miércoles, 2 de diciembre de 2015

La Botota es una maestra en su propio estilo

No sé si acaso será la música, la oscuridad, o la inclemencia del paso del tiempo. El saber que todo existe, que está mal y hay que cambiarlo, no puede provocar más que desolación.
Me siento privilegiada por haber leído los textos de estos dos días pasados, pero a la vez me siento enferma. Creo que la enfermedad del estar enterada es precisamente la falta de vida que hay en el mundo para enfrentar el basurero social en el que vivimos hoy.
Siempre he querido cambiar la educación. Siempre he entendido, de algún modo, desde que comencé a asistir a mi colegio privado y de ideología un tanto fascista, que estaba mal. No era solamente el tilde final de la pobre descripción de la institución, era ella entera. Ella misma. Todo. Todo estaba mal, excepto el pasto, los árboles, los amigos que conocí.
Pero por qué estábamos ahí...
Era preferible pasear por la infinidad del patio, en esos tiempos. Tiempos en los cuales logré forjar una hermosa y siempre envidiable infancia. Si bien no tenía vecinos con los cuales pelusear, conviví con mis seres queridos, conmigo y con los animales que me rodeaban. No hablaba con los conejos, pero me gustaba imaginar que podría atraparlos, sólo por acariciarlos. Para mí valía la pena el susto, porque claramente no pensaba en lo que significaba para ellos, ser perseguidos por este intento de alienígena fallido, con miedo a morir, sólo para sentir que la mano de la prontamente gigante lo acariciaría por unos instantes. Lo tendría entre sus brazos, intentaría demostrarle amor, pero lo más probable es que él sólo recibiría terror.
Supongo que todos hemos sido así...
Pero, a veces me pregunto, como todo en la vida... ¿quería realmente atraparlos? Creo que no. Quería más imaginarlo, porque en mi imaginación no había maldad. Los perros que siempre fieles y leales me acompañaban, no habrían podido atrapar al conejo como yo lo deseaba. Su modo de llevármelo a mí, de cumplir mi deseo, sería entre sus mandíbulas, probablemente destrozado y fallecido de un ataque al corazón. Son animales muy frágiles, los conejos. Como alguna gente, también mueren por el sol, pero hacen falta unas horas para que eso suceda.
Así es que opté por imaginar que apresaba al conejo, para abrazarlo. Eran mis amigos, y me acompañaban. No temían a los perros ni al intento de alienígena abandonado en la Tierra. Aunque debo admitir, también, que una vez realmente intenté atrapar un conejo.
Lo recuerdo... Fui a la plaza, al lado de donde empezaba un bosque. Por el día, siempre veía las bolas estilo cereal Milo por la tierra y los restos de hojas secas. Había árboles de castaños por ahí, y usualmete botaban esos frutos que por allá en la quinta región no entendía que se comían. En fin, ahí estaba el milo seco, el milo de pasto: por la noche había conejos.
Instalé un cajón de feria con su base puesta hacia arriba con un palito sosteniéndolo, de manera que quedara levantado uno de los extremos, con zanahorias que había sacado del refri en su interior. El palo lo había atado a un hilo con el cual encumbrábamos volantines en Septiembre. Me fui a la plaza con el carrete del hilo, me acosté bajo una chaqueta verde sobre el pasto, y esperé pacientemente... Pacientemente, cuando llegó la noche, esperé. Salieron los conejos, sí. También salieron mis hermanas a buscarme. Tuve que entrarme, pero de todas maneras ninguno cayó en la trampa. Al parecer, unas zanahorias frías no eran lo suficientemente irresistibles como para quedar encerrados en una caja, para que una niña feliz fuera con miedo a ver al tan soñado conejo atrapado.
Luego de ese intento fallido, nunca más quise intentarlo.
En cambio, siempre tuve que ir a la escuela. Siempre tuve que asistir al colegio. Siempre tuve que sentirme mal en las clases, esperando al recreo para probar un poco de algo que unos creen que es libertad. Quiero creer y dudar de que alguien no sepa que realmente la libertad no existe, que es una utopía.
No sufrí particularme de bulliyng en el colegio. Tampoco nadie abusó de mí en ingún sentido, quizás excepto de mi pasividad para existir. Pero eso... eso todos lo hicieron. Los profesores, los inspectores, los compañeros. Mis amigos después dejaron de hacerlo. Pero, en fin, sólo quería ilustrar que no fue tan terrible.
Sólo quería terminar el colegio para entrar en la universidad y aprender sobre algo que me interesara. Y aquí estoy, dándole vueltas a la escuela, a la institución de la educación, al artefacto más bien pensado por los pocos expertos que supieron aprovechar la bondad de personas sufridas.
¿Por qué me hago esto? ¿Será que el odio irremediable al colegio, ocasionó un interés en mi? Puede ser, porque soy de las que se molestan, pero no odian. Creo que sólo odio pocas cosas, como las muertes de ballenas en masa, y el colegio, la escuela, como quieras decirle. ¿Cómo puedo ODIAR algo tan profundamente aceptado en la sociedad, que es obligatorio?
¿Cómo pudo pasar todo esto?
Son tantas las preguntas que tengo en mi cabeza, tantos los sentimientos y emociones negativas que los envuelven, que no sé qué esperar de dedicarme a un tema que me produce estas cosas. Cosas que en realidad nadie más ha podido producir en mí, creo que ni siquiera mi abuelo, a quien digo odiar. Espero, realmente espero con muchas ansias, que la vida me entregue otro camino lo suficientemente interesante como para dejar esto atrás. Quiero olvidar lo que he aprendido, quiero vivir tranquila, quiero ser una persona egoísta. ¿Podré morir en paz siendo de esa forma? ¿Simplemente olvidando, pero siempre sabiendo, que soy y seré un exponente más del éxito de la escolaridad?
¿Entonces qué sentido tiene el aprender todo esto?
¿Qué sentido tiene?
¿Cuál...?
Sólo mi interior sabe lo desolada que esas preguntas me hacen sentir.

