios cuando toma contacto con el magnífico hidrofóbico Vantablack. De todas maneras, lo sabe. Hay un cuerpo tirado ahí, hace bastante tiempo, en una esquina difícil de ver, obviamente. Pero su momificación le delata. Ah, cresta, la weona se encerró y murió del mal de la locura. Era obvio que si entraba en una pieza de Vantablack iba a pasar esto. Nada qué hacer. Tendré que avisarme a mí misma de que me morí.
Tocar el negro absoluto, poder experimentar la sensación de estar en un lugar infinito, sentirse más pequeña e inútil que siempre; la única forma de comprender mi existencia es tomando contacto con algo que debiera ser realmente negro, la ausencia casi absoluta de luz, la eterna oscuridad en miles de billones de nanotubos de carbono. Siempre hemos bromeado con la oscuridad de nuestra alma y el corazón de piedra. Preferiría decir que mi alma está rodeada de Vantablack, de manera que toda su luz ha sido absorbida por su entorno. No queda mucho más que entregar, tan solo lo que resta de un 99.965% de la absorción de radiación de luz visible. Lo más difícil en este mundo sería encontrar alguien de mi especie que sea capaz de ver nuestra alma ausente de luz.
Lo cierto es que me perturba no ser capaz de ver nada. Si cierro los ojos y cuando los abro sigo sin ver nada, de hecho entro en ese trance particularmente ansioso de no poder imaginar qué sucede cuando fallecemos. Me pregunto qué pasa; qué pasa si no pasa nada. Qué pasa si no existen las otras vidas, qué es la nada. Cómo se siente. ¿Se puede sentir? Obvio que no, pero qué tal si sí. Mi vientre se contrae, mi boca se abre porque me agito tanto que no me sirve respirar únicamente por la nariz. Tengo un tema profundo con el ahogo. Dudo que podría ser feliz en una habitación de Vantablack, y dudo que podría salir viva de algo tan asfixiante como encerrarse en un lugar como ese. Pero sé que entraría de todas maneras. Por curiosidad, desapego y malicia para con nosotras mismas, lo haríamos.
No se trata de odiarnos a nosotras y que por eso queramos entrar. Se trata de querer siempre superar los miedos o simplemente intentar conocer lo que nos llama la atención. Llegué al Vantablack por una canción de Perturbator que habla de sexo violento, específicamente de la asfixia erótica. Se me ocurrió buscar si es que Vantablack significaba algo, y descubrí que se trata del objeto más oscuro que se ha creado hasta nuestra fecha. Comprendí entonces que probablemente la canción se llame así porque el personaje en cuestión se deja llevar por las tinieblas de un odio-por-amor profundo. Te quiero tanto que necesito hacerte daño, me haces amarte y dejarme de lado, no quiero que sigas con vida porque no me quiero perder en ti. Necesito golpearte un poco ahora que puedo; quiero apretar con mis manos tu frágil cuello. Quiero quitarte un pedazo en el sexo, quedarme con un aliento tuyo traducido en un orgasmo mortal. Te quiero tanto que la única forma de superar este amor es sintiendo que tengo el poder de tu vida en mis manos. Me dejas hacerlo porque me amas. Lo hacemos porque sentimos una peligrosa disposición a morir formando parte de una íntima violencia. Es durante el sexo que me perturba que me hagas tan feliz, que necesito descargar toda la ira que me produce tu presencia cada vez que recuerdo lo distinta que era mi vida antes de que aparecieras.



domingo, 10 de junio de 2018

Vantablack

Tengo una ansiedad emocional que me desestabiliza. No sé qué hacer. No puedo prometer nada, ni a uds ni a mí misma. 
La inestabilidad perturba las obras de reconstrucción que tranquilas andaban en nuestro interior.  Se detuvieron las obras y las Ñuños que trabajaban se fueron a sus casas a tomar cerveza Belga y mirar el instagram de David De Gea. Esta pausa trajo nefastas consecuencias para todo lo que implique interesarme, apegarme o ser capaz de convivir con la realidad de estar viva en esta sociedad, a la que exitosamente logro pertenecer cada vez que estoy borracha o drogada, cada vez que podemos olvidar todo y fundirnos en el calor extremo que trae la exhortación del carpe diem. Esto a su vez trae otras consecuencias, que se acumulan con las anteriores. Es una promoción de aumento de saldo en el crédito para que creamos que nos están regalando "algo" por gastar mucho en esa franquicia. Al final, todo lo que me "regalo" es aprender a lidiar con que estoy enferma, y no existe cura que garantice mi salud mental. Algunas personas están convencidas de que esto se puede curar, que pueden ayudarnos a hacer desaparecer la obsesión ansiosa que nos provoca la muerte. No hace mucho pensaba que podíamos curarnos, pero tal parece que no. Creo que es un tipo de enfermedad que no afecta de la misma forma a todo el mundo. Quién sabe por qué soy así. Tal vez han sido varios los sucesos que afectaron mi "correcto" crecimiento para responder "existosamente" a esta sociedad. Es algo que se investiga, se está hablando hace rato de que mi generación sufre el mal de no ser como las que nos antecedieron, que vivimos hasta más edad con nuestros progenitores, que tenemos un miedo palpable al compromiso y un particular desprendimiento de sobriedad. Somos una generación traumada, y me da paja buscar las teorías que explican eso. No lo haré en este momento, a pesar de que podría. 
Independiente de lo anterior, mi teoría al respecto de mi enfermedad, es que somos personas que tienen solamente dos caminos por delante. Uno es aprender a convivir con la ansiedad obsesiva con la muerte y eventualmente morir sin haberse suicidado. El otro es sucumbir y matarse. Es incierto anticipar cuál será el desenlace de mi vida, ya que muchas veces he tenido largos períodos de rechazo rotundo ante la idea de morir. Creo que esto se trata del amor. 
Cada vez que regreso a ese día, es como si arrancasen mis entrañas con las garras de una mano grande y seca. Deseo desaparecer, me invade el impulso de acabar conmigo. 
Odio que haya existido ese día en mi vida. Estoy trastornada desde mucho antes, tal vez desde que el agua no pudo inundar por completo mis pequeños pulmones. No obstante, ese día en particular me altera, me lleva directamente al pozo de la locura. Nadie podría jamás querer significativamente a alguien como yo, es obvio. Demasiada perturbación fluye por mi cuerpo, revienta mis arterias y me deja viviendo en el limbo de una sangre sucia que no será capaz de nutrir mi cuerpo. Ojalá existiera una pastilla que hiciera eso. Sería como asfixiarme sin tener que recurrir a presionar mi cuello para cerrar el paso de oxígeno a mis pulmones.
¿Por qué estoy publicando una entrada como ésta? ¿Qué cresta me pasa, cuál es mi puto problema? Es algo de fin de semana. Es algo de la resaca emocional tras una imparable felicidad. La fatiga, el cuerpo adolorido, la menstruación, la inapetencia. Creo que ha sido demasiado carrete, demasiada distorción,  mi cuerpo paulatinamente comienza a desplomarse de tantos límites que le exijo cruzar. ¿Cuánto más podremos aguantar?


