domingo, 9 de diciembre de 2012

Idiotas

Continúo aceptando que, después de todo lo que una hace por otra persona, te borren de su vida cibernética como si se tratara de algo tan "efectivo" como el eterno resplandor de una mente sin recuerdos.
Yo prefiero guardar los recuerdos. Prefiero...
En este momento no prefiero nada.
Sólo sé que perder gente es parte de la vida. Sea del modo que sea.
El arrepentimiento, la pena, la sorpresa, el odio, la frustración, la desconfianza, no son fatales. Así que estoy bien.
No importa la indiferencia. Sé quién soy, la mayoría del tiempo. Sé que no tengo las mismas capacidades que el resto de las personas, pero esto no me apena tanto. Seguiré encerrada. No cambiaré.
No tengo intención de tirarme a morir a causa de quien me ha maltratado psicológicamente y no lo quiera aceptar.
Las cagaste tú, no yo.

miércoles, 28 de noviembre de 2012

Malditos todos

Yo, al igual que el resto de la humanidad, estoy perdida. Por perdida me han confundido con heces, con pérfida, con ser mala persona. Bueno no los puedo culpar; yo he sido antes quien tenga la misma sentencia para quien estaba perdido por la vida.
Pero es indudablemente injusto. Es indudablemente una porquería, que seamos tan patudos y poco empáticos; comprendo que es mucho más fácil ser egoísta y maltratar a la persona pérfida, incluso borrarla de su sociedad virtual. Pero no corresponde continuar con la reproducción de estos malos tratos, sólo porque todavía hay quienes lo hacen.
Mis pesadillas me dijeron quién soy realmente. Me mostraron qué era volver a conocer a un ser amado con tanta profundidad que sólo fui capaz de preocuparme por él. Me mostraron que aunque esa persona no me conociera, estaba decidida a protegerme, aunque no me hizo caso muchas veces para que la casa no se volviera loca.
Y escapamos. Todos escapamos pero sólo unos pocos quedamos. La casa nos expulsó porque en el fondo de su arquitectura nunca tuvo intención real de asesinarnos. Fue la gran conexión familiar la que nos salvó. Fueron mis tías y mi madre, las herederas del hogar.
Pero finalmente cuando entre todos decidimos exterminar la casa en el campo, esta se rebeló y nos siguió hasta que, cuando cayó en la costa marina, se llevó consigo a mi padre. Creo que lo mató ahogado; nunca lo sabré porque preferí despertar.
Y desperté para leer insultos en mi tl de Twitter.

martes, 27 de noviembre de 2012

Vuelvo a ser impulsiva, idiota, ilógica, incluso repulsiva.
Estoy cagada.

jueves, 22 de noviembre de 2012

jaberstcastel

Tengo que empezar a admitir en qué soy buena y en qué no. Aunque no tenga sentido.
Todo me parece un sinsentido.
Todo me parece una fracción de la vida.
Y la vida me parece finita.
Pero eso es lo divertido. Se puede terminar cuando sea. Nadie lo sabe.
Empiezo a asumir que siempre he escrito como la callampa reventada y con un alfiler atravesándola. Esto no me molesta, porque me da igual.
En este segundo todo me da igual.
Y me duele uno de mis intentos de tetas.

jueves, 15 de noviembre de 2012

Te equivocaste otra vez, Pedro.

Salir a pasear en micro. Esto es lo que sucede cuando al jefecito de carrera se le olvida enviar un simple Mail que diga: "estimados informo a uds que las clases de medicina legal serán suspendidas firma P.". De modo que no habría interrumpido el estudio del ramo asqueroso que no me servirá para mi desempeño profesional; no me habría duchado (es lo más probable) a menos que hubiera gritado Lady Gaga en la elíptica; no habría salido tarde por ver el casi final de temporada de Top Chef con mi amado Tom Colicchio, así que no habría caminado rápido hasta sociales para aparecer toda sudada y que me digan "se suspendió la clase y no avisaron".
De haberlo sabido, habría estudiado mejor, habría digerido mejor el almuerzo, no me habría sudado por el sol. Habría sudado por ejercicio y habría salido a las seis de la casa para ir a la protesta mapuche en la Plaza Perú.
En fin; la moraleja de hoy es: tengo que usar vestidos para ir a la u, y tener ropa que no sea negra, para no re-sudar por el calor.
Eso es todo amigos!
Quiero beber.

martes, 13 de noviembre de 2012

mallicarp

Tengo absolutamente ninguna idea para escribir. Pero siento que necesito publicar algo, hoy, en este espacio cibernético que tiendo a abandonar cada incierto tiempo.
Es una fatalidad que no quiera referirme a todo lo acontecido este 12 de noviembre, pero realmente creo que mi memoria no me fallará, y simplemente no lo olvidaré.
Esto de la privacidad... me pregunto cómo habrá sido antes el mundo personal, cuando una creía que tenía ciertas cosas bajo llave hasta que quisiera quitarlas de su cofre.
En fin, facebook tampoco ayuda. El chat: menos. El celular tampoco. Los cuadernos que no se puedan abrir a menos que se digite la contraseña correcta... nunca he visto uno de estos.
Es cierto que me preocupo siempre por decir la verdad. Cuando he ocultado algo, siempre ha sido por un tiempo; nunca para siempre.
Las traiciones llegan cuando menos se las espera. Así como también las personas bondadosas que ya fueron traicionadas y supieron salir adelante.
Pero ellas son aburridas! Todas las traiciones, las cosas oscuras, malas, sin diversión, son aburridas. Hoy vi la mejor película del mundo, con el hermoso de James Franco y la hermosa Natalie Portman. Se trataba de MAGIA, estupidez, sexo, en una historia de esas épicas con profecías que deben dejar de serlo. Por supuesto, era cómica. Me divertí aunque no me riera a carcajadas; siempre es bueno ver algo que salga de la normalidad.
Estoy mareada. La cabeza me da vueltas, el cerebro me palpita, se me arruga la frente y las cejas. Me duelen los ojos. Me gusta la música pero no logro comprender lo que está pasando.
Hasta que vislumbro que, mágicamente, ¡no pasa nada!
COMO MALLICARP

viernes, 9 de noviembre de 2012

Me detuve por un momento de estudiar, porque así funciono mejor.
Entiendo más objetivamente cuando es de día, que cuando es de noche.
En ningún momento logro escribir bien, hace ya mucho tiempo atrás.
Detesto cuando me pica la piel.

lunes, 5 de noviembre de 2012

Nada

Ayer, hoy, mañana, nunca, siempre, después, antes, durante.
Pena adolescencia alegría caprichos momentos molestos descuidados desubicados ubicados preciosos enfermos tristes felices inútiles parecidos discusiones cariño odio pendejadas.

domingo, 4 de noviembre de 2012

Expectativas: realidad.

Siempre me arrepiento de haber tenido expectativas tan felices y perfectas en la cabeza. Porque nunca, NUNCA -o sea SIEMPRE- pasa NADA. ABSOLUTAMENTE NADA.
Eso es lo que pasará con mis expectativas, con mis planes pérfidos que trato de digerir una y otra vez para no equivocarme al momento de traerlo a la vida.
Pero en el MOMENTO de hACERLO, lamentablemente mis estúpidas manipulaciones bien planeadas no me resultan, y la gente responde con bondad a mi falta de iniciativa, si es que no me rechazan. Así es como me funciona manipular una situación cuando ni siquiera lo había pensado antes.
Así es como, también, sé perfectamente que mis planes bien planeados son de antemano un ROTUNDO FRACASO, y que no debería alimentar mis falsas expectativas de finales felices.
Recién leía el blog de la Pina, donde ella también habló de finales felices. Ahora, hoy, en este segundo, me convenzo de que esas weás no existen, y que es lo mejor que no lo hagan porque así uno se aferra un poco más a vivir el día como si mañana fuera el final, lo cual me parece perfecto ya que sabemos que la muerte llega y no se va; llega y cuando no se la veía venir.
Bueno, en algunos casos no es así, pero qué sé yo, si solo soy una jovenzuela enojada porque tiene la guata tan hinchada que le molesta estar acostada en su cama.
Si fuera la cama de otra persona igual me molestaría. Por lo general me molestan las camas desconocidas, especialmente las de la casa de mi tía Marissa.
Además pienso demasiado en los Peralta y en el Cajón del Maipo. Me encanta ese lugar y lo ODIO TAMBIÉN, en este momento. Es EL lugar que temo pisar, APARTE de la UNIVERSIDAD, a quien temo en cuanto sé que mi cuerpo y mente están en otro lado, pensando en los pajaritos y los gatitos, los ratoncitos, conejitos, perritos, etc etc etc, menos en antropología, en sujetos de estudio, en investigaciones, en hipótesis, en leer a otros antropólogos que dicen sí o no a tal tipo de gente, estereotipando una vez más la realidad de un lugar, la cual extrapolan a otros lugares con otras culturas, ya que en esta univERSIDAD ESO nos hacen hacer, en vez de formular nuestras propias investigaciones en base a NUESTRa cultura, tomamos a todos esos mexicanos interesantes que han escrito mil y una cosas sobre SU cultura; y qué pasacon SHILE? QUÉ PASACON SHILITO?? AH?!
NO SÉ. 
Trato de pensar en la GENTE y cuando lo HAGO, me doy cuenta de que pienso en todo lo que es NO CIENCIA SOCIAL, sino CIENCIA SEXUAL. Me gusta pensar en la sexualidad de las personas, quizá de ese modo me acerque a descubrir un poco antes la mía.
Bueno, el fin de este post es decir que soy una ridícula por planear cosas que ni siquiera sé, de puro aburrida que soy. ABURRIDA que piensa en qué hacer cuándo y cómo, sin antes asegurar que las condiciones sean favorables para hacer el qué. Las condiciones son amplias así que estoy cagada, todo me lleva al fracaso.
Voy a dejar de ilusionarme con pavadas del futuro.
Desde hoy dejé de pensar en los niños y en la familia que tendré cuando cumpla los treinta o 29.

miércoles, 31 de octubre de 2012

Hallogüin

Esta semana, que no lleva muchos días, he visto muchas familias, bebés, infantes, y todo lo que se les relacione, como coches, juguetes, saliva, encías, dientes de leche... Padres jóvenes, adultos, envejecidos. Abuelos también. Todo lo que se puede considerar como una "buena convivencia" lo he visto estos días.
Jalogüin o Halloween, es una fiesta terrible de gringa y globalizada y toda esa mierda. Pero simplemente me encanta ver a los niños disfrazados, felices recibiendo dulces y chancherías, creyendo que realmente son drácula o spiderman, la mujer maravilla o un angelito. Y van con sus hermanos menores, mayores, sus madres, sus abuelas, sus tías, grupos de amigos choros, etc. Es tan feliz esto del jalogüin, que tengo que admitir que me gusta. Me gusta y me hace feliz a la vez.
Los niños son lo mejor de nuestra especie. Por eso he decidido tener alguna vez un bebé, y no tan vieja como creía antes, sino a los 28 o 30 años, para disfrutarlos cuando todavía tenga cuerda y cordura. 
He estado pensando mucho en el asunto. Lo he pensado tanto, que me ha llevado a perder al hombre que veo como el padre de mis hijos. Supongo que entonces debo dejar de pensar en bebés.
Quién sabe qué puede suceder...

