domingo, 30 de abril de 2017

Motivaciones

Me di cuenta de varios asuntos esta semana. Pensando en el pasado, recordé cuáles fueron mis más íntimas y sinceras metas que lograron motivarme a terminar mi carrera y titularme, cuando en algún momento pensaba llegar sólo al grado de licenciada. La respuesta fue bastante... 
Había cedido ante mis ganas de independizarme, sólo para poder tener mi espacio y lugar, pero además el trasfondo era convivir con quien en ese momento ocupaba el cargo de hacerme inmensamente feliz. Perseguí el camino que me apañaría para hacer realidad mi sueño de irme a vivir con él y llevar una vida de pareja constituida. Incluso quise pensar en un futuro con hijos.
Con tal que mi resolución y determinación eran tan potentes, que fui a todas las clases, estudié para todas las pruebas, hice mis trabajos con dedicación y preocupación; me encargué de subir mi promedio, ir a los terrenos, hacer todo lo necesario para lograr el objetivo de titularme. Me inventé una práctica, en base a ella redacté mi tesis; salí victoriosa del primer objetivo, a pesar de que la relación -desde que comencé mi tesis más o menos- se iba al carajo como el gráfico de un emprendimiento que sale como las wea.
Finalmente terminé la carrera y continué existiendo junto a esa persona, pero mis metas no estaban concretas. Faltaba el segundo paso, el más importante para mí. No lo pude lograr. No pude salvar la relación y arrastrarla hasta independizarme. No he podido todavía encontrar algún trabajo que pueda ser estable, porque en el fondo tampoco deseo trabajar por desesperación, y sé que las oportunidades con el tiempo vendrán. Quiero continuar estudiando además, y en esto sé que cuento con el apoyo de mis maravillosos -y a la vez desastrosos- progenitores. Les amo. Amo a toda mi familia.
Así es que, hallando la molareja del asunto; me vale pico el haber tomado una decisión y motivación desde algo que podría considerarse como básico y heteronormado. Porque gracias a ello crecí y ahora me encuentro cómoda, tranquila y feliz, a pesar de mis momentos de depresión que puedo atribuirle con un pequeño margen de error al clima. 
Mis motivaciones ahora son distintas, parten desde el amor propio, mi ego, mi autoestima que cultivo, y la satisfacción de moverme sobre mi propio eje a lo que me dan ganas de moverme. Tener completa autonomía de mis decisiones y vivir con ello en tranquilidad y, sobretodo, armonía.
En fin, como siempre digo... yo sólo quiero estar tranquila y pasarla bien. Así que gracias a las personas que apañan a que eso se haga realidad. 
Ojalá gane Guillier.

sábado, 29 de abril de 2017

La otra noche

Soñé nuevamente. Y era todo tierno. Besos bonitos; tiernos besos, sí. Pero lejos la mejor parte del sueño fue que yo estaba flun y el abrazo que recibí fue todo lo que necesitaba. 
Lo que más extraño es sentir infinita sensación de felicidad y tranquilidad de un abrazo sincero, largo, apretado y cargado de ganas de expresarse cariño; un abrazo 1000 millones máximo recíproco.

lunes, 24 de abril de 2017

Obvio

Obvio que no me voy a matar y seguiré existiendo pasivamente hasta el día final en que pueda respirar y sentirme en paz.
Pero lo anterior no significa nada.