viernes, 23 de octubre de 2015

batucada de la remierda

Releí lo que puse hace tiempo, porque me puse a revisar blogs ajenos y me dieron ganas de escribir. DEMÍ, obviamente. De mí.
He vuelto a darle un propósito a la música. Tengo una banda sonora para la miro, muy aleatoria, otras para dibujar, que dependen directamente de lo que sienta que tenga que dibujar en ese momento.
Pero bueno, ponen un pene sobre la pantalla y no puedo seguir.
Adios.

miércoles, 26 de agosto de 2015

a veces no quiero escuchar música. Cada cierto tiempo, no quiero usar audífonos ni poner parlantes ni abrir el reproductor. Sólo lo hago en el microbus, porque me molestan los ruidos ajenos que incluyen movimientos de fluidos internos o personales (como ejemplo, toser). Ahora me encuentro sin ganas de escuchar música, pero sí de escuchar ruidos ambientales, como una lluvia, la tormenta prometida que llegó a la hora de las noticias y por lo tanto no se podía escuchar con atención.
O... nada. No quiero escuchar. Quiero silencio y sonidos específicos de ciertas acciones, como el tipeo en el teclado, mi respiración, la respiración de mi gato, el ventilador del computador, etc. Lo que sea que haga sonido que no se considere musical.
¿Por qué? Me pregunto, ¿por qué?
Quizás estoy cabreada. Debo tener la audición muy maltratada como para cabrearme. Pero mi cabeza está un poco maltratada también. Los profesores de spinning ponen la música tan fuerte, que hace unos meses decidí empezar a ir con tapones. Cuando no lo hago, siento un daño irreversible que no estoy dispuesta a aceptar. Es distinto cuando yo subo mucho el volumen de la música en el microbus. Cuando yo decido reventarme la cabeza con un sonido demasiado fuerte como para no crearme cierto malestar posterior. Lo del gimnasio es impuesto por una cabeza pequeña que poco piensa y mucho siente. Seguramente le agrade escuchar un pito en la cabeza todo el tiempo, para no tener que pensar. Porque no tiene que hacerlo, entonces no le molesta no ser capaz de hacerlo.
En fin, da igual. El punto es que desearía ahora estar durmiendo con él, sentir su respiración, su piel y su olor.

Buenas noches, voy a leer.

miércoles, 22 de julio de 2015

Luz; la luz.