domingo, 28 de octubre de 2012

LST

Es en los momentos más indiferentes, que nos enfrentamos ante las emociones y decidimos qué hacer, una vez que se sabe la verdad. Siempre hay más de una opción. Se puede negar la verdad y continuar ignorante ante nosotras mismas; se puede aceptar la verdad y no hacer nada al respecto; se puede aceptar la verdad y hacer algo al respecto; también se puede negar y hacer algo al respecto, pero no se me ocurre cómo. Quizás se convertiría en una constante lucha de lo que sentimos y lo que pensamos.
Pienso que sentir es lo más importante que tenemos. Así es que intento hacer caso a mis emociones y pensarlas hasta que se me ilumine la cabeza con la solución menos radical que haya. 
No sé qué es más difícil: será un cambio radicar, o uno paulatino? Siempre y cuando seamos conscientes del cambio, será difícil.
El resfriado solo logra dificultar mucho la escritura. Esto es peor que intentar escribir drogado con marihuana.
No.
Mentira, con marihuana creo que nunca he podido escribir.
Así de ineptos podemos ser. Nos drogamos para apagar la mente y reírnos con qué es lo más pequeño que existe en este mundo. No podemos escribir esa anécdota porque la droga solo tiene sentido cuando se comparte con otros humanoides drogados.
Tampoco tiene sentido darle vueltas a algo que lleva tan poco tiempo con vida.

jueves, 25 de octubre de 2012

cambios extraños que hay en mí, caaaambiooos

Finalmente llega el momento en que nos sentimos completamente indiferentes ante "el proceso" que tanto deseábamos no vivir. Tenía que ser así. Una vez que se conoce más o menos cómo se vendrá, se tienen expectativas. Al principio pensaba que sería una porquería de mierda, pero la verdad es que estoy tranquila y prácticamente nada me perturba, aparte de la violencia de las FF.EE.
Se extraña el sexo. Que te abracen mientras duermes. Que te besuqueen el cuello, los pezones, las nalgas. Se extraña el cariño. Pero sé que ese cariño está transformado y ya no volverá, así que lo extraño como cuando uno sabe que ha perdido algo para siempre. No creo que esto pueda volver a suceder, así es que a veces, cuando extraño esos lindos momentos, les hago un funeral en mi cabeza.
Es distinto extrañar sin sentir pena. El 2011 extrañé sintiendo pena todo el tiempo. Hoy extraño sintiendo plenitud.
Mientras duermo mis pies se ponen bajo el gatito, porque les da frío. El gatito chiquitito es muy dócil, así que no se mueve y sigue durmiendo.

miércoles, 24 de octubre de 2012

Bla bka bkla bla

Nunca he sabido bien cómo subirme al bote, pero de alguna manera lo hago igual. Se mueve, se balancea, se aleja, se acerca; es impredecible. Así que decido probar subiendo sin temer caerme al agua, y siempre me ha resultado. No me he caído todavía.
Tampoco sé escapar de las FF.EE, pero también lo hago. A veces ni siquiera uso mis piernas para correr. Sólo corro cuando sé que es inseguro caminar. Pero ¿cómo sé cuándo es seguro? No lo sé, y por lo tanto alguna vez volveré a caer.
Lo que menos sé de la vida es prepararme para ser valiente. Cuando lo hago, por lo general, me convierto en una cobarde de cabeza a pies. Mañana debo ser valiente, e intento prepararme pero sé que lo mejor es hacerlo y ya. Como cuando se salta a la piscina sin pensar mucho acaso el agua me congelará o no. Nunca me ha congelado; nunca lo hará.
Así es que cuando el doctor con su perfume malo me diga "abra la boquita grande", lo haré, y bien sé que será brusco y rápido para inyectar la anestesia. Me dolerá, porque el primer pinchazo siempre duele, y permanece ese dolor aunque todo esté dormido. Pero se pasará, al igual que pasaron las muchas agujas del tatuador por mi piel. La sangre dejó de caer y las costras desaparecieron también. Este tipo de cicatrices son simplemente hermosas, espero ahorrar para tener más.
De modo que el único consuelo que encuentro es que todo pasa. Se pasa con paciencia, con tiempo; a veces con sufrimiento, otras veces con diversión. Pero siempre, SIEMPRE, pasa.
Recuerdo que el pasado está escondido en mi cabeza. En una memoria virtual completamente desvirtuada de la realidad. Nunca sucederá nuevamente, pero podemos recrearlo mejor mientras más conversamos y unimos hechos del pasado a un momento presente. Entonces sentimos lo que era, incluso podemos olerlo o escucharlo. Yo soy de las que huelen el pasado. Y los lugares. Los huelo, y es raro porque siempre tengo la nariz tapada con mocos invisibles pero molestosos.
Un olor que me encanta y que rara vez huelo, es el de Valparaíso. ¡Cómo amo ese olor! Es lo más exquisito sentirse como en la quinta región, aunque sea por una fracción de segundo.
En fin, me conversaba de la valentía y todo eso de intentar ser valiente cuando en realidad no se puede meditar, ya que es una reacción al momento. Lo bueno de trabajar la valentía, es que a veces me ayuda a convencerme de tal modo que hago exactamente lo que tengo planeado. Ya publico acá que mañana abriré la boca grande y cerraré los ojos y apretaré la pelota o mis dedos si es que se queda en casa, cuando el cirujano dentista que me recuerda al payaso asesino diga "abra la boca GRANDE".
Tengo la boca pequeña. Si alguna vez quisiera hacer un quico, no cuenten con ello a menos que se trate de un micropene.
También quiero dejar constancia de cuánto me gustan las frutillas, ver películas antes de dormir, dormir, no tanto soñar, y despertar. 
Ya van dos veces en que en sueños me disparan en la cabeza. En uno sobrevivo, pues me rompe la oreja y parte del cuero cabelludo solamente. Pero anoche morí. Comencé a verlo todo blanco y no entendía mi mala suerte de ser la única tonta que recibió un disparo. Así que empiezo a creer que quizás el disparo en la cabeza no signifique necesariamente tener una muerte rápida. Siempre he tenido la impresión de que todas las muertes son lentas, infinitas. Un misterio, finalmente.
Hoy estamos vivos y la pasamos bien. El pasado y el presente son importantes; no así el futuro...
Pf ya me aburrí.
Hoy no vi Seinfeld.

lunes, 8 de octubre de 2012

Toñi de cumple

Dejé el anillo en la mesa. Lo dejé atrás, para siempre, deseando que encontrara un nuevo dedo. Gracias a la buena fortuna, mi madre se lo quedó.
Dejé igualmente atrás los condones, sólo que no los puse sobre la mesa. Regalé uno a una amiga, pero me lo devolvió. Así es que volvieron, los 2 que quedan, a mi tocador-portátil-semi-profesional.
No he podido dejar atrás a los gatitos, los cachorritos de bulldog inglés que me acosan con su ternura y pelo aterciopelado, en sueños donde me entero de que en la Laguna Grande, que en realidad es una fosa séptica con palos abandonados de una empresa forestal, alguien perdió a su perra premiada. Me apresuro, junto a una amiga: corremos, ¡ES UNA CARRERA! Otros imbéciles del orto como nosotras, embobados por tener un cachorrito bulldog "gratis", compiten como si se tratara de perder nuestras vidas. Debemos llegar primeras, porque sabemos que no se puede confiar en los desconocidos. Hay que llegar, tomar a todos los cachorritos en un cajón, y llevarse a la madre también para que los amamante. Luego se podrán repartir, obvio, pero no puedo confiar en que otros lo hagan.
Por eso corro y compito contra ellos; para asegurarme de que sean regalados y no vendidos.
En fin, ganamos la carrera, pero ese no era el punto de esta cuestión.
No he dejado atrás los tatuajes, pero ellos siempre están en un punto-limbo de la vida, ya que no tengo ingresos como para ahorrar nada. Y por el momento preferiría tener juegos de PS3, o se me irá la vida esperando, y saldrá otra consola y querré esa... no, no dejaré que eso suceda.
Recuerdo que la otra vez pensaba preguntarle cuándo se haría un tatuaje mío. Sí, era una pregunta con una respuesta conocida "no sé", en vez de decir "nunca lo haré, eso es traicionero". Eso me lo respondí sola; "en realidad yo tampoco me haría un tatuaje de él, pues nunca se sabe". Y acá estamos. En nada.
Pero sí puedo tatuarme gatos y perros y pajaritos y dragones y tiburones y serpientes y lo que sea que se me ocurra, mientras no sea un homo-algo. Porque he decidido nunca tatuarme la cara de una persona, ni calaveras de personas, ni el cuerpo de una persona; prefiero simbolizar a la gente con "cosas", o bien, animales.
Cuando encuentre al amor de mi vida, si es que existe, me haré unos inseparables. Aunque bien podría hacérmelos ahora, simbolizando la lealtad, pero antes que ellos viene el búho místico-psicodélico-florido en mi brazo derecho. Me falta el dinero.
Hoy mi hermana Toñi cumple 15 años. Las mujeres en nuestra familia ya no somos presentadas en sociedad para que nos casen y nos premien. Se celebra como cualquier otro cumpleaños; es lamentable, pero todavía son muy nenes como para dejarles hacer un carrete con cerveza y demases. Pero una piyamada es aceptable todavía.
Espero que siga siendo más inteligente y feliz, con cada año que pase.
Amo a mis hermanas. Amo a mi familia. Amo a mis amigas. Amo a más gente de lo que creía.
Sentirse sola es una inexistencia; sólo es falta de compañía en el momento preciso.
Esta noche no me siento sola, pero debo dormir para despertar temprano.
Te amo, lector.
(mentira)

jueves, 4 de octubre de 2012

Si tuviera un martillo...