domingo, 23 de abril de 2017

Odio de ficción

Así es: 
Cada cierto tiempo me desespero en mi propio espiral de la mala vida, de condenarme gratuitamente cediendo ante los pensamientos más pérfidos que mi cruda mente -desinteresada en mi bienestar- desarrolla. Muchas veces con miedo de que alguien sea capaz de escuchar o saber sin escuchar, pero tener la certeza de lo que estoy pensando; me asusta comprender que incluso los aparatos tecnológicos nos escuchan constantemente, atendiendo al disfraz de la utilidad de la propaganda y el consumismo; perfecta arma para ocultar la vigilancia que a ratos el algoritmo nos descarta... ¿o será que no?
Cuidado con lo que hablas; cuidado con lo que escribes, dicen por ahí.
Me da igual. Y espero que a quienes ruegan y rezan a un Dios siempre presente y omnipotente sientan lo mismo que yo, ya que deberían sentir la vigilancia del todopoderoso a cada error de interpretación de su santa Biblia. Comprendo que en su posición estarían acostumbrados. 
¿O será que finalmente Dios no les hace sentir lo mismo que el resto de las personas? ¿Será que Dios en realidad es tan inútil para castigarles, que finalmente a quien temen realmente no es al pecado ante Dios, sino ante la ley?
Siempre lo he dicho: no le temo a fantasmas ni alienígenas ni a eventos paranormales. Le temo a las personas vivas que desatan su bestia interior sin importar nada. 
Tampoco me importa realmente. Sentado como estoy, nada podría importarme menos que lo efímero del presente, la ritualidad del consumo de drogas, la penetración interrumpida por el orgasmo, el estudio que modifica nuestros cerebros. Sólo aquéllo que rápidamente se va y queda en el recuerdo, es lo que me importa. El resto, lo permanente, lo seguro, lo duradero, me causa náuseas. Pensar en una existencia sin la presencia de aquello que acaba, me destruye lo que algunas personas conocen como "alma". Si tuviera un alma, podrida como la concibo hoy, creo que cambiaría constantemente por todo lo que consumo que mi cuerpo asimila y luego desecha.
Como las personas a veces desechan a otras. Como las personas a veces se convierten en momentos del carrete de fotos del celular. De la colección de google fotos, facebook, twitter e instagram. Recuerdos pegados en el cibermundo, del cual siempre que queramos podremos escapar; lo sabemos pero prácticamente un 1% de la población se dedica a estar fuera de la red por voluntad propia. 
Yo ya quisiera escapar de esa forma de vida; ya quisiera destruir la red y regresar a tiempos antiguos, sólo para evidenciar cuántas personas serían incapaces de seguir adelante con sus vidas, cuántas personas idiotas descerebradas no sabrían empujar la puerta automática del supermercado que no recibe batería, esperando hasta que otra persona con mínima inteligencia para la resolución de problemas -que no necesariamente implica el uso de las matemáticas-, aparezca respirando en su nuca para empujar la puerta y de paso dejar pasar POR PENA al energúmeno cuyo cerebro se fundió ante el "incorrecto" funcionamiento de una puerta semiautomática. Hey, las puertas siempre se han abierto a través de tire y empuje, ¿no? Lo mismo corre para las que tienen sensores en el jumbo.
Jódase, estupidez de la inmediatez. Jódase, imbecilidad de la veneración a lo superficial. Púdranse, paseos que sólo existen a través de la publicación de selfies. Mueran, personalidades basadas en opiniones candentes de la red.
Pero debo decir, muy a pesar de mi discurso de odio ante este presente que cada día crece en su gen maligno, su tumor irremediable, como una bola de nieve imparable... que he amado la tecnología. Que espero de ella pueda convertirnos en cyborgs. Incluso conectarnos con el sistema que va más allá de nuestro conocimiento. Ser capaz de no confundir los cables con un cordón de plata. Escapar de la falsedad, la ilusión en la que entramos por las tecnologías prestadas por el sistema para controlarnos, y entrar en la nube.
Entrar en la nube y morir sabiendo.

