lunes, 19 de junio de 2017

Rotten land

Me gusta cuando siento que puedo hablar de todo. Después no me importa mucho lo que pase. Todo se puede ir a la mierda cuando se tenga que ir a la mierda.
Le pregunté a un amigo en qué piensa más que todo. Me contesté que pienso constantemente en sexo.
Voy a cabecear un proyecto y lo postularé a todo lo que pueda.
Tengo que arreglar el asunto de los consentimientos.
Voy a subir a oro.
Tal vez intente postular a alguna beca en el extranjero. Aunque admito que siento un poco de miedo a dejar esta rotten land.
Ahora que lo pienso, mi miedo no tiene sentido ante el resto de ojos testigos que me vieran; que erróneamente pensaran "oh ella puede hacerlo si se lo propone, qué tonta que no lo haga". Lo cierto es que jamás me he propuesto marcharme, no DE VERDAD. Siempre me he sentido temerosa ante el pensamiento y la imaginación de largarme en soledad; a veces pienso que necesitaría a alguien que me acompañara, porque sola no puedo.
Entonces recuerdo un poco; voy atrás en mi vida. Muchas personas de las que conozco no han dejado su rotten land jamás. Crecen en ella, amplían sus redes, la absorben y terminan aburriéndose de ella. La viven como quien vive 20 y tantos años en su rotten land. Yo no tuve eso. A mí me sacaron de mi wonder land y me trajeron acá. Me trajeron con una hermana de 3, una madre enferma y un padre estresado. Yo era joven, tal vez demasiado para comprender lo que sucedía a mi alrededor, y los adultos no tenían el tiempo ni la capacidad para ver que necesitaba con urgencia algún tipo de guía o explicación acerca de lo que estaba pasando. En consecuencia me dio una depresión que me ha carcomido durante mínimo 10 años de mi vida, como un virus silencioso que deja la cagá. 
No fue una bonita experiencia. Al contrario.
Tal vez lo vivido me marcó de tal forma que necesitaría un seguro grande para tomar la decisión de irme sola. Porque irme con otras personas, sé que puedo... siempre es más fácil y nos apoyaríamos mutuamente y todo eso. La soledad, el proceso de adaptación, el empezar a conocer, las tierras desconocidas... me da una sensación de vértigo y claustrofobia a la vez. Lo pienso feliz cuando me veo de vacaciones, recorriendo por hacerlo, ir donde me lleve la curiosidad. Pero si le agrego estudiar, magíster, doctorado... Pienso que necesitaría ser más adulta para lograrlo.
No me siento capaz. No me siento adulta.
Y entre vivir en Concepción y tener plata para baratos pasajes en avión, prefiero mil veces visitar Santiago 1 vez al mes que vivir allá. Ojalá vivir en Valpo nuevamente... ojalá volver a la wonder land.
Irse es un tema complicado para mí. Cuando vivía mis días con JP y soñábamos con irnos a Canadá, también era un rollo para mí pero nunca fui honesta con él al respecto. Y él se enojaba conmigo y teníamos grandes discusiones al respecto de si realmente quería irme o no.
Sí. Quería. Todavía quiero. Pero ese miedo al extranjero, a dejarles... ¿ahora? No... no todavía.
Dios, quisiera ser un poco más arriesgada con respecto a estos temas. Me convenceré con lo fácil: 
"Todo es por algo"; "Piano piano, si va lontano"; "Persevera, persevera, que lo tiene quien lo espera"; "Ladrón que roba a ladrón, tiene 100 años de perdón".
Todo es por algo. Todo a su tiempo.
Dale tiempo
al tiempo.

1 comentario:

Jimena dijo...

me pasa lo mismo cuando pienso en irme al extranjero :(