El vacío en el alma no me entrega mucho más que indiferencia. Debe ser a causa de que este "vacío" se llena de a poco, con la luz del sol que viene y se va. De todos modos a veces tengo mil ganas de llorar.
Llorar como si fuera a hacer el diluvio mundial -nunca he entendido por qué le dicen "universal"-, y me gustaría echar rienda suelta a esos caballitos que patean mis ojos para hacerme lagrimear... pero algo me bloqueó el martes reciente.
Puede haber sido la mala onda evidente. Puede haber sido la agresividad que sentí a flor de piel. Puede que sea el hecho de no haber expuesto mis sentimientos con claridad. Quizás me falte discutir el por qué de mis acciones, de mis emociones.
¿Pero cómo podría justificar mis emociones? ¿Cómo podría hacer algo tan vil a algo tan hermoso, como lo son las emociones? Sin emociones no seríamos seres sociables. Así es que mis emociones, insisto, respondieron al momento que viví en sociedad, ese martes, en la tarde, con el plato de pescado frito con papas fritas al frente, con el partido de la U en la tele con pantalla plana, con los ancianos charlando tranquilamente en una mesa cercana y alejada a la vez, con la pareja que llegó a servirse mientras yo huía de todo lo que describí.
En realidad no huí de la gente, ni de la tele, ni de la comida. Huí de mis emociones. Es que hay preguntas que no logro comprender, especialmente cuando vienen cargadas de agresividad y falta de empatía. Mis emociones estaban bien, pero el momento fue una mierda.
Fue una mierda que no tengo interés en olvidar. Así es como se logra conocer a la gente, me imagino.
De todos modos tengo esa pena enorme y no puedo llorar.
Mis emociones están terriblemente bloqueadas, y temo entrar a hacer estupideces por negarlas, por bloquearlas.
En fin, que pase lo que sea, ya sabré salir de la cama, haga frío o calor.

sábado, 22 de septiembre de 2012

No conozco el infierno, pero he oído hablar de el; sé que este es el lugar. Siento que me persiguen, pero no logro recordar por qué. Necesito correr, dejar que la adrenalina tome posesión de mi cuerpo, que mis defensas no entorpezcan mis golpes, y en vez de ello recibir a los atacantes como si yo fuera una espuma que lo soporta todo. Y es que así me siento. Soy capaz de cualquier cosa. Podría escapar y salvarme, pero no puedo hacerlo; tengo que volver a nuestra habitación, donde están mi amigo y la mujer que amo. Tengo que decirles lo que está pasando, que nos persiguen, que somos un blanco. Nos quieren destruir como sea, con todas sus patéticas y cobardes tecnologías. Así que seguiré bajando las escaleras.
Son interminables. Ya pasé el primer piso, donde podría haber escapado. Se ha activado la alarma y continúo indiferente hacia lo más profundo del sótano.
Es un hotel grande, lleno de espacios donde esconderse. Siempre y cuando no te persigan. Por un momento creí que las amistades que había hecho con el personal se mantendrían vigentes y nos ayudarían a escapar en caso de tener que hacerlo, pero cuando volvía por el pasillo a nuestra habitación, vi que ellos, los mozos del tercer piso, encerraban a mis amigos desde afuera. Necesitaba esa estúpida llave para sacarlos de ahí, pero si me dejaba ver en ese momento todo habría sido peor. Tenía que esperar y hacerlo mejor. Mas tuve que empezar a correr.
Alguien me vio cuando caminaba en el pasillo paralelo al de nuestra habitación, y dio la alarma. Sin pensarlo dos veces decidí bajar las escaleras hasta el final, ya que siempre se me ha dado bien eso de bajar a cualquier lado; saltaba los escalones y sí, me golpeé varias veces y casi me tuerzo el pie, pero logré continuar con mi ritmo inquebrantable, esquivando a todo aquél que intentase detenerme a razón de patadas o golpes sorpresivos por la espalda. Lo sentía por ellos, pero era mi única alternativa.
En realidad no tenía ningún plan cuando me dispuse a bajar las escaleras; sólo sabía que mi rapidez y reflejos me ayudarían a perder a los perseguidores. Sin embargo, ahora que se acaba la escalera y veo a los mozos conversando, y un guardia con su traje paseándose hacia el pasillo de la derecha, entiendo que podría imitar a las películas. Sí, pero primero tengo que deshacerme de estos mozos.
Son cinco. Mucho para mi estilo. No soy el gran peleador, pero la adrenalina y la convicción de rescatar a mis amigos lo antes posible, me recuerdan que lo que mejor sé hacer es improvisar. Así es que salto sobre la espalda de el más alto de todos. Pude darle la patada y dejarlo en el suelo con la potencia del salto. Mi pierna se duerme, pero hay cuatro más que me atacan. Me golpean, mi cuerpo se adormece, pero no retrocedo. Combos, patadas, auxilios con lo que sea que encontrara, y veo sangre, mucha sangre. No sé si es mía o de ellos, pero me incrementa la adrenalina con creces. No siento dolor, ni el cuerpo adormecido. Soy inquebrantable. Me atacaban dos mozos a la vez y los vencí. Había uno más cobarde que esperaba ver qué hacían los demás, y siendo fiel a su comportamiento, observó que se levantaba el más grande de todos, que venía a golpearme de vuelta. Era justo; lo ataqué por la espalda. Me insistió a golpes que me rindiera. Me molió un ojo y la mejilla también; mi frente se rompió y qué decir de mis manos cuando lo golpeaba de vuelta. Sin embargo, aproveché un momento para darle una patada en la cadera, como nunca pensé que podría hacerlo. Entonces se queda con un rodilla en el suelo, quejándose, y se rinde. Miro al último contrincante con la cara y boca ensangrentadas, esperando algún movimiento que indicase otra pelea. Retrocede unos cuantos pasos y se larga. Sí, por primera vez he vencido a cinco hombres en una pelea. Nunca lo hubiera creído.
El alboroto fue demasiado ruidoso como para que el guardia no nos haya escuchado; sin embargo, no se acerca a mirar. Decido ir por el pasillo. Me lleva cerca de la habitación donde se encuentra el calefactor. Escucho unos tacones; espero en la oscuridad. El hombre sube el cierre del pantalón, que suena bastante fuerte, y la mujer entra al pasillo para seguir donde no pienso ir. No me ha visto, así que me precipito intentando no hacer ruido, hasta el guardia. Lo sorprendo gracias a la oscuridad. Puedo golpearlo en las piernas y dejarlo inconsciente con golpes varios en la cabeza. Espero no haberlo matado. La ropa no se ha ensuciado; no me quedará bien, pero servirá para despistar... no, se han roto los pantalones. Suenan unas llaves que cuelgan del cinturón. Cambio de plan: son muchas. Alguna podría ser una llave maestra.
Ya nada importa. Entraré a esa habitación como sea y lograré rescatar a mis amigos. Volveré a subir esas malditas escaleras.
Son seis pisos hacia arriba. No me detendré en ningún momento, no importa lo que pase. Espera... recuerdo la puerta que había en el ascensor. Aquélla que llega directamente donde las ancianas cocinan sobre un precipicio de cachureos y cajas misteriosas acumuladas. Ellas me ayudarán. O al menos no se entrometerán.
Subo cinco pisos. Entro al ascensor y cuando está a la mitad del recorrido hasta el sexto piso, aprieto el botón rojo. Abro la puerta mágica y subo arrastrándome 

domingo, 19 de agosto de 2012


Empieza así:
Ves los créditos del comienzo, son letras blancas, nombres, que aparecen en un fondo negro para contrastar y obligarte a leer. Apenas uno se va, el otro ya está; trabajaron en esto y merecen que sean leídos por ti. La música es de cuerdas lentas y melancólicas. El cambio  resulta drástico para el oído humano; los violines se violentan en contra de los contrabajos, el cello se refugia en su búnker individualista para no mezclarse con ninguno del resto, mientras que la viola toma el papel de salvador, intentando que hagan el amor y no la guerra. Pero el desorden ya está, y tu cabeza se consume entre nota y nota, sin poder dejar atrás esa melodía strawinskyana.
En cuanto la música cambia, las letras y el fondo negro también desaparecen, cual rayo en el cielo oscurecido. Todo queda oculto hasta que la imagen de un hombre de unos treinta y tantos años bajo la lluvia que parece ducha, y bajo la noche también, te llama a mirar la pantalla con más entusiasmo. Se enfoca su cabeza en un ángulo perfecto, que te muestra justo lo que quieres ver: el omóplato coordinado con el impulso de los brazos al momento de correr, la mano izquierda del hombre empuñada, subiendo y bajando, el cuello sudado y bañado en sangre, las mejillas tensas y la boca abierta, recibiendo cada respiro como el último causante de ayudar a la máquina humana en su corrida. Los ojos desorbitados, parpadean con cada gota de lluvia y de sudor que osa molestarlos, y las cejas fruncen un ceño de cansancio inevitable. No puede detenerse.
Sabes que corre a un fin, pero no cuál. Por el sudor en su rostro y cuello, infieres que ha corrido largo rato. Lo que no sabías está a punto de aparecer, cuando un acercamiento tecnológico envidiable por quienes no tienen el presupuesto necesario para hacerlo te obliga a posar tus ojos en una gota de sangre que baja desde la frente, en cámara lenta, hasta su ojo. Pasa por la ceja para nublar el ojo, pero éste se cierra.
Desearías comprender mejor la situación, mas la porquería se puso tediosa, así que te rascas la nariz, acomodas un poco mejor la posición de tu pelvis en el sillón, te sacas los zapatos, te vuelves a acomodar, y ves que acaban de terminar de aparecer los subtítulos que traducían un cartel en ruso, papel importante que jugaba en la escena. Era vital para comprenderlo todo, y lo sospechas porque la única palabra que alcanzaste a leer fue “final”. Todo director que pone algo así, pretende que te enganches para conocer cómo llegó el personaje hasta ahí, y qué pasará luego de que tú ya comprendas el significado real del cartel. Pretendes no aburrirte, así que continúas observando.
Mucha nieve, una cabaña igualita a la que querían sus padres para hibernar. Le causa gracia la coincidencia, así que su mano acaricia la barba y se contenta de poder contarles a sus progenitores el prodigio de haber visto la cabaña en una película.
Entra el encapuchado a la cabaña de una patada en la puerta de rocosa madera, apunta con su rifle a una mujer canosa subida de peso, arrodillada en el parquet encerado; se saltan el nombre que grita y su mirada al espectador para mostrar la bala en su cabeza, el cuerpo cayendo y el sonido del peso real de la mujer en el parquet ensangrentado. Se ven piernas flacuchentas escondidas bajo pantalones-verde-viejo. Los zapatos negros de papá separan sus pies agitadamente para correr hacia la cámara-el-cuerpo-de-la-mujer, la tocará con sus manos. El balazo lo detiene y su calvicie queda a vista tuya.
Frunces el ceño. ¿Por qué cortar los gritos para mostrar sólo lo morboso? Alguna intención debe tener eso, así que continúas, esta vez sin prestar atención a tu comodidad.
El encapuchado se queda mirando los cuerpos, cuando tú entras a la sala y le disparas con un revólver directo a la tetilla izquierda. La bala se queda entre sus costillas con pedazos de género entre medio, la herida se infecta y en aumento de velocidad de por lo menos 4x, el encapuchado muere. Le sacas el pasamontañas y ves tu cara seria.
Regresan los créditos y comienzan los comerciales nuevamente, anunciando la siguiente película que dará el canal. No quieres más, te levantas y continúas con tu vida.
Pasaron los años y tu visa ha gastado el dinero necesario como para encontrarte en Rusia, viajando hacia la cabaña que tus padres compraron para hibernar. Te encuentras feliz y no engañado al ver lo conocido que parece el lugar. No recuerdas la película, sólo entras y te vas directo a la cocina. Tu madre está en la sala hablando sobre el pino de navidad, y tu padre te acompaña hasta que te vas al baño a regurgitar aquello vencido que comiste en el viaje. Repentinamente escuchas ruidos inquietantes provenientes de la sala, tu madre grita tu nombre y seguidamente un balazo se roba la escena. Los pasos de tu padre resuenan como bajo agua, se encuentra con el encapuchado y muere. Lentamente te subes los pantalones, sacas el revólver del baño, escondido entre cajones varios, lo armas y sales; disparas. Ahora le quitas el pasamontañas y ves la cara de un mono, algo así como el eslabón perdido, completamente serio. Gritas al respecto. Sabes que eres tú, corres al espejo y ves reflejado un mono. A pesar de tus gritos, de tu cara desfigurada por el horror, la cara de mono sigue ahí, seria. Su boca sellada, sus ojos inexpresivos. Te mueves frente a él, le pegas al espejo para encontrar alguna respuesta, mas el mono te sacude los intestinos con sus movimientos atrasados, lentos, e inexpresivos. Sacas el espejo para ver si no es un truco, lo rompes luego, desesperado, sacas un trozo de él y con manos temblorosas se refleja algo escrito en el techo. Miras y no hay letra alguna. Tomas más pedazos y lees el nombre de una calle.
Durante el viaje a Stalingrado el cielo pasa de blanco nuboso a gris oscuro. La lluvia cae con más y más fuerza y en mayor cantidad cada vez que te detienes a preguntar por la dirección.
Llegaste a un callejón; no cabe el auto, debes dejarlo estacionado. Antes de bajar, te miras por el espejo retrovisor y ves que eres el personaje de la película. Prefieres eso a ser un mono.
Te bajas. El impulso de la curiosidad te manda correr solo y desamparado por el callejón.
Una vieja está haciendo manualidades con una espátula. La nota media rara, y sin vacilar la lanza por la ventana. Cae en tu frente, mas continúas firme sin importar la sangre que cae hacia tu ojo. Lo cierras.
Entonces lo ves. Está ahí, medio oxidado y con letras rusas. No comprendes lo que dice, sólo recuerdas de lo que no leíste la palabra fin. Te desesperas, te arrancas los pelos de la cabeza y corres nuevamente hacia el auto. En el camino te encuentras contigo. La vieja de la espátula te refleja a la perfección con un espejo, y tus ojos se afinan hasta verte nuevamente como un mono. Gritas. Tu tú parado al frente es también ahora un mono. Con un movimiento lento se arranca la cara. Lo que ves es una calavera de homo sapiens-sapiens sonriendo.
Un sentido de esquizofrenia se apodera de tu cuerpo y te disparas en la sien.
Lees los subtítulos del cartel y dice: “este es el fin del fin”.

