miércoles, 24 de octubre de 2012

Bla bka bkla bla

Nunca he sabido bien cómo subirme al bote, pero de alguna manera lo hago igual. Se mueve, se balancea, se aleja, se acerca; es impredecible. Así que decido probar subiendo sin temer caerme al agua, y siempre me ha resultado. No me he caído todavía.
Tampoco sé escapar de las FF.EE, pero también lo hago. A veces ni siquiera uso mis piernas para correr. Sólo corro cuando sé que es inseguro caminar. Pero ¿cómo sé cuándo es seguro? No lo sé, y por lo tanto alguna vez volveré a caer.
Lo que menos sé de la vida es prepararme para ser valiente. Cuando lo hago, por lo general, me convierto en una cobarde de cabeza a pies. Mañana debo ser valiente, e intento prepararme pero sé que lo mejor es hacerlo y ya. Como cuando se salta a la piscina sin pensar mucho acaso el agua me congelará o no. Nunca me ha congelado; nunca lo hará.
Así es que cuando el doctor con su perfume malo me diga "abra la boquita grande", lo haré, y bien sé que será brusco y rápido para inyectar la anestesia. Me dolerá, porque el primer pinchazo siempre duele, y permanece ese dolor aunque todo esté dormido. Pero se pasará, al igual que pasaron las muchas agujas del tatuador por mi piel. La sangre dejó de caer y las costras desaparecieron también. Este tipo de cicatrices son simplemente hermosas, espero ahorrar para tener más.
De modo que el único consuelo que encuentro es que todo pasa. Se pasa con paciencia, con tiempo; a veces con sufrimiento, otras veces con diversión. Pero siempre, SIEMPRE, pasa.
Recuerdo que el pasado está escondido en mi cabeza. En una memoria virtual completamente desvirtuada de la realidad. Nunca sucederá nuevamente, pero podemos recrearlo mejor mientras más conversamos y unimos hechos del pasado a un momento presente. Entonces sentimos lo que era, incluso podemos olerlo o escucharlo. Yo soy de las que huelen el pasado. Y los lugares. Los huelo, y es raro porque siempre tengo la nariz tapada con mocos invisibles pero molestosos.
Un olor que me encanta y que rara vez huelo, es el de Valparaíso. ¡Cómo amo ese olor! Es lo más exquisito sentirse como en la quinta región, aunque sea por una fracción de segundo.
En fin, me conversaba de la valentía y todo eso de intentar ser valiente cuando en realidad no se puede meditar, ya que es una reacción al momento. Lo bueno de trabajar la valentía, es que a veces me ayuda a convencerme de tal modo que hago exactamente lo que tengo planeado. Ya publico acá que mañana abriré la boca grande y cerraré los ojos y apretaré la pelota o mis dedos si es que se queda en casa, cuando el cirujano dentista que me recuerda al payaso asesino diga "abra la boca GRANDE".
Tengo la boca pequeña. Si alguna vez quisiera hacer un quico, no cuenten con ello a menos que se trate de un micropene.
También quiero dejar constancia de cuánto me gustan las frutillas, ver películas antes de dormir, dormir, no tanto soñar, y despertar. 
Ya van dos veces en que en sueños me disparan en la cabeza. En uno sobrevivo, pues me rompe la oreja y parte del cuero cabelludo solamente. Pero anoche morí. Comencé a verlo todo blanco y no entendía mi mala suerte de ser la única tonta que recibió un disparo. Así que empiezo a creer que quizás el disparo en la cabeza no signifique necesariamente tener una muerte rápida. Siempre he tenido la impresión de que todas las muertes son lentas, infinitas. Un misterio, finalmente.
Hoy estamos vivos y la pasamos bien. El pasado y el presente son importantes; no así el futuro...
Pf ya me aburrí.
Hoy no vi Seinfeld.

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