lunes, 16 de julio de 2018

Konnichiwa


La buena disposición no significa nada. Tal vez, se trate de una demostración de respeto y/o cariño hacia otra persona; es decir, le estás dando una atención conforme, sin pedir nada a cambio. Soy de esas personas que eligen no esperar algo a cambio de sus buenas actitudes. Casi siempre, las únicas reacciones que recibo, es cuando me porto mal o me equivoco o no me doy cuenta de lo mala y egoísta que estoy siendo. Ser así, ser una persona que se equivoca, ¿es suficiente para anular las buenas acciones, impulsadas por cariño y respeto?
Me parece que sí. Muchas personas elegimos recordar las partes malas, con tal de convencernos de que hemos sido mejores que nuestros pares. A veces, este método funciona para que encontremos una paz interior, pero no me parece una elección del todo sana. Es más, encuentro que llega a ser delirante y egoísta. Creo que lo óptimo sería valorar más las bondades de las personas, por pocas que sean, pues existen, y el hecho de que existan debe reconocerse con alegría, para que las personas tengan motivación para continuar siendo amables.
Ayer estaba aburrida y leí un artículo que versaba acerca de los pasos a seguir tras una ruptura amorosa. Debo aclarar que se trataba de casos en que una de las partes quedaba devastada. Lo que me llamó la atención, no fue que esas personas tomasen drásticas decisiones para superar el dolor y síntomas de abstinencia por la pérdida de una pareja, sino que en una de las historias era una pareja que llevaba años y años de relación; se irían a vivir juntos, ya estaban planeando ir más allá, y puf, terminaron. Estos antecedentes hicieron que me sorprendiera mucho cuando la parte devastada aseguró haber superado la ruptura en 3 meses, y que después conoció a alguien que dejó en el olvido esa relación de años y años.
Yo no tuve una relación y creo que ya cumplí un año sin olvidar.
Me sentí débil, absurda y patética, como siempre cuando me refiero a este tema. Es decir, ¿qué mierda me sucede? ¿Por qué no pude olvidar al mes de finiquitado el juego? Una vez, un amigo me dijo que esto no era más que la punta del iceberg de mis rollos personales. Le encontré absoluta razón, por supuesto, pero igual me provoca dudas el hecho de que no me encuentro odiando. Es más, me siento completamente en paz, excepto cuando leo estas cosas y me cuestiono acaso soy más anormal que muchas otras personas. Tal vez, la pasión que me invade cuando me empiezo a enamorar, es tan intensa que se queda grabada en mi memoria.
Se siente un poco extraño. No estoy pegada en el pasado; se trata de alguien que inventé en mi cabeza. La aceptación de su inexistencia me tiene calmada, porque esta idea me permite no esperar absolutamente nada, salvo que el paso del tiempo cada día cubra con un poco más de tierra esa tumba que casi inconscientemente no he querido abandonar por completo.
La Pina me ha preguntado, ¿por qué no haces tal cosa? Si te sientes tan mal, toma esa decisión. Mi respuesta es tan simple como incomprendida: no puedo. ¡AGH!, exclama, a veces; a veces, mira hacia el suelo y entiende que no hay nada qué hacer, que mi actitud imbécil de estar tan aferrada al rechazo rotundo de alguien que terminé por inventarme, y cuyo invento duele más que la persona real, no es exactamente la de alguien que está poniendo todo de su parte para olvidar.
A ratos quiero acudir a lo místico, la brujería, lo inexplicable, tal cual lo hacía y lo sigo haciendo con esas personas que me hacen sentir cómoda porque las he conocido en otra vida. Explico mi enlace sombrío a través de lo fantástico. Sé que todo no es más que una mentira; mentiras que me permiten estar en paz, independiente de comprender de antemano que las personas se separaron para siempre, y no hay más que sombras ocasionales que desaparecerían apagando la luz.
No quiero apagar la luz. Me gusta vivir en paz con las sombras. Sé que se irán a su debido tiempo, ¿por qué tendría que ceder ante la presión de apurarme tanto en pasar la temporada? Hay lugares en el mundo en que hay dos meses de oscuridad, y dos meses de luz. ¿Es tan descabellado aplicar esa realidad a que existimos quienes nos demoramos más en todo? (excepto en enamorarnos de personas selectas).
También admito que a veces odio, y odio mucho –a nosotras mismas. En verdad no es odio, es melancolía y decepción por estar tan estúpidamente segura de qué me gusta y qué no. Ya no es posible convencerme o encontrar satisfactorias algunas expresiones bien específicas de ciertas personas. Me doy cuenta antes, lo sé, mis entrañas gritan “¡NO!”, y es a ellas a quienes debo escuchar. En estos casos, no hay segundas oportunidades, y no tengo por qué disculparme ni sentir nada. Ni la química ni el amor se pueden forzar.
El asunto es que lo anterior era desconocido antes de conocerle. Mi vida cambió. Solía encontrar buenas ciertas cosas que hoy me aburren. Prefiero no hacer nada, como cuando prefiero no comer o no beber porque lo que hay sobre la mesa no me gusta. Saber reconocer lo nefasto es una habilidad.
No estoy dispuesta a ceder.
Buenas tardes.


