viernes, 14 de enero de 2011

Hombres

Trato de comprender la manera de pensar de los hombres. Es tan difícil porque piensan tan poco, que siento que me volveré loca dejando tantos detalles preocupantes de lado. Lo ven todo blanco o negro; se pierden todos los matices interesantes que hay entre medio de todo.
Debe ser tan fome ser un hombre. Cuando sueño con mi lado sexualmente masculino a veces me sorprendo de lo brutal que puedo llegar a ser.
Anoche tenía una casa pública a todo tipo de seres vivos humanoides de sexo femenino que vivieran cerca de mi. Mi balcón era grande, todo el segundo piso de madera, con ventanas abiertas día y noche, sin baranda para poder lanzarse desde arriba a la piscina. Tenía un hogar paradisíaco, fundado enteramente en el mundo de fotografiar rostros de mujeres hermosas con mi cámara de lente ojo de pez, las fiestas, y el sexo.
Claro que no contaba con que retorcidamente se tornaría como Lolita. Una mañana en que la casa media-pública se encontraba vacía, mi lente redondeado buscaba algún rostro cualquiera para ser trabajado; entonces encontré una belleza nunca antes vista. Creo que me enamoré en un segundo. Era blanca, pelirroja, de ojos profundos y azules, pero niña. Demasiado niña para ser verdad. Me acerqué a ella bajo instintos paternales; le pregunté acaso podía sacarle una fotografía. Ella, en su traje de baño, me dijo que me dejaría tomarle la foto si la dejaba bañarse en mi piscina. Claro que la dejé.
Nadó toda la tarde de espaldas, con las plantas de los pies pegadas. Más que nadar, en realidad, flotaba.
Volvió a acercarse a mi para decirme que no era tan niña como parecía; se sentía mayor, quería hacer cosas. No, le dije que era realmente demasiado niña; catorce años era una eternidad para mi. Sería mejor que se marchase para siempre de mi vista. Pensé que ella no sospechaba que mi mala onda se debía a su belleza. Sin embargo, me convertí en un minuto en su primer beso, y una erección enorme se apoderó de mi. Tenía que irse cuanto antes, se veía todavía muy niña como para continuar.
Se largó, enojada.

Pasaron los años.
Continuaban los veranos tan calurosos como antes. Recién despedía a una femme fatale de mi dormitorio; le tomé por última vez una fotografía a su elegante cuerpo desnudo, la besé unas cuantas veces y la empujé hacia la piscina por el balcón. Caía gritando, yo reía arriba preparándome para cocinar un desayuno, cuando desde abajo escuché una queja proveniente de una voz que me pareció lejanamente familiar. Preguntó molesta quién era esa mujer que se había caído a la piscina. Me acerqué corriendo a la baranda; desesperado, apenas divisé su cabellera pelirroja y su modo tan especial de flotar, me lancé sin pensarlo, la tomé entre mis brazos, la besé, le robé todo respiro y le entregué el mio. No podía sobrellevar ese momento sin parecer un apasionado ser mamón extremadamente excitado y enamorado de esa mujer. Tenía el cuerpo que había soñado, que había estado deseando desde que se largó de mi vista. 
Continuaba molesta a pesar de que la otra mujer se había marchado. La vio desnuda y supo de inmediato que habíamos tenido una noche y mañana de sexo. Cabizbaja, esquivaba el resto de mis besos. Me dijo que había estado esperándome, que había crecido pensando en mi, que deseaba estar conmigo. Al momento que la tocaba le pregunté ansioso si es que sería su primer hombre... no me quería responder. Evitaba mirarme y dejó de tener una actitud de excitación. Por un momento se esfumó mi enamoramiento, lo reemplazó la brutalidad de enterarme de que no sería su primero. Le grité que me contestara a medida que la tocaba con más fuerza; quizás mis manos averiguarían la verdad. Ella no contestó, pero se excitó cada vez más hasta acercarme nuevamente a su hermosa cara. No podía parar de repetirle lo hermosa que era, mi excitación se incrementaba a cada momento y sólo podía pensar en penetrarla. Al fin íbamos a garchar, al fin iba a hacer mi sueño realidad.

Entonces la noche había acabado y me llamaban por teléfono. Intenté regresar para saber si es que el sentimiento desesperado por garchar era mutuo o provenía sólo de la presencia masculina. Lamentablemente, nunca lo sabré. Lo único cierto es que luego de anoche no he podido dejar de pensar en esa hermosa pelirroja de ojos profundos azules y tez blanca como la harina, y de cómo habría sido garchármela. Lo aburrido de los sueños es que continúan cuando ellos quieren, no cuando yo lo quiero.

2 comentarios:

Pina dijo...

salta, de repente hay unos hombres que piensan demasiado y arruinan toda la diversión.
Es algo de madurez, yo creo.

Alotta Fagina dijo...

Me carga cuando me despiertan de sueños bacanes :O!!
Cachai que anoche soñé que Jonathan Rhys Meyers se enamoraba de mi, pero el weón no era actor, era futbolista ajuajua. Nos vemos querida (L)