jueves, 7 de junio de 2018

"Yo creo que, si volviera, me cagaría la vida".

"Hiciste planes con esa persona". "Sí, nos íbamos a ir a Europa". "Vaya, pero así son las relaciones, ¿no?". "Claro". "Y tus actuales decisiones no te permitirían retomar esos planes, en caso de que volviera". "Eso es lo que me pasa. A veces pienso que, por lo que estoy haciendo ahora, ya no hay vuelta atrás". "Ya fue, amigo, ya fue". "Sí, ya fue". "Igual es triste; imagina que volviera y fueras más feliz que antes, ¿tomarías ese camino, te dejarías de lado por esa persona". "Chucha, no sé". "'No saber' es algo que, al contrario de lo que se piensa, dice mucho". "¿Cómo? No saber es no saber nomás, así que no estoy diciendo nada". "Estás diciendo que tienes una duda al respecto de si tomarías el camino de vuelta, el mismo camino que antes te dejó tirado". "Oh". "Es cuático pensar por un momento en dejarte de lado, ¿cierto? Todo por lo que trabajaste, todo ese tiempo que te tomó recuperarte... ¿para hacerlo todo de nuevo, después? ¿Cómo y/o cuándo se puede tener la seguridad de que eso no volverá a pasar, sobretodo si se trata de la misma persona que te hizo eso?". "Esa es la cuestión. Yo creo que, si volviera, tendría que estar seguro... ¿pero cómo saber eso?". "En mi humilde opinión, me parece que hay situaciones que no merecen más de una oportunidad". "Igual, nicagando volvería, la cuestión se acabó para siempre, definitivamente no hay vuelta atrás, por lo menos para mí. El dolor fue demasiado grande, demasiado profundo". "Jaja, sí cacho. Pero no es lindo escupir al cielo, amigo...". "Ya, pero estoy 100% seguro de esto. Pondría mis manos al fuego por mí, al respecto de nunca jamás retomar esa relación". "¿Cómo sabes cuando es definitivo? A mí me parece que siempre lo es. Me acuerdo cuando terminaba con mi primer pareja; pasaba casi todos los meses, que terminábamos. Un mes sin terminar era motivo de celebración de pareja, qué idiotez más grande. Qué persona más despreciable". "Me llama la atención que siempre digas eso de él, me da risa igual jajaja, ¿cómo puede ser tan malo?". "Da lo mismo. El punto es que, cada vez que terminábamos, yo lo sentía como algo definitivo. Al segundo año ya me daba lo mismo, no porque supiera que lo más probable era que volviéramos, sino porque ya no le quería tanto". "Igual es obvio que no se quisieran tanto, si terminaban siempre...". "Exacto. Pero ese sufrimiento intenso que se repitió tantas veces, me convirtió en una persona dañada y temerosa de todo paso que diera". "Qué paja. ¿De verdad fue tan así?". "Bueno, admito que exageré un poco, pero sólo con respecto a que terminábamos una vez por mes. Eso pasó, pero en el segundo año de relación. Al principio fue un amor violento que explotaba cada cierto tiempo. Esas explosiones me hacían pico emocionalmente. Hubo un tiempo en que dejé de comer y pesaba menos de 50 kilos. Creo que mi mínimo fueron entre 47 o 48 kilos". "Conchasumadre, ¿en serio?". "Seh. Si estoy loca, ya deberías cachar". "Jaja, sí, un poco, jaja". "Jajaja". "Pero, cómo tanto, para llegar a pesar 47 kilos". "Se me salían los huesos y no tenía poto. Después, cuando volví a engordar, me salieron estrías jajaja. Por weona". "Mmm, sí. Yo nunca he llegado a tanto. Sólo me he quedado acostado con las cortinas cerradas, todo tapado hasta el último pelo, días enteros. Un fin de semana entero. Y salir y destruirse, hacerse mierda. Eso hacía caleta". "Oh, entiendo el sentimiento. Yo igual me he quedado acostada, solo que sin poder dejar de llorar. Pero no es un llanto literal, es un llano figurativo. Como que el cuerpo completo te llora, se deshace en lágrimas de sangre, donde cada gota que llega al corazón está contaminada por la persona que no vas a volver a ver nunca más, se siente como una enfermedad, como un cáncer". "Eso es caleta. Me parece real". "A mí también me parece real. Por eso ahora solo tendría un fuck buddy, alguien con quien satisfacer mis deseos y fantasías sexuales, sin emociones de por medio. Alguien que vea, garche y chao, para eso sirve uber, para no tener que quedarse acostada abrazándole y después conversar en la mañana y tomar desayuno...". "... y ver una película o serie, y después volver a acostarse y terminar pasando todo el día con esa persona". "Claro, y no te das ni cuenta y ¡puf!, te enamoras". "Jajaja, la weá como el pico". "Sí. Yo me enamoro súper rápido, jajaja, pero ahora ya he aprendido harto y estoy considerando mis filtros ante todo". "Es importante tener filtros, yo tengo caleta pero a veces me supera la persona. Hay gente demasiado bacán, que no cumple todos los filtros, ¿te ha pasado?". "Con los 2 imbéciles que han sido mi pareja. Pero nah, hoy en día aplico 100 los filtros nomás. Hay asuntos intransables para mí... Por eso sé que moriré sin pareja y, como no quiero criar sola, no habré tenido nunca hijes". "Yo siempre te vi como alguien que nunca querría tener hijos". "Eso me dicen todes, jajaj, será porque soy muy pendeja, no sé. Pero estoy segura de algo: si conociera a alguien con quien quisiera salir, luego de todo por lo que he pasado, todo lo que me he curtido a razón de sufrimiento y felicidad extremas, sería porque estaría 100% segura de que querría estar con esa persona para toda la vida. Y valdría la pena el riesgo. Así tal cual". "Así tal cual. ¿Crees en el amor para siempre?". "Sí. Sólo no sé si es que existe para mí, pero no por eso negaría el amor infinito de otras personas, como la Caro y el Martín". "Siempre les nombras cuando te refieres a un amor 'ideal'". "Es que así son. Así se ven. Les admiro por ser quienes son". "¿Tú volverías con alguno de tus ex?". "Ni cagando. Puros cretinos zopencos pendejos. Estuvo bien que terminásemos, aunque admito que con JP creí que era el definitivo, incluso en algún momento nos imaginé con una descendencia y todas esas porquerías". "Oh, te fuiste a la chucha entonces, jajaja". "A cagar que sí. Pero bueno, luego la vida cambia y no queda más que adaptarse o morir". "Exacto, es lo que hay que hacer nomás". "Igual admito que me da más miedo que la chucha entregarme a alguien. Cuando me enamoro, me doy completa y no me importa nada, llego a perder el juicio, me voy a la mierda por la otra persona". "Ah, yo no. Siempre tengo un espacio de mí, para mí. De hecho, no soy de esos que están siempre con la pareja". "Yo era caleta eso, pero hoy valoro caleta tener mi propio espacio, como que no podría no tener mis momentos de soledad, y la otra persona tendría que respetar eso". "Sí, hay parejas que piensan que no hay amor, solo porque uno quiere tener su espacio de repente. Y no es que no quiera a la otra persona, o que no la ame, sólo que también tengo que amarme yo y para eso tengo que pasar tiempo conmigo". "Apaño demasiado lo que dijiste. Yo recién me estoy amando a mí misma. E igual... admito que me da un poco de miedo". "¿Pero por qué, Ñuñosan?". "Porque me estoy amando DEMASIADO, jajaja, mi ego está brígido creciendo y no para, no para nunca la weaaaa". "Jajajajaj pero eso es bacán po, la raja amarte tanto, sobretodo si antes no te amabas nada". "Es cierto. Pero igual estoy exagerando, igual me odio un poco, jaja". "Jajaj, obvio, todos nos odiamos de vez en cuando, pero lo importante es no dejar de amarse nunca". "Cierto. No dejar de amarse. Nunca".

