lunes, 16 de enero de 2012

Olor a campo

Chancha premiada: "¡Humanos!"
Puede que sea tan sólo mi imaginación; puede que sea verdad. Me he sentido enferma, me he sentido caer. No me pude ver bien, porque no lo recuerdo. No lo recuerdo porque estaba borracha. Se apagaron los sentidos, se apagó mi cerebro: ahí estaba, gritando, llorando y vomitando en la cama de Belén. No sé si me tenían afirmada, no lo recuerdo bien. Sólo recuerdo que gritaba. No recuerdo qué.
La mañana del sábado estuvo llena de revelaciones; el viaje en micro a las 8 am me abrió los ojos, y me volví a enterar de mis verdaderos sentimientos. Fui capaz de comprender con objetividad cuáles fueron mis errores, y aceptar la razón tras ellos. Puro y simple egoísmo. Egoísmo y miedo. No hacen una buena combinación.
Quizás el arrepentimiento no sirva demasiado para arreglar el daño causado; es lo más probable. Pero al menos aquí está, presente y vivo en cada una de mis células.
Todos estamos hechos de polvo de estrellas. Todos tenemos polvo de estrella en nuestro organismo, absolutamente todo lo que habita en este planeta. No podemos ser tan diferentes, no puede ser que mi arrepentimiento no se haya repetido en alguna otra persona; puede ser, incluso, la persona que me acompañó durante tanto tiempo. Tiene que haber sentido lo mismo. Lo sé.
Pero el cómo procedemos frente a un arrepentimiento... es... no lo sé. No lo puedo saber. El futuro no existe.
No existe así que no tengo cómo saberlo.
De todos modos me hace feliz la simplicidad de haberme podido dar cuenta, de haberle contado a mis padres que la madrugada del sábado me puse loca, de haber comido asado en el campo hasta reventar. De haber dormido como las hueas, para despertar, lavarme los dientes y ver una familia hermosa de codornices afuera, que me estremecieron de ternura; las salí persiguiendo con la cámara, discretamente, y me encontré con más cantos misteriosos, hermosos, que salían de entre las ramas de esos viejos robles, de los arrayanes con su corteza roja, de entre los eucaliptus que crecen cada vez más, de la zarza mora. Y con un cerdo también me encontré.
Venía del fondo del camino respirando con fuerza; caminaba despreocupado, oliendo alguna cosa. Cuando me vio pude notar la tensión de sus orejas, que se expandió a su cuerpo entero. Se inmovilizó. No hizo nada más que eso. Lo saludé y me escondí tras un eucaliptus, agachada, lista para disparar con mi Nikon picante. Y cuando aparecía nuevamente despreocupado por el camino, al verme, no alcancé a disparar en su cara porque se puso a chillar y salió corriendo por donde venía. La verdad es que me asusté porque él se asustó, y cuando revisé la foto, no era más que de la tierra. Demasiado lenta. Demasiado miedosos, los dos.
Las codornices parecían multiplicarse; mientras más caminaba entre los eucaliptus, más familias aparecían. Aleteaban y se comunicaban unas con otras; no pude fotografiar ninguna, fueron demasiado difíciles; además me faltaba desayuno y salir un poco del sol.
Más tarde, luego de desayunar mucha fruta con un pan y palta, partimos a revisar el campo con los papás, mientras la Toñi se quedaba jugando Ocarina of Times en la cabaña. Arriba, bien arriba, donde está la esquina de los pinos, en ese lugar donde alguna vez junto a J.Z. encontramos restos de huevos rosáceos con lunares café, había una chancha. ¡Y QUÉ CHANCHA! Estaba a unos días de parir, con las tetas todas infladas y la guata enorme. Era linda, sí. Y me asustó. Ella me asustó porque se puso un poco a la defensiva cuando nos vio. Creí que me iba a comer.
Me gusta ir al campo. Me gustan los caballos, los chanchos, los pajaritos. El calor no mucho, pero está bien. Tampoco me gustan los moscos molestos que quieren chuparme la sangre. Y los bichos de la noche, porque les tengo fobia.

2 comentarios:

Jime dijo...

me gustó caleta la foto del chancho. sube más fotos del campo para conocerlo!!

J. Lagos dijo...

Lo bacán de los malviajes, es que SIEMPRE pueden llevar a algo mejor. Bueno, se supone. :*