viernes, 13 de julio de 2018

I will always think about you


“Tú siempre eres hater”.
Pensé que no le gustaba una persona que fuera siempre hater, así que le contesté “no, no soy hater siempre”. “Siempre eres hater”, insistió. Me sentí juzgada, que iba por el camino incorrecto de resultarle agradable, y lo único que buscaba era agradarle, no importaba el costo. Podría haber fingido hasta perderme en un personaje inventado, sólo para gustarle. PERO NO ME FUNCIONÓ, JÁ.
Al final, miro hacia atrás y pienso en que fue estúpido de mi parte esforzarme en ser quien no era. ¿Por qué caí en eso? Mi inseguridad me superó. Antes, me vanagloriaba de ser “la ñuño” cuando estaba con mi ex pareja; creo que era lo que más gustaba de nuestra convivencia. No obstante, más tarde me dejé llevar por una corriente falsa y luego lloré porque había perdido en TODO, sin siquiera haber sido yo misma. Entonces, me pregunto: ¿quién perdió? ¿Yo u otra ñuño?
Ella estaba tras la dictadora anterior. Era su sombra, su titiritera, la pasaba la raja manipulando los hilos de ese cuerpo que no se inmutaba por nada, pues estaba completamente aturdido por la presencia de alguien. No importa quién. El punto es que había alguien que adormecía nuestro paso por el mundo, tanto así, que fuimos capaces de abandonar lo único que nos hacía nuestras. Abandonamos el gobierno a cambio de hacer lo que fuera necesario para poder ver a ese alguien, y cuando el gobierno quedó sin ninguna figura potente, esta sombra tomó el control. Resulta que ese control era tan extranjero a nosotras, que todo fracasó. Hoy creo que nosotras (la espontánea, la real, la ñuño que pocas personas conocen), también hubiéramos fastidiado todo. Pero no puedo evitar insistir en esa pregunta estúpida de si el mundo de la brujería será capaz de reconocer que no era completamente yo, y que merezco algún tipo de dispensa o perdón por mis malos actos, por mi cambio forzado y esforzado, por motivos que ni siquiera eran lo suficientemente profundos ni valiosos como para justificar mi idiotez.
La idiotez de intentar ser alguien que no era. Sé que da lo mismo con respecto a cómo se desarrollaron los eventos. Lo que me preocupa, es que, evidentemente, intenté moldearme a lo que yo creía que le gustaba. Ello es una expresión pura de la falta de amor propio que me tenía.
Recuerdo que con mi ex pareja no fue así. Desde el primer segundo, hasta el fin de la relación, siempre fuimos nosotras. Fuimos hasta que ya no podíamos seguir siendo y estar con él.
Pero también recuerdo otras cosas. No sé si ya escribí sobre la vez en que conocí a ese alguien. Posiblemente lo hice, porque lo único que hago es escribir sobre ese tema (ya sé que estoy pegada, blablablá). Esa vez fuimos nosotras. Incluso le contamos lo mal que estaba la relación de pareja. Esa vez, recuerdo haber sentido comodidad en el compartir, y no estábamos fingiendo. En otras ocasiones fue igual, y así, así, así, hasta que, hasta que, hasta que… en algún momento, empecé a sentir inseguridad, empecé a sentir que estaba sintiendo demasiado, que mis sentimientos sobrepasaban mi propia identidad. Y mi inseguridad era correcta, eso lo demostró el paso del tiempo, pero mi decisión de intentar ser otra persona en ningún caso estuvo bien.
No quiero volver a hacer eso nunca más. No me gusto así. Me odio cuando admito que me he traicionado a mí misma. Entonces, ¿cómo no voy a traicionar a otras personas?
No tengo permiso para llorar. I’m not gonna cry.
Hoy subí una historia a instagram donde notablemente se veía mi trasero. Y en poco tiempo la habían visto más personas de lo normal, y he obtenido varias respuestas de distinto tipo. Las que más me llaman la atención, son las que dicen “bonita foto”. O sea, la foto no es bonita. Sé que lo dicen porque están mirando el culo y nada más. Y a veces me da un poco de rabia ese eufemismo innecesario, un disfraz totalmente incomprendido para el resto de las personas. Tan incomprendido, que nadie lo ve. Lo obvio seguirá siendo obvio. Subí la foto a propósito, ya que últimamente ando dando vueltas al respecto de instagram, porque encuentro que es una red social que tiene demasiada influencia en algunas personas. En varias personas. Muchas personas.
Me refiero a una influencia que sobrepone el físico y la superficialidad ante todo. Conozco alguien que ha recurrido a cirugías y le incrementaron los “likes”. Seguramente continuará por el camino de la cirugía plástica no reconstructiva… por… ¿por LIKES? ¿DE VERDAD? ¿Someter a tu cuerpo, arriesgar tu vida y además que tu cara quede peor, por likes en una red social? Está bien: la cirugía mejora la autoestima de la persona, le arregla un rollo x que ha tenido toda su vida, se siente mejor, su vida mejora, todo va viento en popa, es weá de esa persona, qué me importa a mí, blablablá. BLABLABLALBLABLALBLA. Lo que me cuestiono es dónde decidimos trazar la línea de nuestra propia visibilidad ante el resto del mundo. Sí, somos una especie sociable; sí, necesitamos comunicarnos con otredades. En estas expresiones, estas formas de comunicarnos, obviamente está nuestro físico, el cómo decidimos vernos ante el resto de nuestra especie (porque dudo que a otras especies les importe algo que no sea la sensación que les produce el estar cerca de una persona humana). En instagram, muchas veces, tengo contactos que notoriamente están respondiendo a un “cómo quiero que me vean”, en vez de a la simpleza del “cómo deseo verme yo”. Es bien distinta la cosa.
Lo primero contesta notoriamente a un estereotipo influenciado por Hollywood, la moda, y, en general, toda industria que utilice cuerpos y caras humanas para venderte algo. Se crea un imaginario social que se colectiviza a través del alcance que consiga el medio a través del cual se transmite esta “belleza”. Hay personas que creen que la única forma de sentirse valiosas, es intentando emular a toda costa una belleza notoriamente impuesta, muchas veces irreal. ¿No conocen el Photoshop? Y antes de eso, eran los dibujos. Las mujeres Pin Up (¿es así?, disculpad mi ignorancia, me da lata buscarlo), eran dibujos “mejorados” de mujeres que eran reales. Les sacaban una foto con cierto atuendo y cierta expresión, sí, claramente eran modelos, pero cuando había que hacer el dibujo para el cartel, se le adelgazaba un poco más, se le incrementaban los senos un poco más, la cintura se achicaba un poco también, y así.
Lo segundo es otra historia. Cuando nos exigimos a sabiendas de quiénes somos, cuando hemos tomado el tiempo suficiente para conocer nuestro cuerpo y comprendemos que este es el que tenemos y no otro, ni otra cara, evaluamos la situación y nos sentimos con todo el derecho a mostrar quiénes somos. No quiénes ustedes quieren que seamos. Admito que tengo ciertas expectativas al respecto de cómo me veo, que sí están basadas en el estereotipo que antes estaba pelando, pero, al final del día, reconozco que no existe esa estúpida perfección que nos venden, que cultivar la superficialidad no tiene NADA de relevante para NADIE, además de un poco de atención visual… pff. Atención masculina, por sobre todo, ¿no?
¿Qué le enseñarías a alguien que viene recién llegando a este mundo que sumimos poco a poco (pero a pasos agigantados) en nuestros putrefactos desechos humanos? ¿Que lo importante es verse bien? ¿Y eso a quién chucha le sirve? ¿A quién cresta le sirve ganar plata de su apariencia, si no tiene tiempo para nada más? ¿Y para qué va a servir la plata cuando todes estemos con plaga de cáncer, el aire sea irrespirable en todos lados, y entremos en un apocalipsis zombie de la supervivencia extrema? Claro, obviamente habrá quienes accederán a la migración, solo por su dinero. Se irán a otro planeta, por supuesto. En verdad, me pregunto, ¿será a cambio de dinero? ¿O SERÁ A CAMBIO DE CONOCIMIENTOS, DE INTELECTOS QUE SEAN CAPACES DE LOGRAR UNA MIGRACIÓN INTERPLANETARIA? Y TAL VEZ ESAS PERSONAS SEAN BASTANTE FEAS, O SIMPLEMENTE NORMALES.
POR SUPUESTO, no van a haber estado 30 años de su vida “cultivando” un cuerpo o una imagen, porque no se le puede dedicar tanto tiempo a la ciencia y a la apariencia. Llega un punto en el que tienes que elegir en qué gastar tus energías: en el ejercicio intelectual, o el ejercicio físico. Y creo que esas personas le habrán dedicado mucho más tiempo al ejercicio intelectual, que es más desgastador que la chucha, algo que no todas las personas saben. Porque muchas personas son mucho más simples de lo que queremos ver. Aprenden respuestas mecánicas y con eso les basta. Bueh, qué bien por elles.
Nada tengo contra el ejercicio físico. Soy una de esas personas que tiene una rutina de ejercicios, que le fascina sentir el dolor muscular al día siguiente, que desea incrementar su fuerza corporal y volver a entrenar artes marciales en cuanto cambie el clima. Defiendo el ejercicio físico, de a poco me he ido haciendo un gimnasio en mi propia casa. Pero eso no significa que mi cancha responda a cómo quiero que me vean. Es cómo quiero verme yo. Y si les gusta, bueno. Si no les gusta, bueno. Francamente, no es asunto mío lo que sientan o piensen acerca de mí.
O al menos es así con todas las personas que no me atemorizan.
Alguien me atemorizó, pero no porque lo hiciera a propósito. Creo que alguien ni siquiera era consciente de cuán fragmentada estaba yo a causa de su aprobación, porque no nos conocíamos lo suficiente como para reconocer esos cambios de actitud. Entonces, lo único que logré fingiendo por aprobación, fue que esa persona creyera que yo, efectivamente, era ESA persona.
No sé a quién conoce. Olvidé esa ñuño extraña, la de las sombras. Creo que le mataron o se desterró sola, por vergüenza y falta de aprobación. No me importa qué le pasó. De todas formas, yo tampoco sé a quién conocí, porque mi mente ha reciclado tantas veces a ese alguien, que dudo de que ese alguien exista. Todo lo que sé, es que alguien es perfección a mis ojos. Alguien, ¿existes? Claro que sí, por supuesto que sí. Pero, ¿existes fuera de mi cabeza?
Probablemente no.
Sí. Alguien tenía razón. Siempre soy hater.


viernes, 6 de julio de 2018

Avertencia: empieza una nueva temporada de patética melancolía.