lunes, 4 de junio de 2018

Puras weás no se entiende nada

Leí algo acerca de la memoria, donde se exponía más o menos la forma en que funciona. Se refería más bien a la memoria social, y a posteriormente cuestionar en manos de quiénes dejamos que se escriba nuestra historia. Me provoca una gran curiosidad pensar en esto. Lo hice mucho cuando me di cuenta de que la historia de nuestro país la escribieron españoles, colones, criolles, que decidieron intentar dejar morir la historia contada por quienes ya habitaban estas tierras. En vez de permitirles tener la oportunidad de realizar la memoria de sus personas, la gente invasora la escribió a su pinta, y quién sabe cuánto de lo que escribieron fue consultado a quienes protagonizaron el lado oscuro de los sucesos. Pero hubo gente que entendió que el cuento no era fiel, y escribieron en sus memorias los relatos de abusos por parte de los europeos. 
El planeta está plagado de sangre. Creo que en el centro se encuentra su propia sangre. Pero también creo en los alienígenas, y para mucha gente esa creencia es causa de falta de confianza hacia cualquiera de mis opiniones.
Como sea, hace algunas semanas estaba borracha y drogada y empecé a hablar sobre el tema del pasado, de cómo podemos cambiarlo a través de la manipulación de nuestras propias percepciones, sin importar lo que haya visto el resto del mundo. Como si estuviera sola, como si lo hubiese vivido todo sola, como si nadie más existiera. Es bastante barsa de mi parte, lo sé. No tengo nada que pueda justificarme, salvo la necesidad urgente de evadir mi propio pasado. En ese momento no ligué la experiencia pasada a la memoria, pero ahora lo quiero hacer.
Me interesa mucho destruir la memoria. Es algo que hago todos los días, desde que se me ocurrió que era posible. Matar mi memoria es la forma más fácil de enterrar los recuerdos. Es obvio, hasta me atrevería a decir que es LÓ-GICO (léase con tono de la Gianni, si es que lo conoce). Sólo tengo un problema con respecto a lo anterior.
Desde que vivo en Concepción, en esta casa, en su versión original, empecé a escribir mi vida. Desde entonces, tuve períodos en que no escribí nada, y otros en que escribí mucho. Si en esa época hubiese escrito tanto como lo hago hoy, tendría varios cuadernos acumulados, pero tan solo tengo unos... no lo sé, creo que son menos que 5. Escribía casi siempre que me sentía mal. Creo que muchas veces me mentí a mí misma en esas hojas, porque en ese momento me daba vergüenza admitirme, traspasar mi maldad interior, mis pensamientos más sórdidos y cuestionables. Claramente me cuestionaba a mí misma; claramente pensaba que había alguien leyendo eso... Ahora que lo recuerdo, muchas veces le entregaba el cuaderno a la Pina y dejaba que lo leyera, que entrase en mi mente. Hoy entiendo que esa mente estaba censurada por mí misma, de manera que sólo yo conozco las palabras reales tras los eufemismos, las frases y párrafos omitidos por mi falta de amor propio y aprobación personal. ¿Si lo leyera, podría recordar qué sucedía conmigo realmente? ¿Podré saber quién era a pesar de no haberlo escrito? Posiblemente no. 
¿A quién quería probarle que yo era otra persona? A mí, claro. Siempre me escondí tras un rechazo propio, incluso antes de que otra persona pudiese rechazarme. Era una defensa personal, sentirme mal antes de que otra persona lo hiciera, de manera que era fácil llegar y situarse de inmediato en el fondo del pozo. Sí, bajo la superficie; ¿por qué querría intentar estar arriba, en una falsa equidad con el resto? 
Era obvio que me rechazaran si yo me rechazaba previamente. Mi odio propio debe haber sugerido tácitamente que era inútil para todo, que nada me interesaba; jamás creí que los docentes de mi colegio realmente pensasen que éramos inteligentes, como decía mi mamá tras las entrevistas semestrales con profe jefe. Siempre tuve la sensación de que le decían eso a todes les apoderades y que, por lo tanto, todes en el curso eran inteligentísimos. Pero, francamente, no era así. Tuve compañeros imbéciles que necesitaban una educación destinada a fortalecer sus faltas de habilidades sociales; si bien no quiero medir la inteligencia como una forma de adaptación al medio, sí me parece que hay personas que simplemente no logran acercarse al plano abstracto de nuestra mente.
