domingo, 9 de abril de 2017

Re: cagada, pico, puta, putadas, corcholis, chapos, mierda, caca

Hoy tuve ganas de salir a almorzar.
Para empezar, estaba teniendo un sueño de la remierda que en verdad era más una pesadilla, de manera que desperté con un ánimo de la reputa. Bajé a servirme agua porque mi cuerpo pedía hidrógeno como alimento principal, en vez de un desayuno de gente "normal". Entonces subí de vuelta a mi dormitorio del momento, y continué viendo The Crown. Porque la realeza me parece que juega a una política sutil más basada en el lenguaje corporal y las apariencias fuertemente trabajadas, mientras que la política en Chile es un juego de apretón de manos, abrazos, un poco de lenguaje pero más que todo lo anterior, es un juego de cuántas amistades importantes puedes tener. En la realeza las amistades ni siquiera existen. Y, bueno en nuestra política tampoco, pero es como se disfrazan las cadenas de favores.
Al final, la política siempre es un favor tras otro. El éxito se basa en quién te queda debiendo el favor; si llegas a la cima, es decir, a la presidencia (o al primer ministro en el caso de Inglaterra), entonces puedes considerar que has cumplido con tu misión. 
En fn, cuando ya estaba derramada viendo la serie, como en el tercer capítulo seguido del día, aparece la Meli a saludarme y preguntar si quería desayuno. Le dije "ya son las 1.400; ¿y si mejor almorzamos?"
Ya, yo cocino, me dijo. Pero le dije "¿y si salimos a comer pizza?". Anda a saber tú por qué, pero desperté de malas y desesperada por una recagada de pizza. Entonces empezó la misión de ir a comer.
Finalmente logramos llegar hasta Papa John's, y luego le ofrecí a la nena si es que mejor sapeábamos Andalué bajando por el camino alternativo. Ya, bueno, miremos estas casas.
Cuico Land.
Pensamos que tal vez haya normas para construir, como no usar colores fuertes o algo demasiado chulo en la entrada, u ostentoso nivel "tengo gárgolas", ya que en general las casas -si bien son ENORMES y varían en arquitectura- tienen un estilo que no logra sobrepasar algo que se haya visto en la cuadra anterior. Como sea, tienen tantas calles, hay tantas casas gigantes pero similares, hay tantos pasajes con departamentos a la altura de los árboles, un poco más abajo, y hay tantas familias heteronormadas, que nos perdimos. No podía encontrar el camino alternativo para descender, y no quería usar el Waze porque necesitaba saber que era posible hallar la ruta sin necesidad del GPS ni el internet móvil; sólo tenía que confiar en que había hecho ese camino una vez anterior en mi vida, y podría volver a bajar por ahí. Lo cierto es que nunca había manejado por ese camino, sólo andaba de copiloto o en el asiento trasero tirándome peos y mirando el celular, de manera que era probable que me perdiera manejando en tan intrincada tierra.
En verdad, fue como ir a otro país, por un momento. Y eso que ya había estado ahí, pero nunca le había prestado tanta atención, ya que amanecí odiando el mundo y ante todo su heteronormatividad asquerosa que mueve las intrincadas tuercas del patriarcado constantemente, para convencernos de que x tipo de vida es nuestra aspiración y meta como personas; no perseguir el conocimiento, no perseguir la felicidad alterativa que podría generarnos experimentar lo más parecido a la libertad.
Perdidas como andábamos, en el hermoso auto de mis papis, llegamos a un cartel que decía que más abajo estaba la "península de Andalué". ¿OH, PENÍNSULA? ¡VAMOS!
Obvio que no íbamos a pasar por ahí sin bajarnos a sapear qué tipo de península tenían los reputos, así que, sabiendo que no estaríamos más de 3-5 minutos explorando un muelle, me estacioné mal, en la curva de una calle muy grande por la cual de todas formas podían pasar autos y jeeps y hammers e incluso darse la vuelta si querían. En fin, dije "qué problema podría haber si nos vamos al toque".
Bajamos; había 2 personas pescando, un muelle, rampa de cemento para botes, gente pequeña de hasta tal vez 12 años, jugando, juventud atolondrada... Nada muy interesante además del viento y la belleza de estar ahí. Jamás había estado en ese lugar; no sabía que existía ni menos que hacían casas también ahí abajo. ¿Hasta dónde puede llegar la soberbia humana como para construir lo más cerca posible del agua? ¿Para qué tanto?
En fin, regresábamos al auto y le comento a Meli: "estoy mal estacionada; ¿te imaginai llamaron a la grúa y el auto no está?" Wajajaja, nos reímos. Ahí estaba el Nissan, esperándonos con su pintura platinada a la que alguna vez le extirpé un pedazo intentando salir del minúsculo estacionamiento que está en la capa subterránea del centro de Concepción. Y cuando me voy a subir a la puerta de quien conduce, escucho a un viejo reputo con la tremenda PAPA en la boca:
¡OHIGAN ESTÁHNN SÚHPERRR MAHLESTACIONAHDAS AHÍ, YOH IBAHA LLAMAHRA LAH GRÚHA!
"SI YA NOS VAMOS Y QUÉ TANTO", le contesté. Me subí y de inmediato me puse a pensar y discutir con Meli sobre la falta de vida de ese penoso HOMBREH, que miraba por la ventana. No era un adulto mayor. Debe haber tenido tal vez 40 años. Se escondía en su departamento cercano a su preciada península, y vigilaba con celos su maravilloso estacionamiento. Entonces seguro se enojó cuando vio un auto estacionarse en un lugar indebido, y vio bajarse 2 personas raras, una traía ropa negra y pantis y chasquilla, la otra andaba mostrando la guata y sus tatuajes, tenía pelo corto y gafas de su papá. ¡Qué espanto, tienen el pelo negro y ropa negra! ¡Es la invasión de la juventud gótica, de esas personas desviadas, invertidas, pervertidas, que vienen a influenciar y arruinar la infancia perfecta de mi descendencia! Y además dejaron su auto vil ahí... ¡DIOH MÍO!