miércoles, 19 de abril de 2017

De noche sin nada interesante en la cabeza, más que un poco de un sueño loco

Me pregunto si podré verme feliz alguna vez, sin la rest in bitch face. También no puedo evitar pensar en si podré creer en el amor de la forma que me lo han venido contando desde que estaba en el vientre de mi madre. Ya sé que siempre hablo y escribo de lo mismo, pero es difícil nadar contra la corriente sin tener un apoyo, un diario o conversaciones que ayuden a fortalecer mis pensamientos, que en el fondo acorazan mis aletas y las adaptan para nadar aunque me golpee con los demás que nadan hacia otro lado.
Sería más fácil si encontrara otra aleta en la misma situación, pero siempre que veo otro pez intentándolo, termina dando media vuelta ante el pololeo o el amor común, posesivo y restrictivo de la libertad individual. 
Por otra parte, sé que es distinto cuando te exigen ceder ante la relación cuando entre letras dice "o es eso o yo", a cuando cedemos ante la otra persona sin que nos pida nada, sólo porque realmente queremos y estamos dispuestas a sacrificar algo por la otra persona. Y creo que, como he escuchado muchas veces, ese es el enamoramiento genuino: anteponer a esa persona especial.
Nunca podré volver a hacer eso. No después de todo lo que antepuse por la última persona especial, por ese pendejo de veintitantos... no puedo imaginarme en una situación similar nuevamente, no quiero jamás sentir que hago de todo por alguien que me estará poniendo a prueba constantemente sólo porque no logro ser perfecta a sus ojos. Supuestamente cuando nos enamoramos, nuestra pareja o persona especial es lo mejor que podría pasarnos, y así y todo decidimos cuidar esa relación para no perderle jamás.
Pero se pierde. Se muere.
Todo muere. Todo llega a su fin inevitable. Incluso cuando se convive toda la vida (lol), eventualmente va a morir.
Así que no me estresa la muerte. No le temo y la considero parte de la vida, de modo que no sé si me hace daño... más daño me hace empatizar o pensar en alguien que está con vida y sufriendo. Todas las personas que sufren a un nivel inimaginable, tal vez sería mejor que murieran. Definitivamente dejarían de sufrir, al menos.
Anoche soñé que estábamos con el mismo grupo con el que carreteamos este fin de semana, en una casa psicodélica que además era un edificio corporativo; era la casa de Javier, y estaban sus padres. A su madre la saludé tres veces y las tres veces fue un amor. Recuerdo esa parte del sueño, ya que era una cocina con más refrigeradores que luz, sí. Estaba oscuro, sí. Todos de pie observando, sí. 
Luego debíamos caminar hacia otra parte de la casa, por un pasillo de colores cálidos, con muchas tonalidades o variaciones del amarillo. Íbamos todos juntos como un grupo construido sobre nada más que química y cariño. Pero en algún momento me volteé a observar y comprendí que tenía ganas de hacer otra cosa y separarme del grupo. Así es que me tomó de la mano y nos pusimos a correr, alejándonos cada vez más, para encontrar un lugar en el que no hubiera nadie.
"¿Fumemos un caño?"
Lo estaba armando cuando vimos a otra persona que nos observaba desde un segundo piso con vista al primero, desde un balcón tapizado con vidrio.
"Ugh, no estamos solos. Necesitamos encontrar un lugar donde estemos solos para garchar..."
Nos levantamos dejando el caño inconcluso y nos pusimos desesperados a caminar por esa casa enorme. Enorme, interminable, y siempre llena; siempre había alguien paseándose o laburando, o simplemente existiendo. Así es que nos rendimos y nuestra misión cambió de hacer un caño y garchar, a caminar por todas las piezas hasta encontrar el resto del grupo.
Me tomó de la mano y caminamos, él delante de mí, como si me estuviera guiando. Yo no cuestionaba nada, sólo le hacía caso como lo pasiva que soy ante su actitud siempre dominante, pero en algún minuto caminé a su ritmo o comprendí hacia dónde íbamos, y me puse a su lado. Me puse a su lado y cambié la forma en que me tomaba la mano: entrelacé nuestros dedos y sentí la frialdad de sus dedos huesudos desplazándose lejos de mí. Me rechazó como el agua al aceite. No dije nada pero me sentí incómoda y pensé que había vuelto a destruir algo que me gustaba mucho. Pero en ese mismo instante en que yo importunaba sus dedos con los míos y él rechazaba mi decisión, fue que nos encontramos con el grupo. Todo al instante, todo al unísono, sí.
Entonces, en mi sueño, ¿me rechazó por lo que hice o por la presencia del resto del grupo? Sólo sé que cuando él me llevaba de la mano, me la tomaba como si yo fuera una muñeca... y eso ya era suficientemente extraño.
Pero sí era tierno. Era lo más tierno hasta que me rechazó.
Desperté con una sonrisa; estaba abrazando la almohada gigante y pensé en cómo el cerebro es tan reculiao que viene a idealizar a una persona, sumando a su personalidad para nada tierna ni cálida ni cariñosa, todas esas características que no tiene ni jamás tendrá. Entonces convine en que el de mi sueño era el mejor de los dos, porque, como bien él dijo: ese no era yo, era otra persona que se veía como yo. Pero si tuviera que elegir con cuál de los dos convivo, elijo al real, porque del otro me podría enamorar. 

lunes, 17 de abril de 2017

I can't beat it. I can't beat it. I'm sorry.

