sábado, 31 de diciembre de 2011

Resumen de mierda para un año de mierda

Viajar en el auto/chatarroso de mi Nonno es tan horrendo, especialmente cuando se trata de estar sentados 6 horas en carretera de Concepción a Santiago. Tanto así, que llegando a la 1 y tanto am a La Florida, casa de CAFE, nos acostamos y el dolor corporal molesta más que el sueño. Por la mañana me estiro y me estiro, pero la espalda no parece querer mejorar su dolor.
Todo resulta molesto, a menos que no me levante en mucho rato. Y eso hice.
Tenía que pasar algo de tiempo con la cabeza para pensar bien en las preocupaciones, y ver si eran realmente preocupantes. Y sí, la verdad es que sigo preocupada, pero de una manera distinta de hoy por la mañana. Finalmente la solución está en un endiosado médico, lo cual es excelente porque al menos tiene solución.
Agregaré a esta entrada que este día es el ultimo de un pésimo año que al fin se acabará.
Resumiendo, el 2010, para mí y yo, solo yo y yo, fue una real y completa majestuosa MIERDA. Hubo felicidad en algún momento, obviamente, y además estuvo ese sentimiento de viajar, conocer lugares nuevos. Pero todo eso se vio aplastado y vomitadodiaerroso por lo que le continuó. No puedo decir que haya disfrutado mucho el sentimiento del viajero que conoce un nuevo país, pero eso está bien cuando pienso que ya vendrán nuevas oportunidades, así como nuevos destinos y nuevas personas. Hay tanto por conocer.
Y tanto por enterrar.
Soy de esas personas que tiene una gran casa en la cabeza. Tengo una gran casa porque la terraza es un lugar de constante excavación; la utilizo por su tierra tan fértil, para enterrar hechos desagradables del pasado. Y cuando termino de enterrarlos, siento que soy feliz hasta que me emborracho por abc motivo, y bajo a mi enorme sótano, donde a través de las vitrinas veo todo aquello que enterré. Por eso, puedo decir que entierro el pasado pero no puedo nunca jamás olvidarlo. Me resulta más fácil olvidar cosas buenas, que las malas. De las malas aprendo más rápido, y de igual modo me demoro. Creo que el sufrimiento TIENE que servir, o no podría soportar su existencia.
Hay muchas existencias que me parecen insoportables, pero nada puedo hacer al respecto. No iré por la vida destruyendo eucalyptus cuyas raíces seguirán creando lugares malditos, con seres malditos. No me refiero, así, a los árboles australianos gracias a los cuales existe el didjeridoo, ni tampoco a los que sean que estén plantados en los terrenos super forestales. Me refiero a árboles negros, que entregan frutos podridos y aunque se corten seguirán vivos, trayendo a este mundo más putrefacción y oscuridad.
No soy fan de la oscuridad, porque en ella vuelan grandes bichos que chocan por sorpresa contra nosotros, y me asustan, me hacen llorar y sentirme terriblemente afligida y agobiada por el contacto innecesario con seres que me aterran, no sé si más, pero quizá parecido, a los humanos que pareciera que tienen malas intenciones. Y la luz en la oscuridad, la carne, la sangre, los atrae. Eso más me asusta. Si lo que quieren es luz, la tienen todo el día. Pero los muy simpáticos no quieren calor, ¿no? En un incendio vuelan despavoridos por salvarse. Eso está bien, es un contexto de supervivencia.
Continuando con el 2010, este año, por lo malo que fue, me ayudó a comenzar a aprender sobre lo que me hizo mal. Mis errores, mi falta de fortaleza, quedaron advertidos en mi memoria, y son amuletos para mi memoria en mi sala de museo de mi gran casa cerebral.
Y ahora, en este momento, preciso y extraño, a las 2:20 am, acostada en el living, acosada por una mosca de mierda, me doy cuenta de que al año al cual me estoy refiriendo NO es el 2010, sino el 2011. Pensé cambiar el número de cuantas veces lo escribí, pero creo que sería hacer trampa en un momento de honestidad. Y eso no me agrada.
Pienso que puede haber una razón por la cual fusioné un año con otro; pienso en el terremoto, que sí fue el 2010, algo tan malo que pudo ser fusionado con el 2011. O quizás el 2011 fue tan malo como el 27 de febrero del 2010. Puede ser, también, que el 2011 haya sido tan pero tan tan TAN malo, que no sienta siquiera deseos de mencionarlo.
Y es que me sentí como un zombie. Creo en el apocalipsis zombie, porque una vez que se esfuma la felicidad, nos convertimos en seres aturdidos, tristes, deprimidos. No me refiero solo a la felicidad de pareja, me refiero más bien a que todos tenemos un pilar en alguna otra persona, todos quienes no somos antisociales y hemos encontrado alguna vez una importancia en otra persona que supera todo lo que solíamos conocer. Y que acaba en su debido momento; cuando lo hace de improviso no entrega tranquilidad, entrega inestabilidad, confusión, depresión. Eso, para mi, es un zombie.
Por supuesto, no todos se desvanecen por terminar una relación de pareja. Pero, insisto, no me refiero solo a la relación de pareja. Existen tantas otras relaciones entre humanos, que un apocalipsis zombie podría ser la pérdida de muchos varios millones de humanos. Y por cada muerte, quedan vivos. Ellos recuerdan y deben pasar por una etapa de zombie; algunos sobreviven, otros no.
Me cansé de escribir, esa mosca de mierda no me deja en paz. Hay demasiada intranquilidad como para continuar.
Adios, nos leemos el otro año!

PD: no hago reseña de las movilizaciones, porque mi blog no lo uso para esa mierda.

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