martes, 18 de junio de 2013

Citando a Trent Reznor,

ya todas las noches son exactamente iguales. He cambiado día por noche, porque mis días son distintos. Pero las noches son todas exactamente iguales.
Esta siempre ha sido la época más difícil. Desde que tengo uso de razón, el invierno me ha provocado malestares internos que se presentan ante la sociedad de diversas y absurdas maneras. De chica escapaba a correr por el bosque, bajo la lluvia, cuando me atrevía a investigarla. De día, por supuesto, porque de noche escuchaba les niñes gritando y llorando sin consuelo. En completo abandono.
En fin. Hoy es la flunedad. TODAS las noches me pongo flun. TODAS.
EN la ducha grito canciones de lo que hago o lo que siento. Pienso la mayoría de los versos, y son todos iguales porque carezco de creatividad.

Me importa una mierda
Lo que quieras
Me importa una mierda
Lo que odies
Me importa una mierda
Lo que pienses
Me importa una mierda
Tu absurda existencia.

Me importa una mierda
Todes me importan una mierda

Me deshice de todes
Para estar bien
Me deshice de todes
Para estar bien
Sola me quedo
Es lo que quiero
Me deshice de todes
Para estar bien.

A todes les pierdo
A nadie encuentro
Me deshice de todes
Y ahora no están
Todes han muerto
Ahora no están
Me deshice de todes
Para no estar mal
Sola me encuentro
En soledad.

Me deshice de todes
Para no estar mal
Me deshice de todes
Para estar bien
A todes los busco
A nadie encuentro
Todes han muerto
Fue lo que busqué.

No se entiende, pero algo había cantado que finalmente significaba que no me había deshecho de todes emocionalmente, pues desaparecieron para siempre. Están muertes. Todes.
Todas las noches se me quitan las ganas de volver a la universidad, de ver las caras conocidas, sean simpáticas, antipáticas o simplemente venenosas. Entonces me pongo a pensar en lo imbécil que sería la vida si decidiera andar entregando veneno. A pesar de que lo he pensado.
Es fácil mandar a todes a la mierda. Pero no tiene ningún sentido. Y poco debiera importarme, porque la verdad es que para mí, nada tiene sentido. NADA.
No sé qué me está pasando.
Sólo sé que ando flun, y ahora más que antes porque en la ducha pensaba lo que escribiría y se escuchaba genial. Luego lo intento y sale todo re-podrido. No es lo mismo.
Y cuando todes se vayan, esto continuará. Como mañana, hoy y ayer, como el sol, la luna, como nacer y morir. Nada va a cambiar. Nunca. Y sin embargo resulta tan diverso el modo en que podemos llegar a desangrarnos.
Es ridículo.

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