viernes, 27 de diciembre de 2013

nada especial, solo una fomedad

Fumar de mi boquilla, con un collar de perlas blanco, falsificado. No tengo el dinero ni las ganas como para llevar uno auténtico. Además, mi cuello no es perfecto; no merece un accesorio perfecto. Merece imitaciones baratas adquiridas por ebay.
Tampoco quise ser tan ladrona de aspecto, así es que llevo el pelo suelto y un vestido blanco. Bajo él se esconde un portaligas blanco que de hecho sostiene ligas blancas. No es una fiesta con temática blanca, es sólo un tributo a Miles Davis. Y sí, en mi imaginación puedo fumar desde la esquina próxima al escenario, esa que está iluminada solo un poco, para que mi vestido brille pero no sobresalga demasiado. Escucho la banda pero no la miro, porque antes de entrar me fumé un cuete y ahora estoy pegadísima con Bitches Brew; en este caso, olvido que la música es en vivo y podría mirar a los intérpretes, porque la gente que habla por encima sin escuchar, coqueteando apoyados en sus mesas redondas, me llaman la atención. Debo aclarar que estas mesas son grandes y cómodas, así que espero que no se confundan con las del Averno.
Las personas me divierten, me imagino las cosas que podrían estar diciéndose y hasta siento que puedo escuchar cada una de sus conversaciones. Esto me empieza abrumar y me vuelve un poco paranoica. Así es que detengo al primero que pase delante de mi apartada mesa, y le pido si me puede cuidar el tequila margarita y mis cosas, que debo salir un segundo.
Estúpidamente confío en el tipo y me largo casi corriendo hacia afuera, donde intento dejar de temblar y terminar el tabaco que cuelga de la boquilla. Aquí en la calle, hace frío. No es como el frío de invierno, pero el viento helado me para los pelos del cuerpo y además deja en peor estado mi desordenado pelo suelto. Pasó a apagar mi tabaco: esto está mal. Al menos puedo escuchar la música que viene de adentro, así que esperaré a sentirme mejor y en cuanto entre me fijaré en la banda para no volverme paranoica con tanta gente desconocida. Tampoco conozco a nadie de la banda, pero no me producen malestar.
Pretendo esperar... solo un poco más, para entrar. No lo estoy aplazando, de verdad quiero volver a buscar mis cosas, pero la marihuana hoy me sentó mal... debo ser fuerte y valiente y regresar, además que ahí está el dinero para poder regresar a mi desordenada casa.
O podría simplemente largarme y engrupir al taxista con que le pagaré con mi collar de perlas auténtico... sí, claro, como si el pez gordo fuera a picar.
Está bien, voy a entrar; empujaré la puerta pero ella se abre de golpe hacia mí. Es como un puñetazo directo a mi frente, y duele. Intento no perder el equilibrio, pero nunca aprendí a andar con tacos y caigo al suelo, derrotada. Era el tipo a quien le confié mis cosas. ¿Por qué habré nacido tan tonta?
Se da media vuelta y exclama disculpas. Agrega que pensó robarse lo que le pasé, pero cuando revisó y vio que no tenía nada de valor, salió a entregármelas, o al menos a ver si estaba realmente haciendo nada parada afuera de un buen recital.
Le agradezco por haber encontrado insuficientes mis pertenencias, sin mirarlo porque siento que romperé a llorar.
- ¿Pasa algo...?
- Mi chaqueta.
Le extiendo el brazo desde el suelo para que me la entregue. Agarra con fuerza mi muñeca, me levanta y pone mi chaqueta en mis hombros. No soy capaz de decir nada; sólo espero a que se largue y así pueda irme tranquila.
Me empieza a conversar. Me ve temblando e intenta darle calor frotando sus manos en mis hombros, como si quisiera abrazarme. No necesito ningún abrazo de un desconocido que por pena siente que me ayuda, fuera de un bar caro y bueno donde está terminando de sonar bitches brew.
Qué quieres, le pregunto secamente. Asumo que está borracho porque contesta que me encuentra bonita e interesante, y que si acaso me gustaría salir con él. Le miro la cara para al menos ver si pasa el primer filtro. Sí, lo has pasado... además me quisiste robar pero te arrepentiste. Te quedaste afuera conmigo sin conocerme... ¿Acaso es un violador psicópata y me partirá en pedacitos? Lo averiguaré, total ya estoy media borracha.
Entonces vamos a otro lado, le propongo.
¿Por qué? ¿Miles Davis está mal?
En otros momentos no... pero en este momento sí, es un problema... -me refiero a la marihuana y el abrumarme por los desconocidos.
Está bien, entonces vamos a comer algo. Espérame aquí, voy a buscar mi abrigo y a despedirme...
La paranoia tiene un efecto inmediato. Apenas entra detecta mi imaginación pesimista que me ha rechazado, o que saldrá de ahí de la mano con una pareja. Mejor que ver eso o esperar a alguien que nunca saldrá, es irme. Así es que me largo.
Empiezo a caminar con rabia, y sigo insistiendo en que quien viene trotando detrás es un violador que me embestirá en cualquier momento. Cuento los segundos para que el terror comience a suceder: 10, 9, 8, 7, 6, 5, 4, 3, 2...
Era el tipo guapo. El mismo que dijo que entraría a despedirse. Hey, ¿qué pasó? ¿Por qué te vas? Pensé que en realidad no querías salir conmigo así que me iba antes de sentirme tan rechazada. Si no quisiera salir contigo no te lo habría pedido.
Entonces me gustaba. ¿Tan rápido? ¿Será porque lo encuentro tan guapo, que me atrae como habla y que trote tras de mi? ¿O me habrá hecho realmente mal el golpe en la frente y confundo sentimientos que no corresponden?
Vamos a comer, y me divierto. Conversamos, se me pasa la paranoia porque ya no estoy drogada, se me pasa la borrachera porque ya no estoy borracha. Estoy en confianza con un total desconocido, compartiendo bromas y tonterías, una comida mala y cara pero que por la compañía no la puedo sentir como una estafa. El local escogido no era más que mala suerte por haber estado tan cerca del recital.
Salimos y nos ponemos a caminar. Yo voy en su dirección, sin tener tantas ganas ya de ir a mi casa, pero tampoco sé donde vamos.
Yo estoy yendo a mi casa, ¿y tú?
Te estoy siguiendo a ti, le contesto.

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