No sé cómo empezar a describir lo que he sentido y lo que actualmente estoy sintiendo. A veces quiero dedicarme a la vida y concentrarme en ello con la meta de irme de mi casa. Pero a ratos me da paja y sólo quiero parlar cero, tomar tequila o mezcal, fumar y garchar. Mucho garchar.
Anoche mi olfato estaba tan agudo que me acercaba a las personas cuyo olor me parecía infinitamente atractivo. Todas las personas eran infinitamente atractivas, pero alguna sobresalió un poco más. Ofateé tanto su cuello y su cuerpo que creo que me quedé dormida haciendo eso. 
Todavía siento ese olor, de repente. No sé de dónde proviene, pero es como si se me hubiera pegado un poco. ¿O será el recuerdo? ¿Podrá ser que esté recordando el olor y en el momento me marcó tanto, que puedo revivirlo desde mi cabeza?
Pienso que es un poco muy difícil, pero quién sabe. Llevo mis manos a mi boca porque tengo la mala costumbre de picarme las uñas con los dientes (a pesar de que evito hacerlo), y de mis manos proviene el olor que me invade, como de un perfume que no sé cuál es, intervenido por la piel seca y estresada que suda de una forma específica, despidiendo su propio olor. Y donde más se concentran estos olores intervenidos y danzantes, es en el cuello, tras las orejas y en los pectorales. Está bien que sea así; me atrae de una forma incomprensible -de más está decir: irresistible.
Ahora lo huelo y no debería porque no tengo a esa persona a mi lado como para olfatearle. Tampoco quisiera tenerle acá ni recordar nada, pero no puedo porque el maldito olor está dando vueltas por mi nariz constantemente, más como un fantasma insistente que como una presencia agradable. Con ese olor se reviven situaciones que realmente no tengo ganas de recordar ahora. Además, todo me resulta imbécil e inexplicable; usé mis manos para lavar loza, para ir al wáter, para tomar a los gatos, para usar el computador; para todo, y muchas de mis acciones implicaban utilizar agua y jabón o algo similar. Sin embargo, continúo obstruida por este olor que todo este día me ha estado opacando la existencia.
Porque no puedo recordar mucho. Porque tal vez no estoy dispuesta a recordar. Puede ser que no quiera sentir nada en todo momento y sólo respirar y hacer lo que necesito para sentir que estoy relajada y feliz, que nada me importa lo suficiente como para amargarme, ser la persona más egoísta y tranquila de la sala. No quiero recordar ni dedicarme a la vida. No me importa la muerte, tanto como no me importa la vida, pero no siento ningún problema al respecto de mi falta de sentimientos, o la represión a la que me someto constantemente. Proviene de mí, de mi decisión, de la forma en que estoy dispuesta a disfrutar este presente que sólo puede regresar a través de mis recuerdos -los cuales quiero negar-, o mejor aún, que no regrese jamás y por ende sólo pueda crear nuevos presentes constantemente.
Mañana parte una semana extraña, porque el miércoles las personas se van a encerrar para recibir el censo, donde supuestamente iba a trabajar pero me da demasiada paja ir a las capacitaciones. Debería, lo sé, además que el dinero siempre sirve, obviamente que para gastarlo en lo que quiera o ahorrarlo para las futuras sesiones de mi tatuaje. Quién sabe, tal vez mañana hagan otra capacitación y me den ganas de ir pensando en el dinero.
¿Estará mal ser así? Sólo sé que me voy a quedar sola. Y cuando llegue el momento inminente de recordar, estaré mal, melancólica y extrañando todo eso que perdí y jamás regresará a mi vida.
Por eso odio pensar en los recuerdos. Por eso me molesta sentir el olor. No es que no me guste el olor o la persona, es sólo que deseo la tranquilidad ante todo. Para lograrlo, estoy convencida de que lo mejor es olvidar y dar vuelta la página siempre.

