viernes, 26 de diciembre de 2008

Cajón y Samael

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¿Por qué siempre despierto llena de mocos? Aunque la noche haya sido muy acalorada, si duermo un instante y despierto, tengo la nariz plagada de mocos asquerosos.

La Pines juega Silent Hill 2, un juego en el cual la primera parte se trataba de tonterías en las que estaba involucrado Samael, o mejor conocido como el Diablo mismo. Era realmente terrorífico; ahora bien, por el modo que tienen los monos horribles en esa segunda parte, supongo que también el querido Samael está involucrado. JAJAJAJJA, y recordarlo es como estar de nuevo en Los Junquillos, cuando el Luis Riquelme nos contaba las historias sobre el diablo, ese viejo de negro que vio su amigo borracho, que una vez salió de la casa, volvió al poco rato, pálido, sin color en los labios; solo tres semanas después se atrevió a contar lo sucedido, y fue que caminaba junto a un acompañante extraño; un viejo al cual imaginé de inmediato como un huaso grande vestido con el traje negro elegante, de viejo caro. Bien, pues se le adelantó mucho y para no sentirse solo y ser buena onda, por todo lo borracho además que estaba, le dijo que lo esperara. Entonces el viejo se dio media vuelta y en un instante sus fauces le tomaban la cabeza; no atinó a más que correr y correr hacia la casa de su amigo. Una vez allí, se quedó callado. Por supuesto que él vio en el viejo, al diablo. Pues yo creo, sinceramente, que estaba aparte de borracho, drogado con alguna porquería, parte de la historia que, por supuesto, Lius Riquelme no quiso contar.

Es aquí, en el Cajón del Maipo, que recuerdo esas cosas mientras tomo una cerveza en piyamas y veo la hora. Serán las dos en poco rato. Está bien, dije que lo llamaría a las dos, pero Masacrón no está, así que lo llamaré apenas llegue con su Blackberry de mala muerte. Ahora Tomás fue a preparar un pan con queso derretido y Ketchup para su prima querida –es decir, YO-, el cual más adelante no sabré cómo pagar… es que hay gente tan buena.

Ya no quiero seguir escribiendo. Me dio lata.

Que lo pasen bien. Me bañaré en la piscina cuando me den ganas.

Adios-

jueves, 25 de diciembre de 2008

Hay olor a peo en el living

Menos mal que no estamos con picadillos para comer. Sería desagradable porque cuando uno come por lo general no quiere malos olores cerca. O quizá salga de sus boquitas sucias, y no de sus apretados hojetes.
Bien, lo sé, fui demasiado chancha como para decir eso; aquí se discute de todo: peleas en el espacio, cierre de puerta del metro, el conductor mala onda, clases sociales, económicas, la primera que abrió los regalos, el reajuste del 10%, el enojo para con los hijos, el misterio de la familia, las vacaciones, el reto por haberse llevado las dos teles de la casa a la cabaña, los ministros, la educación, vieja de mierda, la crisis de los cincuenta, la cerveza escudo, la cerveza heiniken, geochallenge, etc. Además de sinvergüenza, TONTA.
EL HOSPEDAJE.
Ahhh, es difícil concentrarse en el mundo de tu cabeza con los tonos de voz de los que están aquí presente, ya sea porque se habla con entes parcialmente sordos, o porque les gusta exacervar las cosas que dicen por medio de palabras descalificativas a modo de GRITOS. Además de tapar el uno al otro cuando hablan, porque, claro, les encanta tener la ultima palabra... o al menos la que mejor se escucha -entre sordos- lo cual no tiene por qué ser agradable. De hecho, para mi cabecita resulta todo lo contrario.
Cuando escucho pink floyd siento que se me mueren las neuronas. Cuando me baño en la piscina me duele el oido izquierdo. Cuando escribo en el notebook me da la corriente.
Felicidades a todos por sus regalos. A fin de cuentas, es lo unico que le importa a varios. Lo que es yo, por ser ignorante no tengo opinión. Puedo parecer una persona medianamente inteligente e informada, pero no es cierto. Es mentira porque al momento de hablar... no sé. Jamás he dicho algo con verdaderos fundamentos. Por eso prefiero escuchar y callar.
Como sea, lo que me gusta de estas fechas es venir a esta mierda de ciudad, a estar con la familia; es que no los veo nunca.