miércoles, 8 de agosto de 2012

Propuesta

Era el momento de acostarme y no podía dejar de darle vueltas al asunto. Una proposición de esa envergadura no se hace de un momento a otro, menos en una comida y con gente desconocida observando la situación. No sabía qué pensar y eso me envolvía todavía más en ese embrollo. ¿Por qué? ¿Cómo?
¿Por qué esa persona me propone tal cosa en ese descuidado momento que culminaba en desconfianza? ¿Cómo fue capaz de hacerlo, sabiendo que podría traer terribles repercusiones para nosotros y nuestras familias? ¿Acaso era justo que nuestros seres queridos sufrieran por una persona desubicada? ¿No fue capaz de observar quiénes estaban sentados en la mesa, antes de hablar de algo tan importante, y proponer algo más importante todavía?
Quizás esté buscando que me maten. Quizá creyó que para el resto, esa proposición no era más que una broma. Puede que alguna fracción de la mesa creyera en eso, pero siempre existe un "otro" curioso que investiga más allá de las palabras, para descubrir acaso esa persona es estúpida o mentía. Lo que es yo, firmemente creo que esa persona es estúpida.
Intento dormir de espalda, de guata, de lado. Apoyo mi cabeza en la almohada con la mano bajo ella. Siempre hago esto, no sé por qué. Continúo pensando en las proposiciones y la gente estúpida que colma este mundo de malos ratos, hasta que de un momento a otro me encuentro caminando por una plaza. Caminaba con rapidez, buscando a mi madre; había anochecido y el lugar se volvía peligroso. Luego de ver fantasmas, además, no tenía muchas ganas de caminar como si estuviera dando un paseo.
Continuaba caminando, cada vez más rápido, pensando que la única protección que tenía en ese momento era mi chaqueta estilo inspector Gadget, pero sin el sombrero asombroso que tanto caracteriza a ese cyborg. De repente me espantan dos o tres, no sé en realidad cuántos, sonidos de motores. Eran motocicletas y se acercaban con rapidez por la plaza. Uno de ellos, grande y malo pero divertido, frenó a mi lado. Subí por un impulso de curiosidad, dejando de lado acaso fueran maleantes o policías. No era importante; sólo le pedí que si era un secuestro, no me llevara de espaldas sino como una persona normal que acompaña a otra en una motocicleta. Accedió, y me pidió que pasara ambos brazos bajo los suyos; así fue como las esposas que salían de su atuendo como por arte de magia, se cerraron con cada muñeca, atrapándolas. Ya no tenía sentido asustarse. La trampa me llevó a un estado de completa satisfacción y diversión aventurera; dejé de buscar a mi madre y en vez de eso me convertí en otra persona maleante, que disfrutaba de la velocidad sobre una motocicleta de un desconocido, aunque no tuviera escape. Pudimos conversar durante la escapada de la policía sobre lo malo que habían hecho, y por qué habían decidido tomar un rehén. No recuerdo la conversación, sólo que gracias a que los policías no podían hacerme daño por ser parte de una situación de rehenes, logré que mi amigo el maleante escapara en su motocicleta. De eso nunca me arrepentí.
Pero al momento de despertar del dulce sueño de la moto, descubrí que continuaba con esa inseguridad que me había dejado la propuesta de esa persona estúpida.
"Ojalá fuera un sueño".

domingo, 5 de agosto de 2012

Diálogo

-Hay momentos en los que te miro y no sé lo que piensas, ni lo que sientes. Me gustaría preguntarte, pero me arrepiento cuando separo los labios y tomo el aire necesario para producir vibración en mis cuerdas vocales. Ahora siento vergüenza por lo que digo, pero lo sentí necesario.
-Siento un vacío en mi interior. Pienso cuánto me gustaría volver a empezar; dejar todo atrás sin dificultades... de un momento a otro, como si fuera un sueño eterno. Pienso que no es así, y que empezar de cero es tan difícil que llega a parecer imposible. Siento frustración, pena, y nada de inspiración ni motivación para continuar. Siento y pienso que si intento volver a empezar fracasaré en el último minuto, cuando finalmente estás por terminar el proceso; cuando tuviera una excelente compatibilidad con mi vida nueva. Así es que busco el mejor camino en mi actualidad, conformándome con seguir estando en este lugar, en esta posición, con estas personas, para no tener que pasar por el difícil proceso de adecuarse a una nueva vida. Pero, en definitiva, lo que siento es un vacío, porque lo que pienso es que lo que más deseo en mi interior es volver a empezar.
-Quizás lo que haga falta, para no verlo de ese modo tan difícil, sea mirarlo desde otra perspectiva, en que no sientas que estás comenzando de nuevo, sino que estás dando un vuelco a tu vida, sin que por eso tengas que dejarla. Siempre habrá gente y cosas por conservar, que nunca se irán por más que creas que tienes una nueva vida. Aceptarlo de antemano de ese modo, quizás te facilite las cosas. Te recomiendo que lo intentes, que pongas tu cuerpo y espíritu en marcha por aquéllo que en verdad deseas. Y si no te resulta, entonces no será el momento, pero lo dudo. Te resultará, no fracasarás.

sábado, 28 de julio de 2012

Comunicado sobre este blog:

Hoy quiero hablar de un problema de ficción, que encuentro en este blog. Me refiero a ficción, no precisamente porque todo lo que acá escriba sea "mentira", sino porque parecen mentira en cuanto las releo. Pero sí hay REAL ficción en este blog. La hay tanto como el parecido.
El parecido no es otra cosa que aquéllo que en un momento pudo haber sido real, mas se vio luego tan modificado que se convirtió en una ficción; su realidad se encuentra en ese espacio ínfimo de contexto, lo cual corresponde al momento en el cual fue escrito. Especificando, son los sentimientos escupidos por mis dedos en el teclado, y subidos a internet, los que traen este parecido al blog, tanto a la ficción como a la realidad.
Entonces, puedo decir que este blog es tanto mentira como verdad; en ese caso, ¿dónde está la línea entre la realidad y la ficción?
No la encuentro porque no hago el real intento de pensar más allá de "lo que es", en "dónde está", pues me parece irrelevante. Espero que mañana lo siga siendo.
Así como lo es mi cabeza en varios momentos del día, durante los cuales se aleja de la realidad para llevarme a un mundo ficticio, donde pauteo todo lo que suceda y podría suceder, y me emociono por las posibles conclusiones, sean buenas, malas o neutras, las cuales por supuesto nunca llego a concluir, pues son constantemente remplazadas por otras ficciones. A pesar de que ellas tengan tanto de realidad que podría decirse que me encamino a ficciones de "qué pasaría si...", en lo más profundo de mi ser, sé y acepto y me ALEGRO de que sean REALMENTE ficciones. Imaginaciones. Divierten en un instante, y cuando desaparecen nada ha cambiado. Todo sigue igual.
Este blog, espero, sea tal cual lo es mi cabeza. Por supuesto, esto es una barbaridad, al igual que mi cuaderno negro con sus otras realidades, con mis pensamientos más íntimos que no debo ni quiero publicar por acá. Pensamientos que sólo a mí me interesa perpetuar en el papel, y que por lo tanto sólo yo debo leer.
Así, este blog pasa también por un proceso de "filtrado", el cual se lleva a cabo en el momento en que decido qué voy a escribir. Según su grado de intimidad, decido si lo pongo acá o allá, con mis manos torcidas y el lápiz medio malo, o con las manos torcidas y el teclado enredado.
Ya me da lata seguir escribiendo porque se acabó la canción buena que estaba escuchando, por otra más aburrida y que no me conecta tanto con esa persona que escribía hace unos segundos. Sólo me gustaría concluir, que espero que nadie se tome alguna vez este blog en serio, ya que sería tan ridículo como tomarse el facebook en serio. A menos que uno quiera volverlo serio, claro está; mas este no es el caso, y decido de hoy en más hacer público el comunicado poco serio y desordenado de POR QUÉ este blog NO debe ser tomado al pie de la letra.
Y si ud. alguna vez tiene dudas, por favor siéntase libre de consultarme. Siempre estaré feliz de contestar algo referente a mí, así que por favor hágalo.
Nos despedimos, por hoy.