Recién desde el año pasado aprendí a escribir con honestidad en mis cuadernos. Recién el año pasado comprendí que no tenía nada de malo aceptar mi lado oscuro, y que tampoco tenía por qué andar disfrazando ni ocultándome nada a mí misma. Mi autocensura me pareció una estupidez garrafal, incluso me reí de ella a carcajadas, y llevé la pluma con furia al papel para trasladar mi cabeza, para plasmar esos momentos tremendos de emociones que parecían reales. Los peores y mejores pensamientos, los pensamientos que eran tan hermosos en esa época y hoy son tan ridículos que me avergüenzan, todo eso lo escribí porque no tenía nadie con quién hablarlo, más que porque quisiera recordar lo que me pasaba. Lo que patéticamente ocupaba mi cabeza como un programa trabajando en segundo plano.
Todo se desvirtuó. Se desvirtuó porque cambié y me reí de las Ñuños pasadas, porque esas Ñuños eran tan falsas como reales, sin algo que fuese capaz de unir los puntos, nada que explicase por qué se tomaron tantas malas decisiones. Esas decisiones son motivo de risa hilarante, me regocijo porque ellas fueron así cuando pensaban que eran una sola persona y esa sola persona no les gustaba nada.
La memoria es el recuerdo de todas esas marcas que dejamos con nuestra existencia. Todo lo que hacemos tiene una repercusión, todo deja rastros, excepto el interior no palpable de nuestras cabezas. Creo firmemente que nuestros recuerdos pueden reescribirse, y es la única forma en la que me imagino viajando en el tiempo. Desprenderse del pasado, quemar los cuadernos, definitivamente va a solucionar el tema de mi memoria, de Ñuños que habitaron este cuerpo en el pasado. No es la única alternativa, porque siempre se puede negar algo hasta la muerte. Mis memorias actuales manipulan con argumentos las memorias ya escritas, y nadie puede negar la falta de veracidad de esa persona que supuestamente existió. Era un personaje, alguien que nunca hizo nada pero se imaginaba que lo hacía y lo escribía. En su imaginación muchas veces fue feliz, y muchas otras sintió el peso emocional de una existencia que no se acababa nunca. Ya está. Se ha desvirtuado, se ha desmentido. El presente lo confirma y lo respalda en el cuaderno actual. Al final, siempre está en nuestras manos perpetuar una memoria que nos haga parecer seres ejemplares, de esos que la garra toma y lleva a la superficie, donde hay tarimas de personas por admirar, mientras que en la realidad continuamos abajo, imaginando que esta tierra no es más que un polvo inerte.
Me siento profundamente ofendida cuando mi papá habla de la historia del mundo como si el planeta no tuviese memoria, como si la geología no existiera. Es un sentimiento que me hace hervir la sangre, me dan ganas de levantarme con furia, expulsar fuego por mi boca, inyectar veneno con mis dientes, dar vuelta la mesa, colgarme de la lámpara para que se rompa y todo el techo caiga sobre nuestras cabezas, con arañas cerdas escapando porque se les rompió la casa.
La memoria del planeta habla en un código que me parece familiar. Guarda en sus estratos los recuerdos estables de una era, pero ellos se encuentran en segundo plano si los comparamos con esos momentos en que el planeta se encontraba sufriendo un cambio. Uso la palabra "sufrimiento" porque se ha roto varias veces, ya sea por explosiones aparentemente internas, o porque llega un meteorito a ser kamikaze y cambiarla tanto que eventualmente empezó a existir nuestra especie. Tal vez sea lógico que se enferme después de que llega este meteorito a dejar la zorra en su superficie. Si el meteorito permitió que nosotres existiéramos y nos comportásemos como un virus fulminante, entonces yo creo que venimos del meteorito. No quería escribir de esto, ni me acuerdo por qué lo empecé a hacer. Ah, sí.
Me es familiar porque usualmente escribo cuando estoy triste, o cuando pasa algo que me cambió -pero me percato de ello más tarde. Todo lo que pasa nos marca, lo único que hacemos con la memoria es decidir cuáles de esas marcas "importan" más que otras. Es una justificación que permite negar partes de mí que ya no me interesa rescatar, que dejé ahí tiradas para que se pudrieran en el vacío del olvido, y lo logré. Bueno, lo logramos. Conseguimos 
Alto, ¿qué era lo que conseguimos?

