martes, 12 de abril de 2011

Primer amor

No lo vi venir; me tomó un poco por sorpresa, pues en el fondo de mi alma seguía deseando estar a su lado.
El tiempo pasa más lento de lo que deseo, así que es normal que me veas como una mujer impaciente. Soy regalona, me gusta hacer cosas para las personas que amo, me gusta comer, soy un poco tacaña con el dinero (defecto fatal), soy loca de patio, adoro a los gatos, especialmente a Romeo, y tuve hace no mucho un primer amor.
Pensaba que no era algo que iría más allá de unos cuantos besuqueos y fornicaciones; a propósito, hoy en la micro pensé que debió haber sido así. Debimos habernos dedicado Last de NIN, y recordarnos que era mejor eso pasajero a hundirnos en una relación que comenzaba como algo lindo, entretenido, sensual, nuevo para mí pues nunca había tenido una pareja. Nunca me había amado un hombre ajeno a mi familia.
También pensé –en la micro- que hoy lo miré escondida y vi un pelo gracioso. Me imaginé cuánto le costó levantarse, el frío y las ganas de seguir durmiendo que había en su pieza (si es que estaba en su pieza) como para no ducharse, tomar un rápido desayuno de pie en la cocina, pedir dinero y cigarros e irse al paradero de micros multi-llenas de Chiguayante, en esa avenida principal cuyo nombre nunca aprendí. Entonces de tanto imaginarlo recordé lo que era despertar a su lado. Despertar, ver ese pelo gracioso, acariciarlo un rato; besarnos, quizás hacer el amor, quizás no. Llegar un poco tarde a clases, de la mano, compartiendo un poco de calor con nuestras manos en esas mañanas frías de prueba de anatomía a las 8 am. Como también no haber dormido la noche anterior, o tan sólo unas horas. Para él, llegar con la materia fresca es lo mejor. Yo todavía busco un método de estudio que me acomode, aunque me empiezo a inclinar por estudiar a diario pasando la materia –cosa que todavía no he hecho para morfología, pero lo haré.
Recordé la primera vez que desperté a su lado. No cuenta como la primera vez que dormimos juntos porque prácticamente dormí una hora o un poco más. La primera vez que desperté junto a él estábamos todavía ebrios. Habíamos fornicado y ahora nos echaban del departamento, en una mañana de invierno. Él se quedó atrás buscando un sucio condón, mientras yo me adelantaba con la Belén y quién más que no recuerdo. El punto es que se fueron tan rápido, y él se demoraba tanto –me caía tan bien aunque lo conocía poco- que finalmente me quedé esperándolo abajo en la calle. Una mañana de día jueves, post cumpleaños de nuestro compañero Jimmy (claro, él estaba con Belén, y creo que Linker y no sabría decir si es que alguien más caminaba con ellos). Salió del edificio caminando como un ebrio. Nos compró jugos para pasar un poco la caña, seguimos caminando, era una mañana fea y fría. Luego no recuerdo más, tengo las memorias esparcidas y a veces tiendo a mezclar momentos. Momentos como cuando nos quedamos varias horas conversando en la galería caracol, abajo mirando el techo. Nos comenzábamos a conocer, sí. Nos comenzábamos a gustar también, creo.
Otra historia de galería sería cuando íbamos a una en Barros Arana, no recuerdo cerca de qué otra calle. El punto es que tiene un restaurante chino llamado Oso Panda. Un día, antes de ir a comer, subimos a admirar la arquitectura antigua. Nos sentamos en un rincón por donde casi no se veía ni pasaba gente, al menos con muy poca frecuencia como para intimidarnos. Así nos besábamos, nos tocábamos, incluso creo haber hecho sexo oral. Qué excitante momento más bueno para antes de ir a comer. Qué ricas son las parrilladas del Oso Panda, ¡cómo las extraño!
Episodios en sectores urbanos vacíos hay pocos, al contrario de aquellos más frecuentados, incluyendo una estación de metro de Santiago –no recuerdo cuál-, donde nos pusimos a discutir hasta que terminamos hablando de temas existencialistas. Entonces nos dimos cuenta de cuánto odiábamos esa ciudad, de lo mal que nos hacía, lo mucho que nos estresaba. Otra vez, en un baño de la facultad de la Ballena –o sea, Biología y Oceanografía- en el sector nuevo con ascensor, nos pusimos a fornicar. Lo malo fue que un auxiliar se dio cuenta de que algo raro pasaba en el baño, e intentó abrirlo desde fuera. El momento en que vi sus pies y la manilla girando, nunca lo olvidaré. Tenía un pene en mi vagina y no quería que nos viera así que grité que estaba ocupado, casi con desesperación. Espero que haya pasado por una diarrea. También intentamos fornicar en el Plato, luego de haber estado bebiendo cervezas compradas con ticket sodexo en el Ruka Bar. Ahí empezamos a calentarnos así que luego solo teníamos que buscar un lugar para poder quitarnos de encima la excitación. El Plato fue el elegido porque estaba todo cerrado. Sí, caminamos desde el Ruka al Plato pensando en cómo fornicaríamos, y una vez allá de nuevo nos fue a huevear un auxiliar, sólo que esta vez nos vio por un hoyo de la puerta. No había alcanzado a quitarme los calzones, lo cual me hizo sentir más avergonzada –no sé por qué.
