sábado, 26 de marzo de 2016

Qué chucha me sucede

Quiero estar feliz, saltando en una pata porque dentro del todo he recibido una buena noticia. Pero no es así. Algo está mal, algo es terrible. No sé qué es y experimento una ansiedad tremenda. Creo que por eso me duele la cabeza. Siento que va a estallar en cualquier momento.
No puedo parar de moverme, de conectarme con mis emociones y sentir que los intestinos se me recogen y provocan una agudeza en mi interior, que sube un poco hacia el diafragma para luego terminar de expandirse  hasta la base de mis pulmones. Y entonces suspiro; suspiro con ansiedad, con melancolía, con tristeza. A veces siento que realmente no quiero saber qué es lo que está mal, pero tampoco quiero continuar en el limbo de la ignorancia.
¿Ha pasado algo que no he sido capaz de ver? ¿Son mis pensamientos del subconsciente los culpables de ésto? ¿He realmente pensado o imaginado situaciones de estrés que al menos justifiquen el desorden que experimento en mi interior?
Mis emociones realmente inciden en los órganos de mi cuerpo. Encuentro una total conexión entre lo que pienso y lo que siento.
Recuerdo haber soñado la otra noche con androides, algo de sexo y problemas. No recuerdo quién era el androide, si yo o mi pareja, pero estaba mal que tuviéramos sexo y lo correcto era sentirnos como un/una androide/persona horrible.
Lo único que logro identificar de todo esto, es que tengo una fuerte necesidad de convivir con él. Lo extraño tanto que siento pena. Siento pena de no conversar con libertad, de no sentirme segura de si puedo tomarlo de la mano, besarlo o abrazarlo porque tengo miedo de importunarlo, de que interpretara mi cariño como que haga que nada haya pasado. No es eso, es sólo que no quiero esconderlo. No quiero ocultar mi amor por ti; necesito demostrárselo de alguna forma.
Tengo ganas de sentir su respiración, su olor, de escuchar su voz, de hacer cosas juntos o simplemente acompañarnos mientras hacemos cosas por cuenta propia. Cuando nos aburramos de lo que hacemos, me gustaría garchar o comer, o las dos cosas en orden de urgencia de barra roja de los sims.
Tengo ganas de ducharme con él de vez en cuando. En resumen, tengo ganas de poder convivir con él, sin que alguien se sienta mal por la otra persona, o por creer que está haciendo algo incorrecto y en cualquier momento las va a cagar.
Quiero tener mi vida amorosa de vuelta. Y sentirme completa una vez más.
Adiós.

martes, 22 de marzo de 2016

Años, años, meses

No sabría explicar por qué, pero últimamente me ha dado por escribir en mi cuaderno negro sober eventos de mi pasado lejano (como infancia y colegio) y acá de mis malestares sentimentales. Bueno, igual a veces paso a escribir un poco de eso en mi cuaderno, pero es distinto que acá. Allá es más íntimo. Temería publicar lo que sale de la pluma al papel. En cambio acá es público y no le doy tanta importancia. Dejo salir cosas pero trato de no comprometer nada.
Mentira. Muchas veces he comprometido mi vida emocional en este blog. El mismo de hace años. Guarda muchos recuerdos, y eso lo valoro. Por ende, debo continuarlo. No podría abandonarlo porque eventualmente olvidaría que acá hay cosas que escribí cuando iba al colegio... hace 10 años por lo menos. No recuerdo si esto nació el 2005 o el 2006, por eso la falta de seguridad en la fecha.
Así es que debo obligarme a escribir. Escribir mal, bien, verdad o mentira, da lo mismo. Nada importa un comino en verdad.
Tampoco ando releyendo todo. Pero recuerdo que este blog me sirvió para rastrear la verdadera fecha de mi aniversario con Juan Pablo, porque nunca la anotamos, no celebramos los meses como los noobs, y al año nos dimos cuenta de que teníamos que tener una fecha, por tentativa que fuera. Yo quería que fuera lo más exacta posible al día en que en su cama, entre garchar y no garchar, le pedí que fueramos pareja. Así, con nombre y exclusividad. Le di una flor que había robado del patio de una de esas casas con patio enorme del barrio universitario... Espero que aún la conserve. La última vez, hace igual hartos meses, todavía la tenía. Estaba seca pero conservaba color. Me pregunto si hoy, con todos los problemas, se le fue el color. 
Debo regalarle una nueva en demostración de los nuevos tiempos. Independiente de lo que pase de aquí a un par de meses o el tiempo que sea que nos tome retornar a lo sólido o simplemente gasificarnos por completo y perdernos en partículas de aire dispersas por el mundo, creo que es tiempo de darle una nueva flor.
Algo me pasa. No lo sé. Sólo me gusta darle flores. Me gusta darle tonteras sin importancia, como dibujos o un dalek que hice con masita porque dijo que si lo hacía me iba a amar. Y me tomé el tiempo de hacerlo porque de verdad quería que me amara, y con el tiempo me amó. Yo todavía lo amo tanto que me dan ganas de llorar escribir estas líneas.
Me recuerda lo mucho que hemos pasado. Guardo muchos más buenos recuerdos que malos. Tal vez sea un engaño de mi cerebro para tener esperanzas en que volveremos a estar bien, pero si me dijeran eso no lo creería. Así como tampoco le creo cuando dice que nos hacemos mal. Porque fue el ultimo tiempo, la porquería de escribir esa tesis de mierda que hoy apuñalé.
No había notado el simbolismo de apuñalar la tesis. Creo que quiero que me devuelva a mi amor.
Como sea. La tesis fueron 3 meses más o menos. El resto, dos años. No puedo evitar sentir que obviamente es más el tiempo que estamos bien, que mal. Si bien sería falso decir que SIEMPRE estuvimos bien, los malos momentos me parecen insuficientes para terminarlo.
Ojalá no estuviera tan deprimido y pudiera ver los dos años en vez de los tres PUTOS meses.
Tesis de mierda.