domingo, 14 de diciembre de 2008

Hoy


Hoy estuve jugando GTA Sna Andreas hasta que me aburrì porque el Carl se empezò a poner gordo y le bajò la habilidad en las armas. Eso me dio rabia porque siempre voy a matar Ballas, ahora que el mapa me mostrò eso de los territorios; quiero tenerlos todos, quiero ser la dueña de San Andreas, o al menos de la primera ciudad sdf. Oh, acabo de darme cuenta de que el juego es màs largo que la chucha. A lo mejor no alcanzo a darmelo welta estas vacaciones.
Lo que pasa es que ahora con la pina nos dio por bajar juegos, porque ella descargó el GTA Vice City. Lo probò y funcionò; jugó hasta la misión en el campo de golf, que no sé por qué la encuentro tan entretenida.
Acabo de pasar una misiòn en que CJ y su hermano Sweet iban a matar a un culiao de los Ballas a un funeral. Me costò pasarla, pero lo logrè. Lo que me da rabia es que la polola del Karl (Denise) es una puta estúpida; antes la culiá tanto que quería disparar, la llevé a una pelea de barrio porque justo los Ballas me fueron a atacar los culiados. Y la puta dijo "no la estoy pasando muy bien". Perra weona, qué se cree? más lo que weveaba con que "ay, quiero disparar desde el auto", la culiá! Además el CJ todavía no se la puede garchar.
Hoy almorzamos reineta con una salsa blanca rica, tomate con cebolla y arroz con curri. Estaba rico, aunque el arroz era integral k9. En realidad eso cagó todo el almuerzo. Lo más rico fue el pescado y el borgoña.

Què fome esta weá.

sábado, 13 de diciembre de 2008

lunes, 8 de diciembre de 2008

tonta y además hueona

No puedo; por más que lo intento no puedo ni podré perdurar en el tiempo de algún modo. Estoy tan convencida de que mi final será tan poco nefasto como importante, que mi pesimismo terminará por fundir mis atisbos de optimismo para dar lugar a un período de ermitaña que nadie envidiaría, ni por si acaso. Estuve toda mi vida arreglándome; estuve toda mi vida intentando ser mejor que alguien que ya había probado su temple, sólo para que me descubrieran y ganase algo, pero jamás me resultó; me pasaba las tardes de fin de semana escuchando bandas sonoras de películas que motivasen mi creación, para que saliera algo bueno de mi cabeza, algo digno de ganar un premio, de ser reconocida, de no caminar por la calle sin que me reconocieran; cuando apareció fotolog, subí las mejores fotos, seguidas de los mejores párrafos que mi mente pudiese concebir, con tal de hacerme un nombre y grabar un disco como aquél niño mente_enferma. Al notar que nadie más que mis conocidos veía mis fotos y ni siquiera leían lo que ponía debajo, y que nadie estaba dispuesto a regalarme un gold camera por no publicar mi pronto suicidio, abandoné le mundo cibernético y me encerré en el papel y los rompecabezas, creyendo así que de algún modo creerían mis convivientes que estaba loca, y me internarían en un manicomio, donde demostraría que a pesar de estar loca podría crear hermosas pinturas o pedazos de música, aunque no sé pintar ni tocar instrumento alguno; supongo que a los locos les enseñan todo eso.

Después de desaparecer por un tiempo, vi un capítulo de Thirty Rock donde Tracy creaba un video juego porno para que su hijo lo aceptase, así que se me ocurrió mágicamente que quizás gracias a mi mente sucia podría hacer un juego porno de lo más entretenido y nuevo que existiese, pero investigando por la Internet me di cuenta de que hay gente con mentes poderosamente más sucias que las mías, así que abandoné el rubro.

Hoy estoy vieja, casada con dos hijos y una hija, aburrida de trabajar por Internet y pasear el notebook a todos lados sin poder escribir algo nuevo, algo que me haga salir del anonimato. Estoy cansada, fea, se me cayeron las tetas y nada de eso me ayuda a no sentirme tan frustrada. Como sea, lograré ganar algo en la vida. En última instancia tengo los cuentos de Santiago en 100 palabras… que no sé si todavía existen, en realidad.