Me siento sumergida en una melancolía sentimental que ya no me puede parecer molesta. Simplemente me dejo llevar por lo absurdo de mis emociones y me lanzo con plenitud a esa cama de flores de sakura. En esa cama tan limpia e inmaculada, cierro mis ojos y respiro las sábanas de flores con mi último aliento, con tal de sentir ese olor tan particular. Lo consigo, mis ojos siguen cerrados, y una absurda sonrisa se dibuja en mi cara, porque ahora la cama de flores empieza a tomar una forma distinta pero familiar. Cada nuevo toque, a cualquier pulso de tacto, mi cuerpo responde con una energía singular, como si fueran diminutas pero intensas descargas eléctricas. Quiero abrir mis ojos y verte.
El paraíso se transforma. Las flores de sakura desaparecen y solo quedan estas sábanas. Me siento frustrada, mis manos aprietan las sábanas como si todo fuera culpa de ellas, porque el olor desapareció y el recuerdo fiel del tacto se ha perdido. Abrí los ojos y no estabas ahí. Nada de ti está acá, en ninguna parte. Donde sea que mire, donde sea que camine, incluso en internet. Simplemente no estás nunca, y así nunca puedo verte.
Quiero mirarte aunque no me sirva para nada, nada más que continuar comprobando una y otra vez que no puedo olvidarte; y estar mal. Me hago un daño increíble si te veo, a pesar de que no intercambiemos más de 3 palabras –estoy siendo generosa con esta exageración. Tres palabras es demasiado. Lo cierto es que, cuando te he visto, siento que se me contrae el cuello, mi tráquea se cierra, cada vez es más difícil oxigenarme, mis respiros pasan a ser un hilo de vida casi suficiente para mis pulmones, los bronquios se me inflaman, mi sistema respiratorio se encuentra perturbado por tu sola presencia. Y es que… pucha, es que… es que eres hermoso. Es que te veo y se me olvida el resto del mundo, todo a mi al rededor desaparece, mis oídos intentan alcanzar tus palabras para sentir que estoy cerca de ti, me pierdo en cada célula de tu cuerpo, cada acción que haces, especialmente las estúpidas. Cualquier ínfimo roce accidental entre nuestros cuerpos podría cesar mis funciones motoras y llevarme al piso, derretida por no saber qué hacer con todo esto que siento. Mi corazón podría explotar, realmente sería capaz de dejar de respirar y desmayarme si estuvieses libre y dispuesto frente a mí.
Entonces me acuerdo de lo absurdo y quiero reír. Quiero reír mientras lloro y me lamento y a la vez me regocijo en todo lo que deseo y no puedo tener, en no saber quién eres pero tenerme acá vuelta loca, pensando en ti, como si hubieses significado la persona que más me ha encandilado en la vida. Y le doy vueltas y me pregunto por qué, por qué, por qué tú, por qué tú, por qué tuviste que ser tú, quién eres tú, quién cresta eres tú, desconocido inmortal, amor platónico predilecto, deseo eterno y desgarrador. Tal vez si encontrase a alguien que me hiciese sentir lo que me hiciste sentir tú, entonces te podría olvidar.
Pero no ha sucedido. No todavía. Sé que pasará. Pero no me voy a apresurar, porque no lo necesito. Esta melancolía es algo que ya acepté. Mis sentimientos son absurdos, sí, pero no por eso dejan de ser reales ni debiera negarles. Pero sé que eventualmente conoceré a alguien que te superará, y entonces, solo entonces, podré dejar de pensar en ti todos los días. Y no me pidan que tome el camino fácil, porque no lo voy a hacer. Podría emparejarme con alguien si me esforzase un poco, lo sé, estoy plenamente consciente de eso. Pero no quiero. No quiero fingir que quiero a alguien y cuando me suba a la micro solo piense en la ridícula posibilidad de verte caminando por la calle, no me importa con quién, pero ojalá fuera con la Jime. No quiero pretender que me gusta alguien aunque no me den ganas de mover ni un dedo por ese alguien, pero si él me pidiera que viajara a Santiago en bicicleta, lo haría. No quiero gastar energías en ser incapaz de entregar un falso amor, solo porque podría ser que eventualmente me convenciera de que la persona me gusta, algo demasiado esforzado que sé que nunca me podría convencer, porque conmigo ese amor embrutecido por un “trabajo” de pareja no me nace, por obligarme a resaltar continua y diariamente lo bueno que podría tener esta persona. No. Solo me nace ese amor que no necesita justificaciones, y la única posibilidad subyace en conocer a alguien que me encandile más que tú, dejándote completa y tajantemente atrás. De otra forma, sé que si te viera otra vez, sentiría todo esto que muere cuando te olvido, y renace cuando apareces. Lo absurdo pasaría a ser una herida en alguien más.
Quisiera no verte nunca jamás, pero la vida no me deja muchas alternativas. Mientras esto siga así, me quedaré a observarte en silencio y atesorar mi valentía por hacerle frente a la demencia física contra la que compito cuando estamos en un mismo lugar, cosa que realmente no he podido hacer sin sentirme como una basura porque me derrito y me lleno de endorfinas solo con verte en la vida real. Distinta es la situación en fotos, porque no te veo por elección. Cuando lo he hecho, ha sido sólo porque así lo has querido tú.
Mi melancolía me lleva a no buscar lo que más quiero, porque sé que es como tirarse por el más hermoso acantilado para cerrar los ojos y sentir que puedo volar. Volaría hasta que mi cuerpo se destruya contra el suelo. Eso es exactamente lo que pasaría si te buscara. Pero admito, con vergüenza y encaro, que siempre he querido volar.

