viernes, 30 de mayo de 2008

Masacrón trajo dos cajones de manzanas: uno milagroso y el otro no salva mucho.
Resulta que hace poco menos de un año que no comía una rica, pero RICA manzana verde. Bueno, la de ayer debo decir que estaba milagrosa. Es decir, si diosito lindo existe, él se encargó de venderle el cajón a Masacrón, porque provenía directamente del cielo... o del árbol crecido en la mejor tierra de la Tierra (já).
Como sea, mientras la acuchillaba para llevarme los pedazos a la cerda boca y masticar, haciendo ruidos chanchos, con la boca abierta, y creyéndome todo el rato el malo de Daniel el travieso (cuando le roba la manzana al pendejo rubiecito tierno y buatoncito), se me ocurrió escribir de la verdosa en el blog. Pero como soy media maniática, tenía que agregarle algo que tuviera que ver con la temática de "ajuerita", o bien cambiarle la temática a la de frutas... mmmsí, quizás... náh, porque no como muchas frutas realmente, y además me da una paja ENORME cambiarle el "tema" a mi VLOG.
Al final se me ocurrió que podía relacionar la milagrosa fruta con la pregunta: ¿cuál será la fruta milagrosa del mar profundo profundo mar? :B Ni siquiera sé si algún alga pueda compararse con una fruta, pero como soy re'stúpida, da lo mismo.
Entonces queda:
Durante sus cortos 3.000 mil años de vida marina, habían confundido a este bello calamar con una fruta rica de las oscuras profundidades. No voy a decir que fue al colegio ni ninguna de esas estupideces, porque bien sabemos que ESAS ESTUPIDECES las hacemos nosotros, los humanos. Mejor que toda esa pérdida de tiempo, gracias y caricias, navegaba bajo la superficie, con una destreza envidiada por nosotros que no podemos diseñar un submarino que nade de ese modo, y menos aún, que parezca una fruta marina. Le pongo Squid 1, aunque no interesa.
Squid 1, para moverse como lo hacía bajo tanta presión acuática, debía bajar su metabolismo a cero (0) de vez en cuando; era en ese instante que los otros peces, feos como no los has visto jamás, y no lo harás, lo querían comer.
- GLUGLGUGGGUGLGUGUULUGBLUGLBULGUBLUGULBLUGUBULGB
(¡Oh, pero qué rico damasco/durazno deforme!)
*la traducción, para que fuera más entendible, la hice ocupando equivalencias de la vida humana*

Era nada más y nada menos que un DRAGONFISH, que subía la cabeza para admirar al Octopus 1 (ya no más Squid) en su momento de metabolismo cero (0). A toda velocidad continuó subiendo, abrió sus fauces asquerosas llenas de baba... y lo masticó hasta más no poder.

-glabbaglabbaglabba
(¡QUÉ ASCO!)

La tinta no se veía, confundida infantilmente con la desaparición de ambos fieles, entre la oscuridad del mar y la tinta negra. Terminó de escupirlo con dificultad; de esos dientes no se sale el sabos con facilidad, si es que de hecho sienten sabor alguno.
Dumbo Octopus 1 (ya no Octopus 1 solamente) intentó salvarse de la mordida, pero no pudo y murió siendo no más que una fruta asquerosa para el DRAGONFISH.

Así que no hay frutas milagrosas bajo el mar. Qué mala suerte, si supieran lo que se pierden... Una jugosa, ácida y dulce manzana verde.

