domingo, 26 de mayo de 2013

No se tienen ganas de nada. No sabe si es la época o lo que ha pasado o todo mezclado, pero sí sabe que no le ayuda en nada de nada el querer escuchar música penosaydepresiva, intentar cantar para creer que merecería estar en glee, sapear gente en las redes sociales, enviar mails, conversar, reír, molestar, comer, cagar, mear, ducharse y no hacerlo, pensar en hacer cosas, recordar quehaceres que NO hará, tragarse todo lo que no ha hecho ni empieza a hacer.
Sorbetear los mocos escuchando Placebo. Lo curioso es que se debe a un resfriado y nada más. Sería mejor ser más adolescente, pequeña e ignorante que ahora. Sería mejor hacer los deberes y sentirse bien por triunfar, en vez de quedarse cómodamente feliz en la mediocridad de la eterna espera por licenciarse o titularse. Lo que venga primero, siento, y es como las wea porque todos en este mundo saben que una licencia sirve tanto como ir al baño a sacarse los peos y no el mojón. Seguiremos sintiéndonos hinchadas, por la chucha.
Además, chucha significa vagina y no tenía la más remota idea.
Los ánimos vienen con la felicidad ajena. Ver a la familia feliz, o saliendo adelante, quejándose como siempre pero sin enfermedades terribles. Hacer lo imposible por continuar sin tanto estrés.
Veo a mi hermana y está siempre estresada. Me da rabia que sea madura; si fuera inmadura como yo, no estaría estresada. O lo estaría pero haría como si no pasara nada y aceptaría el "hacer nada" para no estresarse.
Veo muñequitas que de día tienen una cara y de noche otra. Le salen los dientes y se le ponen los ojos rojos. Son dientes de piraña, y puta que molesta que muerda, aunque sean de porcelana solamente. Eso, estresa. Las mordidas estresan. Las caras falsas ESTRESAN.
Igual debe admitir que es fome ser siempre y para siempre una simple adolescente. Es vergonzoso. De verdad.
Hay que terminar el Dalek y ver si acaso se puede hacer un lápiz lindo de un personaje tan feo y gritón.

martes, 14 de mayo de 2013

Odio mi blog, está horrible.
Hoy me extirparon un lunar del cuerpo.Odio cuando quitan cosas de mi cuerpo, es una de las peores sensaciones que he vivido.
También me acordé de ti. Me acuerdo de ti todos los días, la verdad. Porque, a pesar de no haberte conocido tanto como otros, sentía que había cierta armonía planetaria entre nosotros. No sé por qué no fuiste como otros que mi hermana ha conocido, que no me caen bien y después no los saludo en la calle. No, tú siempre fuiste diferente.
No soy capaz de imaginar el dolor que debes haber sentido cuando tu alma dejó el cuerpo. Pienso en eso, porque cuando te quitan algo físico, después duele. Incluso un pedazo de lunar. Bueno, también es cierto que si yo me hubiese sacado el lunar, dolería menos, así que en realidad creo que no te dolió nada.
Me gustaría saber donde andas, qué haces.
En fin.
Soy tan superficial.
Ayer veíamos fotos de Juan con mi hermana, y me dio rabia pensar que estaba tan lindo con su humita y traje en una fiesta de medio abogado. Me dio rabia.
Las personas crecen; la mirada no cambia. Algunos nunca dejan de ser bebés. Otros pasan por una metamorfosis que en contadas ocasiones se lleva parte de ese bebé. Cuando vi las fotos ayer, recuerdo haber pensado en eso también. Su mirada, con el tiempo, cambió. Y pensar que no me lo creía cuando el fatiga me dijo que tenía amigos que habían cambiado su mirada.
Más que un cambio... es una transformación. Metamorfosis. Podría ser que cruzó la línea. Debía irse a otro estadio de la vida, en cuanto perdió la mirada del bebé.
Lo imagino en una especie de Matrix, sólo que bonita y sin mentiras de máquinas ridículas. Sólo mundos paralelos de esos irremediables. Es horrible pensar que nunca jamás nos volveremos a encontrar. Nunca jamás como lo hicimos antes, claro.
Pero estoy completamente segura de que hay energías que se mezclan entre ambos mundos. Es imposible dejar algo completamente. Incluso la vida.

jueves, 2 de mayo de 2013

tendría que ser malo para decepcionarme

Hoy pensaba que la lluvia es rica, pero la falta de colores me estresa el alma. Veo todo negro y me invento cosas negras que jamás sucederán. Este es el periodo más difícil del año, el que cuesta superar, el que indica si una realmente está bien o sigue mal.

En fin, ya siento que no estoy mal. Estoy bien y seguiré bien, dentro de lo mal que me veo para el resto. Pero eventualmente me tendrán que ver bien, ¿cierto? Porque así es como me siento, ¿cierto?

Me gustan los pianos. Las películas. Las personas, me quieran o no.
Tiendo a querer a las personas. Me gusta darles cosas, que me recuerden, sea quien sea. No porque realmente desee que piensen en mi, sino porque me nace entregarles frutas u otras chucherías que a nadie le importan, salvo a mi.
Claro que todavía no le he entregado el gato a la Linker, porque no lo he terminado. Es que me dijeron que era muy depresivo y maníaco, por lo que pensé cambiarlo. Pero ya he decidido no hacerlo, y ponerle colores chistositos al gato viajero del espacio.

También, cuando pienso en el gatito blanco bajo las estrellas, no soy capaz de visualizarlo sobre un techo. Lo veo sentado, flotando. mirando todo lo que tiene encima, con indiferencia a pesar de la levitación.

Pienso en mis amigos. En los reales y en los falsos. Pienso en mis sentimientos hacia ellos. A todos los quiero.
Creo que, por lo general, no me cuesta querer a las personas. Lo que me cuesta, es volverlas a querer cuando ya dejé de hacerlo. Así es que dejaré de forzarme a quererlos nuevamente. Sólo los aceptaré respetuosamente, pero no daré nada de mi a quien no quiero.

El resto, puede esperar a que ya no los quiera, o puede que nunca me decepcionen. No lo sé. No es fácil decepcionarme; soy insistente con el cariño y las personas.