domingo, 24 de enero de 2016

Primera entrada. Atún con cebolla y lechuga.

El primer mes; las primeras semanas del año. Las cuentas regresivas para terminar el año académico. Los días que pasan como trámites necesarios para acabar la carrera.
Bum. Malas noticias. Noticias horribles, noticias tristes. Disculpa si soy tan egoísta o poco empática, pero no es un bombardeo, no es un atentado terrorista ni un incendio feroz; son las consecuencias del cáncer, haciendo estragos, una vez más.
Pero esta vez fue otra cosa. Esta vez volví a sufrir, y lloré. Luego lo dejé atrás, porque no quise pensar en eso. No terminé de asimilarlo.
Hasta que escuché Blackstar.
No pude parar de llorar. Sigo sin dejar de sentir un vacío en el mundo, y lo detesto aún más que antes. De todos, ¿por qué él? 
No lo sé. Sólo sé que nunca había llorado por una estrella de ningún tipo; ni del cine, ni de la música, ni de la literatura. Pero, como él bien escribió, no era una estrella de pop, sólo era una estrella negra. Y como tal, supo terminar de luchar a través de la música, y nos dejó su despedida.
Qué tristeza más grande.
Voy a necesitar más tiempo par digerirlo. Intenté escucharlo haciendo algo, pero no pude. Tuve que dejarlo todo para entregarme a llorar.
Por otra parte, continúo siendo la misma estúpida de siempre. La otra noche quería dar una vuelta en U como si estuviera en NFS y fuera seca conduciendo, pero me quedé sin calle y casi nos ensartamos en un árbol. Lo bueno es que nadie se iba a poner a huevear a las 5:00 am. Así es que los espectadores esperaron con paciencia a que saliera de ese embrollo. Qué vergüenza, por la Lilo.
En fin, debería terminar mi tesis.
Adiós.