domingo, 15 de julio de 2012

Como el ojete

Ahora me caes mal. Me caes tan mal que no te creo nada. No te conozco no sé quien eres no sé qué haces ni qué te gusta. Me caes mal. La vida es menos extraña y ambigua que tú. Tú eres algo más; algo que quiero borrar, algo que no quiero recordar. Me caes mal. Adiós.

domingo, 8 de julio de 2012

Tonta soy

Me da pena todo porque últimamente ando triste. Además lo veo todo superficialmente negro; todas son lindas, simpáticas, inteligentes, tetonas y potonas. Huelen bien, el pelo se les ve bien, tienen lindo cutis, lindos ojos, linda boca, una buena postura corporal. Todas tienen cintura y caderas deseables, todas tienen una altura normalmente atractiva. Todas tienen una sociabilidad 100% activa, con sus redes sociales a tope y mil panoramas de carrete o simples salidas con amig@s, novi@s o pretendientes.
La verdad es que tengo una buena familia y un novio bacán que me trata bien y me dice lo buena que soy. De todos modos fracaso en el intento por sentirme bien, por no andar triste por superficialidades, ya que notablemente no soy una persona bonita ni linda ni simpática; al contrario, soy más bien pesaba, ordinaria y testaruda. No tengo redes sociales a tope ni posibles salidas para la semana y/o el fin de semana. Además de lo anterior me siento gorda.
En fin, qué vida esta. No quiero competir contra las niñas hermosas ni lindas que están por todas partes. Solo pienso que me gustaría entender qué gana alguien conformándose conmigo, que aparentemente no entrego nada, y en la practica solo tengo sueños imbéciles como que voy a subir una montaña para encontrar San Pedro.
Insisto, que esto no es importante.
Buenas noches.

jueves, 21 de junio de 2012

No sé

La noche es el mejor de los malos lugares. Con el peor de los buenos pensamientos.

sábado, 9 de junio de 2012

Perder la confianza

Hasta hace un par de días, admito que creía en las personas. Especialmente en esas personas a las que uno les cuenta cómo se siente. 
Creía que les importaba, y por eso les decía. Pero ayer me di cuenta de cómo es la realidad. Las indirectas sirven tan poco como cuando se dice directamente; el resultado fue el mismo. Sentirse mal no es suficiente para que te acompañen. Sentirse mal es suficiente para seguir sintiéndose solo y peor. Todo es importante y sin embargo no podemos hacernos cargo de ese TODO. Estamos vacíos y, lo que es peor, estamos solos. Estamos solos aunque pedimos a gritos compañía, con indirectas porque tampoco queremos andar molestando al resto de los humanoides. Es cierto que todos tienen algo mejor qué hacer. Mejor que acompañar a una persona triste. Que si estuviera en condiciones normales no estaría pidiendo compañía de nadie.
Pero la pedí. La vengo pidiendo hace semanas y no entiende. No quiso entender, y al respecto inventó que sí estaba conmigo cuando en realidad sigo sintiendo su ausencia, y me duele tanto que no puedo parar de sentir un ahogo en el pecho, que se extiende a mi estómago y evita que coma tanto. Pero no comer tampoco es bueno, porque significa que estoy demasiado triste como para alimentarme. Estoy demasiado triste como para cuidarme.
Y al final, nunca le importó. No le importó cuando le conté. No le importó cuando le llamé. No le importó cuando le puteé. Ni le importará cuando decida quedarme más sola.
No culpo a nadie al respecto. Pero no quiero quedarme callada sin antes haber publicado esto. Ya no me gusta publicar mierdas cuando me siento mal, pero me agrada la idea de que alguna vez lo sepa. Aunque supongo que aunque lo lea nunca lo sabrá, porque siempre serán tonterías mías de persona descerebrada.
En fin, ya nos veremos.

domingo, 13 de mayo de 2012

El innombrable entre las rocas

Esto sucedió en un hogar. No era un hogar normal, pues estaba construído entre ruinas que se mezclaban con picos enormes de roca que salían del mar. Como acantilados puntiagudos con construcciones de antiguos humanos. Dónde queda, no lo sé, pero ahí estaba.
Al principio me encontraba junto a un anciano. Un vecino del hogar, cuyo departamento tapó con concreto, pisos y paredes, luego las pintó de blanco. Su paso final fue llenarlo de alfombras. Dejó lugares secretos con colores pintados, ya que su ritual que tanto lo excitaba consistía en remover con las manos las alfombras; de las paredes, del suelo. Cuando se encontraba con ese blanco metálico, chillaba de emoción y luego gemía de excitación. Algo tenía que ver todo eso con su fallecida esposa. Yo recién estaba llegando así que muy poco sabía de él, aparte de que era raro.
No recuerdo por qué, pero estaba pasando toda una tarde quitando alfombras y volviéndolas a colocar, junto al anciano divertido, intentando hallar aquéllo que tanto lo excitaba. Pero en vez de eso me encontré con una lámpara y luces de navidad. La lámpara asemejaba un corazón del tamaño de una cabeza, y cuando se encendía se marcaban sus arterias y venas. Me pareció tan hermosa y asombrosa que me la puse en la cabeza, tomé las luces de navidad para enredarlas entre mis cuerpos, y le comenté al anciano que era la reina ensangrentada de las luces. Él no podía parar de reír y sacarme fotos. Luego me invitó a su reunión semanal de "raros". No pude comprender a qué se refería, pero por ser nueva en esa ciudad, tenía que asistir para tener conocidos.
En ese sector del edificio donde llevaban a cabo su reunión, brillaban las sillas metálicas y las baldozas negras lustradas recientemente. Nos sentamos en círculo y comentamos algo raro que hacíamos, algo que fuera mal visto por el resto de la sociedad. A nosotros nos causaba gracia, aunque tengo que admitir que no era capaz de sentirme dentro del grupo. No era un mujer rara, no tuve nada para contar en mi primera reunión.
Luego había que sentarse a la larga mesa de raros, que nos esperaba con una lujosa cena que todos podrían envidiar. Era un bufete de alimentos cocinados con técnicas poco comunes, con acompañamientos desconocidos y alcoholes que nunca antes había probado. Valía la pena ser rara en esa ocasión.
Me tocó sentarme frente a un raro muy atractivo. Tenía ojos azules, la mandíbula cuadrada y masculina, una barba prominente y castaña clara, y un pelo corto más castaño que rubio. Le comenté que podría aparecer en una estúpida película de superhéroes con Ben Stiller, donde él sería el Capitán Asomobroso (Captain Amazing), y le pareció bastante divertido que lo encontrara parecido a ese actor. Coqueteamos un rato y luego me fui al hogar, junto al anciano. 
Cuando llegamos estaba un poco ebria y feliz, y pensaba en el Capitán Asombroso. Pero la gorda bigotuda que administraba el hogar se me acercó para decirme que, ya que me sobraba una habitación en mi departamento, acogería a un compañero para mi. Le pregunté acaso podría elegir a alguien, pero se enojó y contestó secamente que sería "AL AZAR". Eso me quitó la felicidad pero no la borrachera, así que cuando llegué a mi cuarto tomé el teléfono y llamé a la única mujer que conocía en esa enorme ciudad. Ni siquiera recuerdo cómo la conocí. Conversamos y quedamos en que saldríamos la semana siguiente.

Así sucedieron un par de días normales, trabajando, visitando a mi anciano vecino para ayudarle a quitar las alfombras para volver a pegarlas.
Hasta que llegó mi compañero de cuarto.
Estaba leyendo tranquilamente en mi cama cuando escuché que la gorda bigotuda gritaba en el pasillo cosas comunes, como que hacía frío o que el mar tenía la marea extraña últimamente. Me incliné para poder ver la puerta de entrada, en el estrecho pasillo blanco. Escuché que metía la copia de mi llave que la gorda bigotuda me había pedido, y abría como si fuera su casa. Y de ahora en más lo era. Estaba obligada a compartir mi lugar con ese extraño. Cuando entró no vi más que un gran bulto negro que traía otro bulto negro parecido a un bolso muy largo, el cual arrastró hasta el cuarto vacío. Ni siquiera tuvo la decencia de saludarme. Escuché que se encerró en su cuarto y deseché de inmediato la idea de que tendríamos una buena convivencia. ¡Qué hombre más imbécil!
A la mañana siguiente supe su nombre innombrable. Al parecer se levantó de buen humor, pues me saludó con cortesía y me pidió que le enseñara el balcón. Lo llevé para que examinara el lugar. Nuestro balcón, a mi parecer, era el mejor del hogar. Estaba en lo más alto de entre los picos, y se fundía de inmediato con las ruinas de los antepasados que habitaron ahí y tallaron sus casas en esas rocas tan duras. De hecho, nuestro balcón era la parte de una casa. O quizás era un balcón de los antepasados...
Recuerdo su cara maravillada. Le brillaron los ojos grises; entonces saltó. Estuve a punto de gritar de horror, cuando lo vi escalando y haciendo piruetas entre las ruinas. Subió a lo más alto del pico, se equilibró en una saliente y me observó. Estaba asombrada de su habilidad felina para escalar y hacer ejercicios, ¡especialmente porque se trataba del lugar más irregular posible como para hacer todo eso!
Bajó dando varios saltos que si yo hiciera me partirían las piernas, y regresó al balcón. Me contó que había llegado al hogar porque le habían recomendado que hiciera sus piruetas entre los picos gigantes de piedra. Me dijo que exploraría todas y cada una de las ruinas. Al respecto le comenté que a la mayoría de las ruinas no se podía llegar, que era imposible, incluso para alguien con una habilidad de mono/gato como él. Miró el horizonte y sonrió; noté en su boca y ojos que le había encantado el desafío, e inconscientemente me sentí terriblemente atraída hacia él. A pesar de ser pálido como una nube, de casi no tener color en los labios, donde su piel contrastaba con un pelo medio largo negro carbón, y ser flaco como anoréxico, algo tenía. En realidad, algo tuvo luego de que lo vi entre las rocas.
En la tarde dijo que tenía trabajo hasta tarde y se largó. Yo terminé de arreglarme para salir con mi amiga.
Fuimos a un bar. Ella trajo consigo a 2 amigas más, que eran bien simpáticas. Cuando invité a mi cita al hogar, al llegar la noche, me comentó que ellas vendrían también. Estaba borracha así que no le di importancia. Pasamos a comprar botellas de vino y continuamos con nuestro camino al hogar. Por suerte no estaba la gorda bigotuda para molestarme, pues le molestaban las mujeres atrevidas como ellas. Simplemente no las podía soportar.
Continuamos bebiendo y no recuerdo cómo llegué a la cama con mi amiga. Recuerdo que me estaba besando los pezones, tanto que notaba cómo quería comerlos. Estaba desnuda encima mío, masajeando mi clítoris, cuando me puse a pensar en él. Ella dijo que lamentaba no tener algo para meterme. Claramente algo había notado en mi lenguaje corporal. Nos comenzamos a besar, a ver si volvía mi deseo por ella, cuando sentí que se abría la puerta. Las otras chicas, que estaban en la cocina, escuché que alegaban que había entrado un intruso. Me despegué de mi amiga y le expliqué que tendrían que marcharse, pues ya no vivía sola y no tenía una pieza para las otras dos mujeres. Ella comprendió y se vistió para marcharse. Yo me puse mi bata y las acompañé hasta la puerta. En el pasillo estaba él, observando la situación y la borrachera de esas tres atrevidas damas. Mi amiga, al llegar a la puerta, dio media vuelta y le dijo que era muy guapo. Que le habían gustado sus ojos grises. Me volví a despedir con la mano, ellas rieron y se largaron.
Saludé al hombre innombrable. Él me miró de pies a cabeza, me acarició el pelo y continuó a su habitación. Quería seguir emborrachándome, así que me serví más vino y salí al balcón a mirar las estrellas y el mar que brillaba por ellas. De la nada estaba él a mi lado, con el tórax desnudo y unos pantalones apretados. A pies descalzos y con las manos empolvadas, saltó nuevamente y se sumergió entre la oscuridad de las rocas. Lo observé hasta que se perdió. No lograba comprender de dónde sacaba la fuerza para balancear su cuerpo como mono, siendo tan delgado.
Me dieron ganas de tener sexo con él. Pero no iría a buscarlo en ese peligro; significaría mi muerte. Mejor me rendí y continué la velada hasta mi habitación. Mi cama de dos plazas era un desastre. Estaba toda desarmada y mi ropa tirada por todos lados. Me miré al espejo y noté un maquillaje corrido por toda mi cara, no sólo mío, pues por mi mejilla, labios, cuello y pechos se distinguía el labial de mi amiga. Sí que era de buena calidad, para pasearse por mi cuerpo dejando una marca tan visible. Me acosté destapada. El calor de la noche era soportable, especialmente gracias a la brisa marina. Escuché el mar hasta que me quedé dormida.
Desperté sobresaltada. Noté el color gris/azulado que traía el amanecer. Él me estaba mirando. Veía en el movimiento de su pecho que estaba agitado. Su respiración era muy fuerte, y estaba sudado. Seguro había estado toda la noche dando vueltas por ahí. Lo invité a acostarse conmigo, pues seguía borracha. Él se inclinó para besarme y sentí el salado sabor de sus pálidos labios. Eran exquisitos. Lo invité a acercarse más, a tocarme más, pero cuando estaba arrodillado en la cama no tenía una erección. Continuaba observándome con esos ojos brillantes. Me rendí de seguir intentando que se levantara su genital, y me sentí como una desgraciada poco sexy. Me levanté de la cama para ir al baño y él me tomó entre sus duros brazos. Sí que eran duros, y fuertes. ¿De qué músculos podía salir tanta fuerza? Me llevó hasta el balcón y grité porque sabía que saltaría conmigo en brazos. Podía ver la muerte llamándome, ahí abajo entre las rocas, pero en vez de saltar caminó hasta un rincón que nunca había visto, bajo el balcón, donde descansaban unas escaleras de piedra, escaleras que pertenecían a nuestros antepasados. Él continuaba desnudo, me rompió la bata y de la nada despertó ese hombre apasionado y sexual que había visto saltando entre las rocas. Y sí, en ese lugar finalmente su pene se endureció tanto que explotó dentro de mí. Tuve un orgasmo a pesar de las rocas clavándose en mi desnuda espalda. Fue tan largo y brutal, que terminé exhausta de gemir y sudar. Él me tomó entre sus brazos y me llevó a la cama. Me besó en la frente y se largó a su cuarto.
De ese modo descubrí que sólo podría tener sexo con él entre las rocas. Era necesario para mí beber unas cuantas copas de vino antes, pues la verdad es que me dolía el cuerpo cuando me apretaba contra las afiladas y frías piedras. Siempre me buscaba antes del amanecer, o en la madrugada, y me llevaba a un nuevo lugar entre las rocas. Luego cambió de parecer y cuando tenía un día libre y me veía leyendo en mi cama, le tomaba en medio del día y me llevaba a cualquier lugar, desnudo como siempre. Y yo tenía que comprar batas prácticamente todos los días, hasta que decidí que me llevara desnuda. Así no gastaría tanto dinero en batas inútiles que rompería con sus manos de escalador y acróbata.
Me olvidé de todo. Me olvidé del vecino anciano con sus alfombras, del Capitán Asombroso, de mi amiga lesbiana, de sus amigas, de la ciudad, del trabajo. Me olvidé de toda la vida que no fuera tener sexo con el hombre innombrable, que no podía dormir conmigo pero me paseaba casi todas las noches por las rocas. Y todos los días.
Incluso cuando llegó la temporada de turistas, que visitaban a menudo las ruinas accesibles y que no representaban un peligro para nadie, él me tomaba en brazos y como una mochila me llevaba a un rincón nuevo entre las rocas para que tuviéramos sexo. Lo lamentable era que me gustaba tanto que me entregaba a él como una esclava. No me interesaba conocerlo. Casi no conversábamos, pues lo único que hacíamos era entregarnos placer. Aunque pudieran vernos los turistas, y sucedió más de una vez.
Pasó el tiempo y llegaron días raros. Días en que la marea se convirtió en una traicionera. Había unas ruinas muy frecuentadas por turistas que estaban casi al nivel del mar, y sucedía a menudo que esas mareas traicioneras las tapaban de una hora a otra, especialmente al atardecer. A veces él me llevaba a una saliente de uno de los picos desde donde podíamos observar lo rápido que la marea subía, de un momento a otro. Él me comentó que deberían cerrar esas ruinas al público, o alguna vez alguien se ahogaría si no alcanzaba a salir de ahí. Le contesté que eso era imposible, ya que el acceso a las ruinas se cerraba mucho antes del atardecer, precisamente a causa de esas estúpidas mareas. Él no contestó.
Entonces finalmente sucedió. Primera vez que regresábamos a un mismo lugar, y fue precisamente aquél donde vimos cómo se tragaba las ruinas la marea traicionera. Era hora de almuerzo y los turistas estaban como locos sacando fotos desde esas ruinas bajas, las más bajas de todas. 
No sabía por qué me había llevado hasta allí. Observábamos callados el andar de los turistas, luego de haber tenido sexo. Ese día estaba especialmente plagado de viejos, acompañados de sus prehistóricas cámaras para salir sonriendo junto al hermoso paisaje de picos, ruinas, mar y cielo. Como nunca antes, la marea comenzó a subir. Rápido, tan rápido, que la gente comenzó a gritar y correr. Solo un anciano con mala suerte que se estaba sacando una foto sobre una de las rocas, se vio sin saber donde ir, parado donde estaba, rodeado por aguas molestas, traicioneras, violentas, que se sacudían con fuerza contra el resto de las ruinas y rocas. Los demás habían logrado escapar. Yo estaba sobresaltada observando al pobre viejo, seguro el agua se lo tragaría. Él se disculpó conmigo y se lanzó al mar. Nunca había visto un piquero tan certero y perfecto como aquél. Ese hombre era todo lo que imaginaba en los antepasados que construyeron esa ciudad entre acantilados. Me quedé sola en lo alto de la roca, mirando cómo nadaba hasta el viejo. Vi que corrió hasta él, logró tomarlo del brazo y una poderosa ola los golpeó contra la roca. Ahogué un grito. Pude ver la sangre en el agua, y la gorra del viejo flotando. Comencé a llorar desesperada, necesitaba volver a mi hogar y no podía salir de ahí.
Estuve unas cuantas horas esperando, observando la aglomeración de humanos que se impresionaba con la altura de la marea. Ellos estaban frente a mí, pero lejos. Los cuatro enormes picos de rocas estaban unidos de algún modo al resto del continente, a excepción de uno, el quinto. Se decía que nadie conocía ese pico, y nadie quería hacerlo. Era comprensible, pues a veces desde el balcón veía cómo las olas lo golpeaban con todas sus fuerzas, como si quisieran destruirlo. Derrotarlo por estar separado del resto de los picos. Yo estaba en uno de los cuatro. Precisamente al que llamaban el cuarto pico, frente al acantilado donde estaba construído el hogar, y la mayoría de las ruinas también. Sobre el acantilado estaban las personas. Noté cuando me vieron. Porque yo les hacía señas para que lo hicieran. Por suerte llevaba puesto un vestido blanco y no estaba desnuda ese día. Esperé durante horas a que llegaran a rescatarme; la policía fue tan eficiente que envió un helicóptero para que me llevara donde estaba el resto de la multitud, que en efecto era el lugar más cercano donde podría aterrizar. Querían llevarme al hospital pero me negué; era más importante que les contara lo que había sucedido con el viejo, y con mi pálido amante. Eso conllevó a que se iniciara una búsqueda de los cadáveres. Estaba destrozada.
Estuve mirando hacia las rocas durante el resto del día, esperando que apareciera. Traté de aguantar toda la noche pero caí dormida en el frío suelo de roca. A la mañana siguiente falté al trabajo, me preparé un café espumoso, intenté descansar en la cama, pero no lo logré. Salí al balcón para ver si aparecía.
Estuve todo el día ahí, protegiéndome del fuerte sol con una sombrilla. No quería quemarme para estar adolorida tanto por dentro como por fuera. Y lloraba; constantemente lloraba, como si eso fuera a traerlo de vuelta.
Ese día decidí ir al acantilado, frente al cuarto pico, donde me encontraba el día anterior, cuando desapareció, para ver el atardecer. Ahí había un contingente de policía de búsqueda para el viejo y mi amante. Me hicieron varias preguntas sobre ellos, pero sólo podía hablar por mi amante. Les conté cómo pareciá que volaba entre las rocas, y se burlaron abiertamente de mi. Dijeron que estaba loca, y me preguntaron una y otra vez cómo mierda había llegado hasta el cuarto pico. No querían creer que un pálido anoréxico me había llevado hasta allá, como una mochila. Enojada y frustrada, miré hacia el quinto pico. Y lo vi.
Estaba en lo alto de la puntiaguda roca, de pie y con la espalda apoyada. Como descansando. Mi corazón dio un vuelco, y les pedí a todos los imbéciles policías que por favor lo miraran. Lo vieron. No se explicaban cómo había llegado alguien ahí; yo sí podía explicármelo, aunque de todos modos me costaba creerlo. Estaba con los ceñidos pantalones blancos que usó el día anterior, cuando se perdió, y el torso desnudo. Estaba tan quemado por el sol que desde mi posición pude distinguir sus brazos rojos como cangrejo, su tórax y su cara, todos hirviendo. Supuse que moriría por insolación.
No supe qué pasó después. Aquélla fue la última vez que lo vi.









jueves, 10 de mayo de 2012

Mensaje para: Ñuño.