Cuando fuimos de viaje al Lleu-Lleu quisimos fornicar a orillas del lago. Esa vez estaba saliendo todo bien, hasta que la figura de un re-tonto-voyerista Oñate apareció entre las zarza moras. Recuerdo que me desagradó que me viera encima de mi pareja pasándola tan bien, y no pude llegar al orgasmo. Sin embargo, no puedo negar lo divertido que fue cuando dijo que le iría a pegar –siempre decía lo mismo.
Me parece que sólo pudimos fornicar en la naturaleza en Junquillos, específicamente entre unos árboles a orillas de un lago artificial, en una finca que pertenecía a unos millonarios. Belén se quedó hablando por celular para no sentirse sola o escuchar algún gemido, lo cual estuvo perfecto. Ahora recordé que durante esa salida a terreno experimentamos una de nuestras primeras peleas desagradables, y en un acto de pendejería me quité el piercing de titanio que llevo en la oreja izquierda. Creo que le dolió cuando se lo entregué.
Una discusión horrible que recuerdo, también de nuestro primer año juntos, fue una vez que nos encontraríamos en el Versluys de San Martin –que ya no existe- a no sé qué hora. Esperé creo que 2 horas parada como tonta. Llovía. Entré a llamarlo desde un teléfono público; pensé que te habías ido, estoy con mis amigos. Dejó a sus amigos para ir a juntarse con la tontita que lo esperó durante 2 horas. Caminamos sin hablar, realmente estaba herida porque había olvidado juntarse conmigo, y en ese tiempo me taimaba de modo que me ponía como una piedra con cara de mierda que no le gustaba la comunicación. Entonces empezó una discusión muy acalorada. Me subí a la San Remo, pagué; empezaba a arrancar cuando lo vi pasar por las ventanas que dan hacia la vereda de O’Higgins. Un calor interno me invadió por completo, me levanté de la silla, toqué el timbre y me bajé frente a él. Nada de eso lo planeé, pero en ese momento me di cuenta de cuánto quería estar junto a él; lo estaba queriendo más que nadie, más rápido de lo que imaginé. Antes me avergonzaba de haber sido tan babosa y estúpida, pero a veces considero más importante dejar el orgullo de lado, especialmente cuando se trata del amor. El problema es que luego la pareja se malcría, y yo debía acostumbrarme a dejar siempre mi orgullo de lado por él. No fue así, recuerdo que él sí dejó su orgullo de lado por mí; unas pocas veces.
Me gustaba tanto su olor; todavía me gusta, pero ya no puedo olerlo. En realidad me gustaba todo él. Está bien que recuerde lo mucho que me gustaba, especialmente ahora que no puedo hablarle, porque después de todo fue mi primer amor. Mi primera salida a terreno fue con él, fuimos al Lleu-Lleu, fuimos también a la cordillera en el Cajón del Maipo, fuimos a Santiago creo que unas 2 ó 3 veces, a la Isla Quiriquina, a Bolivia, la selva. Conocí la selva junto a él. Aunque ya no éramos pareja, francamente a veces sí lo sentía como una. Sé que él no. No lo culpo, me encargué de convencerlo de que para mí tampoco, cuando era una mentira de autoconvencimiento.
La primera vez que terminé con él estuvimos separados una semana, ya que me fui de vacaciones con mi familia. Luego no recuerdo cuántas veces terminamos, hasta que estábamos en Arica y finalmente le comuniqué que sabía que él ya no me amaba, que para eso yo no quería seguir con él porque sí lo amaba. Esa fue la última vez.
Recuerdo haberlo extrañado tanto cuando estuve un mes sin verlo, que creía que me volvería loca de tanto que lo necesitaba. Nuestra relación era posesiva, estábamos siempre juntos, la pasábamos bien y nos amábamos con fervor. Por eso me di cuenta de inmediato cuando dejó de amarme. Lo que no comprendo es por qué no me lo dijo, quizás nos habríamos ahorrado muchas cosas.
No recuerdo cuál era el sentido de este post. Lo recordé en la micro y sentí ganas de escribir sobre nosotros. Quería escribir cuánto lo amé, cuánto lo extraño, y cuánto debo luchar conmigo misma para no continuar con la locura que teníamos. Me veo queriendo estar con él, es cierto, pero no debo hacerlo pues él no quiere estar conmigo. Es mejor que nos dejemos tranquilos, que asumamos que fue mutuo acuerdo terminar, no estamos juntos, no somos amigos, no somos pareja. Somos futuros colegas que tuvieron un amor de dos años y medio, creo. Al menos no me volveré loca pensando que no lo intenté de nuevo. Le pedí una oportunidad para demostrarnos que podemos ser felices juntos, crecer y tener una relación madura. Maduraré por mí, es cierto, pero también estaba madurando para la relación. Él me negó la oportunidad, ya que desea la soledad.
Es hora de asumir de verdad, que juntos nunca más vamos a estar.
Ahora, al menos, tengo buenos recuerdos. No me arrepiento de los insultos que escribí antes porque si no lo hacía no me dejaría tranquila. Yo no puedo insultar a alguien y no disculparme o sentirme mal; me siento muy mal, un poco destrozada, pero entiendo que es lo mejor para mi dejarlo atrás antes de que sea peor y me vuelva a enamorar. Porque no es lindo enamorarse de alguien que no lo está de una. Es lo peor, los últimos meses me lo demostraron.


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