La cualidad de la luz, es que a algunas personas nos permite percibir variaciones, representadas en colores. No estoy tan segura de que así sea, pero así es como lo entendí la ultima vez; como sea, me iba mal en físíca, al igual que a mi hermana menor, así es que preferiría no continuar con explicaciones de persona que "engrupe".
Algunas interpretamos los colores como demostraciones de vida, de personalidad, de identidad. La falta de ellos se podría traducir como "insípido"; no porta los colores de la vida, ¿no es así?
Ahora, entiendo perfectamente que una ciudad, los edificios, la arquitectura, no se pueden considerar como algo "con vida". Pero las personas, el clima, lo que sea, algo pueden entregar, que es como si les dieran vida. Valparaíso huele a meado constantemente, pero no le falta vida. Siempre hay vida en Valparaíso y Santiago, incluso Valdivia, por muy buena, mala, delincuente, fascista o comunista que pueda ser. Algo la identifica, algo transmite, algo sientes y puedes expresar emociones. Puedes crear felicidad, tristeza, lo que sea que necesites transmitir.
Pero Concepción... 
Concepción es especial, digamos. Es especialista en su falta de colores, en su falta de transmisión. Podría facilmente tratarse de una ciudad fantasma, teniendo personas viviendo en ella. ¿Qué es lo que le falta a este pedazo de tierra cubierto de cemento y vibraciones negativas? ¿Por qué es tan facil caer en un espiral de frustración en esta ciudad? No veo colores, no distingo felicidades. Sólo he podido ver lo malo, hace demasiado tiempo, en cantidades estratosféricas que me causan pensamientos depresivos. No puedo pintar, sólo hay una gama para nada variada de monocromía en mi vida.
Antes, por un tiempo, fue diferente. Estabas tú, que eras como una luz aparte de todo lo que había conocido. Comencé a percibir esta ciudad de otro modo, a encontrar rincones que servían para colorear, grietas entre las murallas que entregaban algo de esperanza al mundo. Pero, como todo lo bueno, la luz desapareció.
La luz continuó con su camino. Pude estar a su ritmo un tiempo, y fueron tiempos hermosos. Tiempos llenos de vida, de emociones, de penas y alegrías, de escándalos tanto graciosos como dramáticos. Nunca faltaba nada, siempre sobraba de todo. Había demasiado para comentar, mucho que me emocionara, que me encantara. En todo encontraba aires nuevos, aires de felicidad y esperanza. Tanto fue así, que mi optimismo comenzó a crecer, a dar flores, a aceptar algo de autoestima y trabajar por mí misma.
Como decía, sin embargo, la luz comenzó a andar más rápido.Tomó recovecos, se entusiasmó en su impaciencia, y aceleró en su camino. Eventualmente, quedé atrás. En uno de esos grises pasillos, angostos, fríos, muertos. Estaba mi alma torcida, viendo cómo la luz de alejaba; no pude encontrar la salida. Hasta hoy, me encuentro intentando salir de aquí.
Concepción ha vuelto a ser un témpano. En este callejón, no encuentro grietas de felicidad, salvo en mis recuerdos y familia. Que están implícitas en el relato, pero aún así prefiero especificarlo, para no herir a nadie, para enmendar mis errores, para dejar de ser esa mala persona que alguna vez fui. Para dejar de consumir luz como una drogadicta, y comenzar a salir por mis propios medios depresivos de este recoveco.
Dejaré de estar torcida, y en cuanto lo haga, podré salir. Cuántas cosas me esperan allá afuera...

martes, 21 de julio de 2015

¿coincidencias... obviedades, o planes?

cuando todo es tan obvio que parece ridículo, cuesta encontrar algo de paz en la palabra "coincidencia". Cómo es que tantos acontecimientos relacionados unos con otros, son sólo coincidencia?
Esto no me lo creo.
Había más razones por las cuales desecharme. Había publicaciones, noticias, cosplay, y quizás qué otras cosas. Mis sueños, mis pesadillas, me lo estaban diciendo. Necesitaba con urgencia saber que no era verdad, necesitaba volver a hacerlo para saber que todo era una horrible pesadilla.
Y ahora... ¿qué?

