martes, 13 de junio de 2017

Flesh for fantasy

Llegué a mi casa y me encontré con un grupo de 4 personas que iban a ver una obra de teatro y por alguna razón debían pasar por la cocina a leña a calentar sus manos. Con una de esas personas empecé a juguetear hasta que nos fuimos a garchar a una pieza que en mi casa real no existe. Nos tomamos un copete y nos quedamos dormidos.
Más tarde, no sé realmente cuándo, en una clase desconocida estando yo sentada atrás como siempre y con mis manos cubriendo mi boca como si estuviera pensando algo importante, aparece esta persona y se sienta adelante. Le observo entrar, mirar a los presentes estudiantes y sentarse como si nada. Apenas surge una oportunidad, se levanta rápidamente y se va a sentar a mi lado.
- Hola Ñuño.
- Holi.
- Oye, ¿ya no querís garchar más conmigo?
- ¿Ah?
- Mis amigos se chatearon de mí porque la otra vez íbamos a ver la obra pero al final no fueron por mi culpa, porque nos fuimos a garchar. Entonces pensé que tal vez tú igual estabas chata de mí.
*En mi interior: sí, estoy chata chatísima y nunca más quiero garchar contigo*
- No, cero.
El curso se subió a un bus y fuimos a un museo de exposición de antigüedades egipcias y catacumbas. En su interior habían replicado catacumbas que se mezclaban con cavernas de minerales y luego con pasadizos secretos al interior de las pirámides. Yo era feliz recorriendo junto al curso hasta que los pasillos se volvieron demasiado estrechos y me empezó a dar claustrofobia. Dije, "ah, esto valepico", di media vuelta y salí al enorme hall del museo. Había un compañero buena onda con el que empezamos a conversar activamente.
Unas compañeras preguntaron si es que hoy era el día en la Luna se acercaría notablemente a la Tierra. Parece que sí, ¿a ver?
Fui a la vitrina junto al compañero. La Luna era enorme, tapaba casi todo el cielo. Asombrados como estábamos todos los presentes, veíamos una atmósfera en la Luna; nubes que se movían y formaban un remolino sobre la Luna. En la Tierra comenzó a llover. Parecía que todo era feliz, y en realidad lo era, hasta que sobre el remolino se formó una densa masa roja, roja como la sangre a la luz del microscopio. El asombro nos tenía boquiabiertos. ¡Oh, mira eso! ¿Qué es?
La masa densa ya se veía endurecida, como una coraza sobre el remolino de nubes que nos había entregado lluvia. Y en un destello, se rompió. En la Tierra comenzaron a caer infinitas piedras cortantes, como triángulos convertidos en armas perfectas, en toda la superficie en que nos encontrábamos. Comenzamos a gritar y a desesperarnos; mucha gente moría en las calles.
Salí corriendo bajo un sacófago que robamos del museo, junto a otras personas. Nos subimos al tren antiguo que nos protegía de la lluvia de piedras.
Ahí estábamos bien, calentitos. Pero había que huír. Una persona sabía manejar el tren y lo puso en marcha. 
Conversábamos en los vagones y mirábamos el desastre en el que la Tierra se encontraba. Primero fue la lluvia de piedras rojas, luego una inundación que amenazaba con alcanzar nuestro tren salvador. Salvados, miré por la ventanilla y vi una reunión importante de tornados negros que destruían lo que quedaba de ciudad, a lo lejos. Era imposible pensar en que el tren se detuviera, no si queríamos vivir.
El conductor aceleró al máximo. La vías del tren comenzaron a quedarse sin tierra; volaban. En ocasiones incluso faltaba una de las vigas, y todo el trayecto me recordaba a la parte del carrito de Temple Run 2. La habilidad del conductor nos llevó al interior de un bosque maravilloso con hojas de un verde resplandeciente, entre las que se filtraba la luz del sol. Ahí ya no quedaban vigas y bajo la frenada deslizante del tren sólo había tierra.
Unas bicicletas nos esperaban a los lados. Sabíamos que teníamos que continuar huyendo de lo que fuera que nos acechara en ese momento o después. Quienes no se apuraran en tomar una bici, tendrían que correr.
Mi bici era negro con verde. Antes de partir ajusté el asiento y el manubrio; para cuando intenté comenzar a pedalear rápido, comprendí que en mi apuro había puesto el asiento muy arriba, así es que no alcanzaba los pedales y debía detenerme. Pero no había tiempo. Debía apurarme o... o... o....



Siempre me he preguntado: ¿es cierto cuando dicen que no sueñan, o es que no lo recuerdan? ¿O que no quieren recordarlo ni contarlo?

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