lunes, 13 de febrero de 2012

Ellos / campo

No sé qué es lo que me sucede, que de vez en cuando me muero por una cosa, y cuando puedo conseguirla pierdo un poco el interés. Luego lo tengo en mis manos y no lo quiero soltar, así funciono.
Cerditos, hermosos y chillones cerditos.
Pienso que necesito más música. Cuando encuentro música que me vuelve a conectar con "ellos" -que de ahora en más será ellos sin comillas porque me da lata hacerlas siempre-, la desgasto demasiado rápido. Ya no es como antes; un disco, un grupo musical, una canción, podía mantenerme conectada con ellos durante muchas noches, a veces seguidas, a veces días enteros. Hoy dura tan poco que me desespero por encontrar nueva música. Lo peor es que la necesito. No sólo la música: la oscuridad también. Estar a oscuras, o en soledad, envuelta por música y ningún otro ruido más que el que sale de los audífonos y los pensamientos rápidos que surgen de mi cabeza, redactando estupideces que nunca jamás mostraré a alguien. Se trata de un lío personal que me mantiene feliz. Es un lío porque no me agrada la idea de sentir que NO lo puedo compartir por otra persona; al mismo tiempo me hace feliz tener algo que sea mio y SOLO mio, que nadie más pueda tocar. Y que aquéllos que lo tocaron alguna vez, simplemente no conozcan el resto. Dudo que a alguien le interese, y eso también me hace feliz.
Soy de esas personas que cada vez que hace algo que le gusta le recuerda a alguna otra persona y si no está pienso "ojalá chuchunco estuviese aquí". Luego no le cuento nada a chuchunco porque lo olvido, son demasiados o muy pocos momentos. Hay gente para todo. MENOS PARA ELLOS.
ELLOS SON MÍOS.
M-Í-O-S!
DE NADIE MÁS!
De ahí salen las relaciones de amor-odio, gracias al puto egoísmo.

En fin, creo que sería una falta de respeto hacia el campo no escribir sobre la semanita que estuve lavándome las manos muchas veces al día y gasté el equivalente a un mes de crema Lubriderm. La ida fue una mierda porque no le hice caso a la Pina y llevé mi guitarra (jejeje), la mochila estaba ultra pesada y en el bus hacía frío. Además, cuando llegamos a Santa Bárbara fuimos testigos de un escenario de quiebre familiar bastante desagradable e incómodo, todo lo cual nos hizo sentir un poco como la mierda (al menos yo sentí que había llegado con mierda).
Después todo fue más feliz. Jorge llegó de la nada, lo que me obligó a experimentar una sorpresa -no demuestro mi felicidad ante buenas sorpresas, me cuesta un poquito- que en conclusión fue muy linda y muy buena. Llegaron también mis tiítos del Cajón del Maipo con mi querido primo-mono Tomás y su hermana-loca-de-circo Amanda. Trajeron 2 adolescentes con ellos, uno de los cuales es piola y se fue antes; la fémina atrajo a otro primo care'nalga con su hermano-súper-pavo. Entonces se armó el griterío adolescente: junta weones que tengan las siguientes edades: 14 y 16. ¡QUÉ GRITERÍO POR LA MIERDA!
Todas las putas tardes -porque me saltaba los desayunos durmiendo hasta las 2 o 3 de la tarde- mi cabeza explotaba enojada de su sueño gracias a los aguditos gritos sin sentido de los adolescentes. Entonces para canalizar mi dolor de espalda y de cabeza, me daba la ducha de agua fría y volvía a ser una Ñuño. 
También había una familia de chanchos que se metían al campo y sufrían persecuciones varias y bastante violentas por parte de nuestros canes. Alcancé a oír que Lupo arrancó la oreja de uno de ellos, tamaño mediano. Pero no, en realidad se la masticó todo lo que pudo, sin haberla podido arrancar. Lo que sí daba pena y miedo era que agarraran un cerdito, pero por suerte sucedió una sola vez y no llegó a mayores. Sólo hubo griterío exagerado, miedo y rescate a un babe rosadito muy bonito y tiernecito.
Cuando asaron un cordero supe que su última noche la pasó descansando de los juegos de la tarde. Seguramente a eso de las 6 ó 7 de la mañana lo colgaron de las patas y le hicieron el corte en el cuello para que se desangrase lentamente, hasta morir. El asado también duró mucho rato, y los viejos no cachaban una así que lo terminaron quemando. La carne, en conclusión, no me agradó mucho. Le habrá faltado aliño, experiencia o amor, no lo sé; simplemente me terminó desagradando al punto de poner cara de asco con el olor. O habrá sido que comí mucho porque me había estado embriagando con vodka?
No lo sé. Pero cordero asado, no como más, a menos que lo haga alguien que SEPA, como el peluca.
Bueno, creo que otra noshe seguiré pensando en la ida al campo. Ahora debo pasar las fotos para poner alguna mierda en este muerto espacio de blog.