No voy a quemar los cuadernos. No necesito deshacerme de nada. Me gusta que estén ahí ocupando espacio, que encierren cabras chicas adolescentes perturbadas por el sexo y el amor romántico. Encierra batallas fraternas y no tan fraternas que alguna vez nos pusieron en peligro. Seguramente hay muchas malas decisiones que no quise contar, pero siempre puedo hacerlo cuando se me dé la gana de recordar lo estúpidas que somos, lo frágiles que hemos sido cuando cedemos ante nuestros impulsos. En los cuadernos está distentido algo que no sé si ha cambiado, y es mi debilidad por el carpe diem. Supongo que puede justificarse por mi desapego a casi todo.
Valepico esta entrada ya sé chao.

viernes, 18 de mayo de 2018

My conversation

Me ha vuelto a pasar. Ya casi creo que voy a comenzar a perder la cuenta. En algún momento dejaré de saber cuántas veces van, cuántas veces me pierdo en el vacío de la inexistencia, de la duda enferma que transfiere mi consciencia a un estado de muerte pasajera. El interior de mi cabeza desaparece, el único pensamiento presente es que no estoy ahí, que todo es falso. Entonces empiezo a sentir que mis pies flotan, el suelo se transforma en una suerte de materia con consistencia semi acuática, como algo débil pero que sin embargo puede mantenerte "en pie". ¿Así se siente flotar?
Anoche soñé que consumía LSD. Pero era una estafa de LSD, porque duraba como media hora, y me daba ansiedad que durara tan poco, ya que esperaba sentirlo toda la noche. De todas maneras la noche entera valíapico, porque también esperaba carretearlo, pero nadie me parlaba. Recuerdo claramente haber estado como en la aprte de afuera del Bravissimo de San Martín, en Viña del Mar, mirando la espalda de la Jime consumiendo helado en un segundo piso, una terraza. Era una noche iluminada por la Luna, la piel blanca de la Jime se veía casi celeste, se reía de algo, estaba feliz, y comía de una enorme copa de helado que obviamente estaba destinada a más de una persona. Pero sólo la veía a ella. ¿Por qué la miré por tanto rato? ¿Habrá sido el tono de la luz, el color reflejado en su piel? ¿Habrá sido su felicidad? Yo estaba seria, como siempre, pero me sentía feliz en mi interior. Algo que casi nunca se refleja en mi expresión. Cerré los ojos y vi muchos colores, mucha distorsión que provenía del LSD. Pero no había carrete, así que volví a mi cama creyendo que tendría una ansiosa noche solitaria de LSD, y se acabó el efecto. Como si no pudiera funcionar sin carrete, jajaja qué falso.
Desperté con muchas ganas de volver a tomar uno, pero la dosis completa (porque soy una chancha y qué tanto). Desperté con ganas de bailar y de que el Totoro dejara de gritar pidiendo comida. También desperté para ver una historia de De Gea, pero no salía él, solo veía a Roger Federer, qué fome. También desperté para ver que un energúmeno -de tantos- del internet había intentado insultar a mi hermana menor. 
No puedo comprenderlo. No puedo tomarme en serio a alguien que no es capaz de argumentar, cuya discusión no existe. Solo son un cúmulo de apreciaciones personales que a nadie le importan. "Tus tetas, tu cara, tu sexualidad"... Pf, qué me importa a mí. No me conoces, ¿cómo podría tomar en cuenta sus prejuicios? Las personas prejuiciosas no son dignas de mi respeto, lo siento por ser taan nazi. Pero lo soy. Tengo filtros, tengo muchos filtros. A veces me considero similar a esa gente que dicen que son herméticas, porque tienen esa capacidad de elegir a quiénes parlas y a quiénes no. Yo me equivoco, a veces he parlado a gente inparlable, pero cuando me doy cuenta de eso puedo desaparecer del mapa. Puedo hacer como que nunca hubiera pasado. Este es un poder que descubrí hace poco.
Estoy reprogramando mi cabeza. Llevo poco tiempo trabajando en esto, pero he descubierto que funciona. Con tres pequeños golpecitos sobre mi seno derecho (arriba, no EN el seno), mi mente comprende que hay que modificar ese pensamiento. 
Los primeros días me golpeé muchas veces, creo que estuve prácticamente un día entero, tal vez cada una hora, programando mi pensamiento. Hoy es cada vez menos. A veces en la micro, pocas veces en mikasa. Simplemente está desapareciendo, y eso me encanta. Soy feliz, finalmente no estoy apegada a ningún tipo de recuerdo de mentira. No me afecta para nada, soy inmune. 
Cada golpecito significa una palabra. Las palabras son simples: no está bien. Eso es todo. Luego viene la descripción de lo real, y ahí se acaba todo.
Pero he pensado que tal vez esto de cambiar el pasado con mi mente, tenga un precio. Los momentos de inexistencia se han incrementado, y a veces temo perder toda noción de esta aparente realidad. Saber que me inventé ciertas cosas que nunca sucedieron, pareciera que ha influenciado sobre mi presente. ¿Acaso algo de lo que veo o siento o pienso, es real? Digo, si puedo modificar el pasado, ¿qué me impide pensar o creer que hoy es real? Podría cambiarlo más adelante, sólo porque algo me moleste, me haga ruido, me distraiga. Podría pasar a ser una invención, podría haber gente que me dijera "oye, no fue como lo pintas", y yo seguiría inmune. Simplemente no fue así, y los recuerdos puestos en duda pueden ser modificados a la pinta de a quien se le ocurra cambiarlos.
Mañana podría ser que ayer no estuve en el café. Que en realidad estuve afuera, pasé frío, no me quemé el paladar, comí muchos cheetos, tengo moretones porque me caí haciendo ejercicio, no porque estaba demasiado borracha como para levantarme de la silla. Y la escritura no me sirve para nada cuando puedo destruirse, cuando puedo decirme "ah, estaba inventando esto cuando lo escribí, es obvio". Y así, me invento otra cosa. Así, todo lo que aparenta una pseudo realidad, me hace dudar. Incluso mis propios pies me hacen dudar. Los abdominales parecen de mentira, el dolor corporal no es el ejercicio, podría ser estrés. O el estrés podría ser, en realidad, ejercicio. 
Mi cara está fea por las pastillas. 
De todas maneras he decidido documentar esto que me pasa, a ver si alguien alguna vez encuentra una respuesta.
Si lograra eventualmente desaparecer, ¿podrían verme? Cuando dejo de existir, me siento lo más parecido a alguien a quien le hicieron una lobotomía, sólo que no sé con certeza acaso esa gente puede generar pensamientos o no. ¿Lo sabrán? Me da paja buscarlo, porque podría no creerlo. Quiero creer que sufren, que entienden todo pero no pueden hacer nada, o que no existen y nada les afecta en absoluto, excepto el horror de no poder dejar de respirar, no poder tomar la decisión de dejar el plano completamente, que ya nadie más te vea. Que no te vean, desaparecer, ese el objetivo final. De todas maneras, ya no estás acá.
¿Qué importa?

