jueves, 27 de septiembre de 2007

Sueño a lo perreo


En realidad no tuve un sueño a lo perreo, pero quería una palabra que terminara con eo y no me se ocurrió ptolomeo.
era una fiesta de cumpleaños, había que llegar en micro, la misma casa de la lolly que me atormentó la última vez que soñé con ese lugar, donde volaba una cosa blanca que no recuerdo bien lo que era -ciertamente no era pato ni gallina... ¿o era gallina? no sabría decirlo... de todos modos no es importante-.
salían ahí importantes personajes, tales como mis hermanas, pelayo, ortega, candia, por supuesto el hombre de la foto y mis padres.
pero antes del segundo sueño -que es donde salían todos ellos- por mi cabeza se formaba la información en colores y dibujitos a toda raja que decíanq ue yo era jack sparrow; vivía en una roca enorme blanca, era un acantilado en el mar. no usaba la escalera para subir porque SOY UN PIRATA, recuerdo que grité cuando me afirmaba de las rocas. mis hermanas me pedían cosas y le disparaba a la gente de la playa, a las ballenas y gaviotas. por supuesto que tomé sopa de tortuga, algo que creo que, fuera de un sueño, no haría jamás.
en fin, nada más cómodo que una escopeta con la que disparar, y era el rey del mundo. hasta que llegaron esas almejas con sábanas blancas y me cagaron todo; fue entonces que dejé de ser pirata para tomar la micro camino al cumpleaños de chuchamadre -es decir, no sé-.
ahí apareció pelayo, mi hermana pina, la toña con una máscara y la bobina. viajamos en la micro y de repente la moya nos dijo que fuéramos al gimnasio, que era el de la scuola. me bajé con pelayo y tuvimos que dar una vuelta arrastrados con una soga. subimos nuevamente al bus y ahí estaba ese gay joteándose a otro tipo. el mismo gay de joteó a pelayo y supuestamente él no se dio cuenta de lo que buscaba, hasta que empezó a agarrar con el otro tipo. gays, soñé con gays...
en fin, la micro llegó a la casa de la lolly, fui a mi pieza -nótese, MI pieza- a dejar las cosas y me encontré con el cromo. me dijo que jugáramos play, mas yo quería irme así que le di un toponcito y me fui.
rayos, ¿dónde está la torta? por más que la busqué, lo que encontré fue la bobina llorando y la ortega abrazándola y después pegándole. la traté re mal y le dije a la bobina que no fuera weona, que tenía que salir a jugar. pero ella no quiso porque dijo estar feliz con la toña pintando pokemones. le creí y continué buscando la torta, hasta que la pina me dijo oye weona vino el ernesto. mi búsqueda claramente cambió de rumbo, y también, lo busqué y lo busqué para dar con el play encendido en PAUSE. entonces me dieron ganas de buscar al cromo para darle un beso, ¡¡¡pero no lo encontraba!!! se había ido, al parecer. la bobina le hizo algo a un pokemon y por eso la toña se puso a maldecir y hacer ruidos de jabalí enfadado, ruidos que provenían de la realidad para irrumpir en mis sueños y despertarme. me quedé dormida enseguida, sonó la alarma y estaba tan cansada que decidí llegar tarde. y, ¡adivina qué! NO TUVE CLASES LA PRIMERA HORA, ¡JÁ! Así que llegar tarde dio lo mismo y quedé presente too el día y pa toa la noshe.

no vemos, toxoplasmosis. si quieres asistir a una charla de esta enfermedad, nada más ve al colegio einstein y ve mi disertación, el martes a las no sé cuánto de la mañanita.

chaqueta!

domingo, 23 de septiembre de 2007

me da taaaanta risa

YA, HUEÓN.
Capté cierto sentimiento santiaguino en mis tíos; digo, fuera de saber que son santiaguinos, creo que de yo ahber sido siempre una penquista, por el solo manejar del auto nuevo KIA habría notado lo santiaguino en mi tío super fumador que fue a comprar papelillos y tabaco peruano en alguna parte de san pedro, siendo yo la guía, epro estaba en las nubes y cuando ya se había equivocado de calle le decía "ay, aquí no". en fin, fuimos al verlucho y ahí compró su mierda. después en la casa me desafiaron a que sí hay técnica en esto de armar cigarrillos, y lo comprobé intentando hacer uno que parecía un dulce para bebé de esos que babean harto en el babero -CÓMO ODIO LOS BABEROS, SIEMPRE ESTÁN TAN MOJADOOOS-.
cuando tenga un hijo -si es que tengo k9- le pondré el babero más hermoso de la comunidad del anillo, para que todos los frodos gays le tengan celos y no lo quieran matar. no tiene sentido pero igual.
esta banda sonora es como el

miércoles, 5 de septiembre de 2007

Cuchara

No le veo la gracia a las cucharas, a su forma entre redonda y larga, tan apaciblemente y desgarradora para mi sentido de la vista. A veces me trastorna esa forma tan indecisa, y a veces no.

