jueves, 19 de mayo de 2011

Visita 2

Bien:
La otra noche caí del cielo animada de haber visto bien a mi hermoso cuchito. Estaba acostada en mi cama, haciendo estupideces en el notebook, cuando de repente apareció Romeo maullando desde la alfombra color caca-café. Saltó a mi abdomen y ronroneó; lo acaricié mucho, lo tomé en brazos, lo llevé emocionada a la cocina para que mi mami lo viera también y lo acariciara.
-¿Pero cómo? Está muerto.
Sí, mami, lo sé. Está muerto, pero nos está haciendo una visita. Ahora está bien, ya no sangra, ya no sufre. Tiene el pelaje brillante, la voz sana, los ronroneos poderosos.
Cuánto te extraño, Romeo.

Antes despertaba con la sangre infectada de necesidad; necesitaba a ese hombre, lo necesitaba tanto; verlo, hablar con él, llamarlo, encontrarme con él como fuera para sentir que todavía estábamos juntos. Anoche estuvimos juntos en mis sueños, es cierto. Sin embargo, hoy por la mañana iba feliz en la San Remo hacia San Pedro de la Paz, porque supe que no necesito hablarte, no necesito verte; no te necesito porque en mis sueños todavía te tengo.
Aquéllo me deja la gran enseñanza/esperanza: cuando deje de soñar con él lo habré superado.

I am extraordinary, dice Blacklisted, y es cierto.

1 comentario:

nikuri dijo...

si uno no deja de soñar con alguien es por que aun no lo olvida? D=
ESTOY PERDIDA!!