lunes, 14 de mayo de 2018

Contaminación

Me aburro de tener que soportar personas soberbias, que ni siquiera están bien informadas, que sólo quieren "exponer" su opinión, pero no son capaces de escuchar a gente que no está de acuerdo con sus mierdas de opiniones. sÍ, DIGO QUE SON una mierda, porque estoy chata de escuchar a personas con PENE, personas HOMBRES (porque, al final, la sociedad les entrega privilegios sí o sí, aunque sean homosexuales y discriminados por la masculinidad y el imbécil patriarcado, siguen sin ser discriminados desde antes de nacer, como sucede con nosotras, por ser XX), que hablan y hablan y se llenan la boca con un discurso de que ellos saben mejor que nosotras, lo que significa ser XX. ¿QUÉ SE CREEN? Me parece tan barsa, me parece que no pueden ser capaces de practicar un mínimo de pensamiento al respecto de género. SI HAS LEÍDO TAAAAAAANTO, ¿cómo evitas empatizar con una realidad que, simplemente, no te corresponde ni te ha correspondido nunca? Y que me digan a mí: oye tú no cachai. ¿Disculpa? ¿Qué cresta te pasa?
Realmente encuentro desagradable querer pasarla bien, y que un cretino zopenco me ande buscando camorra. Ya me da lo mismo, porque sus argumentos carecían de cualquier tipo de calidad, y finalmente cedió ante su frustración y terminó insultándome personalmente. No se podía rendir. ¿Por qué? Porque era hombre, eso era todo. Porque una XX le estaba poniendo en su lugar, porque una XX le discutía acerca de una realidad que, insisto, no le corresponde. Habiendo otras XX presente, una particularmente disponible para conversar, ella se quedó callada. ¿Por qué hizo eso? ¿Por qué callan nuestra realidad? Entiendo que dé paja discutir, yo particularmente ODIO hablar temas de género estando borracha, porque no sirve para nada, todes quieren probar su punto y no hay una discusión real en la que alguien aprenda de otra persona. Simplemente quieren ser la última palabra, quieren ganar, y eso a mí no me sirve. Me sirve que escuchen de verdad, que integren las opiniones, no que te nieguen sin siquiera escucharte. Este imbécil en cuestión me interrumpía todo el rato, de manera que yo terminaba mirando hacia otro lado cuando hablaba, y el barsa reculiao se enojaba. ¿QUÉ MIERDA? O sea, interrumpes, no escuchas, gritas, te ofuscas; ¿quién quiere escuchar a semejante cretino? En serio. Yo no. No me interesa la prepotencia, no me interesa una falsa discusión, no me interesa cuando no hay diálogo. 
El punto es que a veces igual me da rabia que las weonas presentes se hagan las weonas. Como si estuviesen libres de la cuestión, como si no les afectase. Le restan importancia, le restan visibilidad. Weonas, nos vienen haciendo eso desde la revolución francesa, y seguramente mucho antes que eso. ¿De verdad van a seguir siendo unas pasivas de mierda? ¿De verdad? Me carga. A veces siento que las mujeres están tan domesticadas en su pasividad, en su falta de camaradería, que no se atreven a abrir la boca cuando tienen que hacerlo. Que no opinan, que no apoyan la causa, pero en instagram comparten todo lo que es niunamenos. Así no sirve, ctm. Así NO SIRVE.
ESTOY CHATA. ESTOY ENOJADA. Hoy estaba lloviendo, y siempre digo "its raining men", siempre pensaba en que caían cientos de hombres del cielo, y hoy a mi pensamiento, que antes parecía ser libre, le agregué un comentario que he llevado sintiendo toda mi vida, pero que callaba: "sabís cómo esperaría a hombres que cayeran del cielo? con un hacha, o con una katana", e hice un gesto de cortar el aire, cortar sus cabezas, cortar sus genitales, cortar sus extremidades, cortar cualquier parte de su cuerpo. Eso es lo que siento, nada más que muerte y destrucción.
Ha sido tanto mi odio, fue tan larga esa comodidad del sufrimiento por el rechazo en el amor y esas bazofias, que decidí hacer algo al respecto. Me impresiona lo fácil que podemos manipular nuestra mente, cuando realmente lo proponemos. En realidad no es fácil, porque requiere mucha constancia, requiere estar siempre consciente de que hay algo que no se debe hacer, y eventualmente dejas de hacerlo. Sólo quería decir que creo en la programación neurolingüística, porque me ha ayudado en este caso, y ya me siento bien. Me siento bien con respecto a mí, mis únicos lloriqueos provienen de lo podrido de nuestra sociedad, que me parece más importante que "un corazón roto". Perder el tiempo y energía en algo que terminará siendo irrelevante para el resto de mi vida, que no tiene ni comienzo ni un final... ¿qué es eso, llorar por un HOMBRE, si ODIO a los hombres? Al final es descansar sobre un desamor romántico que me fue impuesto. Que, ay, TENGO que lamentarme, TENGO que culparme, TENGO que llorar. Pues no. Sólo tengo que amarme, y sentir particular odio hacia casi todos los hombres que he conocido. Siempre se portan como el pico, siempre sólo quieren hablar de sí mismos, siempre tienen la razón, siempre andan ocultando la cagá que tienen el mundo con nada más que un pene. Los penen son estúpidos, sólo sirven cuando están erectos, y bien podríamos quitarles semen con una jeringa para fertilizarnos. No les necesitamos, solo necesitamos su escroto, una parte ínfima de sus asquerosos cuerpos.