miércoles, 4 de julio de 2018

FAKE


Ah, qué sé yo. Me da un poco de pena escribir. He estado con harta pena e inseguridad últimamente. Es más, quiero disculparme por haber volcado mis sensaciones descalificativas propias a otras personas que nada tienen que ver conmigo. O que al menos eso quiero pensar. Me da rabia ser una mala persona.
Lo siento por ser egoísta.
Lamento haber expresado que alguien tenga un nivel increíble de estupidez. Lo dije sólo porque, en el fondo, en el hoyo real de ñuños que quieren sentirse víctimas, le tengo resquemor a esa persona porque tocó mi ego. Es la forma más fácil de ocultar el deseo de algún día conocerle nuevamente, para tener una opinión bien fundada, y no prejuicios que nacen desde mi rabia insegura, mi impulsividad y mi soberbia.
Pero, por sobre todo, quiero disculparme por haber sido egoísta. La persona en cuestión me expresó que heriría sus sentimientos si no compartía. Admito haber tenido un momento de duda, pero la situación me hizo ver que era imposible llegar a compartir la píldora, porque no era una pastilla que se pudiera partir en dos. Tal vez debí haberla cedido, o debí haberlo conversado con la persona para que comprendiera que intenté no fallarle. Pero no lo logré, y luego fui y le confesé de manera estúpida, borracha y casi sin darle importancia, que le había traicionado. Claramente la persona no se lo tomó para la risa. Es más, vi en su expresión un llanto reprimido porque esperaba algo mejor de mí. Me da pena cuando me acuerdo, ahora que he vuelto a ser una persona sobria. Comprendo que no actué como lo haría alguien que toma en cuenta los sentimientos y emociones ajenas, y eso me da rabia porque es algo de lo que siempre me quejo, incluso me victimizo al respecto de las supuestas situaciones en las que alguien ha dado por sentadas mis emociones. Y me han hecho daño. Pero yo he dañado también. Tal vez he dañado más que nadie.
Estoy en un momento honesto del día. No me importa. Creo que la mejor cita que puedo sacar de West World, es que “de tanto fingir, vas a olvidar quién eres”. No quiero olvidar quién soy, no quiero perder todo lo que he logrado trabajando en conocerme este último año. Me sentiría más que un fracaso si me pasara eso. Así que es mejor decir la verdad, y así crudamente, como me gustan las cosas. Si tengo que decir a alguien algo que es extremadamente necesario, aunque le duela, si fuera lo mejor para esa persona, lo haría. Intentaría ablandar la situación, pero a veces no se puede y por ende recurro a hacer trizas las vísceras, para luego intentar rescatarlas del suelo, quitarles la tierra, coserlas, acariciarlas, amar nuevamente ese chacra problemático que yace en nuestro abdomen.
La otra noche me estaba premiando por haber sido tan venenosa el año pasado. No sé si me corresponda el 100% real no fake de la culpa, pero estoy dispuesta a asumirla de esa forma. El punto es que fui tan egoísta, impulsiva y desconsiderada, que separé a dos personas que pertenecían a un selecto grupo de amigos. Me entrometí en sus vidas solo para sembrar la destrucción, y luego me hice la víctima como si mi participación hubiese sido inocua. Qué situación más delirante, la mía. Y sucedieron otros asuntos que separaron a otras dos personas que se amaban mucho, cuya culpa no voy a tomar, porque es imposible que yo hubiese tenido algo que ver con eso; pero supongo que mi participación destructiva y venenosa provocó que los sentimientos más oscuros y terribles brotasen de quien decidió apuntar con el dedo injusticias también delirantes a alguien que no merecía nada de eso.
Esta historia me carcome. Mentiría si dijera que no me acuerdo siempre. Todos los días me siento culpable y veo que obré mal. Ofrecí mis disculpas pero ya nada iba a cambiar los sucesos, nada podrá arreglar aquello que está roto, creo que ni aunque me convirtiese en la más virtuosa artesana del mundo y además manejase el arte de la alquimia y la brujería, tampoco podría arreglar nada. Ni un viaje en el tiempo haría que las cosas cambiaran. 
Siempre estaré putrefacta. Solo quiero cambiar mis conductas. Siento que la honestidad es el primer paso para empezar a ser una buena persona. Porque tengo buenos sentimientos, puedo querer demasiado cuando alguien me importa, pero también soy más cruel de lo que he sabido capaz, y esta es la puerta que intento cerrar con esta entrada.
He dejado atrás el rencor, lo he visto en mis sueños. Pero esto sólo será observable cuando incluso en mi borrachera sea capaz de comportarme de esa forma. No rodar los ojos ni decir pesadeces cuando la persona no esté presente. No me gusta esa ñuño, no me gusta esa weona que se comporta como todo lo que el congreso de las ñuños decidió penalizar. Está quebrantando su propia ley, ¿por qué hacerse algo como eso? ¿Por qué optar por hacernos daño?
Sé que soy autodestructiva. Conozco otras personas así también. Quieren dejar atrás esos comportamientos, y lo hacen, hasta que dejan de hacerlo. Deseamos cambiar, cambiamos, y después volvemos a ese punto inicial. Deseo con fervor trabajar en una recuperación real, significativa, en lo que HAGO, no lo que DIGO, a pesar de que soy más que consciente de que lo que DIGO incide en lo que HAGO. Pero nada, nada, NADA ha sido capaz de moldear lo que SIENTO. Así es que debo dejar los sentimientos de lado; volver a aceptarlos y ofrecer mis sinceras y atormentadas disculpas a toda persona y ser vivo a quien he dañado, a pesar de haberlo hecho sin intención. Dejar en paz a mis sentimientos me permitirá desviar mis energías hacia aquéllo que me importa, que son mis conductas en el mundo tangible, no las que imagino torpemente en mi solitaria cabeza.
Intentaré remediar la situación de la traición de la noche del sábado. Intentaré no llorar cuando conversemos acerca de que me gustaría trabajar en dejar de ser una persona venenosa. Y sí, definitivamente haré lo que tengo que hacer para enmendar la situación. Debo atreverme a tomar mis propias riendas y contener aquello que me disturba, hasta que definitivamente desaparezca. Entonces, tal vez, llegue a estar en paz conmigo.
No quiero perderme fingiendo. Estoy harta de fingir.

