domingo, 7 de julio de 2013

Soy una weona super cursi

Me encontré descansada entre las sábanas de dominó. Extrañaba que la musica del comienzo de doctor quién no me hubiese despertado antes de las 11 de la mañana. Imbecil soy, lo sé, por no haberme preocupado al respecto.
De todos modos no saco nada disculpándome por medio de esta entrada. La imbecilidades que pueden perdonarse, se corrigen en la vida real. No en el cibermundo. Aunque me de vergüenza ser tan idiota.

Hoy nuevamente (ayer en realidad), al despertar pude volver a definir tus labios. Siempre que mis dedos se pasean por ahí, tus ojos con puntos simétricos se clavan en mi mirada. Entonces no puedo parar de mirarlos; quiero tocarlos; son como el fuego en un campo frío, terriblemente pegada en que sería bueno acariciarlo un poco. Pero si acaricio el fuego me quemaré; si acaricio tus ojos, te quemaré.
Son tan sensibles los elementos que conforman nuestras deformes caras; parecen ser invencibles cuando son muy feas, o completamente inútiles por su extrema belleza. Las caras siempre tienen algo que decir en su conjunto. Pero los mensajes más hermosos se encuentran codificados, por parte, como una hermosa canción interpretada en la guitarra perfecta.
No he terminado el código de tu cara; solo sé que hay partes muy sensibles en tus labios y en tus ojos. Mis labios se inflaman cuando mis ojos poseen los tuyos; mis ojos se atacan cuando ven mi cara ridícula reflejada en los tuyos. 
Y los ángulos de tu cara siguen siendo un misterio. Al igual que el resto de tu cuerpo.

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