sábado, 6 de marzo de 2010

Terremoto 8.8


Hola. No había tenido agua, luz ni internet, y además tampoco tenía ganas de escribir. La verdad de las cosas es que necesito desahogarme de algún modo, y creo que por acá no es tan malo como alguna gente piensa. Y la verdad más verdadosa de toda mi vida, es que tengo miedo. Tengo miedo de que por alguna cosa de la vida una réplica se convierta en terremoto, aunque esté descartado. Tengo miedo de que alguien que conozco haya perdido su casa o, lo que es peor, un ser querido. O su vida. Tengo miedo de que aparezcan extraños que intenten pasar por alto las normas del toque de queda por esto de saquear la casa de alguien que supuestamente no merece lo que tiene, según justifican algunos. Entonces yo me digo "bueno, si ellos no lo merecerecían, ¿yo sí? ¿mis amigos? ¿es culpa de ellos, o es la buena suerte de nacer donde se nació y de que hizo lo que tenía que hacer para tener lo que tiene?". Y no es sólo a ellos; en realidad quienes más están sufriendo en este minuto son aquellos que viven día a día el peligro de salir por las noches, por miedo a encontrarse con un angustiado por drogas asquerosas que les revientan el cerebro cual granada a cualquier persona.
Es cierto, quizá esto de los saqueos a las casas se hubiese evitado si no fuera porque los militares no salieron a la calle a las siete de la mañana del sábado 27 de febrero. Pero no fue así y ahora debemos estar felices porque se está normalizando la vida, dentro de lo que se puede en estos momentos. Y no me voy a poner a llorar, así como tampoco me voy a poner tan feliz por tener luz, agua y gas, pues sé que otros no tienen y sé que otros tienen la persión necesaria para darse duchas con agua tibia.
Pero no puedo evitar el miedo que siento. No es un miedo tan irracional, que digamos... en realidad, cuando llegue el mes de abril tendré que cruzar un puente en un estado que no sé cual es, por lo menos cinco días a la semana, si es que no me voy a la casa de mi pololo para no tener que hacerlo. Pero lo dudo, pues nuestros horarios serán tan distintos que seguramente no podré sacármelas con eso. Sé que en ese momento no tendré miedo, lo sé como sé que casi no puedo estar dos días sin cagar.
Ayer, viendo orgullo y prejuicio por segunda vez -por ahora- francamente olvidé que de repente vendría alguna réplica a molestar. Lo olvidé y fui tan feliz... porque luego de que nos hicieron subir al cerro para no morir por un maremoto que al final fue falsa alarma, que me despierto todas las noches con las réplicas más fuertes. Soy capaz de asegurar que por lo menos el 80% o más de Concepción y alrededores no duermen plácidamente.
El terremoto fue a las 3:40 am, aproximadamente. Por suerte nos quedamos todas en el pasillo y mis padres se movieron al baño, el lugar más seguro del segundo piso -al menos en caso de terremoto-. Y no fue porque alguien lo pensara de ese modo, salvo mi papá, que pensó en ir al baño y llevó a mi mamá; nosotras estábamos por nada más que suerte y culpa del terremoto atrapadas -y atrapado- en el pasillo de las piezas de niñas de la casa. Sobrevivimos.
Todavía tengo muy grabada en la memoria el momento en que Jorge iluminó el pasillo; el movimiento tan violento, el ruido, el sentir que era interminable, el Lupo, que entró a la casa por la ventana. Escuchaba gritos de mis hermanas, les grité que se calmaran pero escucharon que las estaba callando. Recuerdo que decía para tranquilizar "estamos todos bien, estamos todos bien, cálmense, que estamos todos bien".

Se puede ser feliz luego de esto. Lo sé.
Mejor me termino la cerveza y juego Age of Empires III de una buena vez.