Aclaración: está bien, la verdad es que puedo entender que alguien se enoje porque hay un auto mal estacionado. Pero cuando comprendiera que el auto no lleva ni 15 minutos ahí y se va, diría "ok" y continuaría viendo un serie. Posiblemente nunca me hubiera dado cuenta, porque si no me molesta ni entorpece mi vida de alguna forma, no tengo ningún reputo problema. Entonces, creo que al vernos el viejo reculiao que nos íbamos, no había absolutamente NINGUNA necesidad de decir que ay, estoy llamando a la grúa...

¿Por qué tuvo esa necesidad de imponer su presencia con tanta prepotencia? Estuve apunto de agregar a mi respuesta "y qué tanta weá", pero entendí que esa persona escuchaba una w ínfima salir de mi boca, y tal vez llamaba a los pacos. También quise sacarle el dedo cuando ya estábamos emprendiendo el camino de vuelta, porque el imbécil era TAN sapo que seguía tras la protección de su absurda ventana mirando cómo nos íbamos. Pero, como no soy una prepotente del sapo, dejé la situación hasta donde estaba. Lo cierto es que no le iba a pedir perdón por nada. No había letreros de no estacionarse, y yo me apego bastante a las leyes del tránsito y por ende respeto todas las señaléticas que veo. Lo único que me pareció correcto contestarle al pobre weón, fue que nos íbamos.
Ojalá hubiera llegado la grúa después y el imbécil hubiera tenido que pagar por las molestias. Ojalá se haya sentido como un imbécil cuando le contesté con lógica a su prepotencia insolente, irrelevante y amenazante, en vez de haber agachado el moño, sonreído como mono y pedirle disculpas. 
Cuando las personas se acercan con equidad, en una posición horizontal a mí, no tengo problemas aunque me digan que estoy cometiendo un error y no tengan razón (no es el caso, es un ejemplo), porque esas personas son cordiales y simpáticas; se puede empatizar con alguien que se comunica desde la humildad pero también defendiendo su posición e intereses en X asunto. Bien; contestaré cordial. Puedo ser simpática y buscar una solución que beneficie a los actores, porque la cordialidad siempre merece respeto.
Este viejo sapo culiao vil no merecía ninguna reputa pizca de respeto de mí ni de nadie. No merecía una respuesta dócil.
Subiendo, ya entendía cómo salir por el camino alternativo; le pregunté a la Meli: si hubiésemos sido hombres con pinta de surfistas, ¿nos habría dicho algo?
No hay cómo saberlo. Pero estoy segura de que su prepotencia se habría disipado.

No hay comentarios.: