sábado, 15 de octubre de 2016

ghost

Cada persona en sociedad está sujeta a ciertas reglas, que muchas veces funcionan como prohibiciones. Ellas pueden estar redactadas en un código y por ende ser consideradas ley, o no. Y de lo que me quiero quejar hoy, es de las prohibiciones que nosotras enfrentamos constantemente. O al menos yo, a quien me dejan hacer de todo, pero en realidad es nada. Porque no tengo los medios o porque hay consecuencias que en general son negativas. Porque estaría endeudándome.
Otras vienen de mi esencia de resultar abiertamente molesta. Algunas veces me ha pasado que soy una presencia negativa para la persona que está al lado; se siente ahogada, se siente vigilada y por ende maltratada, aunque no lo esté haciendo realmente y tampoco sea ése el fin de mi pobre existencia. Y me ha dolido cuando me prohíben ser yo.
Más duele cuando supuestamente te aceptan y dicen ir más allá y empezar a planificar sandeces porque, bueno, es fácil, y en realidad "cómo tan weona pa pasarse el rollo de que esto es serio...".
"Deja de mirarme. Me miras mucho".
Acción: observar.
Reacción: molestia.
Consecuencia: verbalizar la prohibición.
Me siento mal, como si fuera una persona cuya putrefacción enferma el sentido del olfato de quienes me rodean. Y comunicarlo no sirve de mucho; cuando te dicen que digas lo que pasa, no les resulta satisfactorio -por los motivos que su señoría quiera, dependiendo de su ánimo pero al final siempre es lo mismo: no puede ser culpable, el problema tiene que ser ella- y entonces se enojan y vuelve el ciclo del dolor.
Odio esto.
Lo odio tanto que podría llenar un cuaderno con nada más que odio.
Lo haré, porque quiero que esto se termine.
Quiero ser una persona feliz.

jueves, 6 de octubre de 2016

Temo entregar mi presente a la mierda. Que todo se descomponga rápido como por arte de la digestión.
Espero que el tiempo me de la razón en lo que mis entrañas presienten que se hará realidad. No porque realmente desee mi propia desgracia, sino porque estoy harta de sentir que me equivoco en todo. Y, ya, bueno, si estar en lo correcto me vuelve desgraciada, por la mierda que así sea. Ya no tengo problemas con abrazar lo podrido; estamos hechas de lo mismo.
La única diferencia es que mi descomposición es más lenta y suele confundirse con el "estar viva". Pero en el fondo estoy tan derretida como cualquier materia vencida.
En fin, pasando a hechos importantes, lo cierto es que no tengo nada que decir. Siempre he sido una mala persona y lo más probable es que lo siga siendo hasta el día de mi fallecimiento.
Podría intentar arrglar todo, pero lo veo imposible. Me veo incapaz de hacer algo bien. Así que ya sabe usted con quien se está metiendo.
Muchos cariños y mucha suerte con el monstruo en descomposición.
Salud.