Hoy, como en los viejos cuentos y desgracias de todo tipo, soy testigo de mi propia destrucción. Y también soy el autor.
Autoricé mi destrucción en el mismo principio, antes de saberse a dónde sería capaz de llegar "todo esto", siendo "todo esto" la inútil y traicionera mentira. Porque creo que si he mentido, ha sido para "ayudar", al menos la mayoría de las veces. O también por simple egoísmo, por quedar bien parada yo frente a alguien.
O, las peores veces de mi vida, cuando lo he hecho sin saberlo. Es decir, lo he hecho por pura y completa estupidez. No tiene otro significado.
Hoy recordé, asumí y acepté lo que hice. Recordé cuál era la mentira y cuál la realidad, qué realmente pasó y qué soñé o imaginé. O inventé compulsivamente, sin poder echarme atrás. Pensando que sí era la realidad, no dije nada. Estaba tan convencida de no haber mentido y de no haber estado haciendo algo MAL, que en el momento en el que la autodestrucción pudo haber tomado un punto de reversa, donde ya dejaría de ser una autodestrucción y simplemente una vergüenza, preferí seguir adelante, a ver qué pasaba. Eso es lo que creo que pasó. No es que haya tenido mucho tiempo de reflexionarlo; mis entrañas escriben en este momento. Mi cuerpo, tantas veces violentado y traicionado por mi propio cerebro, se rebela y comunica en este BLOG DE MIERDA, lo que pasó. Lo que REALMENTE pasó.
No creo que seamos una mitómana. Creo que somos una estúpida, una persona que carece de autoestima y amor propio, un organismo que intenta adecuarse como sea a su ambiente, de modo que falla constantemente. No nacimos en la condición de ser un organismo súper-adaptable. Nacimos en la condición de pura y simple estupidez. Tanto así, que la cagué.
Hoy, de nuevo y para siempre: la cagué.
La cagué,
la cagué,
la
cagué
l
a

c
a
g
u
é
;
la cagaste como sólo un organismo que tiene pugnas entre su cerebro y su cuerpo, puede hacerlo.
¡Estúpida!

martes, 8 de mayo de 2012

Mierda


Me impresiona la flexibilidad del cuerpo humano; sobretodo cuando se trata de la cabeza. Me impresiona lo frágil que es la mente. Una simple imaginación es capaz de motivar mis más decadentes sentimientos, los cuales hacen reaccionar todo mi cuerpo. Es que mis células están obligadas a obedecer lo que sea que mi mente imagine.
Me siento pésimo. Como inflada de estupidez, de culpabilidad, de vergüenza, de ofensas, de decadencia, de ser denigrante, vaga, imbécil, insensata, estúpida, poco intelectual, poco shuperloca, fea, horrenda, hinchada, inflada. Estoy inflada de malos sentimientos y de comida, de leche con chocapic que me hace desear vomitar porque me dejó mareada de tanto que comí. Y como sin necesitarlo, porque soy una cerda e intento tapar esos malos sentimientos con comida, aunque luego solo logro sentirme PEOR.
La otra tarde alucinaba y veía muchos colores que se movían como los tentáculos de un pulpo. Luego cambiaron a ojos, muchos muchos ojos, todos moviéndose constantemente, unos más grandes que otros. Para luego pasar a formar parte de la cara de muchas muchas personas, todas diferentes, en distintas posiciones. ¿Quiénes eran esos imbéciles? ¿Acaso los conoceré cuando muera?
En estos momentos sólo sé que estoy condenada a ser siempre una imbécil problemática. Que le da importancia a otros imbéciles problemáticos que ni siquiera se preocupan de mi existencia, lo cual me convierte en, además de lo anterior, patética.

Hace tiempo que no lloraba.

miércoles, 18 de abril de 2012

Esos locos sueños...

Cena de grillo rojo
Me siento perseguida por esos destornilladores. Por los destornilladores enterrados entre las clavículas, donde yo era un hombre que bien conozco porque lo inventé, luchando en una torre con mis poderes mágicos de ultra-violencia. Lo primero que vi fue un destornillador, y los guardias llegaban así que debía destruirlos. Debía salvar a mi amigo, a mi acompañante que también era perseguido. Aunque, no lo negaré, el matarlos a todos fue divertido y me permitió escapar de esa horrible torre de guerra. Guerra en la playa, en una costa oscura por el gris del amanecer, curva, llena de dunas y plantas esponjosas que suelen crecer en esos lugares de arena, mar, viento y dunas. Dunas gigantes, enormes; dunas de acantilados, o acantilados de dunas.
Escapábamos como mejor lo podíamos hacer: matarlos a todos, luego huir cuando apareció el archienemigo. Su voz la reconocí de inmediato; no tuve que escuchar su horrible, estúpido, imbécil y nuevamente horrible nombre para saber que los problemas ya no eran divertidos. Después de tantos años, me había acostumbrado a reaccionar mal cuando él estaba cerca, y luego de la última vez que lo vi, simplemente sentía ganas de atravesarle el cuello con ese destornillador. Pero no podía porque eso pondría en riesgo la vida de mi amigo, la cual aprendí a valorar más que la mía propia. Por asuntos de interés, por supuesto. Las únicas vidas que valoraba más que la mía, están todas en mi retorcida y exagerada memoria.
Bien, como iba diciendo, escuché su voz y dejé de insistir en escapar. Seguro que llegarían refuerzos y nos pisarían los talones. Además estaba con su esposa y no tenía ganas de volverla a ver.
A ella, cuando la conocí, me pareció una posible mujer atractiva en cuanto tuviera acceso a un poco de fuerte alcohol. Pero más tarde descubrí que no era más que una estúpida que andaba inventándose embarazos para dejarme como un tipo fértil, cuando en realidad no lo soy.
Pero es más importante salvar a mi amigo. A ese que dice que no es mi amigo, y de hecho noto que le desagrado. A él, tengo que salvarlo. Porque podría servirme para algo importante que tengo en mente. Sé que no me equivoco al pensar en reclutarlo.
Así que cogimos el auto, lo obligué a que manejara lo más rápido posible, pero el muy idiota olvidó cargarle combustible antes de juntarse conmigo. ¿Por qué esas máquinas siempre dejan de funcionar cuando más las necesitamos? Si no volaba era cuestión de tiempo que nos encontraran huyendo, sobretodo porque la máquina levantaba arena, dejando un rastro muy notorio para nuestros enemigos.
Vi una cueva entre una de las gigantes dunas, y le dije que dejáramos el auto andando cuando en realidad nosotros estaríamos escondidos ahí, pero había tantas balas que deseábamos evitar, que claramente no me escuchó, y...

Ese destornillador, que esta vez era un pequeño cuchillo. De cocina. Cambió el destornillador por el cuchillo de cocina, el cual insistía en clavar entre las clavículas de los guardias, que en ese instante lamentaban tener tan importante sector al descubierto. Qué armaduras más inservibles.

Anoche no fue un destornillador, ni un cuchillo de cocina. Anoche fue un cuchillo con un filo de katana, grande, el cual tuve que empuñar en el estómago del padre de alguien, luego de haber estado muchos minutos golpeándole la cara mientras se reía de mí. No podía hacerle daño. Pero su hijo había hecho daño a alguien, eso lo sabía. Así que el cuchillo encontró el costado de su gelatinosa piel. Lo hundí por completo, y fue blando y rápido, como nunca pensé que sería apuñalar a alguien. Asombrada de hasta donde era capaz de llegar esta noche, lo retiré y lo dejé morir. Ahora sólo debía deshacerme del cadáver, y pensar que ojalá estuviera 1 año en la cárcer de la India, por haber sido en defensa propia, cuando la realidad era que lo maté por venganza. No recuerdo por qué. Pero en ningún caso estaba arrepentida.

jueves, 12 de abril de 2012

Lo sé

Anoche lo supe.
Hoy desperté, y seguía sabiéndolo.
Leí, así que lo olvidé.
Jugué, y seguía olvidado.
Me levanté, y lo recordé.
Me duché y lo seguía sabiendo.
Improvisé en la ducha, al respecto de lo que supe.
Hablé sola en mi pieza, sobre eso.

Ahora estoy sentada, sabiéndolo.
Integrándolo.
Aceptándolo.