domingo, 10 de mayo de 2015

Ya no me gusta mi blog. los colores son feos, está compuesto de estupidez innecesaria (como esta) y me da demasiada lata cambiarlo. no quiero hacerle un "rework", porque siento que ya no vale la pena ni mi tiempo.
cuándo el djar de escribir se convirtió en un hábito?
cuándo el dejar de dibujar se volvió tan común?
cuándo me vi absorbida por los juegos en línea?
siempre me gustaron los juegos. pero ahora siento que quizás usan mucho tiempo.
no lo sé.
me carga mi blog.

miércoles, 1 de abril de 2015

un rato de aceptación

me pregunto si la resequedad en mi boca existe porque no puedo termianr de aceptar lo básica que puedo ser. lo feliz que me hace escuchar música en midi... o sea, ¿¡QUÉ WEA!?
De verdad, tendré algún problema de oído o no sé qué me pasa, pero no puedo parar. Lo acepto de a poco. Una vez que avanzo, sin embargo, vuelvo a retroceder. porque me da vergüenza que otras personas sepan lo que estoy escuchando. digo, a cualquiera le molestaría la melodía de chocobo. pero a mí simplemente me hace soñar; recordar también. imaginar. algo de infancia despierta en mi interior, algo de esa infancia de estar horas subiendo de nivel a los personajes, para que no fuera tan difícil la batalla final.
de todas maneras lo fue, porque los entrené mal. hasta que aprendi a hacerlo tan bien, que no podía creer lo fácil que fue destruir al malo final en FF X. Una mierda. Con esa sensación quedé. Tampoco es que tenga alguna ciencia el juego, pero bueno... un tiempo fui peor, porque jugaba transformice. MUCHO.
Después de todo, algo he avanzado en la vida. He aprendido ultimamente, a no sentirme avergonzada porque me guste TANTO jugar; ha sido un tabú toda mi vida. Mis padres nunca han estado de acuerdo, pero tampoco me lo han quitado. Quería que estuvieran orgullosos y vieran que podía no jugar, o algo así. La universidad en parte me quitó dos cosas que amaba: dibujar y jugar. JUGAR JUGA JUGAR JUGARRRR DIBUJAR DIBUJAR DIBUJAR EN TODOS LADOS.
Cierto es que cuando conocí a mi pareja, estaba en un momento de transición profunda e introspección, de aceptación y autoestima y toda esa mierda. Él me ayudó en el proceso; no sé cómo lo hizo, pero aceptó toda mi honestidad sin cuestionarselo, sin juzgarme. Y puta que me hizo feliz. Nunca me había sentido tan feliz siendo auténtica conmigo misma. Sin tener nada que demostrar o mentiras para elaborar. Sólo sincera-brutal honestidad.
En fin, como iba escribiendo, hace poco fui capaz de ser sincera con mi padre y decirle que "jugar es parte importante de mi vida". Porque, sencillamente: LO ES.
A veces prefiero estar días jugando en vez de salir a beber y hacerme trizas -aunque esto igual me gusta hacerlo-; el punto es que no podría beber y salir TANTO como puedo jugar y jugar y jugar. Un rato este, al otro este otro, después continuar, dejarlo, ver una serie/película/relity.
Soy casera, "aburrida" y buena para los videojuegos.

sábado, 14 de febrero de 2015

Nueva vez: rendida otra vez.

Ayer me dijo que por qué lo miraba con cara de cadáver. Para él era una broma. Hoy me parece que fue un anuncio a lo que sentiría ahora dentro de mi.
Mi corazón parece haber dejado de latir. Siento cómo mis musculos pierden su coloración rosácea y se van tornando cada vez más grises. Siento la resequedad en la garganta, la falta de salivación. Mis ojos también están deshidratados; todo mi cuerpo pierde fuerza y esperanzas. El único problema es que no estoy realmente muerta, y debo continuar en este mundo. En este Concepción que una vez más vuelve a ser la ciudad más horrible en que he vivido. La más aburrida, la mayor decepción.
Me parece que todo ha perdido los colores de la vida, incluida yo. He fracasado en la misión emocional de la vida, y me terminado por convertir en un cuerpo en descomposición avanzada, dejada a la deriva, que solo observa y usa espacio, convirtiendo todo aire respirable en hedor nauseabundo.
Estoy podrida por dentro, y muy segura de que se notará cada día más en mi también descompuesto exterior.
Ya está: me rindo.
Adiós.