Hoy fui el mono enojado y ellos Geoffrey Rush (la foto (él es barbosa en la película, y se parece bastante al que yo conocí)).

De la misma manera, suele pasar que siempre entro al túnel de las carcajadas para envolverme en abdominales involuntarios provocados por la risa, provocada por alguien que se cayó al suelo por a b c motivos. Y como es la vida, se me devolvió. De todas maneras continuaré riendo con esas fantásticas caídas, esos desequilibrios inesperados de pendejos chocolate guatones de cumpleaños, aunque hoy haya llegado mi hora. Sí, mi querido adversario. De haber estado tú ahí, te habrías reído al verme bajando... Sería mejor comenzar desde el principio, cuando llegamos a San Pedro y la micro se paró en el semáforo de la teletón. Sigue adelante, escucho Last Cup of Sorrow de Faith No More, pasó el árbol buatón, me tengo que bajar, pido permiso y la vieja me dice que también se tiene que bajar. Bueno, toca el timbre, la micro para, se bajan dos personas por delante y la vieja baja buatona chaparra no me deja pisar tierra, no me deja pasar hasta que me mira con cara de coco y exclama que no se tiene que bajar ahí. Entonces casi que la empujo y me apresuro a pisar la pachamama cuando la micro culiá empieza a andar, y en un ataque de pánico porque se cerrara la puerta y me apretara los dedos, o quedarme arriba y bajarme más allá -que habría sido lo más sensato- me tiré a la madre tierra y caí manos raspadas pelo desordenado y micro estúpida al polvo, al cemento y a las burlas de ese furgón escolar que estaba ahí dejando a un pendejo. Entonces el conductor toca la bocina, miro y se empieza a reír tal y como yo me hubiera reído estando en su lugar. La vergüenza, la ira y el estar en el lugar de la burla tomaron posesión de mi, así que dejé de lado esa niña simpática con el pelo azul, y le saqué el dedo como si fuera Bush. Empiezo a caminar hacia la casa y el furgón se detiene frente a mi, el viejo me pregunta por la ventana que por qué le levanté el dedo si no me hizo nada, y yo, emputecida, le grito ¡QUÉ IMPORTA!, me vuelve a preguntar y vuelvo a gritar lo mismo, pasando por detrás del furgón, el viejo sigue hablando solo y para no escucharlo le grito ¡YAAAAAAAA ATROPÉLLAME, ATROPÉLLAME!, me subo a la vereda y un pendejo con una parca roja -pendejo de mierda, nunca voy a olvidar esa voz de cerdito malo y castrado, y si no fuera piti tampoco su cara- me miraba descaradamente, como si fuera la gran cosa. Oh, por favor, ponganlo en los titulares de la nación: NIÑA CON PELO AZUL-YA-MEDIO-VERDE SE CAE DE LA MICRO Y SACA EL DEDO... NO, NO ES PA TANTO. Como iba diciendo, me mira y me mira -debe haber tenido unos doce rebeldes y poseros y apestosos años-, me intimida y le grito ¡¡¡QUÉ WEÁAAAAAAAAAAAA!!!, él dice algo sin modular con esa voz de cerdito que jamás olvidaré -al menos no hasta mañana- y como no lo entiendo y estoy enojadísima, le saco el dedo y él me lo devuelve, y para más remate ME SIGUE MIRANDO EL HIJO DE LA GRANDÍSIMA MADRE DE LA ABUELA DEL LA HIJA DEL SOBRINO DE LA VECINA DE LA MEJOR AMIGA DEL MEJOR AMIGO DE LA PINA, REMONTÁNDOSE TRES GENERACIONES ATRÁS, DE LA PUTA. Ya me da lata volver a sacarle el dedo y llego a mi casa emputecida a lavarme las manitos, resentidas, le cuento el episodio a la pina, se ríe y preparamos el almuerzo -en verdad lo hizo todo ella, y le quedó tan rico que le mando mis felicitaciones desde el Japón, donde seguramente no comería cosas tan ricas-. Ahí termina mi episodio de yo ser el objeto de burla sin haberme prestado para eso. Una completa y majestuosa ganga. Todo lo que pude aprender fue que debo ser más paciente y no tan floja con respecto a dónde me tiene que dejar la micro, y no apresurarme al bajar.