lunes, 5 de junio de 2017

the triumph of the heart

Hay una verdad absoluta en nuestros cuerpos, que no se puede controlar de ninguna forma en cuanto se presenta. Tampoco se puede poner en tela de juicio ni cuestionamiento, porque sucede y nada se puede hacer al respecto. Cuando aparece no hay nada qué hacer, salvo cerrar los ojos, suspirar y esperar lo mejor. Es lo único totalmente real; una verdad absoluta que bombea con fuerza la sangre al resto del cuerpo; el sentimiento que se apodera de la frecuencia cardíaca, la altera y a veces es como si el pecho fuera a explotar de tan extremos que nos parecen nuestros latidos para un cuerpo en reposo.
Dudar de su veracidad inexorable, de la alteración de los latidos del corazón, es ser imbécil.
Recién ahora comprendo por qué a los sentimientos se les lleva al plano de nuestro músculo motor y no a nuestro cerebro.
Sólo un androide sería capaz de mantener sus latidos bajo control.
Adiós.

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