lunes, 18 de junio de 2018

Siempre que me refiero a los fármacos como "droga", me retan. Porque mi hermana es psiquiatra y sabe de eso; creo que se siente ofendida. Mi otra hermana también los toma -yo no estoy exenta-, así que se ofende también. A mí me hacen sentir como una droga, sobretodo el clotiazepam. Y creo que es mi favorita.
Hoy me acosté en mi cama porque llegaba el sol, y necesitaba tomarlo para dejar de estar tan existencialista. Dormí una buena siesta, creo que referente al hermoso partido de ayer -con el que todavía estoy hiperventilando. Pero cuando mi viejo la interrumpió para invitarme a ver el aburrido partido de Perú,  desperté y entré a un hoyo imposible de ansiedad y depresión. Tuve los peores y más hermosos pensamientos, todos mezclados, sin ningún sentido. Cada vez caía más profundamente, cada vez sentía más ganas de llorar la angustia, creyendo que tal vez así lograría hacerla desaparecer. Pero no podía. Necesitaba ayuda.
Recordé que tengo un fármaco para estas situaciones SOS, como le decimos con el psiquiatra. Decidida a sentirme mejor, porque lo necesito ya que tengo asuntos pendientes para hoy, saqué un SOS y me lo mandé. Esperé a que hiciera efecto mientras miraba instagram.
Cuando finalmente "me pegó", empecé a sentir que estaba en las nubes de tanta tranquilidad. Se apoderó de mi una paz interior envidiable. Las Ñuños se relajaron y se tomaron el día libre para ver el instagram de De Gea sin ningún remordimiento. En momentos como este, no hay forma de hallar el lado negativo a nada. Además, le atajaron el penal a Messi y cuando vi esa maravilla hubo una celebración enfermiza en mi interior. Botellas y botellas de champán, vino y cerveza se abrieron, todes gritando y chillando de emoción. Pero, debo aclarar, que estoy exagerando, porque en el partido de ayer sí que grité. Era tanto, que la Pina me dijo que parara. Pero cada vez que Cristiano se acercaba al arco de De Gea, mi corazón se detenía y dejaba de respirar, hasta que se movía o algo y entonces exhalaba el grito que guardaba en mi interior. No quiero seguir escribiendo sobre esto, porque es sobre lo único que he hablado desde que terminó la weá.
Ayer sentí que en la clase me fue bien. Tomé buenos apuntes, supe armar la oraciones, y cuando terminó una compañera me vino a dejar a San Pedro junto a su papá. El trayecto fue divertido porque siempre es divertido observar las dinámicas de confianza entre familiares totalmente ajenos.
Es algo que me fascina. Cuando las familias continúan viviendo su espontaneidad, a pesar de la presencia de una desconocida tímida y tranquila. Si estoy dispuesta a observar, intento ser lo más invisible posible, casi que desaparezco del mapa, con el fin de que las personas continúen hablando y discutiendo como siempre.
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Lo anterior lo escribí el día sábado. Hoy es lunes 18 de junio. Tengo el abdomen derruido, una fricción notoriamente molesta sobre mis nalgas, y un desorden mental que sólo puede ser superado por hermosos regalos que me hace mi mamá. Agradezco todo lo que hacen por mí.
Agradezco todas las palabras de aliento y buenaventura que me han expresado estos últimos días. No sé qué contestar, porque no estoy acostumbrada a recibir halagos y declamaciones de alguien que no sea mi familiar o mi pareja. En cuanto a la familia, no es común escucharnos ni decirnos cuánto nos amamos, o qué nos gusta sobre la otra persona. En casa acudimos más a una lengua violenta y la menor cantidad de tratos de piel posibles. Nadie se quiere tocar. Nos preocupa hallar a la persona culpable de algo que notoriamente está mal, en vez de enlazarnos para inventar o descubrir soluciones. Es un trato al que contestamos a razón de nada más que costumbre. Cuando nos comportamos de formas abruptamente amables y nos demostramos cariño, a veces la cabeza se nos queda en blanco. Así somos. De manera que no sé cómo contestar o recibir cumplidos. Oh, gracias, intento exclamar. 
A veces he contestado como una idiota que no es verdad. A veces le he negado a otras personas tener pensamientos agradables con respecto a mí. Eso sí que es quererse poco.
Creo que la sensación de que mi abdomen va a reventar tiene mucho que ver con el amor. El amor propio.
Desde que comenzó este dolor, esta irritabilidad infernal que no me deja en paz, que me he sentido incapaz de siquiera intentar alcanzar tranquilizar mi mente. Cuando me abstraigo que sea un poco, regresa y me golpea, pone ese martillo ladeado en mi abdomen y lo sacude. Al interior de mis entrañas. Lo peor de la situación, es que creo comprender de dónde exactamente proviene este rechazo que mi propio cuerpo hace de mí misma, y aún así no he sido capaz de controlarlo. Tendré que acudir a un profesional de la salud. He perdido esta lucha por sobreponer mi autoestima, y con esta derrota me rindo ante cualquier evento futuro. Mañana me acostaré sobre la idea de que anestesien sólo para comprobar si es que realmente dormiré y podré soñar, o si se siente como un insondeable salto en tiempo.
Antes estaba...
Alto.
¿Dónde?
¿Estoy?
Espero poder soñar. NAH. No me interesa. La verdad es que solo me interesa que se acabe esta maldición de una buena vez, aunque eso conlleve a que debamos tomar más pastillas porque nuestros problemas mentales pasaron a nuestro colon. O al menos eso es lo que creemos. Mañana lo sabremos.
No tengo curiosidad por saber qué es. Me valepico. Quiero el tratamiento. Demando el tratamiento porque lo necesito. No he podido hacer bien las tareas que me demanden un poco de concentración. El dolor aparece porque sí, cuando quiere, y desaparece cuando se me olvida que existe. Reaparece siempre que como; puedo pasar muchas horas de ayuno a razón de no tener hambre porque tras la comida el dolor regresa recargado. Como el nombre de una película chula. Regreso recargado.
Lo único que deseo es que me sanen esta mierda, que se acabe todo por lo cual esta maldición existe, descubrir finalmente qué hay bajo la punta del iceberg, y hacerme cargo.
Sé que puedo descubrirlo. 

jueves, 14 de junio de 2018

HOLA Entrada Título de la entrada Estás publicando como ñuño Publicar Guardar Vista previa Cerrar Redactar HTML...
Algo que me agrada de blogger, es que cambia poco su formato. No necesita hacerlo, porque te regalan todos los códigos para jugar con la página. Si me esforzara un poco y tuviera una buena idea, podría personalizar el blog. Pero no me interesa tanto. Hace 100 años que puse una pintura de Giger en el fondo, y no la he cambiado. Supongo que todavía no me hace sentir mal, todavía me gusta o simplemente no me molesta -y por ende tampoco me cuestiono- que esté ahí. Me acuerdo que una vez alguien me dijo que nunca había podido cachar qué era el dibujo que estaba atrás. Mi única respuesta habrá sido "Giger" o algo como "es una pintura de Giger". No me dio la gana de explicar nada. A veces no quiero explicar ciertas cosas con las que conecto mucho, porque me da vergüenza que me juzguen. No es que me importe realmente lo que piensen, pero hay asuntos que prefiero que permanezcan tranquilos en mi lado oscuro. Cosas que solo gente de confianza o muy precisa debiera saber.

El año pasado los días se sentían como semanas. Los meses eran años, y el año estaba tan lejano que no era capaz de existir. Era el horizonte que jamás podré alcanzar, por mucho que me esfuerce, era algo sin solución. Hoy me pasa todo lo contrarios. Los días parecen semanas y las semanas parecen meses. Es tanto el tiempo que pasa, en tan poco tiempo, que me empiezo a estresar porque siento que no he hecho nada. Que no avanzo en nada, estoy completamente pegada como un gecko miedoso a la pared más segura que ha conocido en su vida.
El sábado recién pasado estaba muy deprimida, y se me ocurrió ver de nuevo la película Loving Vincent. Me vi reflejada en el cuadro completo del final de la película. Sentí que mis padres eran mi Theo económico, y la Pina mi Theo de cabeza. Me imaginé qué pasaría a mi alrededor si estuviese muriendo. Me pregunté acaso tendría un doctor Gachet que me dejase morir, en caso de demorarme, en caso de tener testigos.
En esa época todo era muy distinto. Hoy, sé que mi familia no me dejaría morir. Ni cagando. Me llevarían a una clínica cerda, firmarían los pagaré de urgencias y romperían las paredes con tal de encontrar alguien capaz de sanarme. Creo que, si yo les dijera que estoy eligiendo morir, que es lo que deseo para mí, no me harían caso. Tal vez me inyectarían un calmante, en caso de luchar con el cuerpo. Qué importa, en todo caso. La familia generalmente desea mantenerse unida y a salvo. La nuestra es así.

He estado soñando cualquier cantidad de estupideces. Podría ser que esté estresada.

Casi nunca escribo sobre las personas que me rodean. Jamás escribo de mis progenitores ni de mis hermanas. Jamás escribo sobre el gordo. Todavía no soy capaz de dilucidar la razón -si es que hay- tras mis faltas a esas personas.

Me ha estado doliendo el abdomen desde el domingo.

Odio las entradas pencas. Siempre se me ocurren buenas frases en la ducha, y cuando me salgo se me olvidan. Me da rabia no ser capaz de memorizarlas y acordarme, como debiera ser, o atreverme a grabar ciertos pensamientos.

Hay pensamientos que no deben salir de su caja de Vantablack.
Humans are such easy prey.

