jueves, 11 de mayo de 2017

Queda poco

de mi cuaderno negro. Voy a necesitar otro porque siempre estoy escribiendo ahí lo más personal de lo personal. Si piensas que acá pongo cosas personales, entonces figúrate que para mí, lo que posteo acá, no es realmente tan personal. Es información que estoy dispuesta a compartir... porque en el fondo no me importa que se sepa. Me sería indiferente si alguien me preguntara por algo que leyó en mi blog.
En cambio, en el cuaderno negro va lo que realmente es sólo y únicamente para mis ojos. Y si alguien me nombrase algo en referencia al cuaderno, sería lo peor que me hubiera pasado en la vida. Creo que querría ahorcar a esa persona con mis propias manos; nada justificaría que alguien se metiera a leer mi suciedad mental. A MENOS QUE le diera permiso, obvio. Entonces no me enojaría y la persona y yo tendríamos que asumir que sabemos demasiado y no podríamos discutir ni enojarnos por nada. No hay que enojarse ni sentirse mal por asuntos específicos... que ocasionaron que escribiera de tal o cual forma. Como cuando me enojo y pelo caleta. O cuando siento odio máximo hacia la vida y el mundo. Me expreso de formas exageradas y terribles; hago promesas que jamás cumpliré, pero en ese momento juro que lo siento real, tan real, que estoy en la pasta llorando pero sin dejar jamás que las lágrimas toquen el papel. Siento que es feo hacer eso.
Meh. Tengo ansiedad del fin del cuaderno. Iré a por otro.