domingo, 9 de abril de 2017

Re: cagada, pico, puta, putadas, corcholis, chapos, mierda, caca

Hoy tuve ganas de salir a almorzar.
Para empezar, estaba teniendo un sueño de la remierda que en verdad era más una pesadilla, de manera que desperté con un ánimo de la reputa. Bajé a servirme agua porque mi cuerpo pedía hidrógeno como alimento principal, en vez de un desayuno de gente "normal". Entonces subí de vuelta a mi dormitorio del momento, y continué viendo The Crown. Porque la realeza me parece que juega a una política sutil más basada en el lenguaje corporal y las apariencias fuertemente trabajadas, mientras que la política en Chile es un juego de apretón de manos, abrazos, un poco de lenguaje pero más que todo lo anterior, es un juego de cuántas amistades importantes puedes tener. En la realeza las amistades ni siquiera existen. Y, bueno en nuestra política tampoco, pero es como se disfrazan las cadenas de favores.
Al final, la política siempre es un favor tras otro. El éxito se basa en quién te queda debiendo el favor; si llegas a la cima, es decir, a la presidencia (o al primer ministro en el caso de Inglaterra), entonces puedes considerar que has cumplido con tu misión. 
En fn, cuando ya estaba derramada viendo la serie, como en el tercer capítulo seguido del día, aparece la Meli a saludarme y preguntar si quería desayuno. Le dije "ya son las 1.400; ¿y si mejor almorzamos?"
Ya, yo cocino, me dijo. Pero le dije "¿y si salimos a comer pizza?". Anda a saber tú por qué, pero desperté de malas y desesperada por una recagada de pizza. Entonces empezó la misión de ir a comer.
Finalmente logramos llegar hasta Papa John's, y luego le ofrecí a la nena si es que mejor sapeábamos Andalué bajando por el camino alternativo. Ya, bueno, miremos estas casas.
Cuico Land.
Pensamos que tal vez haya normas para construir, como no usar colores fuertes o algo demasiado chulo en la entrada, u ostentoso nivel "tengo gárgolas", ya que en general las casas -si bien son ENORMES y varían en arquitectura- tienen un estilo que no logra sobrepasar algo que se haya visto en la cuadra anterior. Como sea, tienen tantas calles, hay tantas casas gigantes pero similares, hay tantos pasajes con departamentos a la altura de los árboles, un poco más abajo, y hay tantas familias heteronormadas, que nos perdimos. No podía encontrar el camino alternativo para descender, y no quería usar el Waze porque necesitaba saber que era posible hallar la ruta sin necesidad del GPS ni el internet móvil; sólo tenía que confiar en que había hecho ese camino una vez anterior en mi vida, y podría volver a bajar por ahí. Lo cierto es que nunca había manejado por ese camino, sólo andaba de copiloto o en el asiento trasero tirándome peos y mirando el celular, de manera que era probable que me perdiera manejando en tan intrincada tierra.
En verdad, fue como ir a otro país, por un momento. Y eso que ya había estado ahí, pero nunca le había prestado tanta atención, ya que amanecí odiando el mundo y ante todo su heteronormatividad asquerosa que mueve las intrincadas tuercas del patriarcado constantemente, para convencernos de que x tipo de vida es nuestra aspiración y meta como personas; no perseguir el conocimiento, no perseguir la felicidad alterativa que podría generarnos experimentar lo más parecido a la libertad.
Perdidas como andábamos, en el hermoso auto de mis papis, llegamos a un cartel que decía que más abajo estaba la "península de Andalué". ¿OH, PENÍNSULA? ¡VAMOS!
Obvio que no íbamos a pasar por ahí sin bajarnos a sapear qué tipo de península tenían los reputos, así que, sabiendo que no estaríamos más de 3-5 minutos explorando un muelle, me estacioné mal, en la curva de una calle muy grande por la cual de todas formas podían pasar autos y jeeps y hammers e incluso darse la vuelta si querían. En fin, dije "qué problema podría haber si nos vamos al toque".
Bajamos; había 2 personas pescando, un muelle, rampa de cemento para botes, gente pequeña de hasta tal vez 12 años, jugando, juventud atolondrada... Nada muy interesante además del viento y la belleza de estar ahí. Jamás había estado en ese lugar; no sabía que existía ni menos que hacían casas también ahí abajo. ¿Hasta dónde puede llegar la soberbia humana como para construir lo más cerca posible del agua? ¿Para qué tanto?
En fin, regresábamos al auto y le comento a Meli: "estoy mal estacionada; ¿te imaginai llamaron a la grúa y el auto no está?" Wajajaja, nos reímos. Ahí estaba el Nissan, esperándonos con su pintura platinada a la que alguna vez le extirpé un pedazo intentando salir del minúsculo estacionamiento que está en la capa subterránea del centro de Concepción. Y cuando me voy a subir a la puerta de quien conduce, escucho a un viejo reputo con la tremenda PAPA en la boca:
¡OHIGAN ESTÁHNN SÚHPERRR MAHLESTACIONAHDAS AHÍ, YOH IBAHA LLAMAHRA LAH GRÚHA!
"SI YA NOS VAMOS Y QUÉ TANTO", le contesté. Me subí y de inmediato me puse a pensar y discutir con Meli sobre la falta de vida de ese penoso HOMBREH, que miraba por la ventana. No era un adulto mayor. Debe haber tenido tal vez 40 años. Se escondía en su departamento cercano a su preciada península, y vigilaba con celos su maravilloso estacionamiento. Entonces seguro se enojó cuando vio un auto estacionarse en un lugar indebido, y vio bajarse 2 personas raras, una traía ropa negra y pantis y chasquilla, la otra andaba mostrando la guata y sus tatuajes, tenía pelo corto y gafas de su papá. ¡Qué espanto, tienen el pelo negro y ropa negra! ¡Es la invasión de la juventud gótica, de esas personas desviadas, invertidas, pervertidas, que vienen a influenciar y arruinar la infancia perfecta de mi descendencia! Y además dejaron su auto vil ahí... ¡DIOH MÍO!

Aclaración: está bien, la verdad es que puedo entender que alguien se enoje porque hay un auto mal estacionado. Pero cuando comprendiera que el auto no lleva ni 15 minutos ahí y se va, diría "ok" y continuaría viendo un serie. Posiblemente nunca me hubiera dado cuenta, porque si no me molesta ni entorpece mi vida de alguna forma, no tengo ningún reputo problema. Entonces, creo que al vernos el viejo reculiao que nos íbamos, no había absolutamente NINGUNA necesidad de decir que ay, estoy llamando a la grúa...

¿Por qué tuvo esa necesidad de imponer su presencia con tanta prepotencia? Estuve apunto de agregar a mi respuesta "y qué tanta weá", pero entendí que esa persona escuchaba una w ínfima salir de mi boca, y tal vez llamaba a los pacos. También quise sacarle el dedo cuando ya estábamos emprendiendo el camino de vuelta, porque el imbécil era TAN sapo que seguía tras la protección de su absurda ventana mirando cómo nos íbamos. Pero, como no soy una prepotente del sapo, dejé la situación hasta donde estaba. Lo cierto es que no le iba a pedir perdón por nada. No había letreros de no estacionarse, y yo me apego bastante a las leyes del tránsito y por ende respeto todas las señaléticas que veo. Lo único que me pareció correcto contestarle al pobre weón, fue que nos íbamos.
Ojalá hubiera llegado la grúa después y el imbécil hubiera tenido que pagar por las molestias. Ojalá se haya sentido como un imbécil cuando le contesté con lógica a su prepotencia insolente, irrelevante y amenazante, en vez de haber agachado el moño, sonreído como mono y pedirle disculpas. 
Cuando las personas se acercan con equidad, en una posición horizontal a mí, no tengo problemas aunque me digan que estoy cometiendo un error y no tengan razón (no es el caso, es un ejemplo), porque esas personas son cordiales y simpáticas; se puede empatizar con alguien que se comunica desde la humildad pero también defendiendo su posición e intereses en X asunto. Bien; contestaré cordial. Puedo ser simpática y buscar una solución que beneficie a los actores, porque la cordialidad siempre merece respeto.
Este viejo sapo culiao vil no merecía ninguna reputa pizca de respeto de mí ni de nadie. No merecía una respuesta dócil.
Subiendo, ya entendía cómo salir por el camino alternativo; le pregunté a la Meli: si hubiésemos sido hombres con pinta de surfistas, ¿nos habría dicho algo?
No hay cómo saberlo. Pero estoy segura de que su prepotencia se habría disipado.

