miércoles, 19 de abril de 2017

De noche sin nada interesante en la cabeza, más que un poco de un sueño loco

Me pregunto si podré verme feliz alguna vez, sin la rest in bitch face. También no puedo evitar pensar en si podré creer en el amor de la forma que me lo han venido contando desde que estaba en el vientre de mi madre. Ya sé que siempre hablo y escribo de lo mismo, pero es difícil nadar contra la corriente sin tener un apoyo, un diario o conversaciones que ayuden a fortalecer mis pensamientos, que en el fondo acorazan mis aletas y las adaptan para nadar aunque me golpee con los demás que nadan hacia otro lado.
Sería más fácil si encontrara otra aleta en la misma situación, pero siempre que veo otro pez intentándolo, termina dando media vuelta ante el pololeo o el amor común, posesivo y restrictivo de la libertad individual. 
Por otra parte, sé que es distinto cuando te exigen ceder ante la relación cuando entre letras dice "o es eso o yo", a cuando cedemos ante la otra persona sin que nos pida nada, sólo porque realmente queremos y estamos dispuestas a sacrificar algo por la otra persona. Y creo que, como he escuchado muchas veces, ese es el enamoramiento genuino: anteponer a esa persona especial.
Nunca podré volver a hacer eso. No después de todo lo que antepuse por la última persona especial, por ese pendejo de veintitantos... no puedo imaginarme en una situación similar nuevamente, no quiero jamás sentir que hago de todo por alguien que me estará poniendo a prueba constantemente sólo porque no logro ser perfecta a sus ojos. Supuestamente cuando nos enamoramos, nuestra pareja o persona especial es lo mejor que podría pasarnos, y así y todo decidimos cuidar esa relación para no perderle jamás.
Pero se pierde. Se muere.
Todo muere. Todo llega a su fin inevitable. Incluso cuando se convive toda la vida (lol), eventualmente va a morir.
Así que no me estresa la muerte. No le temo y la considero parte de la vida, de modo que no sé si me hace daño... más daño me hace empatizar o pensar en alguien que está con vida y sufriendo. Todas las personas que sufren a un nivel inimaginable, tal vez sería mejor que murieran. Definitivamente dejarían de sufrir, al menos.
Anoche soñé que estábamos con el mismo grupo con el que carreteamos este fin de semana, en una casa psicodélica que además era un edificio corporativo; era la casa de Javier, y estaban sus padres. A su madre la saludé tres veces y las tres veces fue un amor. Recuerdo esa parte del sueño, ya que era una cocina con más refrigeradores que luz, sí. Estaba oscuro, sí. Todos de pie observando, sí. 
Luego debíamos caminar hacia otra parte de la casa, por un pasillo de colores cálidos, con muchas tonalidades o variaciones del amarillo. Íbamos todos juntos como un grupo construido sobre nada más que química y cariño. Pero en algún momento me volteé a observar y comprendí que tenía ganas de hacer otra cosa y separarme del grupo. Así es que me tomó de la mano y nos pusimos a correr, alejándonos cada vez más, para encontrar un lugar en el que no hubiera nadie.
"¿Fumemos un caño?"
Lo estaba armando cuando vimos a otra persona que nos observaba desde un segundo piso con vista al primero, desde un balcón tapizado con vidrio.
"Ugh, no estamos solos. Necesitamos encontrar un lugar donde estemos solos para garchar..."
Nos levantamos dejando el caño inconcluso y nos pusimos desesperados a caminar por esa casa enorme. Enorme, interminable, y siempre llena; siempre había alguien paseándose o laburando, o simplemente existiendo. Así es que nos rendimos y nuestra misión cambió de hacer un caño y garchar, a caminar por todas las piezas hasta encontrar el resto del grupo.
Me tomó de la mano y caminamos, él delante de mí, como si me estuviera guiando. Yo no cuestionaba nada, sólo le hacía caso como lo pasiva que soy ante su actitud siempre dominante, pero en algún minuto caminé a su ritmo o comprendí hacia dónde íbamos, y me puse a su lado. Me puse a su lado y cambié la forma en que me tomaba la mano: entrelacé nuestros dedos y sentí la frialdad de sus dedos huesudos desplazándose lejos de mí. Me rechazó como el agua al aceite. No dije nada pero me sentí incómoda y pensé que había vuelto a destruir algo que me gustaba mucho. Pero en ese mismo instante en que yo importunaba sus dedos con los míos y él rechazaba mi decisión, fue que nos encontramos con el grupo. Todo al instante, todo al unísono, sí.
Entonces, en mi sueño, ¿me rechazó por lo que hice o por la presencia del resto del grupo? Sólo sé que cuando él me llevaba de la mano, me la tomaba como si yo fuera una muñeca... y eso ya era suficientemente extraño.
Pero sí era tierno. Era lo más tierno hasta que me rechazó.
Desperté con una sonrisa; estaba abrazando la almohada gigante y pensé en cómo el cerebro es tan reculiao que viene a idealizar a una persona, sumando a su personalidad para nada tierna ni cálida ni cariñosa, todas esas características que no tiene ni jamás tendrá. Entonces convine en que el de mi sueño era el mejor de los dos, porque, como bien él dijo: ese no era yo, era otra persona que se veía como yo. Pero si tuviera que elegir con cuál de los dos convivo, elijo al real, porque del otro me podría enamorar. 

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