martes, 30 de agosto de 2011

Hoy en: estupideces de ayer y hoy

Antes de contarte mi estupenda historia de estupidez de hoy, te cuento que mi padre acaba de abrir mi puerta con su ropa de piyama para preguntarme por su pedazo de chocolate, el cual segundos antes la Pina le había dicho que me lo comí (hace varias horas). ¿Mi pedazo de chocolate? Me lo comí. ¿No nos dejaron? No te dejamos a ti. 
Puso su cara de desaprobación-aunque-en-realidad-no-le-importa y se fue a la cocina para comer otra cosa. Espero que mi chiquitín (dulce para niños mayores de 1 año) no corra peligro.
Bueno, lo que tenía pensado relatar es que hoy me levanté a las dos y algo de la tarde, y muy animosamente decidí cambiar de lugar los 2 grandes muebles de mi pequeña pieza: cama y gran-escritorio. Al principio todo parecía funcionar, hasta que me encontré desesperada, perdida, ACORRALADA entre una cama y un escritorio de mierda que no parecían querer ayudarme de ninguna manera a hacer realidad mis ganas de cambiarlos de lugar. Decidí rendirme y dejarlo todo como estaba, pero entre empujones y arrastradas de los muebles mi cuerpo estaba cansado, mi mente se caí a pedazos y de mi boca solo podía escupir gritos de desesperación por mi situación de no tener una máquina del tiempo para nunca haber querido intentar mover esos ESTÚPIDOS MUEBLES. Desde el viernes recién pasado que no me sentía TAN estúpida (cuando intenté 2 veces ponerle bien las pilas a la cámara y no lo logré) y lo de hoy realmente superó mis propias expectativas de tontera. Finalmente reuní todas mis putas fuerzas para dejar los muebles grandes como estaban antes. El único cambio que hice fue dejar el velador en el lado izquierdo de la cama... en vez del derecho.
Bien, debo prepararme para mi sesión de trabajo de mañana.

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