En fin, hay cosas peores.

domingo, 8 de abril de 2012

Imbéciles

Me enferma que, aunque todos estemos caminando sobre un tejado quebradizo de delgado vidrio, algunos se crean perfectos.
Por favor... eso está bien para los pendejos.
Al parecer, es mal visto que uno acepte sus defectos. Cuando lo hago, siento que el resto me ve como una mujer débil, pesimista, que no quiere "solucionar" o "reparar" sus defectos. No me interesa arreglarlos, me interesa vivir con ellos. Aceptarlos, y dejar de imaginar que algún día podría mejorar ese defecto, de tal modo  que se convirtiera en una hermosa y maravillosa cualidad. Habilidad. Talento. Lo que sea.
Además, bien poco importa lo que piense el resto sobre lo que hacemos. Yo no digo que tengo algo defectuoso porque otra persona me lo haya dicho -exceptuando la peludez-; lo digo porque no cumple con mis expectativas de la habilidad, cualidad, talento. Entonces me dicen "pero si lo haces bien", y respondo: no lo hago bien. Lo hago mediocre, lo hago mal. No tengo el talento. ¡¿Y QUÉ?!
Por qué es tan terrible hacer las cosas mal. Todos hacemos todo mal. Lo único que se hace bien en esta sociedad, es cagarse a los demás, o ascender en la pirámide de las jerarquías abusivas que nos vuelven enfermos y terminan obligándonos a odiar lo que somos. Porque no servimos para ascender-en-la-vida, porque nos estancamos en nuestras preguntas, porque conversamos con otros y nos roban ideas, porque tenemos ideas que no podemos realizar, porque somos INSUFICIENTES para lo que la sociedad  cree que "necesita". O, mejor dicho, lo que les enseñaron a necesitar. 

sábado, 31 de marzo de 2012

Estúpida

A veces me aburre escuchar música.
No sé si será la época desagradable, el frío que viene con el otoño, anticipando el invierno, o si estoy hecha para arrepentirme luego de creer que si entro en un grupo tal o cual, me sentiré entre pares.
No lo creo.
Nunca lo he creído. Pero sí intento engañarme.
No me gustan los GRUPOS. Me provocan desconfianza. Quizás esté equivocada, pero siento que si entro en un grupo querré salir corriendo de inmediato. Y lo abandonaré. Porque me desagrada la idea de ir a un lugar a hablar siempre de lo mismo, a menos que sean clases.
Podría ver a un grupo como si fueran clases. Podría funcionar.
Pero no quiero pagar 5 lucas.
Uf!
Soy cagada, lo sé. Las pagaré si mi padre me las entrega. Si no, lo siento.
No nací para disfrutar en grupos con desconocidos. Los desconocidos me cuestan.

lunes, 26 de marzo de 2012

Noche de otoño

Gotas de lluvia

Estoy cansada y excitada a la vez. Tengo sueño, los ojos pesados, el cerebro semi-dormido; la piel, sin embargo, está tibia y expectante. Espera dedos ajenos, ojalá con las uñas cortas, que la recorran. Por donde sea, qué más da si es el cuello o las nalgas. Aunque de todos modos preferiría que apretaran mis nalgas. Recuerdo el sueño de anoche, en que estaba con pantalones rojos y apretados, y él ponía su pene endurecido entre mis nalgas; lo sentía a través de la tela, y me gustaba que estuviera ahí. Me gustaba tanto que lo apretaba cada vez más contra mi cuerpo. Es algo que desearía estar haciendo ahora, aunque no tengo pantalones rojos, apretados y de tela fina. Al contrario, mis pantalones son todos desagradables. Tendría que conformarme estando en ropa interior. Y que él estuviera desnudo, abrazándome y encontrando todos esos miles de millones de puntos que se pueden acariciar -ya sea por accidente o por conocimiento previo- para mantener a punto la excitación.
Hoy no hay apuros. No hay tiempo, ni soledad. Hay deseos, ganas, luz -pero no demasiada-, depilación, relajo, tranquilidad y privacidad. Podemos estar juntos hasta que se nos quiten las ganas, o hasta que ya no sea lo mismo de antes. No queremos hacer hijos ni pegarnos enfermedades; queremos compartir placeres que todavía para algunos retontos son tema tabú. Acostados, aceptando lo que nos gusta, cómo nos gusta, con quién nos gusta, y compartiéndolo, es que llegamos a esa confianza ridícula que no se encuentra con la mayoría de las personas. No es fácil sentirse en armonía, en comodidad, estando tan expuestos frente a alguien, pero cuando lo logramos y estamos ahí, no dan ganas de dejarlo.
Para qué complicarse tanto. La castidad es una estupidez, y el amor es la comodidad de compartirse desnudo junto a otro, dejando de fingir, dejando de impresionar, dejando de ser un condicionado-por-la-sociedad. Compartiendo nuestra más atroz sinceridad.


jueves, 22 de marzo de 2012

"Sociabilizantes" número 1

Me siento abrumada cuando me rodeo de gente tan sociable. Tan buena para hablar y burlarse, reír y conversar, incluso mediante chillidos. No me sentiría así si no me incluyeran en su rareza de "querernos mientras nos vamos conociendo". Pero lo hacen, a veces, y no sé cómo reaccionar. Mi cuerpo produce una hastiada sensación, confusa en cuanto a lo que debo hacer. Ni siquiera lo pienso, porque como rayos pasa por mi cabeza "¿qué hago? ¿molesto de vuelta? ¿me río? ¿me callo? ¿me voy?". Hoy opté por mostrar los dientes e irme. No pude seguir con eso; me juzgaban de broma y tenía que salir de ahí. No porque fuera a ponerme furiosa, o porque no sepa tener buena disposición para con las bromas; el problema es que son desconocidos todavía. No les tengo la confianza como para tener una reacción espontánea; al no poder ser impulsivamente honesta, busco rápidamente una respuesta adecuada. PERO, como NO los conozco, no sé qué pueda ser adecuado. Y hay otro problema que por lo general no cuenta: les tengo respeto. Los respeto porque son buenas personas, eso lo sé, y porque me dieron trabajo. Por lo tanto, hay algo que debo conservar, y ser inadecuada podría salir bastante mal. No solo para mí, también para ellos. Además, no quiero llevarme mal con ellos. Al contrario: espero conocerlos mejor para sentirme en total confianza.
Mas por el momento sí es extraño, para mí, su comportamiento excesivamente sociable. No me los imagino dejando de sociabilizar. Mmm... Pues sí, finalmente resultan agradables.
Me seguirán sacando de mi rutina hasta que empiecen a formar parte de ella. Todavía es demasiado pronto como para saberlo. Porque hay personas que no me hacen sentir rutinaria; en realidad, cada vez que estoy sola siento una rutina. Eso se acaba cuando veo a otro humanoide. Aunque sea alguien que veo muy seguido, siempre siento cosas nuevas.
En fin, ya me aburrí.
Adiós.

lunes, 19 de marzo de 2012

No puedo subir foto

Guitarras que mueven el cuerpo, voces excitantes, bajos divertidos, baterías enérgicas. ¿Qué más se puede pedir?
Definitivamente nadie pide playback... ¡uf!
O un cuaderno. Hoy descubrí que es bueno tener un cuaderno, quererlo, y no cuidarlo tanto. Porque a veces cuido tanto las cosas que caigo en ser la weona que no las usa. Como mis cómics, que están guardados en un cajón en vez de usarlos cuando toca el número 2. 
Recordé que era tan diferente mi vida cuando no tenía notebook, y vivía en Placilla, específicamente en una roja casa de 3 pisos, en una villa-mierda llamada Villa Fundadores. Era tan fundadora que los nombres de sus callejuelas eran de imbéciles españoles que vinieron a cagar a los nativos. En fin... de todos modos supe tener una buena vida ahí. Al igual que ahora.
Sólo que antes tenía rutinas distintas. Me encerraba en mi pieza, apagaba la luz, ponía la música a todo chancho y bailoteaba sola, imaginando que hacía un gran video clip, o una gran película con los mejores actores del mundo, que ganarían tantas veces consecutivas los Oscar, que luego nadie querría quedarse a ver los premios a "mejor actor" o "mejor actriz"; otras veces empleaba mi tiempo en darle placer a mi misteriosa entrepierna. Eso era en la tarde, después de ver la tele -samurai x, casi siempre- o de haber jugado playstation -final fantasy y demases-. En ese entonces el computador era un wáter un tanto inútil; tenía menos de 1 gb de memoria, y no recuerdo si habrá tenido más de 100 de ram. Entonces me las arreglaba de otro modo para escribir mis estúpidas historias. Esta era la otra rutina; por lo general la Pines salía los viernes, y como era fin de semana, me permitía dormir hasta tarde por haberme dormido tarde. Otras veces eso sucedía los sábados. Encendía mi luz de lectura, subía la radio a mi camarote con un cd de rimsky-korsakov, conectaba los audífonos, abría mi agenda, tomaba el lápiz pasta y comenzaba a escribir. Era mierda tras mierda tras mierda tras mierda tras...
Lo divertido es que a veces leo trozos de lo que ya está listo, y me pregunto en qué momento se me ocurrió poner tal cosa. ¿Cómo pude escribir esto? ¿Cuándo?
No lo comprendo.
Con el tiempo, mi mente parece querer dejar de funcionar. Claramente ya no es lo mismo de antes. Tengo en el computador el lápiz, la agenda, la radio. Sólo tengo que ponerlo sobre mi bandeja y conectar los audífonos, y estoy lista. Pero estoy lista para TANTAS cosas, que me distraigo. 
Me ha funcionado cuando dejo de chatear o de ver el twitter. Cuando me cierro al internet.
Pero la agenda era mejor. El cuaderno, ahora, tiene que ser mejor.
Tiene que funcionar.

sábado, 17 de marzo de 2012

Margen

Deli House
Estar al margen, observando. Buscando, encontrando y odiando. Pero al margen: siempre al margen. Si no se está al margen no se acumulan las búsquedas, ni los encuentros, ni el odio. Si no se acumula entonces no se sueña.
Sueño estando al margen. Sueño con todo lo acumulado; sueño con situaciones, sueño con disgustos posibles debido a mi acumulación, pero imposibles debido a mi presencia en el margen. Mas no en el momento de mantenerme al margen. El lugar de soñar se encuentra lejos, en la soledad, en el aburrimiento, en la pura y sana estupidez de la cabeza. Se puede pensar e imaginar lo que se quiera: nadie lo sabrá. Si lo contamos, no nos comprenderán.
Las visiones quedan mejor como secretos. O como cuentos idiotas. A veces cuento mis imaginaciones más imbéciles, y el que escucha sólo se dedica a mirarme con la cabeza vacía. Al menos eso parece. Siento que tiene muchas "m" en la cabeza: "mmmmm...."
Llega el momento de cambiar el tema.
"Está rica la empanada"
"Sí, sabe a pollo!"
"Pero es de carne... con queso y choclo"
"Pues sabe a pollo"
A veces las estupideces tienen explicación. A veces decimos que sabe a pollo, no porque de verdad nuestras papilas gustativas nos entreguen sabor a pollo, sino porque en alguna película animada, un inglés rubio pasaba el dedo por el plato para luego lamerlo, mientras exclamaba "maravilloso, espléndido, sabe a pollo", etc. O quizás nunca dijo que sabe a pollo, pero en los recuerdos lo veo diciendo "sabe a pollo" y lamiéndose los dedos. Cuando en el cómic dice "maravillso, espléndido, yo digo".
"Happy hour?"
"Claro, pero recordemos cambiarnos de mesa"
"Sí, esta es incómoda"
"La otra da más privacidad..."
Privacidad para tocarse un poco bajo la mesa. Qué importa si miran; problema de ellos, por sapos. Sin embargo, llega el cambio de mesa y se sientan uno frente al otro. Ups. Otra vez será.
Lo real carece de diversión. El margen resulta un poco represivo, pero más tarde nos entrega la más absurda diversión. A veces nos salimos del margen cuando preguntamos; por eso a veces es mejor no preguntar. E intentar no reaccionar.
Especialmente cuando reaccionamos en base a nuestras imaginaciones producidas por estar mucho al margen, y sin preguntar.