lunes, 17 de abril de 2017

I can't beat it. I can't beat it. I'm sorry.

No sé cómo empezar a describir lo que he sentido y lo que actualmente estoy sintiendo. A veces quiero dedicarme a la vida y concentrarme en ello con la meta de irme de mi casa. Pero a ratos me da paja y sólo quiero parlar cero, tomar tequila o mezcal, fumar y garchar. Mucho garchar.
Anoche mi olfato estaba tan agudo que me acercaba a las personas cuyo olor me parecía infinitamente atractivo. Todas las personas eran infinitamente atractivas, pero alguna sobresalió un poco más. Ofateé tanto su cuello y su cuerpo que creo que me quedé dormida haciendo eso. 
Todavía siento ese olor, de repente. No sé de dónde proviene, pero es como si se me hubiera pegado un poco. ¿O será el recuerdo? ¿Podrá ser que esté recordando el olor y en el momento me marcó tanto, que puedo revivirlo desde mi cabeza?
Pienso que es un poco muy difícil, pero quién sabe. Llevo mis manos a mi boca porque tengo la mala costumbre de picarme las uñas con los dientes (a pesar de que evito hacerlo), y de mis manos proviene el olor que me invade, como de un perfume que no sé cuál es, intervenido por la piel seca y estresada que suda de una forma específica, despidiendo su propio olor. Y donde más se concentran estos olores intervenidos y danzantes, es en el cuello, tras las orejas y en los pectorales. Está bien que sea así; me atrae de una forma incomprensible -de más está decir: irresistible.
Ahora lo huelo y no debería porque no tengo a esa persona a mi lado como para olfatearle. Tampoco quisiera tenerle acá ni recordar nada, pero no puedo porque el maldito olor está dando vueltas por mi nariz constantemente, más como un fantasma insistente que como una presencia agradable. Con ese olor se reviven situaciones que realmente no tengo ganas de recordar ahora. Además, todo me resulta imbécil e inexplicable; usé mis manos para lavar loza, para ir al wáter, para tomar a los gatos, para usar el computador; para todo, y muchas de mis acciones implicaban utilizar agua y jabón o algo similar. Sin embargo, continúo obstruida por este olor que todo este día me ha estado opacando la existencia.
Porque no puedo recordar mucho. Porque tal vez no estoy dispuesta a recordar. Puede ser que no quiera sentir nada en todo momento y sólo respirar y hacer lo que necesito para sentir que estoy relajada y feliz, que nada me importa lo suficiente como para amargarme, ser la persona más egoísta y tranquila de la sala. No quiero recordar ni dedicarme a la vida. No me importa la muerte, tanto como no me importa la vida, pero no siento ningún problema al respecto de mi falta de sentimientos, o la represión a la que me someto constantemente. Proviene de mí, de mi decisión, de la forma en que estoy dispuesta a disfrutar este presente que sólo puede regresar a través de mis recuerdos -los cuales quiero negar-, o mejor aún, que no regrese jamás y por ende sólo pueda crear nuevos presentes constantemente.
Mañana parte una semana extraña, porque el miércoles las personas se van a encerrar para recibir el censo, donde supuestamente iba a trabajar pero me da demasiada paja ir a las capacitaciones. Debería, lo sé, además que el dinero siempre sirve, obviamente que para gastarlo en lo que quiera o ahorrarlo para las futuras sesiones de mi tatuaje. Quién sabe, tal vez mañana hagan otra capacitación y me den ganas de ir pensando en el dinero.
¿Estará mal ser así? Sólo sé que me voy a quedar sola. Y cuando llegue el momento inminente de recordar, estaré mal, melancólica y extrañando todo eso que perdí y jamás regresará a mi vida.
Por eso odio pensar en los recuerdos. Por eso me molesta sentir el olor. No es que no me guste el olor o la persona, es sólo que deseo la tranquilidad ante todo. Para lograrlo, estoy convencida de que lo mejor es olvidar y dar vuelta la página siempre.

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