miércoles, 8 de agosto de 2012

Propuesta

Era el momento de acostarme y no podía dejar de darle vueltas al asunto. Una proposición de esa envergadura no se hace de un momento a otro, menos en una comida y con gente desconocida observando la situación. No sabía qué pensar y eso me envolvía todavía más en ese embrollo. ¿Por qué? ¿Cómo?
¿Por qué esa persona me propone tal cosa en ese descuidado momento que culminaba en desconfianza? ¿Cómo fue capaz de hacerlo, sabiendo que podría traer terribles repercusiones para nosotros y nuestras familias? ¿Acaso era justo que nuestros seres queridos sufrieran por una persona desubicada? ¿No fue capaz de observar quiénes estaban sentados en la mesa, antes de hablar de algo tan importante, y proponer algo más importante todavía?
Quizás esté buscando que me maten. Quizá creyó que para el resto, esa proposición no era más que una broma. Puede que alguna fracción de la mesa creyera en eso, pero siempre existe un "otro" curioso que investiga más allá de las palabras, para descubrir acaso esa persona es estúpida o mentía. Lo que es yo, firmemente creo que esa persona es estúpida.
Intento dormir de espalda, de guata, de lado. Apoyo mi cabeza en la almohada con la mano bajo ella. Siempre hago esto, no sé por qué. Continúo pensando en las proposiciones y la gente estúpida que colma este mundo de malos ratos, hasta que de un momento a otro me encuentro caminando por una plaza. Caminaba con rapidez, buscando a mi madre; había anochecido y el lugar se volvía peligroso. Luego de ver fantasmas, además, no tenía muchas ganas de caminar como si estuviera dando un paseo.
Continuaba caminando, cada vez más rápido, pensando que la única protección que tenía en ese momento era mi chaqueta estilo inspector Gadget, pero sin el sombrero asombroso que tanto caracteriza a ese cyborg. De repente me espantan dos o tres, no sé en realidad cuántos, sonidos de motores. Eran motocicletas y se acercaban con rapidez por la plaza. Uno de ellos, grande y malo pero divertido, frenó a mi lado. Subí por un impulso de curiosidad, dejando de lado acaso fueran maleantes o policías. No era importante; sólo le pedí que si era un secuestro, no me llevara de espaldas sino como una persona normal que acompaña a otra en una motocicleta. Accedió, y me pidió que pasara ambos brazos bajo los suyos; así fue como las esposas que salían de su atuendo como por arte de magia, se cerraron con cada muñeca, atrapándolas. Ya no tenía sentido asustarse. La trampa me llevó a un estado de completa satisfacción y diversión aventurera; dejé de buscar a mi madre y en vez de eso me convertí en otra persona maleante, que disfrutaba de la velocidad sobre una motocicleta de un desconocido, aunque no tuviera escape. Pudimos conversar durante la escapada de la policía sobre lo malo que habían hecho, y por qué habían decidido tomar un rehén. No recuerdo la conversación, sólo que gracias a que los policías no podían hacerme daño por ser parte de una situación de rehenes, logré que mi amigo el maleante escapara en su motocicleta. De eso nunca me arrepentí.
Pero al momento de despertar del dulce sueño de la moto, descubrí que continuaba con esa inseguridad que me había dejado la propuesta de esa persona estúpida.
"Ojalá fuera un sueño".

1 comentario:

Jorge dijo...

Espero pronto recuperes seguridad, y que tus sueños sigan siendo así de bacanes, yo siempre olvido los míos. Besotes amada Ñ