No, creo que prefiero escuchar la misma canción de siempre de Ennio Morricone; digo, ¿para qué quiero más? He muerto ya dos veces, además.

jueves, 4 de diciembre de 2008

Sucio y (podrido)



Entonces nos encontramos en un mundo abierto; un mundo donde las criaturitas nacen, viven (algunas), mueren, se desintegran y ahí quedan. Todos lo sabemos. Todos lo hemos leído alguna vez; cierto es que nada tiene de malo venir y servir sencillamente para nada. En el pasado, en el presente y en nuestro futuro nos enseñan a tener una (meta) en la vida: aprender, comunicarse, utilizar a los vulnerables, sacar (ganancias) de ello, sin importar las pérdidas psicológicas, perder para volver a aprender, nadar en aguas frías, tibias, calientes, hirviendo, con ají, con posibles infecciones ajenas, con pus, con sangre, con huesos molidos. Todo para poder alcanzar nuestra bien ponderada (meta). Y qué si uno no tiene meta; no está del todo perdido. Es la simple vida, como le llaman algunos, caracterizada por una (en este caso) persona común y corriente, sin mucha expresión en sus ojos, que practica el ocio a abundantes horas de la semana, la pasa bastante bien, no se preocupa demasiado, sólo lo suficiente para no sentirse mal. Pero esta simpleza no es tan sincera como desearíamos, ya que la mayoría de esta gente que se las arregla para no tener ocupaciones todo el tiempo sufre de enfermedades a la cabeza; ahora, no soy quién para decir qué es peor, si una enfermedad física o una psiquiátrica. Lo cierto es que la mayoría de las veces pasa que una conlleva a la otra; es aquél que sufre de ambas, a quien me gustaría referirme hoy. Pero no puedo porque está prohibido por la sociedad, y me las he dado últimamente de una persona sociable; atentar fríamente en contra de nuestra querida muestra solidaria (ni siquiera anual), llámese Teletón, es como salir de un certamen y ponerte a escuchar música al sol, esperando a alguien que parezca un poco simpático; por lo demás ignorando al resto. Ignorando como aquellos vegetarianos que ignoran que algunas personas bastante sensibles no sintamos pena por los chanchos que nos comemos; y es que uno no tiene por qué hacerlo. Como decía antes, los chanchos se ganan la buena vida: los alimentan, los engordan, los sacan a pasear, cagan todo lo que quieren, se reproducen cuanto quieren, los dejan dormir juntos a las parejas, a las madres las dejan amamantar en cualquier lugar… y, llegado el momento, los matan, nos hacemos dueños de su grasa, la cocinamos, la utilizamos, los comemos, los abrimos por la mitas y los metemos a un horno enorme de canal Utilísima para que las madres en casa aprendan a hacer exactamente lo mismo que el chef, pero en cantidades obviamente menores, por falta del gran horno, y por falta del gran chancho, que (a mi parecer) es lo más importante. Entonces qué queda por hablar del buen chancho; al final su vida ha servido de algo. ¿A nosotros humanos quién nos come, quién se encarga de reciclarnos tan bien? En vez de eso, nos matamos y nos enterramos; simple material orgánico que nadie sabe cómo se las han arreglado los bichos para devorar. La tierra (por otra parte) por ser quien es, se la puede con todo, diríamos; excepto con las basuras que ideamos y tiramos en el concreto. En vez de eso, nos matamos y nos hacemos ceniza para adornar la esquina olvidada de la casa, o para ponernos arriba de la chimenea, o para que el gato nos mee encima.

Así como vamos, el acto de reciclaje…

No tengo conclusión ni opinión al respecto. Solo escribo y lo leo después; es entonces cuando me critico a mi misma. La meta del principio era decir aquí (en el final) que es por eso que el mundo está abierto. Abierto como el chancho, abierto como un libro.

¡Y PUTA QUE ES RICO EL SHANSHO ASAO!

