jueves, 2 de mayo de 2013

tendría que ser malo para decepcionarme

Hoy pensaba que la lluvia es rica, pero la falta de colores me estresa el alma. Veo todo negro y me invento cosas negras que jamás sucederán. Este es el periodo más difícil del año, el que cuesta superar, el que indica si una realmente está bien o sigue mal.

En fin, ya siento que no estoy mal. Estoy bien y seguiré bien, dentro de lo mal que me veo para el resto. Pero eventualmente me tendrán que ver bien, ¿cierto? Porque así es como me siento, ¿cierto?

Me gustan los pianos. Las películas. Las personas, me quieran o no.
Tiendo a querer a las personas. Me gusta darles cosas, que me recuerden, sea quien sea. No porque realmente desee que piensen en mi, sino porque me nace entregarles frutas u otras chucherías que a nadie le importan, salvo a mi.
Claro que todavía no le he entregado el gato a la Linker, porque no lo he terminado. Es que me dijeron que era muy depresivo y maníaco, por lo que pensé cambiarlo. Pero ya he decidido no hacerlo, y ponerle colores chistositos al gato viajero del espacio.

También, cuando pienso en el gatito blanco bajo las estrellas, no soy capaz de visualizarlo sobre un techo. Lo veo sentado, flotando. mirando todo lo que tiene encima, con indiferencia a pesar de la levitación.

Pienso en mis amigos. En los reales y en los falsos. Pienso en mis sentimientos hacia ellos. A todos los quiero.
Creo que, por lo general, no me cuesta querer a las personas. Lo que me cuesta, es volverlas a querer cuando ya dejé de hacerlo. Así es que dejaré de forzarme a quererlos nuevamente. Sólo los aceptaré respetuosamente, pero no daré nada de mi a quien no quiero.

El resto, puede esperar a que ya no los quiera, o puede que nunca me decepcionen. No lo sé. No es fácil decepcionarme; soy insistente con el cariño y las personas.