miércoles, 5 de julio de 2017

Angel

¿Qué vuelve a un ser alado tan puro, agraciado, indolente... espléndido? ¿Es porque vuelan y tienen forma humana? ¿Es porque nos observan desde arriba y se burlan de nuestro absurdo caminar? ¿Puede burlarse un ser sagrado e indolente?
Me perturba que existan los ángeles y los demonios. Siempre me ha parecido que los demonios poseen un atractivo mucho más interesante que esa expresión sin vida de los ángeles, como si aquéllo te volviera mejor que toda forma de vida; mejor humano, sobretodo. Los demonios sienten, los demonios garchan, los demonios construyen y destruyen; los demonios viven y matan, matan y viven. Luego mueren y si pueden matan un ángel de paso.
Supuestamente las personas tienen en su alma una división, donde una parte es angelical y la otra demoníaca. En variadas representaciones hay un ángel en uno de los hombros, y en el otro un demonio, y cada cual le susurra opciones a la persona que está por tomar una decisión. El ángel, tan blanco y limpio, obviamente le dice que haga lo mejor por el prójimo y que no se deje llevar por las tentaciones ni las malas costumbres. El demonio es todo lo contrario. No le importa el prójimo, le importa la satisfacción personal y cuánto se puede ganar. Pasa por encima del resto y ríe.
Yo creo que eso es notoriamente imbécil. Creo que un buen demonio puede y DEBE -como tal- sopesar las opciones que mejor convengan a la felicidad personal, pero no necesariamente dañando a la otra persona involucrada, porque puede ser que a esa persona le tengamos cariño. Y hacerle daño a quien queremos, es autoflagelarse... cuando alguien te importa geniunamente y has logrado desarrollar la empatía, por supuesto. No quiero excluír a nadie pero muchas veces soy autorreferente y tomo la burbuja que me rodea al momento de escribir.
El demonio tiene tanto ego que no se autoflagelaría. El ángel, indolente, no comprende esta situación. Su pensamiento no puede divagar más allá de la complacencia y la reverencia hacia el resto, ya que es la forma en que comprende la vida. El ángel se venera, se respeta, se cuida. Nadie le hace nada y en esa misma razón encuentro su capacidad para ser indolente. No es capaz de reconocer la forma de vida en que los sentimientos toman posesión de ti, porque nunca le han tratado mal, nunca le han tratado bien; siempre ha estado ahí, como un ejemplo a seguir, un ejemplo irreal, ejemplo de lo que esperaban los griegos, del autocontrol extremo que no permite extralimitarse ni un milímetro. Y el ángel es tan perfecto y capaz de lograrlo, que nadie jamás le ha juzgado ni nadie le juzgará.
Por todo lo anterior, las personas que me atraen no intentan engañarte con su pose angelical. No puede ser real la pose angelical. Tiene que ser falsa. Tiene que ser ensayada. Tiene que ser superficial. Las personas con algo de demonio, las personas que dejan salir ese lado, ya sea a través de no poder ignorar sus vísceras, la lujuria, la gula, o lo que sea porque olvidé los pecados, son la base a través de la cual alguien me puede atraer.
Me cargan los ángeles.

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