viernes, 9 de mayo de 2008

Curiosidad

Agh.
Momentos inolvidables, alegrías por doquier bajo techo, con la chimenea encendida alumbrando, nada de luz artificial. Risas, tragos, música ambiental. Nada es más divertido que coquetear con aquél que tanto añoras besar. Unos cuantos movimientos claves, una conversación seria pero con desvíos hacia las risitas coquetas; flirteando, terminan un poco apartados, ya sea física o sólo psicológicamente. Crean un biombo de química sexual, y prueban el tan anhelado plato que hace rato se veían enfriar en la mesa, sin que se atrevieran a despedazarlo con los dientes. Las muelas se encargan de triturar antes de tragar.
Afuera no hay más que lluvia, oscuridad y desesperación. Sin techo, el agua de los ríos ya no aguanta más y se rebalsa; aquéllos que viven cerca no tienen otra alternativa, más que soportar. ¿Cómo lo harán? La verdad es que no tengo idea, y cuesta imaginarse que se van a otro lugar, ya que, si bien se mojan hasta los cocos, tienen un techo todavía, por precario que fuese.
Un poco más allá, afuera todavía, nos encontramos con un mundo pequeño, entre pastos verdes y arena. Unos chapotean, otros salen porque se les inundó el agujero que llevan por casa. Llegan los pajaritos y los picotean para comerlos, pues nunca tan imbéciles como para empollar en este mal tiempo. Pueden encontrarse con uno que otro camarógrafo filmando sus quehaceres otoñales; nada que los moleste realmente.
¿No te parece un poco ordinario?
Al contrario. Son las mismas tomas de siempre, con las mismas cámaras y el mismo camarógrafo, incluso con la misma parca; pero hay algo distinto en lo que hacemos. Verás, existe un pensamiento que intento reflejar tras mis tomas, compitiendo duramente contra mis otros contrincantes. Un camarógrafo no es sólo filmar.
Claro que no. Hay que conseguir buenas tomas.
¡Nah! Se nota que no entiendes nada...
Lo deja trabajar con tranquilidad. Va caminando por la playa, hasta llegar a la antigua ballenera de Quintay. Le parece oliscar los recuerdos, el olor a pudredumbre, sangre, grasa y dientes que marcaron aquél lugar, donde hoy sólo queda un restaurante. Ni que fuera la gran cosa; es la misma construcción de ballenera que encuentras en el sur. Hoy es distinto, quizás, porque unas nubes avanzan más rápido que otras, despejando cierto punto fijo en el mar. Tras el se divisa un cielo celeste que tiñe las aguas color azul. Resulta magnífico. Saca su cámara fotográfica, activa el zoom óptico del aparato tan caro que le costó encontrar -y pagar, por supuesto-, y justo al momento de apretar el botón, una curiosidad aparece.
Vaya... servirá para seducirla, estoy seguro.
Se sube al auto sin avisarle a su amigo el camarógrafo para esperarlo. El otro, a su vez, busca a su acompañante para irse rápido de ahí. Deben viajar hasta Santiago esa misma tarde, para devolver el auto a su prima y tomar el avión hacia Concepción. Eso no es todo, el viaje continúa. Se turnarán para manejar el auto que los llevará hacia Arauco, donde se juntarán con sus amigos.
Es de noche, y sigue lloviendo.
Momentos inolvidables, alegrías por doquier bajo techo, con la chimenea encendida alumbrando, nada de luz artificial. Risas, tragos, música ambiental. Nada es más divertido que coquetear con aquél que tanto añoras besar. Unos cuantos movimientos claves, una conversación seria pero con desvíos hacia las risitas coquetas; flirteando, terminan un poco apartados, ya sea física o sólo psicológicamente. Están a punto de probar el plato anhelado, cuando a él se le ocurre mencionar la curiosidad en la foto, creyendo que funcionaría como un plus para no solo darle un beso, se entiende. Ella parece interesada, mas con todo lo que demora él, buscando la cámara, piensa que no está interesado, que era sólo una excusa para alejarse de ella. Se levanta del sillón y se une al grupo grande de conversación, donde está el camarógrafo, su mejor amigo.
Vuelve al sillón, sin la cámara. Ve el trasero de ella marcado en los cojines, se rasca la cabeza y recuerda de súbito que la cámara está en el auto. Se apresura, la busca, la encuentra, enciende el computador, le pone papel fotográfico a la impresora, la imprime, se maravilla, está a punto de ir a buscarla para mostrársela, cuando piensa que es absurdo hacerlo. Toda su felicidad es ahora una mosca aplastada contra el ventanal, con la sangre del bicho en las cortinas, claramente aplastado por una mano traviesa y cobarde, que no quiso ensuciarse la palma con sangre morada, así que usó la cortina como mediador.
Pasa la noche, se embriagan cada vez más. La foto está tirada en el parquet sucio con manchas de vino y barro, a salvo de su primera noche de jerga. Se repetirá muchas veces, hasta que finalmente logre seducir a alguien con la foto, cosa que no sabemos si ya pasó, o está por pasar, o si de hecho pasará alguna vez.
La curiosidad sabe que será mejor que no. Prefiere olvidar esas atrocidades a sus parientes, prefiere que piensen que jamás llegó a acercarse a ese lugar. Un joven curioso, nada más...
Además, nadie cree que la sacó un día de lluvia.

