lunes, 16 de junio de 2014

y quedé en estado de shó'hc

El computador no anda tan bien como antes, pero al menos el winamp reproduce mejor que el aimp, y eso me ayuda a no odiarlo tanto. Se puede realmente escuchar música con audífonos, hoy, cuando ayer era motivo de estrés y furiosidad impulsiva
"TIRÉ EL COMPUTADOR AL TECHO, REBOTÓ Y ME CAYÓ EN LA CABEZA; ¡PUTO!"
Leí una vez en una novela que las personas prácticamente elegían su banda sonora posible para el momento de sus muertes -probables, dado las actividades peligrosas que realizaban; podrían morir en cualquier minuto-; manejaban y chocaban entre ellos, como los autitos chocones pero en la realidad, con autos "serios", de esos que a 65 km/h es más probable que te maten (pregunta del teórico). Así es como a veces se podría interpretar la banda sonora de Lost Highway.

The more I die.

Era una cola multicolor reluciente; el sol se reflejaba en sus hermosas plumas, de colores azul, verde, todo muy tornasol. No sé qué significa que un color sea tornasol, pero creo que me refiero a que va cambiando su percepción según la iluminación; son plumas entre azules, moradas, verdes, amarillas, negras e incluso grises. Simplemente hermosas.
También abre el pico y canta. A los lados sacude sus alas que por tratarse de un pavo real, no lo hacen volar. Estas plumas se corresponden con eso de "lo tornasol", pero en una gama de colores más cálida, entre anaranjado, rojo y amarillo brillante. Van en un segundo de adelante para atrás, como si se tratase de una invitación a acercarse con ambas manos sacudiéndolas a la altura de la cadera. Sólo que son alas.
Así es que el Don decide soltar al lince.
El pobre gato lleva días hambriento. Lo capturaron al encontrarlo atrapado por equivocación en una trampa para liebres. Le hizo trizas la garganta a un perro, así es que el Don decidió quedárselo. Por supuesto que este animal salvaje en cautiverio se siente torturado en su minúscula jaula, así es que se niega a comer. Creo que ha tomado agua para no morir, así es que me atrevo a asumir que todavía tiene esperanzas de regresar a su madriguera de pequeño felino salvaje.
Sigo las órdenes del Don, así es que abro la jaula. El lince parece desorbitado, no sabe si es seguro salir, así que lo pico cerca de su cola con mi fierro para la chimenea. Me hace guapo, así que lo vuelvo a picar; total, a través de la jaula no me alcanza a hacer daño.
"¡Sal de ahí de una puta vez, gato de mierda!"
Corre, corre y sigue corriendo, veloz, hacia los trigales del Don. Él ríe y nos dice que esperemos.
La espera se hace infinita; necesito saber qué va a pasar. No sé si el trigo se mueve por el viento o si el gato sigue ahí.
"Retrocedamos".
Lo hacemos sin titubear, como siempre. En caso de peligro portamos una escopeta cada una, pero no la sabemos usar realmente. Nos hace el gesto de silencio.
Abro la boca y ahogo mi desesperación por ver algo interesante en un respiro que pretende pasar inadvertido por el mejor oído del planeta. No debemos hacer ruido alguno.
Así es que me concentro en las plumas. Al comienzo de la cola hay pequeñas, luego crecen hasta medir qué sé yo cuánto, pero es harto. Recuerdo el comedor del Don, decorado con plumas de aves de todo el planeta.
El cuello parece metálico; el azul brilla como si se tratase de un auto limpio manejando a la luz intensa del sol. El ave continúa sacudiendo sus plumas traseras con insistencia, junto con sus alas; está en medio de su baile frenético, hasta creo que en cualquier momento se echará a volar.
Su baile es interrumpido por el mortal abrazo del lince, quien impulsado por su velocidad saltó directo a su cuello, atacándolo por la espalda, traspasando las largas y débiles plumas de su cola como si se tratase de una inofensiva cascada de agua. El canto se desentona, las patas corren con la esperanza de arrancar a su mala suerte. A su planificada mala suerte.
El lince se lleva la presa por el cuello, dejando un rastro de sangre que se pierde en la plantación de trigo. El Don ríe y nos pregunta acaso disfrutamos del espectáculo.
La pava enjaulada parece un ave sin opinión, como si siempre hubiese sabido que el macho excitado se estaba metiendo a una olla de agua hirviendo.