domingo, 20 de marzo de 2016

La crisis

Designar una horrible palabra para ciertos hitos negativos en las relaciones. Es necesario? No es suficiente sentirse mal? Tiene que llevar un nombre y patologizarse? Post enteros pueden escribirse sobre las crisis en las relaciones de pareja. Con tips, consejos, ayudas para superar el momento difícil. Pero quién realmente leería eso?
Cuando hay comunicación con la pareja, no aplican. Cuando se sabe lo que está pasando, tampoco aplican. Cuando ya todo empieza a oler a muerte, sólo un milagro es capaz de salvarnos.
No soy particularmente religiosa. Tampoco me gustan mucho las sectas que no tengan algo estúpido como eje central (tomemos como ejemplo un vídeo juego, esto es una secta de mi agrado). Pero creo que la única palabra que puedo encontrar para sentirme mejor, es milagro.
Pienso en un milagro. No lo espero porque me cuesta creer en todo lo que digo, excepto cuando estoy segura y por lo general digo que estoy segura de algo cuando lo estoy. Como sea.
Milagros...
Milagros gastados en salvar a personas del cáncer, a niños de situaciones de mierda, a especies de la extinción. No para ayudarme a mi y a Juan Pablo. A quién le importamos. A nadie.
En este punto creo que sólo a mí me importa salvarnos. A mí me importa no perderlo, a mí me importa hacer algo para que podamos ser más felices que en nuestro mejor momento.
El amor, entonces, es un milagro. Porque no existe y los milagros tampoco. Pienso en ellos porque puedo inventar cosas con la cabeza. Me invento que vamos a estar bien, y de verdad lo creo con toda mi alma, tanto así que lo arriesgaría todo para comprobar la seguridad de mis pronósticos.
Pero es insuficiente.
Si de mí dependiera, él estaría mejor. Él estaría feliz. Él sabría que es feliz. Lamentablemente esto no es así, y él piensa cosas muy distintas de las mías.
Así que, me voy a chaquetear una vez más, y voy a decir que estoy tremendamente deprimida esperando un milagro. Porque yo ya no sé qué más hacer.
Día culiao.

viernes, 4 de marzo de 2016

Sala de espera en Integramédica.

El niño estaba jugando con la nena que, cuando llegamos, estaban apresando en el coche porque era muy inquieta. Sus gritos destruyeron todo sonido en la sala de espera, así es que luego de un minuto de sordera la soltaron. Jugaba, se paseaba. De repente estaba escondiéndose del niño llamado Máximo. Wow.
Jugaban a la bestia que acecha a quien se esconde, o algo similar. El niño emulaba gruñidos y la niña se escondía al verlo tras el pilar. Gritaba ¡AY! cuando hacían contacto visual.
Luego el juego cambió y ambos eran bestias. Máximo continuaba gruñendo, pero gateando, y la niña gateaba también, paseándose por el lugar con un papel en la boca. Era alguna propaganda para los pies de quienes desean usar tacos, o eso parecía porque en su portada aparecía un zapato.
Tal vez era su presa, y la quería compartir con Máximo. No los dejaron porque una de las madres se levantó furiosa luego de varias advertencias, a buscar a la niña. La tomó de una mano para levantarla, le quitó el papel de la boca y le dijo que era sucia por haberlo tenido entre sus dientes, además de haber traído los pantalones todos sucios por haber estado gateando (por ser una bestia cuadrúpeda). Se la llevaron.
Máximo quedó sólo. El papel, en el suelo. Máximo lo recogió para tenerlo entre sus manos, como un recuerdo de una corta amistad. Su madre lo retó y le dijo que lo botara. Él lo botó, pero al lado del escondite de la niña, donde él era una bestia.
En un papel con un pie dentro de un taco quedó el fin de su encuentro.

Mierda

Es una mierda no sentirme libre de compartir mi felicidad contigo.
Pero, bueno, estoy feliz. Pasada a caca pero feliz.

jueves, 3 de marzo de 2016

miércoles, 2 de marzo de 2016

Debilidad

Hay días en que todo parece formar parte de una conspiración en contra de mi vida, mis expectativas, anhelos y deseos. Ya sea porque en los sueños estábamos juntos, o porque tantas veces al día pienso en él; siento que algo está pasando.
Te extraño. Me arrepiento, sí, de todos mis errores, aunque de algunos más que otros. Sé que no tengo oportunidad porque ya no te doy confianza... Debes pensar que hago promesas y me arrepiento como un lobo caza su presa y la digiere. Como si fuera natural para mí.
No lo es.
Al contrario, hoy significa muchas cosas distintas. Significa que debo hacerme la crítica que no quería, que debo ser capaz de ver las cosas de otra manera, por muy doloroso que pueda ser para mí... Te entiendo. Estoy de acuerdo.
Dije tonteras. Dije mentiras.... Porque soy una mala persona y quería herirte. Sé que no me vas a perdonar, porque tú nunca me heriste. Siempre me respetaste, y eso lo valoro mucho. Tanto que... Bueno, no lo sé. Espero que podamos volver a hablar alguna vez.
Pero a la vez siento que estoy acabada. Que ya se terminó. Que no me va a perdonar y nada podrá mejorar nunca.
Sólo me queda esperar que ambos estemos bien...
Como sea, te amo.