jueves, 8 de mayo de 2008

Fierro y Salino

Mejor ponerse el teclado en la guata y tipear lo que se te venga a la cabeza, ya sean estupideces como que abc motivos te odia porque abc motivos un moco y al final todo resulta ser abc moptivos, y nada resulta por Un solo motivo.

Un tiburón no saluda a otro, porque sus saludos son como cuando uno se hace el tonto dentro de la especie humana. en vez de hablarse o darse un apretón de mandíbulas con dientes filosos como un bisturí -bueno, quizás menos- nadan entre ellos y se juntan para cazar. no hablo de tiburones blancos, sino de tiburones azules. son más pequeños y cazan en grandes grupos; es decir, son de hecho sociables.
el tiburón blanco, por otra parte, es solitario y es capaz de cruzar largos kilómetros de distancia. son animales primitivos.
una vez que fierro se encontró con salino, en un ataque de ira incontenible lo fue a saludar. no tenía hambre. su acto fue juzgado por sus pares y primos, llevado a tribunales. finalemente lo despidieron.
es que si fierro no hubiese sido como fue, salino habría po di do ha c e r a lg (o)

jueves, 1 de mayo de 2008

cardumen

Recién había vuelto a ser una especie de cardúmen, nadando por las frías aguas del pacífico, entre tanta ballena y bichos raros, para reecontrarse con sus amigos dejados en el tiempo.
Su vida de humano lo había desgastado hasta más no poder, con todo ese complejo de economía y dinero, relaciones de trabajo y cuestiones por el estilo. su peor recuerdo de la vida humana, era el traje formal que debía llevar para comunicarse con sus superiores.
Nunca se acostumbró del todo. cuando volvió a su cardúmen, que tantos problemas le trajo encontrar, sintió de nuevo esa sensación extraña de ser uno más entre la gran masa, distinto por sólo unas cuantas escamas, con la simple meta de reproducirse, comer y tratar de no ser comido. las vías de escape de un depredador, era lo que más le entretenía, aunque no sintiera la adrenalina que cuando adquirió forma humana, por simple y pura curiosidad, nada más.
Sus amigos estaban igual. de unos cien con quienes siempre conversaba, quedaban veinte que lo enteraron de todas las copuchas posibles. nada muy especial, tan sólo los detalles de los difuntos.
la pesca era también divertida. se burlaban de aquellos imbéciles que caían en la sucia trampa de los anzuelos, sabiendo que morirían o escaparían con la boca hecha mierda, al no obedecer una simple orden de vejestorio. porque, claro, lo dicen los vejestorios. él mismo recordaba la primera vez que vio un anzuelo, cuando su cardúmen recién tomaba forma juvenil. no comprendía por qué la comida estaba a simple vista, tan fácil de tener. ¿por qué, si la comida se encontraba generalmente en otra parte?
Realmente no era cardúmen lo que pretendían pescar los humanos, sino otros peces comestibles o para decorar. a un ejemplar tan común como él, lo tiraban a su suerte; alguna veces volvían al agua, y otras chocaban contra el borde de la lancha y morían ahogados entre tanto oxígeno.
¿Y eso de respirar por la nariz? qué desagradable, el vientecillo que entraba y salía involuntariamente.

Una vez pescado el cardúmen, los compadres y socios murieron de una vez por todas. los pescadores se sorprendieron al encontrar entre las redes, a un hombre veinteañero envuelto en algas. tiritaba y saltaba como un pez que intenta volver desesperadamente al agua. los pescadores se le tiraron encima para calmarlo, mas al no obtener su cometido, lo golpearon. quedó un poco inconsciente, lo secaron y abrigaron.
Quedó guardado en el cofre de las cosas perdidas, por mientras.

Se lamentaba de tener que regresar...