lunes, 1 de diciembre de 2008

hourglass

Nos encontramos en un estado horrible de pura y plena solidez vital. Somos jóvenes, tenemos la sangre todavía limpia y el pelo afirmado a la cabeza –al menos la mayoría de las veces. Lo único que no parece estar bien, lo único que no parece ser cierto es, como siempre, el paso del tiempo. El año se acorta a cada segundo, nos encoje, nos atrofia hasta que finalmente nos obliga con toda la mala gana de la premenstrualidad a resolver nuestras responsabilidades pendientes. Y nuestro cerebro tampoco pareciera progresar; supuestamente habría uno de considerarse hoy una persona medianamente madura, dentro de lo que se puede dar para la vida de un estudiante, entiéndase. Para otros es distinto porque viven solos en pensión. En mi caso, no he crecido lo suficiente y siento que no es tan terrible ser irresponsable con respecto a un ramo que no entiendo para nada, que me saca de quicio, que siento que todo es mentira, nada es verdad; y qué hacer, si ayer me mantuve hasta las cuatro de la mañana leyendo a filósofos que afirman con toda su vida pensante que la ciencia es una mentira, que no es cierta, que es una aproximación a la verdad. Bueno, me dicen que quien lo dijo era un positivista, a lo que yo respondo Qué weá, Popper era todo. Ah, en todo caso. El problema es que me he sentido tan identificada con algunos pasajes expuestos por el profesor C. Troncoso de la UDEC, que simplemente no puedo creer en lo que me dice una porquería tan estúpida como la química; y pensar que hay quienes la han reducido en términos filosóficos, también, a la física. Eso tan solo es otra prueba de que la química vale hongo, no sirve para nada; no tiene ni siquiera una línea personal-definida; han los grandes pensadores de incluirla en otra ciencia, ciencia que también, recordemos, tiene dentro de ella algo que ni siquiera es considerado como ciencia, por no ser refutable en algún sentido, en otras palabras, por no se comprobable. Entonces qué queda por hacer, aparte de rendirse e ir a dar un test a pesar de saber que nada sé para responder con la aproximación a la verdad que la profesora leería y marcaría Bueno con un lápiz rojo, y en la esquina superior derecha pondría una nota sobre 4,0. Imposible, simple y meramente imposible. Nada hay en este cerebrito que dicta que diga Yo, Daniela Irma Pino Lopresti, puedo responder bien el test número 6 de química, para salvar el resto, en los cuales tengo sólo notas rojas, ni siquiera moradas. Pero no me importa, porque para el certamen haré un cargamento imposible, un cargamento a lo Tropic Thunder, lleno de torpedos y bombas atómicas que no me darán la nota que necesito para pasar, pero al menos subirán en algo esa corrida de sangre que figuraría en mi infoalumno si las notas estuvieran puestas con rojo –las rojas, por supuesto. Así, sería cosa de esforzarse al máximo para el examen, y quizás luego llorarle a la vieja y hacerle un pete si es necesario, en su cinturón de dildo; supongo que los dildos no tienen sabor, y si tuviera el de la vieja, ojalá fuera a carne con papas fritas, o a pichanga o a comida frita asquerosa del centro de Concepción, porque tengo ganas de comer eso y ciertamente…

A punto de caer en dar información personal al ciberespacio, me detuve. Como decía antes, somos jóvenes, tenemos la piel en su mayoría hidratada, vivimos con nuestros padres y celebramos cumpleaños y navidad aunque dos hermanas estén de cumpleaños en el mismo mes, y las dos siguientes en los dos siguientes meses respectivos. Sí, somos jóvenes y sentimos a estas alturas del tiempo, de la recta de tiempo, que nos aplasta, que nos empuja, que nos arrastra a nuestras responsabilidades tan pateadas; nuestras cabezas van a estallar, vamos a gritar, vamos a salir del aula de clases cabizbajos, deseando con fervor una cerveza si el día está soleado, y si no igual, porque nada mejor que calmar las penas de un certamen con cerveza, traer al pololo a la casa, dormir en camas separadas y despertar a las cinco de la mañana con la tremenda resaca que nos carcome la hidratación de nuestras pieles limpias de burguesía –sigue negándolo, yo seguiré insistiendo-, nos hablaremos y conversaremos de la vida hasta que todos se levanten y preparen un desayuno. Y con qué ansias veo yo un desayuno decente; este fin de semana nos las arreglamos tan bien, que para el lunes –o sea hoy- no teníamos ni siquiera una lauchita para cocinar, pero como tengo una hermana-cocinera-inteligente, y yo guardé mi lasagna-joven de ayer, comimos de todas maneras y ahora siento ganas de vomitar el chocolate caliente. Y las pizzas. Y el jugo. Y la malicia que por estos días acumulamos los tres. La malicia personal no la vomito por nada en el mundo.

Entonces, nuevamente, como decía en un principio: somos jóvenes, el año se nos va, se nos fue; estamos sometidos a una compañía que pone a prueba muñecos en autos que chocan contra una pared de concreto. Nosotros somos los muñecos. La pared de concreto es el fin de clases. La muerte son las vacaciones. El nacimiento es la vuelta a clases del próximo año.


Ps: con todo, antes de dejar de escribir por el día, me gustaría referirme con un grato saludo a todos aquéllos jóvenes impuntuales e inseguros poncios que hoy dieron la PSU, para recordarles que el mundo de la universidad es casi tan chanta como el del liceo, que la salvación no está en la carrera que te gusta si es que buscas de un buen ambiente, porque en todos los cursos hay gente de mierda, y todas las facultades son secundarias carcelarias que te carcomen como el ají más picante del mundo devorando tu dulce piel hidratada. Pero, mejor que todo eso, deseo enviarle mucha suerte a mis queridas Romina Baeza y Jimena Viveros con jota.