lunes, 29 de mayo de 2017

En la oficina

Todavía no se me quita el timbre de la casa de la música ni el del after muñeca. No timbraron a todos con el último, lo que me parece mala onda de parte de ese local. Pero en general el local es un poco mala onda con quienes obviamente no andamos buscando participar en un evento de moda o simplemente estar "en la onda" que se lleva hoy. A veces me sobrepasan las convencionalidades incuestionadas, totalmente reproducidas y avaladas por ciertas partes de la sociedad. Sé que yo también lo hago, pero creo que me interesan más otras convencionalidades, como esas de la buena educación. No tener conductas que acorralen a otras personas, a menos que sea estrictamente necesario o me estén presionando para ello y por alguna extraña razón yo decida ceder ante la presión.
He tenido días y noches felices. No me quejo ni me arrepiento de nada. Hoy pude levantarme temprano y estoy cumpliendo con mis compromisos, aunque admito no cachar mucho qué tengo que hacer ahora, pero filo.
Me gané una entrada doble para ir a ver una película chilena que me recomendó mi mami. Estoy feliz porque nunca gano nada y sin embargo ahora puedo ir al teatro de la udec (ya...no es cinemark, pero qué tanto) gratis y con acompañante gratis. Viva.
También estoy feliz porque mi gato es obediente y ya no me tengo que levantar para tomarlo en brazos y echarlo por la ventana a las 6-7 am. Simplemente abro la ventana un poco y exclamo TOTORO, VEN hasta que se avispa y sale. Otro asunto que me tiene feliz es que germinaron 2/2. Situaciones hermosas como estas se viven pocas veces, creo.
De repente sólo es necesario parlar 1 minuto a alguien, para que te parle de vuelta. Pero cuando es así, de ese minuto depende todo.
Ya no planifico nada de lo que me pasa. Sólo me dejo llevar cuando quiero y si sale bien, es hermoso, y si no, sólo no es hermoso. Cuando se planifica mucho todo sale mal porque es imposible planificar en base a comportamientos y actitudes humanas; se puede especular mucho pero al final lo bonito de las relaciones sociales, es que no hay que esperar nada para disfrutar de conocer a las demás personas. Pienso que cuando se "espera" una termina frustrándose porque encuentra que esa persona "no está bien", siendo que en realidad son personas distintas de lo que una estaba esperando que fueran, y destruir una idealización preconcebida siempre es difícil. Por eso encuentro que es una mejor decisión el ir conociendo sin ideas de cómo "debería" ser esta persona con respecto a mí. Me gusta demasiado no juzgar los defectos del resto, porque me carga un poco cuando juzgan los míos, como el hecho de que me gusta quejarme, es parte de mi esencia y si me dicen que me calle es porque no están entendiendo que me hace feliz reconocer lo nefasto. Saber que está ahí siempre, y darle lo que merece, que es una mención, para después dejarlo atrás pero estando consciente de que eso nefasto existe. Si no reconociera lo quebrado viviría en un mundo de mentira. Así es que me gusta apuntar lo imperfecto, lo que le quita valor a lo que sea que tenga un valor, lo que hace que no me convenza, lo que me aleja. Todo lo "malo" (no quería usar esa palabra, pero pico) me ayuda a conocer qué es lo que considero reconocible en su lado óptimo, para más tarde alegrarme de que exista esta contraparte a lo nefasto. Y a veces una simple caminata es 100 mil veces mejor que tomar. Y dormir, descansar, puede superar todas las expectativas tras una noche estupenda de destrucción y parlar cero.
Una parte de mí está siempre jugando al gallito de acaso cedo ante ser una persona romántica o no. Porque lo considero tanto una cualidad como un defecto, especialmente cuando lo romántico se confunde con pasión, que a su vez se confunde con posesividad extrema y malos comportamientos que frenan la libertad de otras personas. Pero esto último no me ha vuelto a pasar; tal parece que mi romanticismo encontró un equilibrio que desea mantener ante todo. ANTE TODO. Nadie puede ser ni será más importante que respetar la libertad del resto; es la única forma en que concibo que alguien respete la mía.

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