domingo, 2 de abril de 2017

Les gatos

Ayer en un momento de la mañana sentía que mi cerebro recién había salido de una sartén con aceite hirviendo reciclado de hacía varios días atrás, como si se tratara de un producto de papa frita de macdolans. 
Mañana tengro programado manejar hasta renaico, almorzar no sé si en el pueblo o en el camino, asistir a la entrevista y luego manejar de vuelta. Y doy por hecho que deberé llevarme un termo con café, como he visto que lo hace el masacrón, porque estando sola igual es más fome. Y no tengo motivos para andar llamando por teléfono a medio mundo y así tener la sensación de que no estoy tan sola.
Disfruto bastante mi soledad, aunque he dejado de dibujar este último tiempo. Parece que me dan menos ganas de dibujar en esta pieza tan cómoda, seguramente porque no tiene un escritorio. Ahora recordé que la Meli todavía no se lleva el dibujo que le regalé, y eso me apena un poco porque me gustaría que alguien lo valorara. 
El martes debo ir a una oficina durante la tarde, con una libreta. 
Anoche tanto el Chito precioso maravilloso como la loca de la Lilo vinieron a dormir con nosotros. Hace varios días que estoy durmiendo con esos dos idiotas; el Chito se acuesta en su polar, cuyo espacio está perfectamente delimitado para que no se coloque sobre el cubrecamas, y la Lilo se acuesta en una misteriosa almohada que siempre ha estado en la parte de las pantuflas del velador de mi papá. A cierta hora se ponen a molestar para salir de la pieza, a veces para que les de comida, otras para salir a cagar/mear. Tengo que sacarlos a los dos y el Chito nunca pone problemas, pero la Lilo como es más pesada de carácter me hace sus ruidos raros y me siento 0% querida. 
¿Por qué, a pesar de que le parezco desagradable, me sigue todo el día y me pide estar adentro de la casa? No logro entender su razonamiento alienígena. Tal vez me está observando para aprender de mí y destruirme en el momento menos esperado, cuando esté durmiendo y soñando que me ahogo. Tal vez sea ella que se coloca sobre mi cuello para limitar mi respiración. ¿El Chito haría algo por mí, si estuviera presente? Yo creo que sí, porque con la Lilo a veces en mi presencia se ponen idiotas y juegan/pelean. Supongo que para él es más un juego que para ella, aunque usualmente ella comienza a ser idiota con él; él le responde a modo de juego pero la culiá se enoja brígido y le empiezaz a gruñir y a pegar. Y a pesar de su enojo y todo eso, igual no se aleja lo suficiente y a ratos se siguen molestando. Le hace lo mismo que a mí.
Y a la Milly también la molesta. A veces la Milly me está conversando toda tierna al lado del auto, cuando está adentro, y aparece la Lilo de la nada a darle un manotazo en la cara o en las patas o en la cola, PORQUE SÍ. Sólo que la Milly se enoja flun y le para los carros; la Lilo no insiste con ella.
Ahora que veo the big picture, pienso que el propósito de la Lilo alienígena no es más que molestar sin motivo alguno. A lo que más se dedica, después de cazar colets y correr en el patio tras bichos y pájaros, es a molestar a cualquier ser vivo de su agrado. Porque dudo que yo le desagrade tanto, si al final igual estamos durmiendo en la misma pieza.
Lo que sí me apesta un poco y me da pica, es que con otras personas que ni conoce, que no le dieron leche ni nada y que ella debería parlar cero, les parla 100. Y a mí, su mamá, me parla 5. A mí me ronronea cada 3 meses; llega una persona que ni conoce y a la primera mañana que amanece acá, se le tira en la cara a ronronearle y dejarle su olor. Hm.