De todas maneras me excitan y mi placer sexual es demasiado hetero como para negarme a tener aventuras con imbéciles. Pero esas aventuras se olvidan, son sólo sexo, nada más. Y el sexo no sólo se olvida, también se reemplaza. Solo sirve para tener historias, para conocer, para recordar una vez más que el 100% de los idiotas que me han gustado, son sencillamente zopencos. Entonces recuerdo que no puedo creer en que alguna vez encontraré un compañero, porque no existe. Los weones no quieren a nadie que les desafíe intelectualmente, nadie que tenga vagina, y ahí es cuando demuestran quiénes son. MISÓGINOS. Cuando se cagan a sus parejas, es que no las respetan, no les importa sus sentimientos, no pueden verlas como personas completas, como se ven entre ellos, con su camaradería y sus casas de hombres. La mayoría de los hombres me provocan repulsión. No tengo ningún problema con desearles la muerte, con pensar en quemarles vivos, en ahorcarlos con mis propias manos, en golpearles y dejarles indefensos. No tengo ningún problema con pelear, no me importa que me peguen, puedo soportar el dolor, puedo morir peleando, es lo que me corresponde, por todas quienes han sufrido más que yo, porque podría pasarme a mí, porque tendría miedo de tener una hija a mi cargo, por mujeres que no son consideradas personas. 
Siento un odio infinito, recorre desde mi diafragma hasta mi garganta, me cierra un poco el cuello, me produce una adrenalina irrefrenable. Sólo quiero apretar un cuello hasta que cesen sus funciones cardíacas. No me importan las consecuencias. A ellos tampoco les importó cuando empalaron a una mujer en argentina, no les importa cuando matan por celos, no respetan las decisiones que una pueda tomar. Yo no sé por qué lo hacemos, no sé por qué somos tan buenas con ellos... supongo que jamás hemos querido ser así, como ellos son con nosotras, supongo que la desgracia de ser nosotras nos ha hecho creer que de verdad somos débiles. En vez de unirnos entre nosotras, algo que tanto tiempo nos ha costado lograr, y que yo muchas veces no veo presente, agachamos el moño y somos benevolentes con aquéllo que nos despoja de nuestra dignidad.
No creo en el género, creo que es estúpido que exista. Pero, ya que lo hace todavía, ya que seguimos en las mismas, nos toca hacerlo visible constantemente. Nos toca "ser arenosas" (qué término más idiota), porque es la única manera de empezar a cambiar algo. Las discusiones a puertas cerradas también sirven, todo sirve, todo freno de actitudes heteropatriarcales son un logro, así que no se queden calladas. No se callen, por favor no se callen, por favor, entiendan que es importante, que no somos débiles, que somos personas al igual que ellos, que compartimos una misma especie, que es completamente innecesario vivir creyendo que jamás podremos lograr una sociedad plena en sus derechos. 
No es sólo por todo lo anterior que deseo morirme. El otro día terminé un libro de Paul Auster y comprendí algo fundamental de mi vida. La experiencia cercana a la muerte. Una vez que la vives, jamás te la puedes quitar de encima. Todos los días mueres, todos los dás despiertas muerta, y todos los días te cuestionas qué pasó, por qué no me morí ahí, por qué sigo acá. Por qué no decido terminar con ésto de una vez por todas. Por qué, por qué, por qué pienso constantemente en dejar de formar parte de esto, en que me entierren ojalá sin ataúd, en un santuario natural, en formar parte de la belleza de la descomposición y finalmente haber servido para algo. 
Solo soy otra basura más. Una basura que no se calla nunca, que si tiene que pelear, lo hará. Una basura sin apego a la vida. Contamino igual que todo lo que odio, no puedo frenarme. No me atrevo a ser jipi de verdad, no me atrevo a dejar la mayoría de mis comodidades. Quiero tomar algún veneno, quiero respirar monóxido de carbono, quiero irme de acá. Quiero que vayan a mi funeral, que pongan la sexta sinfonía de beethoven. Pero hay más canciones. Haré una lista en spotify para mi funeral, espero alguien se preocupe de ponerla en ese momento. Se llamará Muerte. No tienen por qué seguirla, solo pueden buscarla en mi cuenta y darle play, en aleatorio porque me da paja ordenarla.
Tengo caleta de amor en mi interior, pero nada puede superar aquéllo que dijo Paul Auster. Podría tenerlo todo en esta vida, y querré morirme igual. Lo único que me queda es decidir cuándo me dejaré llevar, cuándo cederé ante lo insoportable.
Quiero seguir escribiendo. No es necesario que siga leyendo ud, bot del internet que en verdad no lee nada. Ya sé que entran caleta de bots a mi blog, LOL.

En ocasiones siento que no estoy presente. No estoy viviendo un momento. Me pasa harto en las reuniones, que miro a quien habla y simplemente no está pasando nada, no es real, es una imagen que me inventé. Esa persona es una construcción externa a mí, al igual que el escenario. Pero no son elles quienes no existen, soy yo. No estoy presente, en algún momento me escapé y dejé mi piel ahí tirada, como una serpiente cuando muda sus hermosas escamas. Es hermoso sentirme así, es cuando estoy en el apogeo de mi felicidad, cuando puedo no estar y por ende no tengo emociones, soy totalmente libre, la sociedad desaparece. Hasta que regreso a la piel y mi inexistencia se esfuma, dando paso a esto, a una "vida". Qué cresta es la vida... Es tan fácil morir, somos tan frágiles. Nadie es invulnerable, nadie está a salvo. Me encanta pensar en eso, me regocijo cuando veo viejos añejos con sus discursos de mierda, porque pronto se van a morir, y con ellos caerán sus pensamientos. Que caigan, que caigan todes. Mueran, mueran pronto, y que sus discursos queden bajo la tierra, hechos cenizas, la weá que quieran, sólo váyanse. Váyanse.

lunes, 7 de mayo de 2018

Pelando West World

Hoy amanecí un poco enojada conmigo misma. Bueno, no estoy enojada, pero sí porto esta sensación de que ya me aburrí rotundamente de mi personaje del lloriqueo y el aparente corazón roto y todo eso. Me dio vergüenza seguir jugando esa carta. Qué sé yo. Ya no me representa, ando completamente indiferente hacia los sentimientos del desamor. Ni siquiera los traigo.
Anoche vi lo que va de la segunda temporada de westworld (quiero pelarla caleta), y en un momento Dolores le pregunta a Bernard ¿qué es real? Bernard le contesta aquéllo que es irremplazable. Lo pensé por unos segundos, al principio me dije que era verdad y que me había gustado mucho su respuesta. Pero, como siempre, tras el reposo del sueño cambié de opinión. Creo que la respuesta que da Bernard se ajusta más a la vida que a lo real, y hay vidas que no necesariamente son reales, como las voces de la esquizofrenia. No obstante, también hay vidas que ciertas personas encuentran reemplazables. Hay niñes quienes tienen un conejo de mascota, que muere en un accidente mientras está en el colegio, y los padres, para evitar la herida en el niñe, van y compran otro igual. Ya está, la vida del conejo se ha reemplazado.
Todo puede reemplazarse, lo que me lleva a pensar que la respuesta de Bernard solo sonaba bonita o profunda en un escalón bien superficial de un diálogo que podría haber sido mejor. Dejan la conversación en que Dolores no está de acuerdo, no explica por qué, y él le dice que "ay, me da miedico en lo que te podrías convertir".
A veces mi haterismo va más allá de mis propias capacidades, y me supera incluso a mí. Me salgo de mí, me veo de fuera y pienso "pero cómo puede ser TAN hater esa personaaaaaaaaaa, me estresa, me abruma, por qué tiene que ser tan criticona y esperar que todo esté mejor hecho de lo que ya está. Si ya lo hicieron, qué tanto". NO, es que podrían haberlo hecho mejor.
Qué onda las escenas del ""tigre"" en el tercer capítulo. Qué weá más chula. Si vas a tener un tigre de plastilina, mejor quítalo, esa es mi humilde opinión. No cacho qué onda el presupuesto del HBO, pero los efectos especiales de WW son chulísimos. Al principio encuentran un cadáver de tigre que era exactamente igual a uno de mis peluches de grandes felinos, tras haber pasado por la lluvia del patio porque se me quedó afuera después de jugar. Lo prometo, era así de chanta. ¿Cómo puede un cadáver de tigre parecer un peluche? Por lo demás, la explicación de ello me parece absurda. Llego a pensar que hacen ciertas series (y películas) a la rápida. No sé. ¿Qué les cuesta investigar un poco más? Hay cientos de libros que detallan la descomposición cadavérica, ¿por qué les cuesta tanto respetar la realidad? ¿Les da paja? 
Por otra parte, hay varios detalles del universo de WW que me quedan dando vuelta. A veces no entiendo por qué todos mueren a perdigones, no entiendo por qué algunos mueren instantáneamente y otros reciben 2 disparos como si nada en su cuerpo. Me imagino que es porque ha despertado su propio conocimiento acerca de que su cuerpo es como de plástico o algo así. Por otra parte, van y resucitan a varios weones, y después matan a varios weones "porque es parte del plan" (bien innecesario, encuentro), y no se les ocurre resucitarlos... ¿por qué no habrían de hacerlo? ¿no es la idea cuidarse entre androides o algo así? Pf.
Es tan obvio que el loquito es tan buenito que va a empezar a dudar de su maestra; es el TÍPICO personaje de esbirro traidor que tiene una relación importante con la jefa, que me aburre. Duh, me digo. Por qué tiene que repetirse la fórmula, por qué no pueden ser personajes un poco más ingenuos hasta la muerte, un poco menos trillados.
Tal vez sea porque la última serie que vi fue Fargo, la segunda temporada. En Fargo no puedo encontrar nada malo, los personajes son todos importantes y aunque les quieras, cuando tienen que morir, se mueren. Cuando tienen que sufrir, sufren, cuando se equivocan, se equivocan. Siento que está todo bien hecho, como Mindhunter. Esas son series que REALMENTE DISFRUTO cuando las veo, que estoy constantemente metida en el argumetno, en los detalles hermosos de un buen guión, de una buena fotografía, de la música que a veces pasa desapercibida. Pero, con WW, francamente creoq ue debió haber terminado en la primera temporada. Como me pasó con Stranger Things. 
Igual siempre tuve mis resquemores al respecto de la segunda temporada de WW, porque no imaginaba qué iban a hacer que no fuera lo mismo de antes. Eso me llamaba la atención, tenía ganas de cachar qué onda. Pero estoy viendo que, en verdad, la weá es divertida... un poco, ni tanto. La ropa es bien fea, tanto que no puedo evitar pensar quién cresta diseñó vestidos tan fomes y horribles, lo único que tienen es que son ajustados, y a veces la espalda cae como el pico sobre las nalgas. Ugh. Me parece que están haciendo lo mismo de antes, solo que ahora es más de un juego a la vez. Está el juego de William, obvio, el juego de Bernard, obvio, el juego de Dolores, obvio, y el juego de la que no me acuerdo como se llama, Maeve o algo así. Y todos confluyen en lo mismo, que es el super gran gigante juego maestro de Robert. Duh.
Espero equivocarme y que me sorprenda. De verdad no me gusta ser hater, pero qué le puedo hacer, si me fijo en tantas weás. Así somos.
Por todo lo que escribí anteriormente, voy a empezar a ver la tercera temporada de Fargo, una serie a la que ME GUSTA dedicarle mi para nada importante tiempo.