Cuando les dije que sentía que eran mi apoyo, que a pesar de ser una basura improductiva continuaban dejándome estar, aquí conviviendo en familia, vi en sus caras una expresión ambigua entre emociones negativas y positivas. Negativas porque estaban viendo a su hija en la mesa, encorvada -luego de que se la encontraron todo el resto del día llorando-, con una copa de vino en la mano y los ojos todavía llorosos tras la película -que vimos en compañía, papá, mamá y ñuño- comparando sus emociones a las de Van Gogh. Pero algún orgullo sintieron, por ser buenas personas, buenos padres, por apoyarme no importa qué ni cómo. Les hablé también de mi teoría acerca de que existen personas que no pueden sanar su enfermedad. La gente se cuestionaba la salud mental de Van Gogh (en la película) porque seis semanas antes de suicidarse, escribió que estaba bien. 
Entiendo el ciclo. A veces ni siquiera hay razones tras la parte buena, ni la parte mala. En una escena de Bojack, cuando regresa a L.A. tras haber visitado a su amiga cierva, se encuentra con Diane todavía viviendo en su casa. Ella le pregunta si es que él hubiese sido feliz de haber sido todo distinto. De haber hecho la obra de teatro, de haber terminado la película con la directora original, y Bojack contesta que, probablemente, no. Siento que es exactamente lo mismo. Me he visto en esa misma situación, y también estoy convencida de que siempre terminaré encontrando el camino a -en mi caso- una angustia profunda.

Qué importa, ah.

Les hablé de eso y tal vez fue difícil escucharme. Mi mamá no dijo nada, porque nunca dice nada y siempre prefiere creer que lo que ven sus ojos es la realidad y nada más. Ella me ve bien, me ve gritando todo el día y haciendo cosas o no sé, el punto es que entiendo si me ve y piensa que soy feliz y normal hasta el infinito. Ciertamente lo soy. Pero también está mi lado Vantablack, el cual ella no percibe porque no quiere porque es molesto porque ah pa qué, dani, pa qué.
En cambio, mi papá escucha un poco más atentamente, y en la misma mesa me dijo que me faltan cosas por vivir. Qué cosas, le dije yo. Se lo dije con un tono pasivo y conforme en mi situación de no emocionarme realmente por no haber "vivido ciertas cosas". Lo comprendió. Dio un suspiro, se acomodó sobre la silla mientras untaba el pan en el aceite del plato, lo mascó y continuó respirando. Solo entones les expliqué que puede ser que viva con la enfermedad, o no. Más tarde, vino a mi pieza y me dijo que ojalá no pensara que yo les estaba haciendo algún mal quedándome acá con ellos. Intepretó mi observación de ellos siendo Theo como que estuviesen en una mala situación a causa de mí. Yo no me refería a eso. Me refería a tenerle el mínimo de confianza a alguien, como para continuar entregándole comodidades, en vez de presionarme para SER ALGUIEN.

Al final, tampoco quiso ver el otro lado. Así como yo tampoco quiero ver el dolor que me aqueja desde el domingo, já. No quiero enfrentarme a nada porque no me importa lo suficiente; es un dolor soportable. No me voy a preocupar por mí, para qué. No obstante tengo una confusión; no quiero hacerles sentir responsables o que llamo la atención por dejarme estar, pero se me olvida hacerme cargo de mí. Hay momentos más interesantes, minutos que son horas y horas que son días, días que son semanas y semanas que son meses. Los años dejaron de existir. He perdido la noción del paso del tiempo, estoy acelerada, al contrario de lo que me pasaba el año pasado, cuando el tiempo estaba congelado. No puedo perder mis minutoshoras, porque estaría perdiendo un díasemana, y en eso se iría también un inútil semanames. Llamar por teléfono... puaj, pedir hora al doctor... preguntarle al doctor si es que me puede dar un sobrecupo. Digo, tal vez sea todo mi imaginación, tal vez la Pina tenga razón y mi dolor sea estrés o colon irritable, algo que se cura solo o al menos así lo veo desde mi profunda ignorancia. No quiero hacer tanto escándalo por peos acumulados o un estrés emocional irritable. 

Verdaderamente, es lógico que este dolor sea soportable; llevo 5 meses viviendo así, y no ha pasado nada.

martes, 12 de junio de 2018

CNTs


Algunas obsesiones son más sanas que otras. Algunas veces podemos incluso aprender de ellas. Por ejemplo, alguna vez aprendí mucho acerca de Joseph Merrick. Datos freak de su biografía que no me interesa compartir en este momento. Qué sé yo, siempre escribo esto.
Me obsesioné con la existencia del Vantablack. Me gustaría poder verlo y tocarlo con mis manos. Me gustaría comerlo, a pesar de que sé que me destruiría, pero estoy dispuesta a saborear un objeto hecho a partir de nanotubos de carbono, que casi no refleja luz alguna, mientras que la absorbe. Me parece tan excitante, los videos de su oscuridad me llaman a formar parte de ese objeto maravilloso. No me importa tanto que lo haya creado la humanidad, solo me parece extraordinario que tenga tantas propiedades, sobretodo los hermosos maravillosos nanotubos de carbono -qué GRAN descubrimiento, por la chucha- que pueden participar en la intromisión de genes en células, pudiendo ser un transportador del ADN para que pueda cruzar la membrana celular. La belleza del Vantablack está en su casi imposible oscuridad. Me encanta que sea capaz de existir algo tan negro que puede perder su forma dependiendo de la perspectiva de la persona que observa, o del lente, el objetivo, como quiera usted. Me pregunto acaso alguien con ceguera tiene un Vantablack en sus ojos, o si de hecho pueden percibir algo de luz; tal vez ella sea la causa de su ceguera. Realmente no lo sé, ni lo he explorado de ninguna forma.
Quiero pintar mi pieza de Vantablack. Quiero tener prendas de Vantablack, y estar de pie en el centro de mi pieza, toda cubierta con Vantablack. En ese lugar quiero aparentar que finalmente estoy desvaneciéndome del presente. Llegaría un punto en el que no sabría dónde estoy, sólo podría ver mis manos y mi piel si me quitase la ropa de Vantablack. Estaría flotando acostada en mi cama de Vantablack, y me pondría a llorar por no poder soportar la ansiedad de todavía estar sintiendo algo.
A menos que el Vantablack fuese capaz de hacer desaparecer los pensamientos. Que la oscuridad me consumiera como si de hecho hubiese entrado a un agujero negro. Quedarse en blanco, olvidar las necesidades, que el cuerpo y la mente dejen de contestar. ¿Me hice pipí, o no? No lo sentí. No lo pude pensar, tampoco. En el momento que olí algo, perdí el sentido del olfato; escuché algo que provino de fuera, y la sordera se hizo presente. El tacto me dejó hace rato, desde que intenté peinarme con los dedos. Ya ni siquiera estoy segura de tener pelo en mi cabeza.
Si decido pintar mi piel con Vantablack, me esfumaré completamente del mundo. Alguien podría entrar y no verme, yo sería alguien invisible. Imagino entrar a una habitación completamente negra, de donde sale un olor nauseabundo que no puedo explicar, pero me recuerda a los cadáveres que encontraba cuando era chica. En mi sueño, no queda más que entrar a explorar con una linterna. Pero absorbe la luz, la absorbe casi toda, mi patético ojo humano con astigmatismo no puede percibir qué pasa en el interior de la pieza. Se me ocurre probar con un agua pigmentada de blanco o algo similar. Tal vez funcione. Al menos va a chocar contra algo. Y lo hace, choca e intenta irse por todos los medios cuando toma contacto con el magnífico hidrofóbico Vantablack. De todas maneras, lo sabe. Hay un cuerpo tirado ahí, hace bastante tiempo, en una esquina difícil de ver, obviamente. Pero su momificación le delata. Ah, cresta, la weona se encerró y murió del mal de la locura. Era obvio que si entraba en una pieza de Vantablack iba a pasar esto. Nada qué hacer. Tendré que avisarme a mí misma de que me morí.
Tocar el negro absoluto, poder experimentar la sensación de estar en un lugar infinito, sentirse más pequeña e inútil que siempre; la única forma de comprender mi existencia es tomando contacto con algo que debiera ser realmente negro, la ausencia casi absoluta de luz, la eterna oscuridad en miles de billones de nanotubos de carbono. Siempre hemos bromeado con la oscuridad de nuestra alma y el corazón de piedra. Preferiría decir que mi alma está rodeada de Vantablack, de manera que toda su luz ha sido absorbida por su entorno. No queda mucho más que entregar, tan solo lo que resta de un 99.965% de la absorción de radiación de luz visible. Lo más difícil en este mundo sería encontrar alguien de mi especie que sea capaz de ver nuestra alma ausente de luz.
Lo cierto es que me perturba no ser capaz de ver nada. Si cierro los ojos y cuando los abro sigo sin ver nada, de hecho entro en ese trance particularmente ansioso de no poder imaginar qué sucede cuando fallecemos. Me pregunto qué pasa; qué pasa si no pasa nada. Qué pasa si no existen las otras vidas, qué es la nada. Cómo se siente. ¿Se puede sentir? Obvio que no, pero qué tal si sí. Mi vientre se contrae, mi boca se abre porque me agito tanto que no me sirve respirar únicamente por la nariz. Tengo un tema profundo con el ahogo. Dudo que podría ser feliz en una habitación de Vantablack, y dudo que podría salir viva de algo tan asfixiante como encerrarse en un lugar como ese. Pero sé que entraría de todas maneras. Por curiosidad, desapego y malicia para con nosotras mismas, lo haríamos.
No se trata de odiarnos a nosotras y que por eso queramos entrar. Se trata de querer siempre superar los miedos o simplemente intentar conocer lo que nos llama la atención. Llegué al Vantablack por una canción de Perturbator que habla de sexo violento, específicamente de la asfixia erótica. Se me ocurrió buscar si es que Vantablack significaba algo, y descubrí que se trata del objeto más oscuro que se ha creado hasta nuestra fecha. Comprendí entonces que probablemente la canción se llame así porque el personaje en cuestión se deja llevar por las tinieblas de un odio-por-amor profundo. Te quiero tanto que necesito hacerte daño, me haces amarte y dejarme de lado, no quiero que sigas con vida porque no me quiero perder en ti. Necesito golpearte un poco ahora que puedo; quiero apretar con mis manos tu frágil cuello. Quiero quitarte un pedazo en el sexo, quedarme con un aliento tuyo traducido en un orgasmo mortal. Te quiero tanto que la única forma de superar este amor es sintiendo que tengo el poder de tu vida en mis manos. Me dejas hacerlo porque me amas. Lo hacemos porque sentimos una peligrosa disposición a morir formando parte de una íntima violencia. Es durante el sexo que me perturba que me hagas tan feliz, que necesito descargar toda la ira que me produce tu presencia cada vez que recuerdo lo distinta que era mi vida antes de que aparecieras.



