domingo, 22 de enero de 2012

Insectofobia

Insecto volador diurno
Los insectos. Tengo una relación extraña con los insectos. A veces, los que son un poco feos pero se quedan tranquilos en las calas, a la luz del día, no me resultan tan espantosos como esos verdes bonitos, que vuelan desesperados por la noche, atraídos por la luz artificial humanoide; no sé cómo despegarán, pero sus aterrizajes desastrosos, ruidosos y sorpresivos me espantan. Soy capaz de saltar unos metros más allá, a la seguridad, lejos del insecto, cuando ellos legan sin avisar y por mi espalda. Es un sentimiento realmente terrible.
¿Has sentido alguna vez, entrometido lector, que se te detiene por una milésima de segundo el corazón? ¿Y que no tienes control sobre tu cuerpo? Es una adrenalina desesperada, como si estuviera a punto de morir si no escapara del insecto. Y luego viene la agonía, la vergüenza, los gritos, la desesperación. Es completamente irracional, el salir disparada como cometa de una tranquila cena familiar en el patio del Cajón del Maipo, cuando aterrice un insecto verde brillante que hace muchísimo ruido con sus alas... y otros escarabajos más feos también.
Lo peor de este post, es que ahora, por la noche, acostada en mi cama, escribo sobre ellos. Ellos, que me aterran como el resto de los humanoides desconocidos; siento como si tuviera 2 de ellos en mi cuello. Primero lo sentí en el costado derecho, bajo mi mandíbula. Y luego en el izquierdo. No hace falta ser muy druída para saber que se trata de mi pelo, que ahora es más o menos largo, no como antes -cuando era pelada por ejemplo-.
Ahora fácilmente podría evadir el tema de los insectos: por el del pelo.
Pero el pelo no me asusta. El pelo no representa una fobia para mí. Así que esta noche no hay discusión sobre mi pelo.
Hay discusión sobre el CAMPO. Porque la última vez que estuve en el campo mi fobia ya se había activado en el Cajón del Maipo. Y fue una experiencia distinta. Vi luciérnagas en la fogata, y fueron hermosas; más pequeñas que las que vimos en Bolivia, pero eso no importa. Luego entramos a comer, y entró uno de esos escarabajos verdes. No describiré mis gritos porque mi familia me hizo callar y me dijeron que exageraba. Entonces comenzó mi histeria porque mantuvieran la puerta cerrada cada vez que salían. Eso era desagradable, tanto para mí como para ellos. Así que les comenté que no podría ir al campo, con ellos tratándome como drama queen profesional que ACTÚA de manera irracional -teatralmente hablando, of course- para llamar la atención y que se lleven los insectos por capricho. O que los aplasten por capricho (aunque nadie me ha hecho ese favor). Me imaginé en un segundo a mi tío Erico, a mis primos, a mi tía Lorella mirándome feo por mi comportamiento irracional que no logran comprender. En esos segundos de mi imaginación, me sentí discriminada y agobiada. Porque ellos no comprendían cómo me sentía, y yo tampoco lo comprendo, porque nunca he tenido una fobia. Nunca había estado al borde del colapso por un insecto.
¿Alguna vez algo absurdo te ha resultado aterrador? A mí sí: los insectos nocturnos, atraídos por la luz humanoide artificial, que aterrizan descuidadamente, unas veces sobre nosotros. Es, así de específica, mi fobia a los insectos voladores. Y a eso se le DEBE sumar los grillos rojos.
Esos grandes grillos rojos... ellos.... son mi condena, mi perdición. Son los espíritus que me buscan para llevarme a los portales de fuego que vi entre las brazas, bajo el fuego, escondidos entre madera carbonizada, trabajando, martillando, creando armas, no lo sé en realidad; los grillos rojos quieren llevarme a un portal, y no los dejaré.
Sin embargo, cuando veo uno de ellos me congelo y puedo hasta llorar. Entonces no tengo absolutamente ningún control sobre mi cuerpo. Porque no puedo correr, no puedo desviar la vista, no puedo escapar. Sólo una gran persona me ha podido ayudar en esos instantes. Ahora, en el futuro, no sé quién lo hará. Pero si no hay nadie cerca... entonces temo desaparecer.

2 comentarios:

JM dijo...

Escribir sobre aquello que a uno le hace perder el control, que lo desencaja, que como bien decías te detiene el corazón queriendo huir lejos, es una gran cosa! No es menor sentirse fuera de control, pero más difícil es enfrentar eso, y escribirlo o hablarlo! Ya sean los bichos concretos, o la metáfora que se puede asociar a ellos, como miedo incontrolable, incomprensible e irracional frente a "algo" te acerca a tus miedos más profundos y aquellos que no son reductibles.
El miedo que la existencia misma conlleva, la angustia existencial como bien la describe Kafka. Y ahí es cuando la cosa se pone vertiginosa, cuando nosotros mismos nos vemos como bichos, como extranjeros, enajenados, extraterrestres o bien cuando a los otros los terminamos asociando a nuestros más profundos terrores.
Sin ir más lejos, cuando pequeño tuve terrores nocturnos. No pesadillas, sino que experiencias de pánico dificiles de representar, y que por lo general de las cuales yo no recordaba en las mañanas. En la mayoría de los casos era mi familia, mis amigos o bien mis compañeros, dependiendo del lugar, los que espantados me preguntaban que me había pasado. Y yo con cara de resignación y verguenza,les decía que eran pesadillas, que siempre las tenía y que no había de qué preocuparse (aunque yo en esos momentos quería que me tragara la tierra).
Esos momentos no eran nada, comparados con el hecho de despertar del miedo. Era en el menor de los casos, pero era tanto el terror, que quedaba pálido y gritaba a más no poder, sin entender qué me pasaba, ya que nunca recordaba nada de lo que había soñado. Solamente sentir que el corazón se salía de mi boca.
Creo que nunca había escrito sobre eso, pero asocié los bichos y tu experiencia instantáneamente con estos "terrores nocturnos" que me persiguieron por un largo tiempo.
Ahora ya no vienen, el absoluto descontrol dejó de tener la forma de estas pesadillas. Eso sí, aceptar el descontrol propio de la vida es lo que más me atrae, dejar que los bichos se pongan en mis dos palmas abiertas y mirarlos con el deseo del vértigo, del tirabuzón, de la virtual desaparición.
Au revoir!

J. Lagos dijo...

Me viene una sensación parecida a la que describes cuando descubro que sucede algo desfavorable a mi estabilidad emocional/psìquica/mierda. A veces llego a conclusiones random sobre actitudes random, que finalmente no eran tan random. Luego de eso me viene el espanto, el quedarse helado... y por la mierda, uno se pone naturalmente dramático, y TODO o TODOS te hacen sentir mierda por ser enfático y sincero.