jueves, 25 de mayo de 2017

Parlarse tanto para no parlar nada

Parece que, bien de a poco... muy lentamente, me estoy convirtiendo cada día más en un androide de la generación más penca que hay. 
Todavía no tengo un cuaderno. Me comí toda la cocina a la hora de once y me siento mal. Pero eso no me hace detenerme, tengo que terminar el plato de porotos que me serví.
Se me olvidan las cosas, casi siempre. Mi amigo me dice que tengo alzheimer. Ya es como una broma, pero a veces pienso que tiene razón, o que mi déficit atencional se profundiza a cada momento.
Hasta que me acuerdo de que tal vez mi déficit atencional es selectivo. Me acuerdo de casi todo lo que dice alguien que me interesa; más me acuerdo cuando dice cosas interesantes. O mínimo que me llame la atención. A veces la política no me llama tanto la atención porque es un poco difícil de conocer, pero a medida que pasa el tiempo y voy atando cabos, creo que olvidaré menos.
Igual soy como el pico, porque mi amigo me importa caleta y lo quiero mil aunque nos conozcamos hace relativamente poco. Lo banco demasiado, pero a veces se me olvidan ciertas cosas que le dije o que me dijo. En cambio, por ejemplo, lo que me habla otro amigo casi nunca lo olvido. A pesar de que les quiero por igual y hace más o menos la misma cantidad de tiempo que les empecé a conocer.
Es extraño. ¿De dónde proviene el por qué parlo y el por qué no parlo?
La falta de cariño me guía inexorablemente por ese camino grotesco de la máxima indiferencia. No me importa caer bien, tampoco caer mal; no me importa si fui pesada o no, y si tengo que hacerlo pido disculpas. No me importa si me ignoran o si me tratan con indiferencia. No me importa sentirme un escalón más abajo de todos.
¿Por qué habría de importarme? Veo todo lo que hacen desde otra perspectiva. Veo cómo mueven sus pies, a quienes apuntan con su lenguaje corporal, veo cuando se rascan los genitales o se acomodan la ropa interior; veo cuando sienten mucha ansiedad o no pueden guardar sus energías. Veo cuando pisan mal y temen caer; veo todos sus errores y sé cuándo están dudando de sí mismos, que es la duda más grande que se puede tener en la vida.
Hoy pensaba que mi ego ha crecido demasiado desde que estoy sola. Nunca pensé que fuera a tener un ego tan grande, considerando que mi autoestima me falla en repetidas ocasiones... Pensé que me amo mucho y eso me preocupa, porque estaba en la clase de las bicis estáticas en el gimnasio, donde quien la dictaba tiene un cuerpo escultural. Y su sostén deportivo no le estaba apañando mucho el pecho, porque se movía bastante; pero no era perturbador ni necesariamente sexy. No podía molestarme porque encontraba que su pecho y cintura y postura y todo eso, era bello. Me gusta observar su estética. Entonces me dije, ya que admiro tanto su cuerpo, ¿por qué no quiero ser como ella?
Realmente no aspiro para nada a parecerme a nadie ni lograr el cuerpo de otra persona. El único cuerpo que banco en la vida y el mundo es el mío. Es el más bonito a mis ojos, y el cómo desee perfeccionarlo o no, es un asunto mío y no quiero parecerme a nadie, sólo lograr lo que pienso que mi morfología es capaz de entregarme en cuanto trabaje lo que quiero y hasta que lo quiera, para luego mantener o tal vez ir variando. Qué sé yo. El punto es que creo que conozco mi musculatura, conozco mi forma y grasas, y aprendo de a poco cómo manipularme. Pero no me siento mal porque no tenga un pecho que rebota. Para nada. Porque no busco nada como eso. Pienso que mi cuerpo es el mejor de todos y mientras esa mierda de pensamiento me funcione, al parecer no tengo ningún problema.
Se dan estas situaciones en que hay personas hablando de cuerpos de otras personas. Muchas veces aparecen traseros que se ven más enormes y trabajados, nivel DIOS. Pero no les banco; no les puedo bancar. Puedo reconocer que resulten apañables y todo eso, pero en verdad me vale pico y mi respuesta siempre será "sí, es un cuerpo estético, pero no lo parlo". Y cuando digo eso, es porque en el fondo mi ego está brillando como un sol, sintiendo que me parlo a mí más que todo lo demás. Como poseo el cuerpo que más quiero, no busco nada ni espero nada. Sólo compito conmigo misma; ¿hasta dónde querré llegar?
Estoy satisfecha. Sí. Me quiero. Sí.
Pero no siento niuna weá por dentro.

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