domingo, 10 de junio de 2018

Vantablack

Tengo una ansiedad emocional que me desestabiliza. No sé qué hacer. No puedo prometer nada, ni a uds ni a mí misma. 
La inestabilidad perturba las obras de reconstrucción que tranquilas andaban en nuestro interior.  Se detuvieron las obras y las Ñuños que trabajaban se fueron a sus casas a tomar cerveza Belga y mirar el instagram de David De Gea. Esta pausa trajo nefastas consecuencias para todo lo que implique interesarme, apegarme o ser capaz de convivir con la realidad de estar viva en esta sociedad, a la que exitosamente logro pertenecer cada vez que estoy borracha o drogada, cada vez que podemos olvidar todo y fundirnos en el calor extremo que trae la exhortación del carpe diem. Esto a su vez trae otras consecuencias, que se acumulan con las anteriores. Es una promoción de aumento de saldo en el crédito para que creamos que nos están regalando "algo" por gastar mucho en esa franquicia. Al final, todo lo que me "regalo" es aprender a lidiar con que estoy enferma, y no existe cura que garantice mi salud mental. Algunas personas están convencidas de que esto se puede curar, que pueden ayudarnos a hacer desaparecer la obsesión ansiosa que nos provoca la muerte. No hace mucho pensaba que podíamos curarnos, pero tal parece que no. Creo que es un tipo de enfermedad que no afecta de la misma forma a todo el mundo. Quién sabe por qué soy así. Tal vez han sido varios los sucesos que afectaron mi "correcto" crecimiento para responder "existosamente" a esta sociedad. Es algo que se investiga, se está hablando hace rato de que mi generación sufre el mal de no ser como las que nos antecedieron, que vivimos hasta más edad con nuestros progenitores, que tenemos un miedo palpable al compromiso y un particular desprendimiento de sobriedad. Somos una generación traumada, y me da paja buscar las teorías que explican eso. No lo haré en este momento, a pesar de que podría. 
Independiente de lo anterior, mi teoría al respecto de mi enfermedad, es que somos personas que tienen solamente dos caminos por delante. Uno es aprender a convivir con la ansiedad obsesiva con la muerte y eventualmente morir sin haberse suicidado. El otro es sucumbir y matarse. Es incierto anticipar cuál será el desenlace de mi vida, ya que muchas veces he tenido largos períodos de rechazo rotundo ante la idea de morir. Creo que esto se trata del amor. 
Cada vez que regreso a ese día, es como si arrancasen mis entrañas con las garras de una mano grande y seca. Deseo desaparecer, me invade el impulso de acabar conmigo. 
Odio que haya existido ese día en mi vida. Estoy trastornada desde mucho antes, tal vez desde que el agua no pudo inundar por completo mis pequeños pulmones. No obstante, ese día en particular me altera, me lleva directamente al pozo de la locura. Nadie podría jamás querer significativamente a alguien como yo, es obvio. Demasiada perturbación fluye por mi cuerpo, revienta mis arterias y me deja viviendo en el limbo de una sangre sucia que no será capaz de nutrir mi cuerpo. Ojalá existiera una pastilla que hiciera eso. Sería como asfixiarme sin tener que recurrir a presionar mi cuello para cerrar el paso de oxígeno a mis pulmones.
¿Por qué estoy publicando una entrada como ésta? ¿Qué cresta me pasa, cuál es mi puto problema? Es algo de fin de semana. Es algo de la resaca emocional tras una imparable felicidad. La fatiga, el cuerpo adolorido, la menstruación, la inapetencia. Creo que ha sido demasiado carrete, demasiada distorción,  mi cuerpo paulatinamente comienza a desplomarse de tantos límites que le exijo cruzar. ¿Cuánto más podremos aguantar?


jueves, 7 de junio de 2018

"Yo creo que, si volviera, me cagaría la vida".

"Hiciste planes con esa persona". "Sí, nos íbamos a ir a Europa". "Vaya, pero así son las relaciones, ¿no?". "Claro". "Y tus actuales decisiones no te permitirían retomar esos planes, en caso de que volviera". "Eso es lo que me pasa. A veces pienso que, por lo que estoy haciendo ahora, ya no hay vuelta atrás". "Ya fue, amigo, ya fue". "Sí, ya fue". "Igual es triste; imagina que volviera y fueras más feliz que antes, ¿tomarías ese camino, te dejarías de lado por esa persona". "Chucha, no sé". "'No saber' es algo que, al contrario de lo que se piensa, dice mucho". "¿Cómo? No saber es no saber nomás, así que no estoy diciendo nada". "Estás diciendo que tienes una duda al respecto de si tomarías el camino de vuelta, el mismo camino que antes te dejó tirado". "Oh". "Es cuático pensar por un momento en dejarte de lado, ¿cierto? Todo por lo que trabajaste, todo ese tiempo que te tomó recuperarte... ¿para hacerlo todo de nuevo, después? ¿Cómo y/o cuándo se puede tener la seguridad de que eso no volverá a pasar, sobretodo si se trata de la misma persona que te hizo eso?". "Esa es la cuestión. Yo creo que, si volviera, tendría que estar seguro... ¿pero cómo saber eso?". "En mi humilde opinión, me parece que hay situaciones que no merecen más de una oportunidad". "Igual, nicagando volvería, la cuestión se acabó para siempre, definitivamente no hay vuelta atrás, por lo menos para mí. El dolor fue demasiado grande, demasiado profundo". "Jaja, sí cacho. Pero no es lindo escupir al cielo, amigo...". "Ya, pero estoy 100% seguro de esto. Pondría mis manos al fuego por mí, al respecto de nunca jamás retomar esa relación". "¿Cómo sabes cuando es definitivo? A mí me parece que siempre lo es. Me acuerdo cuando terminaba con mi primer pareja; pasaba casi todos los meses, que terminábamos. Un mes sin terminar era motivo de celebración de pareja, qué idiotez más grande. Qué persona más despreciable". "Me llama la atención que siempre digas eso de él, me da risa igual jajaja, ¿cómo puede ser tan malo?". "Da lo mismo. El punto es que, cada vez que terminábamos, yo lo sentía como algo definitivo. Al segundo año ya me daba lo mismo, no porque supiera que lo más probable era que volviéramos, sino porque ya no le quería tanto". "Igual es obvio que no se quisieran tanto, si terminaban siempre...". "Exacto. Pero ese sufrimiento intenso que se repitió tantas veces, me convirtió en una persona dañada y temerosa de todo paso que diera". "Qué paja. ¿De verdad fue tan así?". "Bueno, admito que exageré un poco, pero sólo con respecto a que terminábamos una vez por mes. Eso pasó, pero en el segundo año de relación. Al principio fue un amor violento que explotaba cada cierto tiempo. Esas explosiones me hacían pico emocionalmente. Hubo un tiempo en que dejé de comer y pesaba menos de 50 kilos. Creo que mi mínimo fueron entre 47 o 48 kilos". "Conchasumadre, ¿en serio?". "Seh. Si estoy loca, ya deberías cachar". "Jaja, sí, un poco, jaja". "Jajaja". "Pero, cómo tanto, para llegar a pesar 47 kilos". "Se me salían los huesos y no tenía poto. Después, cuando volví a engordar, me salieron estrías jajaja. Por weona". "Mmm, sí. Yo nunca he llegado a tanto. Sólo me he quedado acostado con las cortinas cerradas, todo tapado hasta el último pelo, días enteros. Un fin de semana entero. Y salir y destruirse, hacerse mierda. Eso hacía caleta". "Oh, entiendo el sentimiento. Yo igual me he quedado acostada, solo que sin poder dejar de llorar. Pero no es un llanto literal, es un llano figurativo. Como que el cuerpo completo te llora, se deshace en lágrimas de sangre, donde cada gota que llega al corazón está contaminada por la persona que no vas a volver a ver nunca más, se siente como una enfermedad, como un cáncer". "Eso es caleta. Me parece real". "A mí también me parece real. Por eso ahora solo tendría un fuck buddy, alguien con quien satisfacer mis deseos y fantasías sexuales, sin emociones de por medio. Alguien que vea, garche y chao, para eso sirve uber, para no tener que quedarse acostada abrazándole y después conversar en la mañana y tomar desayuno...". "... y ver una película o serie, y después volver a acostarse y terminar pasando todo el día con esa persona". "Claro, y no te das ni cuenta y ¡puf!, te enamoras". "Jajaja, la weá como el pico". "Sí. Yo me enamoro súper rápido, jajaja, pero ahora ya he aprendido harto y estoy considerando mis filtros ante todo". "Es importante tener filtros, yo tengo caleta pero a veces me supera la persona. Hay gente demasiado bacán, que no cumple todos los filtros, ¿te ha pasado?". "Con los 2 imbéciles que han sido mi pareja. Pero nah, hoy en día aplico 100 los filtros nomás. Hay asuntos intransables para mí... Por eso sé que moriré sin pareja y, como no quiero criar sola, no habré tenido nunca hijes". "Yo siempre te vi como alguien que nunca querría tener hijos". "Eso me dicen todes, jajaj, será porque soy muy pendeja, no sé. Pero estoy segura de algo: si conociera a alguien con quien quisiera salir, luego de todo por lo que he pasado, todo lo que me he curtido a razón de sufrimiento y felicidad extremas, sería porque estaría 100% segura de que querría estar con esa persona para toda la vida. Y valdría la pena el riesgo. Así tal cual". "Así tal cual. ¿Crees en el amor para siempre?". "Sí. Sólo no sé si es que existe para mí, pero no por eso negaría el amor infinito de otras personas, como la Caro y el Martín". "Siempre les nombras cuando te refieres a un amor 'ideal'". "Es que así son. Así se ven. Les admiro por ser quienes son". "¿Tú volverías con alguno de tus ex?". "Ni cagando. Puros cretinos zopencos pendejos. Estuvo bien que terminásemos, aunque admito que con JP creí que era el definitivo, incluso en algún momento nos imaginé con una descendencia y todas esas porquerías". "Oh, te fuiste a la chucha entonces, jajaja". "A cagar que sí. Pero bueno, luego la vida cambia y no queda más que adaptarse o morir". "Exacto, es lo que hay que hacer nomás". "Igual admito que me da más miedo que la chucha entregarme a alguien. Cuando me enamoro, me doy completa y no me importa nada, llego a perder el juicio, me voy a la mierda por la otra persona". "Ah, yo no. Siempre tengo un espacio de mí, para mí. De hecho, no soy de esos que están siempre con la pareja". "Yo era caleta eso, pero hoy valoro caleta tener mi propio espacio, como que no podría no tener mis momentos de soledad, y la otra persona tendría que respetar eso". "Sí, hay parejas que piensan que no hay amor, solo porque uno quiere tener su espacio de repente. Y no es que no quiera a la otra persona, o que no la ame, sólo que también tengo que amarme yo y para eso tengo que pasar tiempo conmigo". "Apaño demasiado lo que dijiste. Yo recién me estoy amando a mí misma. E igual... admito que me da un poco de miedo". "¿Pero por qué, Ñuñosan?". "Porque me estoy amando DEMASIADO, jajaja, mi ego está brígido creciendo y no para, no para nunca la weaaaa". "Jajajajaj pero eso es bacán po, la raja amarte tanto, sobretodo si antes no te amabas nada". "Es cierto. Pero igual estoy exagerando, igual me odio un poco, jaja". "Jajaj, obvio, todos nos odiamos de vez en cuando, pero lo importante es no dejar de amarse nunca". "Cierto. No dejar de amarse. Nunca".