miércoles, 28 de noviembre de 2012

Malditos todos

Yo, al igual que el resto de la humanidad, estoy perdida. Por perdida me han confundido con heces, con pérfida, con ser mala persona. Bueno no los puedo culpar; yo he sido antes quien tenga la misma sentencia para quien estaba perdido por la vida.
Pero es indudablemente injusto. Es indudablemente una porquería, que seamos tan patudos y poco empáticos; comprendo que es mucho más fácil ser egoísta y maltratar a la persona pérfida, incluso borrarla de su sociedad virtual. Pero no corresponde continuar con la reproducción de estos malos tratos, sólo porque todavía hay quienes lo hacen.
Mis pesadillas me dijeron quién soy realmente. Me mostraron qué era volver a conocer a un ser amado con tanta profundidad que sólo fui capaz de preocuparme por él. Me mostraron que aunque esa persona no me conociera, estaba decidida a protegerme, aunque no me hizo caso muchas veces para que la casa no se volviera loca.
Y escapamos. Todos escapamos pero sólo unos pocos quedamos. La casa nos expulsó porque en el fondo de su arquitectura nunca tuvo intención real de asesinarnos. Fue la gran conexión familiar la que nos salvó. Fueron mis tías y mi madre, las herederas del hogar.
Pero finalmente cuando entre todos decidimos exterminar la casa en el campo, esta se rebeló y nos siguió hasta que, cuando cayó en la costa marina, se llevó consigo a mi padre. Creo que lo mató ahogado; nunca lo sabré porque preferí despertar.
Y desperté para leer insultos en mi tl de Twitter.

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