martes, 12 de abril de 2016

Quiero verte muerto, o tal vez no tanto

La memoria es tan frágil que me abruma el volver a enterarme de un suceso pasado en las entradas viejas de mi blog. Los recuerdos entonces parecen ser tan vividos, que siento que vuelvo a vivirlo, pero de otra forma. Lo que finalmente experimento es volver a conocerme.
Leo mi pasado y es como hablar con una extraña. ¿Tanto hemos cambiado? Probablemente sí, y esto sería lo más normal si es que tomamos en cuenta que este blog tiene aproximadamente 10 años.
Siento que lo más importante no está acá, y eso en alguna medida me tranquiliza. No me gustaría que los hitos de mi vida estuvieran publicados en este espacio del cibermundo. Al contrario. Acá me agrada tener otro tipo de aproximación a lo que pienso. En el papel soy más cruda, directa, emocional, terrible; pero está bien porque no está escrito para ser leído.
Me hallo dividida entre la escritura del blog, pública y dispuesta a pasear por túneles desconocidos de la cibermente, y el papel, que no es más que un puente de gusano que se conecta directamente a un momento en específico, con mis alegrías y dolores. Lo que sea que estaba sintiendo, ahí está. Y por lo general escribo cuando estoy mal, ya que cuando estoy feliz me da por hablar hasta por la raja.
Hoy fui a sociales. Espero que haya sido la última vez. Cuando quiera mi diploma tendré que ir a otro edificio... Es raro; antes realmente odiaba sociales. Hoy me da un poco lo mismo, excepto ayer cuando recordé que hay personas incompetentes trabajando ahí, creo que porque odian lo que hacen. Yo no quiero terminar así.
Que se joda sociales. Excepto todos los que me caen bien. Los competentes siempre se van, así es que es difícil esperar que la cosa vaya a mejorar. La única que hace funcionar esa carrera es Ivonne.

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